Escrito por Karl Marx en inglés en Londres el 28 de septiembre de 1852 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 3590, del 19 de octubre de 1852. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 8 (Berlín, 1960, pp. 364-366), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, martes 28 de septiembre de 1852
Los sucesos siguientes son hechos auténticos y se refieren a las maquinaciones dentro de la emigración italiana y húngara.
Hace algún tiempo, por encargo de Kossuth y de Mazzini,1 el general húngaro Vetter2 recorrió toda Italia con el pasaporte de un pintor que es ciudadano de los Estados Unidos. Le acompañaba la cantante húngara madame Ferenczi, que daba conciertos. De este modo penetró en los altos círculos oficiales, mientras que los mensajes de Mazzini que tenía que entregar le abrían las puertas de las sociedades secretas. Atravesó todo el país, de Turín y Génova, pasando por Milán, hasta Roma y Nápoles. Hace poco regresó a Inglaterra y rindió su informe, para gran asombro de Mazzini, el arcángel de la democracia. El meollo de la exposición de Vetter es, en pocas palabras, este: Italia se ha vuelto completamente materialista; el comercio de seda, de aceite y de otros productos del país se ha convertido hasta tal punto en el único tema de las conversaciones diarias, y la burguesía (gran puntal de Mazzini) calcula los gastos y las pérdidas que trajo consigo la revolución con tan aterradora exactitud y trata de compensarlos con una actividad industrial tan afanosa, que la idea de que Italia vaya a dar vida próximamente a un movimiento revolucionario es del todo irreal. En aquel país, dice Vetter en su informe, no puede haber ningún levantamiento mientras el volcán francés no vuelva a escupir fuego, tanto más cuanto que la parte revolucionaria por excelencia de la población está desalentada por la larga persecución y por el fracaso constante de sus planes y, sobre todo, carece del apoyo de las masas.
Tras este informe de Vetter, Mazzini, que antes había despotricado tan ruidosa y tan neciamente contra Francia, se vio obligado nolens volens3 a ceder una vez más la iniciativa a la vieja Babilonia.4
Pero entonces surge la pregunta: ¿con qué partido empezaron a negociar estos señores una vez decidido volver a aliarse con Francia? ¡Con el señor Luis Bonaparte!
Kossuth, de acuerdo con Mazzini, envió a París a un tal Kiss5 para entablar relaciones con los bonapartistas. Kiss conocía de antes a los hijos de Jérôme Bonaparte. Se divierte en París, en los cafés y en otras casas, no se separa de Pierre Bonaparte,6 lo inciensa y escribe grandiosos informes a Kossuth. Ya no cabe dudar, dice, de la liberación de Hungría por la firma L. Napoleón y Kossuth. El jefe de los revolucionarios ha sellado una alianza a vida o muerte con el «tirano».
Antes de que ocurriera todo esto, el viejo Lelewel,7 el polaco, y Tadeusz Gorzowski, un sacerdote ruso, habían venido a Londres en nombre de la llamada Centralización de los polacos8 y habían presentado a Kossuth y a Mazzini el plan de una insurrección cuyo eje había de ser la colaboración con Bonaparte. Su amigo particular en Londres era un conde Lanckoroński, que es además agente imperial ruso, y su plan había tenido el alto honor de ser revisado y mejorado en San Petersburgo después de haber sido presentado allí. El susodicho conde Lanckoroński está ahora en París para no perder de vista a Kiss, y de allí irá a Ostende a recibir nuevas instrucciones de San Petersburgo.
Kiss ha enviado desde París a Kossuth toda clase de garantías que en realidad pertenecen a un libro de cuentos, pero que, dada la situación de cuento de hadas que vive Francia, quizá hasta sean verdad. Se dice que Kossuth ha recibido una carta escrita de puño y letra por Luis Napoleón invitándole a venir a París. Kossuth ha hecho circular copias de esta carta por todas las provincias de Hungría. Lo ha preparado todo allí para una sublevación general. Incluso funcionarios imperiales y reales participan en el complot. Kossuth espera empezar el asunto en octubre.
Hasta aquí mi informe no contiene más que la repetición casi literal de lo que se me ha comunicado. Si se me pregunta ahora mi opinión al respecto, creo que Luis Bonaparte quiere matar dos pájaros de un tiro. Quiere congraciarse con Kossuth y Mazzini y luego traicionarlos ante los austriacos, que a cambio habrían de dar su consentimiento para que se haga emperador de los franceses. Además, cree que Kossuth y Mazzini perderán toda su influencia en el partido revolucionario en cuanto se sepa que han negociado con él o que han entrado en relación con él. Por lo demás, encuentra en las potencias absolutistas gran resistencia a su subida al trono, y es muy posible, aunque no muy probable, que, como buen aventurero, esté dispuesto a probar suerte con los conspiradores.
Por lo que se refiere a Italia en particular, Luis Bonaparte espera incorporar Lombardía y Venecia a sus propios territorios, mientras que Nápoles correspondería a su primo Murat.9
¡Hermosas perspectivas para el signor Mazzini!
Ya que he vuelto a hablar de Italia, permítaseme comunicar otra novedad. La condesa Visconti, una de las heroínas del último episodio de la lucha por la libertad de Italia, ha estado aquí hace poco y ha tenido una larga entrevista con lord Palmerston. Su señoría le dijo que esperaba estar a la cabeza del gobierno británico antes de que termine este año, y que Europa marcharía entonces hacia una rápida transformación. A Italia, sobre todo, no se la podía dejar por más tiempo en las garras de Austria, porque a la larga ningún país puede gobernarse con pólvora y plomo. Palmerston dio a entender además que esperaba encontrar su aliado en Francia. Pero deseaba que, en caso de un levantamiento general, Lombardía se anexionara enseguida al Piamonte y que la cuestión de si de ello saldría una república se dejara enteramente al futuro.
Por mi parte, estoy convencido de que el viejo veterano Palmerston padece las mayores ilusiones; en particular, no sabe que, aunque conserve todavía alguna influencia en las camarillas parlamentarias, la ha perdido en el país.
Lajos Kossuth (1802-1894), jefe de la revolución húngara de 1848-1849, y Giuseppe Mazzini (1805-1872), jefe del republicanismo italiano, ambos emigrados en Londres, donde formaban parte del Comité Central Democrático Europeo. ↩
Antal Vetter (1803-1882), general del ejército revolucionario húngaro, emigrado tras 1849. ↩
«Quieras o no». ↩
París. ↩
Miklós Kiss (1820-1902), oficial húngaro emigrado en Francia, agente de Kossuth en París. ↩
Jérôme Bonaparte (1784-1860), hermano menor de Napoleón I y antiguo rey de Westfalia; Pierre Bonaparte (1815-1881) era hijo de otro hermano, Lucien, y por tanto sobrino de Jérôme. ↩
Joachim Lelewel (1786-1861), historiador polaco y dirigente de la emigración democrática después del levantamiento de 1830-1831. ↩
La Centralización, órgano directivo de la Sociedad Democrática Polaca, la principal organización de la emigración polaca. ↩
Lucien Murat (1803-1878), hijo de Joachim Murat, rey de Nápoles de 1808 a 1815, y primo de Luis Napoleón. ↩