Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 292, 8 de mayo de 1849 (Colonia), pp. 3-4, sección «Hungría»; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/9). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Se conserva la proclama de Kossuth, que Engels introduce con una frase suya aunque cite a la Neue Oder-Zeitung. Texto original en alemán

* Damos los siguientes pasajes de una proclama de Kossuth, fechada en Gödöllő el 7 de abril, según la N. Oder-Ztg.:

«El valiente ejército del país expulsó a aquel enemigo cuyos comisarios, traidores a la patria, empezaban ya de nuevo en Nógrád y Somogy a someter al pueblo al yugo de la robot, que la ley abolió y que jamás permitiremos que se os vuelva a imponer. Expulsó al enemigo que el mes pasado dictó una orden imperial según la cual, allí donde se ha abolido el urbario, el súbdito tiene que pagar de su propio bolsillo la mitad del precio de la robot y el diezmo abolidos, aunque la ley húngara os eximió de ese pago, ley que es nuestra más firme resolución mantener en pie para amparo de vuestra libertad.

»Nuestro valiente ejército expulsa de vuestras fronteras a aquel enemigo cuyo emperador se atrevió a decir: “Hungría no existe ni volverá a existir nunca”, y que se atrevió a separar de nosotros a nuestros hermanos de Transilvania, a arrancar Croacia a Hungría, a despedazar nuestra propia patria y a fundar con nuestras comarcas más fértiles un reino raciano aparte para aquellos bandidos racianos con los que no retrocedió ante la alianza para exterminar a la nación húngara.

»Nuestro valiente ejército expulsa de vuestras fronteras a aquel enemigo que, adondequiera que se volvía, saqueaba en su huida como saquean los salteadores de caminos; que no se contentaba con lo que había robado, saqueado, con lo que podía comer y beber, sino que lo que no podía consumir lo destruía y lo devastaba para dejaros el hambre; más aún, con una ferocidad inhumana, por puro instinto de rapiña y de perversidad, arrancó las almohadas de debajo de las cabezas de vuestros hijos y entregó las plumas al viento. Ni siquiera respetó vuestras iglesias: arrancó las losas de mármol de los altares, quemó los tejados de las capillas, mientras algunos de sus oficiales, allí donde habían sido agasajados, se guardaban las cucharas de plata: ¡así es el enemigo que el emperador austriaco envió a nuestro país para aniquilarlo, para exterminar a nuestra nación y hacer del pueblo esclavos y mendigos!

»Hace meses os profeticé que de la tiranía del emperador austriaco florecerían la libertad, la autonomía y la independencia de Hungría.

»¡Y, gracias a Dios, así es! Alabado sea por ello el santo nombre del Señor, pero bendito sea también, con la gratitud eterna de la nación, el valiente ejército húngaro, que, ofreciendo con alegría su vida y su sangre por la patria, derrotó con intrépida valentía a todas las fuerzas del enemigo y, corriendo de victoria en victoria hacia la meta de la gloria, ¡te hace libre y feliz, oh pueblo húngaro, al precio de su sangre heroica! El enemigo se jactaba de victorias mentirosas para engañar al pueblo húngaro y sumirlo en la desesperación.

»Es una cobardía característica, porque solo el cobarde es capaz de mentir. Te engañó con partes mentirosos, diciendo que había derrotado a nuestras tropas en Transilvania, que Jelačić había tomado Szeged al asalto, cuando ni siquiera pudo ver nunca sus alrededores.

»Sí, y lo que es más: ahora, cuando, derrotado cuatro veces en cinco días y expulsado de su posición más fuerte, Windischgrätz, Schlick y Jelačić corren todos ellos con todo su ejército desde Poroszló, Pest y Waitzen; ahora, mientras escribo esto en Gödöllő, en la misma habitación en la que veinticuatro horas antes Windischgrätz se atrevía a soñar con el sometimiento de Hungría; ahora, cuando todo su ejército huye derrotado y nosotros hemos arrancado de las garras del tirano toda Transilvania y dos tercios de Hungría, ni siquiera ahora se avergüenza de difundir en los periódicos a sueldo de Pest la mentira de que ha vencido en Jászberény. A esta duda os comunico, ¡hermanos míos!, ¡amigos míos!, la tranquilizadora respuesta de que yo y los excelentes jefes de nuestros héroes estamos con nuestro ejército en Gödöllő, adonde nuestros intrépidos honvéds se abrieron paso a la bayoneta. En Gödöllő, desde cuyas orillas nuestros artilleros, lanzados al fuego, barrieron a cañonazos al soberbio enemigo; en Gödöllő, desde cuyas orillas nuestros húsares persiguen a los que huyen hasta el Danubio de Pest. Y allá, en Transilvania, ya no hay ningún enemigo imperial. Este emperador nos echó encima a los salvajes moscovitas, pero Bem y nuestro ejército húngaro de Transilvania expulsaron de la santa tierra de Transilvania al enemigo hasta el último hombre, junto con sus protectores moscovitas.

»Y abajo, en la Bácska, Perczel ha tomado Szenttamás, cuyo asalto había costado antes tantas gotas de sangre derrochadas. Y liberó Peterwardein, envuelta en la traición austriaca, y limpió de bandidos racianos el bendito Alföld. Aquí arriba, en cambio, donde el grueso del enemigo quería someter a Hungría, el comandante en jefe Görgei y, a sus órdenes, los generales Damjanich, Aulich, Klapka y Gáspár han derrotado a Schlick en Hatvan, a Jelačić en Tápióbicske, a Windischgrätz y a Schlick, unidos de nuevo con Jelačić, en Isaszeg, y, después de tomar Gödöllő con nuestras tropas victoriosas, están ya en el Rákos. Unos días más y Hungría será libre, y ningún enemigo sacrílego hollará el suelo de nuestra patria.

»¡Esto os lo comunico como una noticia alegre, hermanos míos! ¡Viva la patria húngara libre!»

* El ejército austriaco se retira cada vez más. El 28 de abril fue evacuada Raab; el 29, las avanzadas húngaras estaban en Hochstrass, a dos millas de Wieselburg. En la otra orilla del Danubio, el cuerpo austriaco apostado en Diószeg se ha replegado igualmente a Lauschitz (a cuatro horas de Presburgo). El 30 ya no se podía ir desde Presburgo más allá de Karlsburg (a milla y media de Presburgo, en la orilla sur).

El mando general austriaco está en Laxenburg, a hora y media de Viena.

Eslovaquia está ahora por completo en manos de los húngaros, a quienes sus habitantes han recibido con los brazos abiertos. Encuentran allí gran cantidad de armas, porque Windischgrätz hizo desarmar a la población campesina y amontonar los fusiles en las cabezas de condado. De la leva en masa eslovaca, ni rastro; Bloudek ha desaparecido y el jefe de guerrilla Janiczek se ha pasado a los magiares. Desde Eslovaquia los húngaros amenazan Moravia, la Silesia austriaca y Galitzia. Se habla de un cuerpo de invasión de 40.000 a 60.000 hombres que llevaría la guerra hasta la Polonia rusa y la prusiana. En todo caso, hay que esperar un golpe de mano contra Prerau, el nudo de los ferrocarriles polaco-silesio-austriacos.

Sobre la súbita detención de la marcha de los rusos remitimos a nuestra correspondencia de Breslau. Se sigue fantaseando con grandes cuerpos rusos que marcharían sobre Transilvania; pero ninguna de estas noticias merece por ahora crédito.

En el sur, Bem, según está ya confirmado, ha irrumpido con fuerzas considerables en el Banato, ha ocupado los pasos de montaña entre el Maros y el Danubio, ha tomado Lugos e incluso habría conquistado Temesvár. Con ello, y con el avance de algunas partes del cuerpo de Perczel por el Tisza hacia el distrito de Kikinda, la Voivodina serbia se ha desvanecido en humo.

Jelačić, cuya derrota se confirma repetidamente, ha sido nombrado jefe, con plenos poderes, del ejército del sur (croata-eslavonio-banatense) que se ha de formar.

Este «ejército del sur» consta sobre el papel de 30.000 hombres; en realidad, como mucho, de 8000, más algunos miles de bandidos serbios.