Escrito por Karl Marx en Colonia el 18 de mayo de 1849 y publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 301, del 19 de mayo de 1849, el último número del periódico, impreso entero en tinta roja.1 Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 503-506), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
*Colonia, 18 de mayo. Hace algún tiempo se exigió desde Berlín a una autoridad de aquí que volviera a declarar el estado de sitio en Colonia.2 Se buscaba suprimir la Neue Rheinische Zeitung por la vía de la ley marcial, pero se tropezó con una resistencia inesperada. Más tarde, el Gobierno de Colonia3 se dirigió a la fiscalía de aquí para alcanzar el mismo fin mediante detenciones arbitrarias. Fracasó ante los reparos jurídicos de la fiscalía, igual que había fracasado ya dos veces ante el sano juicio de los jurados renanos.4 No quedó más remedio que recurrir a una argucia policial, y por el momento se ha conseguido el propósito. La Neue Rheinische Zeitung deja de aparecer por ahora. El 16 de mayo se comunicó a su redactor jefe, Karl Marx, el siguiente papelucho del gobierno:
«En sus últimas piezas (!) la N. Rh. Z. se destaca cada vez más decididamente por la incitación al desprecio del gobierno existente, al derrocamiento violento y a la implantación de la república social. Procede por ello retirar a su redactor jefe, el Dr. Karl Marx, el derecho de hospitalidad (!), que ha violado de manera tan ignominiosa, y, puesto que no ha obtenido permiso para seguir residiendo en estos Estados, ordenarle que los abandone en el plazo de 24 horas. Si no diera cumplimiento voluntario al requerimiento que se le dirija, se le conducirá por la fuerza a la frontera.
Colonia, a 11 de mayo de 1849
Gobierno Real
Moeller5
Al señor Geiger,6 director real de policía, en esta ciudad.»
¿A qué vienen estas frases necias, estas mentiras oficiales?
Las últimas piezas de la N. Rh. Z. no se distinguen ni en una jota, por su tendencia y su lenguaje, de su primera «pieza de muestra». En esa «primera pieza» se decía, entre otras cosas:
«El proyecto del señor Hüser (en Maguncia) no es más que una parte del gran plan de la reacción de Berlín, que aspira a […] entregarnos indefensos en manos del […] ejército».7
Eh bien, messieurs, qu'en dites vous maintenant? [Y bien, señores, ¿qué dicen ustedes ahora?]
En cuanto a nuestra tendencia, ¿la desconocía el gobierno? ¿No declaramos ante los jurados que ahora era «tarea de la prensa socavar todos los fundamentos de lo existente»?8 Y en lo que toca en particular al subknés de los Hohenzollern,9 leed el número del 19 de octubre de 1848, donde se dice:
«El rey es consecuente. Siempre habría sido consecuente si, por desgracia, las jornadas de marzo no hubiesen interpuesto aquel funesto pedazo de papel entre Su Majestad y el pueblo.10 Su Majestad parece creer de nuevo en este momento, como antes de las jornadas de marzo, en los “pies de hierro” del eslavismo, y el pueblo de Viena es quizá el mago que convertirá el hierro en barro».11
Est-ce clair, messieurs? [¿Está claro, señores?]
Y la «república social», ¿acaso la proclamamos solo en las «últimas piezas» de la Neue Rheinische Zeitung?
Para los débiles mentales que no vieron pasar el hilo «rojo» a través de toda nuestra manera de juzgar y de exponer el movimiento europeo, ¿no hablamos para ellos con palabras abiertas e inequívocas?
«Supongamos», se dice en el número de la N. Rh. Z. del 7 de noviembre,12 «supongamos que la contrarrevolución viviera en toda Europa por las armas: moriría en toda Europa por el dinero. El fatum que anularía la victoria sería la bancarrota europea, la bancarrota del Estado. Contra las puntas “económicas” se quiebran las puntas de las bayonetas como yesca podrida. Pero el desarrollo no espera al vencimiento de las letras de cambio que los Estados europeos han girado contra la nueva sociedad europea.
En París se asestará el contragolpe aniquilador de la revolución de junio. Con la victoria de la república “roja” en París, los ejércitos serán escupidos desde el interior de los países hacia las fronteras y por encima de ellas, y el verdadero poder de los partidos en lucha se mostrará con toda nitidez. Entonces nos acordaremos de junio, de octubre, y también nosotros gritaremos:
¡Vae victis! [¡Ay de los vencidos!]
Las matanzas sin resultado desde las jornadas de junio y de octubre, la tediosa fiesta de sacrificios desde febrero y marzo, el canibalismo mismo de la contrarrevolución convencerán a los pueblos de que solo hay un medio de abreviar, simplificar y concentrar los asesinos estertores de la vieja sociedad y los sangrientos dolores de parto de la nueva, solo un medio: el terrorismo revolucionario».
Est-ce clair, messieurs?
Desde el principio hemos considerado superfluo ocultar nuestra opinión. En una polémica con la fiscalía de aquí os gritamos:
«La verdadera oposición de la N. Rh. Z. empieza solo en la república tricolor».13
Y entonces hablábamos con la fiscalía. El viejo año de 1848 lo resumimos (cfr. el número del 31 de diciembre de 1848) con estas palabras:
«La historia de la burguesía prusiana, como en general de la burguesía alemana, de marzo a diciembre demuestra que en Alemania es imposible una revolución puramente burguesa y la fundación del dominio burgués bajo la forma de la monarquía constitucional, que solo es posible la contrarrevolución feudal y absolutista o la revolución social y republicana».14
¿Necesitábamos, pues, esperar a las «últimas piezas» de la N. Rh. Z. para dar a conocer inequívocamente nuestra tendencia social y republicana? ¿No habíais leído nuestros artículos sobre la revolución de junio,15 y no era el alma de la revolución de junio el alma de nuestro periódico?
¿A qué vienen, pues, vuestras frases hipócritas, que buscan a la desesperada un pretexto imposible?
Somos implacables; no os pedimos consideración. Cuando nos llegue el turno, no disimularemos el terrorismo. Pero los terroristas monárquicos, los terroristas por la gracia de Dios y del derecho, son en la práctica brutales, despreciables, viles; en la teoría, cobardes, solapados, falsos; y en ambos aspectos, sin honor.
El papelucho del gobierno prusiano es lo bastante necio para hablar de un «derecho de hospitalidad» «ignominiosamente violado» por el redactor jefe de la N. Rh. Z., Karl Marx.
El derecho de hospitalidad que los insolentes intrusos, los rusos de delante (borusos),16 nos han otorgado a nosotros, los renanos, en nuestro propio suelo, ciertamente la N. Rh. Z. lo ha violado «ignominiosamente». Creemos habernos ganado con ello la gratitud de la provincia del Rin. Hemos salvado el honor revolucionario de nuestra tierra. En adelante solo la Neue Preußische Zeitung17 gozará de pleno derecho de ciudadanía en la provincia del Rin.
Al despedirnos, recordamos a nuestros lectores las palabras de nuestro primer número de enero:
«Levantamiento revolucionario de la clase obrera francesa, guerra mundial:
ese es el índice del año 1849».18
¡Y ya en el Este un ejército revolucionario formado por combatientes de todas las nacionalidades hace frente a la vieja Europa, representada y coaligada en el ejército ruso; ya amenaza desde París la «república roja»!
El número 301 de la Neue Rheinische Zeitung se tiró en tinta roja y se abría con el poema de despedida de Ferdinand Freiligrath, redactor del periódico, «Abschiedswort der Neuen Rheinischen Zeitung» («Palabra de despedida de la Neue Rheinische Zeitung»), que no es de Marx ni de Engels y no se traduce aquí. Marx había recibido la orden de expulsión el 16 de mayo; el resto de la redacción estaba ya procesada o amenazada de detención. ↩
Colonia había estado en estado de sitio desde el 26 de septiembre hasta comienzos de octubre de 1848; la Neue Rheinische Zeitung fue suspendida y no volvió a salir hasta el 12 de octubre. ↩
La Regierung de Colonia, autoridad administrativa prusiana del distrito (Regierungsbezirk) de Colonia. ↩
El 7 y el 8 de febrero de 1849 los jurados de Colonia absolvieron a Marx, Engels y Hermann Korff, gerente del periódico, acusados de injurias a la autoridad, y a Marx, Karl Schapper y Karl Schneider, del comité renano de los demócratas, acusados de incitar a la rebelión por el llamamiento a no pagar los impuestos. ↩
Eduard von Moeller, presidente del Gobierno de Colonia. ↩
Wilhelm Arnold Geiger, juez de instrucción en Colonia y, desde el verano de 1848, director interino de la policía de la ciudad. ↩
Del artículo «Hüser», en el primer número de la Neue Rheinische Zeitung, del 1 de junio de 1848; Hüser era el comandante prusiano de la fortaleza de Maguncia. Los puntos suspensivos son de Marx. ↩
Palabras del discurso de Marx en el primer proceso de prensa contra la Neue Rheinische Zeitung, el 7 de febrero de 1849. ↩
Knés (ruso kniaz), príncipe: Federico Guillermo IV, rey de Prusia, presentado como príncipe vasallo del zar. ↩
El «pedazo de papel» es la constitución escrita, que Federico Guillermo IV había jurado no dejar interponerse nunca entre él y su pueblo (discurso ante la Dieta Unida, abril de 1847). ↩
Alusión a la estatua del sueño de Nabucodonosor, con pies de hierro y de barro (Daniel 2). Los «pies de hierro» del eslavismo son las tropas eslavas, sobre todo croatas, de la contrarrevolución austriaca, que en octubre de 1848 sitiaban Viena sublevada. ↩
Del artículo de Marx «La victoria de la contrarrevolución en Viena», Neue Rheinische Zeitung, n.º 136, del 7 de noviembre de 1848. ↩
La república tricolor es la república burguesa de la bandera tricolor francesa, frente a la república roja. ↩
De la serie de Marx «La burguesía y la contrarrevolución», cuya última entrega apareció el 31 de diciembre de 1848. ↩
Los artículos de Marx y Engels sobre la insurrección obrera de París de junio de 1848, publicados en la Neue Rheinische Zeitung a finales de junio y comienzos de julio de 1848. ↩
Juego de palabras: Vorder-Russen, «rusos de delante», sobre Borussen, nombre latino de los prusianos. Prusia se había anexionado la provincia del Rin en 1815. ↩
La Neue Preußische Zeitung (Kreuzzeitung), diario de la camarilla y de los junkers prusianos. ↩
Del artículo de Marx «El movimiento revolucionario», Neue Rheinische Zeitung, n.º 184, del 1 de enero de 1849. ↩