Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 231, 25 de febrero de 1849 (Colonia), p. 3; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/8). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

* La A. O. Z. informa, entre otras cosas, de lo siguiente según lo comunicado por un húngaro que salió de Pest el día 17:

Cuando el ejército magiar se retiró de Pest detrás del Tisza, la consternación de los habitantes de ambas ciudades fue extraordinaria, sobre todo entre los magiares, que veían hundirse su última esperanza de libertad y se lamentaban de que el ejército, al abandonar la capital, se cubría de vergüenza ante toda Europa. Sin embargo, la política del gobierno húngaro estaba bien calculada, porque sabía muy bien que los habitantes de ambas ciudades, en su afán de salvar sus propiedades, habrían prestado ayuda al enemigo. Más tarde, por supuesto, cuando resultó que el gobierno austriaco no perdonaba a ningún partido, también esa gente comprendió que tenía que vérselas con un enemigo implacable. Las infamias que las tropas austriacas cometieron en los alrededores de Buda-Pest superaron toda medida. Los croatas se distinguieron en ello por encima de todos los demás. Lo que no podían consumir, lo destruían. Dos días después de la retirada de los húngaros al otro lado del Tisza, un cuerpo de ejército de 20.000 hombres a las órdenes de Oettinger se estableció en Szolnok, con la retaguardia en Abony. En esta posición los austriacos fueron atacados por un cuerpo húngaro de unos 12.000 hombres al mando de Perczel, y habrían sido aniquilados por completo si una unidad del ejército húngaro a las órdenes del brigadier Kasinsky no se hubiera retrasado en su marcha. Con todo, los austriacos se vieron obligados a huir, aprovechando la noche, y no pudieron reagruparse hasta Czegled. Era notable ver el terror del que estaban poseídos, sobre todo la caballería y los oficiales, y cómo gritaban sin cesar: «¡Adelante! ¡Adelante! ¡Los perros carniceros (así llaman a los húsares húngaros) nos pisan los talones!».

El 21 los húngaros llegaron todavía a Abony, esta vez con 22.000 hombres. El general Dembiński estaba con ellos, pero todavía no tenía el mando. La mañana siguiente a la batalla de Szolnok, una división austriaca de coraceros avanzó hasta St. Marton, donde estaban los puestos avanzados húngaros, y allí ocurrió lo increíble: fue atacada por seis húsares húngaros, que le mataron unos veinte hombres y le hicieron algunos prisioneros.

El 23, al amanecer, los húngaros llegaron ante Czegled, donde los austriacos habían tomado una posición muy ventajosa. Los húngaros atacaron, derrotaron a los austriacos y los persiguieron a través de la ciudad hasta los viñedos de Alberty. Allí supieron que un cuerpo de ejército austriaco considerable marchaba por Alau sobre Debreczin, y esta noticia les obligó a renunciar a la persecución; pero el general Dembiński expresó su descontento con toda la ejecución de este ataque, que según él tendría que haber llevado a la aniquilación completa del cuerpo austriaco.

Por lo demás, la noticia de la derrota del cuerpo de Oettinger se conoció inmediatamente en Pest, y los habitantes volvieron a sacar sus plumas rojas, pero sus esperanzas se vieron defraudadas. Los húngaros cruzaron el Tisza y quemaron el puente de Szolnok. Los austriacos aprovecharon esto para jactarse de victorias, y el miedo a su brutalidad impidió que se les contradijera. Lo pasaron mal con ello los habitantes de las localidades que ya habían esperado verse libres del yugo austriaco. Los austriacos volvieron en mayor número y con exigencias todavía más duras que antes.

Hubo casas que tuvieron que alojar a 30 o 40 soldados, y los oficiales fueron tan crueles como para echar de sus camas incluso a ancianos y acostarse ellos, diciendo: vosotros, húngaros, podéis dormir en el suelo. Para vosotros, perros, ya es bastante bueno.

Estas noticias continuarán.

La Schles. Ztg., un periódico reaccionario, igual que la Bresl. Ztg., da por su parte la siguiente descripción de la situación en Hungría:

Pest, 12 de febrero. La guerra se alarga más de lo que se creía, sobre todo porque los magiares han encontrado en el invierno suave un poderoso aliado. El desbordamiento de los ríos y los caminos casi del todo impracticables oponen al ejército austriaco obstáculos difícilmente superables. El Tisza es ahora la línea divisoria entre los ejércitos enemigos. Desde Tokay hasta Szegedin, a lo largo de más de cuarenta millas, se combate ora en un punto, ora en otro. El centro de esta línea es Szolnok. En este punto se ha combatido ya con violencia, pero los magiares siguen siendo dueños de él. Es importante porque está en el centro de la lucha.

En el alto Tisza, es decir, en la región de Tokay, los magiares se levantan en masa, porque los horrores de la guerra han llevado a la población a la desesperación. La agitación de esta es extrema en Miskolz y sus alrededores, así como en todo el condado de Bresod. Las ventajas que los austriacos obtienen aquí se les arrebatan siempre enseguida. De Szolnok hacia abajo, y también un largo trecho hacia arriba, el país a ambos lados del Tisza está ahora tan inundado que en muchos lugares queda bajo el agua una milla de ancho a cada lado, lo que suele durar hasta bien entrado abril. En este terreno solo se orientan los del lugar. Si llega allí un cuerpo de tropas forastero, estos pueden empujarlo fácilmente a los pantanos y a las aguas.

Más abajo, en Csongrad y Szantos, los caminos son actualmente del todo impracticables para un cuerpo de ejército, porque la artillería se hundiría en las carreteras pantanosas. Es la carretera de Szegedin y Arad. El ejército austriaco, sobre todo el croata, intentó avanzar por aquí, pero se convenció de que era imposible. Corre el rumor de que por esa razón el príncipe Windischgrätz ha roto con Jelačić. Este último llegó hasta las estepas de Keczkemet, pero fue rechazado de nuevo. En esta comarca viven los cumanos y los jazigos, una raza humana extraordinariamente vigorosa, en la que cada uno es noble y que solo reconoce como su conde supremo al palatino del reino. Son magiares exaltados.

Entre el Tisza y la frontera de Transilvania, las localidades están ciertamente muy separadas entre sí, pero son extraordinariamente populosas. Así, por ejemplo, la villa de Czsoba cuenta 24.000 habitantes y Gozula cerca de 18.000. Todos son magiares entusiastas.

Más abajo, en el Banato, los serbios avanzan, ciertamente, pero los húngaros siguen ocupando, a pesar de todo, mucho terreno.

Si el general Bem logra el plan que ahora parece tener, de venir a Hungría desde Hermannstadt (en Transilvania) por Szaswaros y Deva a través de los pasos de montaña y unirse con los magiares de aquí, su causa tomará un giro favorable. Y no tiene ante sí obstáculos tan grandes. Porque Transilvania está como dominada, y los valacos ya estaban vencidos cuando Bem se volvió contra los sajones. De estos, muchos se habrían unido a él en la región de Kronstadt, sin duda solo porque no les quedaba otra salida. La única plaza fuerte, Karlsburg (entre Klausenburg y Mühlenbach), habría podido ofrecer todavía alguna resistencia, pero se dice que ya está en manos de los húngaros.

En la orilla derecha del Danubio, así como en los Cárpatos, la lucha se limita en general a escaramuzas. En toda la franja desde las fronteras de Estiria hasta el Danubio se han formado destacamentos volantes que mantienen en vilo al ejército austriaco del general Nugent. Al frente de varios de ellos hay húngaros notables. Las salidas que se hacen de vez en cuando desde Komorn sirven de protección a estas guerrillas. También esta fortaleza virgen habría caído si el invierno hubiera durado un mes más, porque entonces habría sido posible acercarse a ella por los ríos helados. Por un lado corre el Danubio en dos brazos; lo mismo hacen por el otro el Waag y el Neutra. La fortaleza misma apenas se eleva 50 pies sobre la llanura, pero desde esta no hay por dónde llegar a ella. Los proyectiles apenas la alcanzan, mientras que los sitiados pueden causar gran daño a los sitiadores. Cuando Napoleón, en la guerra con Austria, poco antes de la paz de Presburgo, envió al mariscal Duroc a reconocer Komorn, este volvió con la lacónica respuesta: «Sire! imprenable».1

En los Cárpatos los magiares tienen también todavía partidarios, y tampoco allí faltan destacamentos volantes, muy en especial en los condados de Trentschin, Honth y Abaujwar.

De todo ello se desprende que la guerra está todavía lejos de su fin y que Austria tendrá que movilizar todavía grandes fuerzas antes de dominar al enemigo, cuyo valor crece ahora de día en día y que en parte, gracias a oficiales franceses y polacos, está ahora mejor dirigido que al principio.

Agram, 9 de febrero. A la asamblea popular convocada por la Slowanska Lipa de Agram acudieron en grandes masas los ciudadanos de Agram y los habitantes de los alrededores. El orador principal desarrolló el tema: «Los croatas, los eslavos del sur, tienen que movilizar ahora de nuevo todas sus fuerzas para impedir la ruina de sus libertades, pues ven que no los persigue más que la traición, y otra vez la traición. Tenemos que convocar la Dieta. Nuestra Dieta, que tuvo que ser aplazada solo a causa de la guerra que estalló con los magiares, no ha terminado todavía sus trabajos; se trata, por tanto, únicamente de convocar a los representantes ya elegidos para que continúen la obra empezada, pero, sobre todo, para que declaren de forma clara y precisa, sobre la base de nuestros derechos históricos, la relación de nuestra patria con la monarquía unitaria, a fin de que, sin vacilar en los límites de la indeterminación, aniquilemos al instante cualquier ataque a nuestros derechos, venga de donde venga». Un interminable grito de «¡Živio!» acompañó las palabras finales de este discurso, y la propuesta —convocar inmediatamente la Dieta— fue aprobada por unanimidad. Se ve cómo crece el movimiento antiaustriaco entre los eslavos del sur.

  1. En francés en el original: «¡Señor, inexpugnable!». ↩