Carta escrita en inglés por Karl Marx, Friedrich Engels y August Willich en Londres el 14 de junio de 1850 y publicada en The Spectator (Londres), n.º 1146, del 15 de junio de 1850. No hemos podido consultar el texto inglés; traducido de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 7 (Berlín, 1960, pp. 316-319), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto en alemán.

64, Dean Street, Soho Square, 14 de junio de 1850

Señor:

Desde hace algún tiempo, nosotros, los abajo firmantes, refugiados alemanes residentes en este país, hemos tenido ocasión de admirar la atención que nos dispensa el gobierno británico. Estábamos acostumbrados a encontrarnos de vez en cuando con algún oscuro funcionario de la legación prusiana que no «figura legalmente como tal»; estábamos acostumbrados a los discursos exaltados y a las propuestas descabelladas de semejantes agents provocateurs y sabíamos cómo tratarlos. Lo que nos causa asombro no es la atención que nos tributa la legación prusiana —estamos orgullosos de haberla merecido—; nos asombra la entente cordiale1 que, en lo que a nosotros se refiere, parece haberse formado entre los espías prusianos y los delatores ingleses.

En verdad, señor, nunca habríamos creído que en este país hubiera tantos espías de la policía como los que hemos tenido la suerte de conocer en el breve espacio de una semana. No solo vigilan estrechamente las puertas de las casas en que vivimos individuos de aspecto más que dudoso, que toman sus notas con todo descaro cada vez que alguien entra o sale; no podemos dar un solo paso sin que nos sigan adondequiera que vayamos. No podemos subir a un ómnibus ni entrar en un café sin que se nos honre con la compañía de al menos uno de estos amigos desconocidos. No sabemos si los caballeros encargados de esta grata tarea están «al servicio de Su Majestad», pero sabemos que la mayoría de ellos tienen un aspecto de todo menos limpio y respetable.

¿De qué le pueden servir a nadie los pobres informes que así reúne ante nuestras puertas una banda de espías miserables, de prostitutos de la peor especie, sacados en su mayoría, al parecer, de la clase de los delatores vulgares y pagados por informe? ¿Puede ser tan valiosa esta información, sin duda extraordinariamente fidedigna, que dé a alguien derecho a sacrificar por ella la antigua gloria de los ingleses, según la cual en su país no hay posibilidad de introducir ese sistema de espionaje del que no está libre ni un solo país del continente?

Por lo demás, siempre hemos estado y seguimos estando dispuestos a dar al gobierno cualquier información que desee sobre nosotros, en la medida de nuestras posibilidades.

Pero sabemos muy bien qué hay detrás de todo esto. El gobierno prusiano ha aprovechado la ocasión para utilizar el reciente atentado contra Federico Guillermo IV2 en una nueva campaña contra sus enemigos políticos dentro y fuera de Prusia. Y como un loco notorio ha disparado contra el rey de Prusia, se quiere inducir al gobierno inglés a aplicarnos la ley de extranjeros,3 aunque no podemos imaginar en qué podría chocar nuestra presencia en Londres con «el mantenimiento de la paz y la tranquilidad de este reino».

Cuando hace unos ocho años atacamos en Prusia el sistema de gobierno existente, los funcionarios y la prensa respondieron que, si a estos señores no les gustaba el sistema prusiano, eran completamente libres de abandonar el país. Abandonamos el país, y sabíamos por qué. Pero una vez que lo hubimos abandonado, encontramos a Prusia en todas partes: en Francia, en Bélgica o en Suiza, sentimos la influencia del embajador prusiano. Si su influencia nos obligara a abandonar este último refugio que nos queda en Europa, entonces Prusia creerá sin duda que es la potencia que domina el mundo.

Hasta ahora Inglaterra ha sido el único obstáculo en el camino de la Santa Alianza, que se está restableciendo actualmente bajo la protección de Rusia; y la Santa Alianza, de la que Prusia es parte esencial, no aspira a menos que a llevar a la Inglaterra hostil a Rusia a una política interior de corte más o menos ruso. En verdad, ¿qué pensaría Europa de las últimas notas diplomáticas y de las garantías parlamentarias del gobierno británico si quedaran comentadas por una aplicación de la ley de extranjeros debida únicamente a los motivos rencorosos de gobiernos reaccionarios extranjeros?

El gobierno prusiano afirma que el disparo hecho contra su rey es el resultado de conspiraciones revolucionarias muy ramificadas cuyo centro habría que buscar en Londres. En consecuencia, lo primero que hace es destruir la libertad de prensa en su país, y lo segundo, exigir al gobierno inglés que expulse del país a los supuestos jefes de esta supuesta conspiración.

Si se consideran el carácter personal y las cualidades del actual rey de Prusia y las de su hermano, el heredero del trono, ¿qué partido tiene mayor interés en una rápida sucesión al trono: el partido revolucionario o los ultrarrealistas?

Permítanos declarar que catorce días antes del atentado cometido en Berlín se dirigieron a nosotros personas a las que con buenas razones consideramos agentes del gobierno prusiano o de los ultrarrealistas, y nos incitaron casi directamente a conspiraciones con el objetivo de organizar el regicidio en Berlín y en otros lugares. No hace falta añadir que estas personas no tuvieron ninguna posibilidad de embaucarnos.

Permítanos declarar que después del atentado otras personas de carácter parecido han intentado imponernos su compañía y nos han hablado de manera parecida.

Permítanos declarar que el sargento Sefeloge, que disparó contra el rey, no era un revolucionario, sino un ultrarrealista.

Pertenecía a la sección n.º 2 del Treubund,4 una sociedad ultrarrealista. Está inscrito con el número 133 en la lista de miembros. Durante un tiempo recibió ayuda en dinero de esta sociedad; sus papeles se guardaban en casa de un mayor ultrarrealista empleado en el Ministerio de la Guerra.

Si este asunto llega alguna vez a tratarse ante un tribunal público, cosa que dudamos, el público podrá ver con bastante claridad si hubo instigadores de este atentado y quiénes fueron.

La ultrarrealista Neue Preußische Zeitung5 fue la primera en acusar a los refugiados de Londres de ser los verdaderos autores del atentado. Llegó a nombrar a uno de los firmantes, del que ya antes había afirmado que había estado catorce días en Berlín, cuando no ha abandonado Londres ni un momento, como puede confirmar un gran número de testigos. Escribimos al señor Bunsen,6 el embajador prusiano, rogándole que nos procurara los números correspondientes de este periódico. La atención que nos dispensó este caballero no llegó hasta el punto de moverle a hacer lo que habríamos esperado de la courtoisie7 de un chevalier.

Creemos, señor, que en estas circunstancias no podemos hacer nada mejor que someter todo el asunto al público. Creemos también que los ingleses se interesan por todo lo que pueda menoscabar más o menos la antigua fama de Inglaterra como el asilo más seguro para los refugiados de todos los partidos y de todos los países.

Quedamos, señor, sus muy devotos servidores,

Charles Marx, Fred. Engels, redactores de la Neue Rheinische Zeitung de Colonia

Aug. Willich, coronel del ejército revolucionario de Baden

  1. «Entendimiento cordial»: la expresión con que se designaba el acercamiento entre Francia e Inglaterra en la década de 1840. ↩

  2. El 22 de mayo de 1850, el antiguo sargento Maximilian Sefeloge disparó en Berlín contra el rey Federico Guillermo IV de Prusia y lo hirió levemente; se le declaró enajenado. ↩

  3. La Alien Bill, ley británica de 1848 que facultaba al gobierno para expulsar a los extranjeros considerados peligrosos para la paz del reino. ↩

  4. Liga de la Fidelidad: asociación monárquica prusiana fundada en 1848. ↩

  5. Diario de la extrema derecha prusiana, fundado en 1848 y conocido como Kreuzzeitung por la cruz de hierro de su cabecera. ↩

  6. Christian Karl Josias von Bunsen (1791-1860), diplomático y erudito prusiano, embajador en Londres de 1842 a 1854. ↩

  7. Cortesía. ↩