Escrito en Berna el 11 de enero de 1849. Publicado como correspondencia en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 197, del 17 de enero de 1849; la MEW lo atribuye a Friedrich Engels. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 177-181), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

**Berna, 11 de enero. La prensa política de Suiza despliega cada año una actividad mayor. Además de una veintena de revistas literarias, existen ahora 98 periódicos políticos en los 22 cantones. Pero no hay que imaginarse estas hojas como periódicos de gran formato, como los alemanes o, menos aún, los franceses. Son hojitas pequeñas que, con excepción de algunas del cantón de Vaud, salen todas en medio pliego y en cuarto, de las que apenas una docena aparece a diario, algunas cinco veces, la mayoría tres veces y algunas solo una vez por semana, y que, con pocas excepciones, están dirigidas y escritas de un modo verdaderamente lamentable. Naturalmente: ¿cómo van a formarse talentos periodísticos importantes en el terreno limitado de las relaciones cantonales de aquí y en la polémica más mezquina, la única posible aquí? ¿Y qué verdadero talento se dejaría reducir a estas relaciones minúsculas y al espacio de una hojita en cuarto tres veces por semana?

La mejor cualidad de la prensa suiza es su desvergüenza. Aquí la gente se dice mutuamente en los periódicos unas cosas, se hacen ataques personales tan descarados con tan poco reparo, que un fiscal renano para quien sea sagrado el artículo 367 del Code pénal1 no aguantaría ni tres días en un país así.

Pero eso es todo. Si se hace abstracción de esta falta de miramientos, explotada por lo demás sin ninguna gracia, no queda casi nada más que el servilismo más rastrero ante las repugnantes estrecheces de un pueblo pequeño, todavía fragmentado en su pequeñez e infinitamente engreído, de pastores alpinos antediluvianos, campesinos obtusos y filisteos mugrientos. Que en los países grandes un periódico se ajuste a su partido, que no admita nada contra el interés del partido, es comprensible, y perjudica poco a la libertad de discusión, porque cada tendencia, hasta la más avanzada, tiene sus órganos. Pero en las relaciones limitadas de Suiza los propios partidos son limitados, y la prensa es tan limitada como los partidos. De ahí los puntos de vista estrechos de los que se parte en todas partes; de ahí la falta de órganos para tendencias que, aunque avanzadas, están desde hace mucho a la orden del día incluso en Alemania; de ahí el miedo, incluso de los más radicales, a apartarse una tilde del programa estrecho de su partido, que solo mira a lo más inmediato, o a atacar siquiera la más estrecha de las estrecheces nacionales suizas. Un linchamiento patriarcal castigaría al instante al sacrílego que atentara contra el santuario nacional. ¿Para qué otra cosa tendría puños el honrado suizo?

Este es el nivel medio de la prensa suiza. Por encima de esta media están los mejores órganos de la Suiza francesa y de Berna; por debajo, la gran masa de los periódicos de la Suiza oriental.

Empecemos por la prensa de la capital suiza.2 En Berna se está desarrollando ya cierta centralización de la prensa suiza. La prensa del cantón está ya centralizada aquí y empieza ya a arrogarse cierta influencia de capital.

El partido reaccionario o, como se dice aquí, aristocrático, tiene como órgano principal el Schweizerischer Beobachter, el Moniteur3 de los oficiales suizos al servicio extranjero, como lo llama con acierto la Berner Zeitung. Esta linda hojita (3 veces por semana) ensalza las hazañas de los croatas suizos en Italia,4 ataca a los radicales con las armas más sucias, defiende las capitulaciones militares, adula a los patricios, canta a Radetzky y a Windischgrätz, defiende el asesinato de Robert Blum,5 calumnia a la revolución en todos los países y denuncia a los refugiados al gobierno. El noble periódico no tiene en realidad ningún redactor; se compone a base de toda clase de colaboraciones espontáneas y glosas marginales de hijos de patricios ociosos y de cazadores de cargos en el consejo de la Burgergemeinde.6 A su lado está, dignamente, el Intelligenzblatt, un órgano en el que por delante solo hay anuncios y por detrás no se encuentra más que el elogio del pietismo y de la explotación patricia de los bienes de la Burgergemeinde. Die Biene pretende hacer de Charivari7 de este partido. Pero como hoy en día los señores patricios tienen en conjunto más motivos para llorar que para reír, el ingenio de esta «Abeja» resulta terriblemente acartonado y cojo.

Al partido moderado o liberal, el partido de Ochsenbein,8 le sirve de órgano sobre todo el Berner Verfassungs-Freund. Este periódico, redactado por el doctor y antiguo profesor Karl Herzog, pasa sin más por el diario semioficial de Ochsenbein. Redactado con cierta rutina, pero sin ningún talento, se limita a la apología de los actos del gobierno y del Consejo Federal en la medida en que proceden del partido de Ochsenbein. En los cantones del este, sobre todo en los cantones primitivos,9 pasa naturalmente por terriblemente liberal, y también a propósito de la política exterior lanza a veces una sonora fanfarria para pasar de contrabando, bajo el tono marcial, la neutralidad más descolorida. Una más o menos oscura Bundeszeitung navega aproximadamente en las mismas aguas, así como el periódico francés La Suisse, redactado en mal francés por el piamontés Bassi. Menos directamente ligada al gobierno que el Verfassungs-Freund, no inciensa menos a la mayoría liberal gobernante y ataca con gran tenacidad, pero con poca fortuna, a la prensa revolucionaria de la Suiza francesa, en particular al Nouvelliste Vaudois. Se comporta más decentemente en la cuestión italiana, en la que su redactor está directamente implicado. Estos tres periódicos aparecen a diario.

El partido radical es el que cuenta con más órganos. A su cabeza está la Berner Zeitung, bajo la dirección superior del abogado, vicepresidente del Gran Consejo y miembro del Consejo de los Estados Niggeler. Es el órgano del partido decididamente radical de la parte alemana del cantón, representado en el Consejo de Gobierno por el director de Finanzas Stämpfli.10 Implantación de la democracia en la legislación y la administración del cantón, donde todavía queda mucha basura vieja que limpiar, la mayor centralización posible de toda Suiza, abandono de la política de neutralidad en la próxima ocasión: estos son los principios principales con los que se redacta este periódico.

Colaboran en él las notabilidades del radicalismo bernés, y por eso no debe sorprender que la Berner Ztg. sea el periódico mejor redactado del cantón, más aún, de toda la Suiza alemana. Si los redactores y colaboradores pudieran escribir con entera libertad, sería todavía bastante mejor; saldría a la luz la República Helvética una e indivisible,11 y además con una coloración muy rojiza; pero eso no puede ser, el partido no lo tolera todavía. Junto a la Berner Ztg. aparece desde el 1 de enero, también a diario, L'Helvétie fédérale, continuación de la Helvétie que antes se publicaba en Porrentruy, en el Jura, órgano de los radicales jurasianos y de su jefe, el coronel y consejero de gobierno Stockmar. La vieja Helvétie se presentaba decididamente roja; la nueva también, e incluso más decididamente.

La Schweizer Zeitung (antes Der Freie Schweizer) representa también el radicalismo, pero el exclusivamente burgués, y por eso se limita por completo a reclamar las reformas económicas que convienen a la clase dominante, a la clase poseedora. Por lo demás, sin embargo, este periódico está también por encima de las estrecheces cantonales suizas corrientes (neutralidad, soberanía cantonal, etc.). Además de estos tres diarios, el radicalismo bernés posee todavía un periódico satírico, el único bueno de Suiza, el Gukkasten de Jenni.12 El Gukkasten (una vez por semana) se limita a los intereses suizos y en particular a los del cantón de Berna, pero precisamente así ha logrado convertirse en una potencia en el Estado, que contribuyó honradamente con su parte a la caída del gobierno de Neuhaus13 y que ahora se encarga a su vez de que el partido de Ochsenbein no siga demasiado tiempo en el timón. El ingenio sin miramientos con el que Jenni se esfuerza por arrancar el nimbo de la popularidad a cada personalidad gobernante, hasta el propio Ochsenbein, le ha valido bajo Neuhaus innumerables procesos y vejaciones y después cartas amenazadoras y brutalidades, pero todo en vano, y los altos señores de Berna siguen esperando con gran inquietud cada nuevo número del sábado del Gukkasten. Cuando fusilaron a Blum, el Gukkasten publicó como dibujo de la semana un tajo con un hacha, rodeado de un montón de coronas rotas, con el pie: «El único remedio». Cuando los asentados burgueses de Berna se escandalizaron, a la semana siguiente vino una farola con una corona colgada de ella y las inscripciones: «Suaviter in modo, fortiter in re.14 ¡A los manes de Messenhauser!».15

El Seeländer Anzeiger, editado por el consejero nacional y diputado del Gran Consejo J. A. Weingart, era hasta Año Nuevo el único que representaba el socialismo. El Seeländer Anzeiger predica una extraña mezcla de socialismo sentimental y caritativo, deshecho en lágrimas, y de revolución roja: el primero para el cantón de Berna, la segunda en cuanto habla del extranjero. En cuanto a la forma, este periódico semanal es uno de los peor redactados del cantón. Por lo demás, el señor Weingart, pese a sus efusiones del alma cristianas y blandengues, es en política partidario del radicalismo más decidido. Desde Año Nuevo el Seel. Anzeiger tiene un competidor en el Unabhängige, que aparece también una vez por semana y que se ha impuesto la tarea, algo ingrata por cierto, de encontrar en la situación del cantón de Berna y de Suiza en general puntos de apoyo para la propaganda de los rudimentos del socialismo y de proponer medidas para remediar al menos los males más groseros. En todo caso, esta hojita es la única de toda Suiza que ha tomado el camino correcto para ganar terreno aquí para su tendencia; y si sus probabilidades de éxito están en proporción con la rabia que ha despertado ya en las altas y altísimas autoridades, sus perspectivas no son nada malas.

De los periódicos que aparecen fuera de la ciudad solo menciono uno: la Evolution, como ha rebautizado ahora su Revolution el jefe de cuerpos francos Becker.16 Este periódico, el más decidido de todos los que aparecen en Suiza, apela única y exclusivamente a una nueva revolución europea y busca ganar combatientes para ella en su círculo. En agradecimiento, los ciudadanos tranquilos lo aborrecen, y fuera de los refugiados alemanes en Suiza, en Besanzón y en Alsacia, tiene poco público.

En un próximo artículo me ocuparé más de cerca de la prensa de fuera de Berna.

  1. El Código penal francés, vigente en la Renania prusiana; su artículo 367 castigaba la calumnia. ↩

  2. La Constitución federal suiza de 1848 había hecho de Berna la sede de las autoridades federales. ↩

  3. Le Moniteur universel, diario oficial del gobierno francés. ↩

  4. Los regimientos suizos al servicio del rey de Nápoles y del papa, reclutados en virtud de capitulaciones militares, es decir, de contratos entre los cantones y soberanos extranjeros. «Croatas»: soldadesca al servicio de la reacción, por los croatas del ejército austriaco. ↩

  5. Robert Blum, diputado de la izquierda de la Asamblea Nacional de Fráncfort, fusilado en Viena el 9 de noviembre de 1848 tras la toma de la ciudad por Windischgrätz, pese a su inmunidad parlamentaria. Joseph Radetzky, mariscal austriaco, jefe del ejército de Italia. ↩

  6. Corporación de las antiguas familias de ciudadanos de Berna, que administraba un considerable patrimonio comunal y era el bastión del patriciado. ↩

  7. Die Biene, «La abeja». Le Charivari, periódico satírico ilustrado de París. ↩

  8. Ulrich Ochsenbein, jefe de los cuerpos francos contra Lucerna en 1845, presidente del gobierno bernés y de la Dieta federal durante la guerra del Sonderbund, miembro del Consejo Federal desde 1848. ↩

  9. Uri, Schwyz y Unterwalden, los cantones fundadores de la Confederación, católicos y conservadores. ↩

  10. Niggeler y Jakob Stämpfli, dirigentes radicales de Berna. ↩

  11. La República Helvética (1798-1803), Estado unitario creado bajo la influencia de la Francia revolucionaria. ↩

  12. El Gukkasten («La linterna mágica»), semanario satírico de Berna, editado por Jenni. ↩

  13. Charles Neuhaus, jefe del gobierno liberal de Berna derribado por los radicales en 1846. ↩

  14. «Suave en la forma, firme en el fondo». ↩

  15. Wenzel Messenhauser, comandante de la milicia ciudadana de Viena durante la insurrección de octubre de 1848, fusilado el 16 de noviembre de 1848. ↩

  16. Johann Philipp Becker, revolucionario alemán residente en Suiza, que mandó cuerpos francos en la guerra del Sonderbund y en 1848. ↩