Escrito en inglés por Friedrich Engels hacia el 8 de noviembre de 1853 y publicado sin firma, como editorial, en el New-York Daily Tribune, núm. 3934, del 25 de noviembre de 1853. La MEW lo atribuye a Engels. El original inglés no tiene hoy fuente libre completa: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 462-468), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Ya no cabe duda de que en el Danubio han empezado las operaciones militares. Omer Bajá ha cruzado el río en Vidin, ha ocupado Kalafat, un pueblo de la otra orilla, y ha enviado su vanguardia contra Craiova, mientras los turcos emprendían otro ataque desde Ruse contra la ciudad de enfrente, Giurgiu. Se habla además de un tercer y un cuarto ataque en dirección a Brăila y a Turnu. Al mismo tiempo hubo otro encuentro en Oltenița, en el que los atacantes fueron los rusos. Según uno de los despachos que nos han llegado, este último combate duró tres horas y terminó con los rusos rechazados; pero otro despacho, llegado de Viena la tarde del 8 de noviembre, anuncia que la batalla duró veintiocho horas y que el resultado sigue siendo incierto. La primera versión parece la más probable.
Sobre los resultados de los demás combates hay también versiones diferentes. El de Giurgiu parece, según todos los informes, haber fracasado, mientras que del desenlace de los combates de Brăila y Turnu no sabemos nada. En cuanto al avance iniciado en Kalafat, algunos telegramas dicen que los turcos han obtenido ventajas y los rusos han sufrido un revés; otros, que los turcos fueron detenidos de inmediato y rechazados hasta Kalafat. Las circunstancias hablan en favor de la probabilidad de la primera noticia.
En conjunto, lo que está claro es lo siguiente: Omer Bajá, por razones que examinaremos más adelante con más detalle, ha abandonado lo que ya antes calificamos de posición natural de los turcos en esta frontera, a saber, la defensiva. Ha pasado a la ofensiva y, aprovechando la retirada de los rusos de la Pequeña Valaquia, cruzó el 28 de octubre el Danubio en Vidin, en el extremo izquierdo de su propia posición; con qué fuerzas lo hizo, no tenemos manera alguna de averiguarlo. Pero como desde entonces solo hemos tenido noticia de ataques fingidos o parciales de los turcos en otros puntos, y como sería pura locura cruzar un río como el Danubio con una fuerza insignificante frente a un enemigo poderoso, podemos dar por seguro que Omer Bajá lleva consigo el grueso de su ejército activo disponible. Pues mientras no nos convenzan noticias por encima de toda duda, no creeremos que haya corrido un riesgo tan grande como el que algunos despachos le atribuyen: cruzar el Danubio con 7.000 hombres sin más refuerzos ni reservas a mano que 8.000 hombres en Sofía, a 150 millas de distancia. Pero como las fuerzas principales del ejército turco estaban concentradas hace muy poco en Varna, Shumla y Ruse, nos cuesta igualmente explicar cómo pudo Omer Bajá concentrar de repente el grueso de su ejército en Vidin, que dista por término medio 250 millas de esos lugares.
La explicación más probable es que Omer Bajá, al advertir el avance de los rusos sobre Vidin, había desplazado considerablemente hacia la izquierda la posición de su ejército, dejando la defensa de la carretera directa de Constantinopla a las guarniciones de Ruse, Silistra, Varna y Shumla; destinó Ruse a apoyar su ala derecha, Vidin a apoyar su ala izquierda y Nicópolis a punto de concentración de su centro. En esta posición, que se extiende a lo largo de unas 200 millas de Ruse a Vidin, ha concentrado en su ala izquierda todas las tropas que ha podido reunir y ha cruzado el Danubio, envolviendo así, al parecer, el ala derecha de los rusos. Esperaba sorprender su cuerpo de vanguardia y obligarlo a retirarse al otro lado del río Jiu. Él mismo podría llegar a la otra orilla de ese río forzando el paso de frente o enviando otro cuerpo a cruzar el Danubio cerca de Rasova, que alcanzaría así la otra orilla del Jiu. El río Olt, el segundo afluente del Danubio, que corta la carretera de Vidin a Bucarest, podría forzarse del mismo modo lanzando otra parte del centro turco a través del Danubio por Nicópolis y Turnu, por debajo de la desembocadura del Olt. Por último, unos ataques fingidos más abajo, en Giurgiu y Brăila, podrían contribuir a engañar a los rusos sobre los puntos en que los turcos aparecieran realmente.
Apenas puede caber duda de que esos tienen que haber sido los planes de Omer Bajá, si se dejan por un momento fuera de juego los motivos políticos. The Times de Londres habla de un paso efectivo de los turcos en Giurgiu; pero es una noticia falsa evidente. No hay alférez en ningún ejército disciplinado que cometiera el grave error de cruzar con dos cuerpos el mayor río de Europa, y además por su parte más ancha y difícil, en dos puntos distintos, separados por 250 millas, frente a un adversario nada desdeñable y concentrado.
¿En qué consiste, pues, la maniobra de Omer Bajá? Es un intento de envolver el flanco del enemigo y de arrollar toda su línea de batalla con ataques simultáneos de flanco y de frente. Una maniobra así está plenamente justificada cuando se pueden lanzar por sorpresa las propias fuerzas principales sobre el flanco enemigo; cuando el propio frente está a cubierto de un ataque; cuando, en caso de revés, se tiene asegurada la retirada, y cuando, arrollando la posición del enemigo de un flanco a otro, se le cortan las comunicaciones con su base de operaciones. Ahora bien, en el caso presente no se cumple la última condición. Al contrario, mientras la retirada de Omer Bajá podría verse amenazada si se envolviera el ala derecha de su cuerpo en Valaquia y se le cortara con ello la carretera de Kalafat (en cuyo caso su única posibilidad de retirada estaría en Austria), el ataque desde Kalafat en dirección a Bucarest no puede perturbar en absoluto la línea de retirada rusa. Se recordará lo que observamos hace algún tiempo a este respecto: que la única línea de defensa útil para los turcos1 es la que va del Danubio hacia el río Siret, o la estrecha franja de tierra que separa Besarabia de la frontera austriaca. En lugar de hacer el movimiento que habría amenazado de inmediato, si no cortado, la línea de comunicaciones rusa, los turcos atacan por el extremo opuesto, donde aun en caso de victoria no cabe esperar ningún éxito decisivo. Puede que el frente turco esté a cubierto de ataques en la medida en que las operaciones principales se desarrollen entre Vidin y Craiova o Slatina y los rusos difícilmente crucen el Danubio más abajo, a menos que sean más audaces en su estrategia de lo que les conocemos. Pero al mismo tiempo el frente turco de Vidin a Ruse está igualmente trabado por el ancho río que lo separa del enemigo, y en ese tramo tiene que reinar una inactividad relativa.
Pero en este caso no se ha cumplido la condición principal.
Tenemos un excelente ejemplo histórico de esta clase de maniobra en la batalla de Jena.2 Napoleón logró llevar sin ser visto el grueso de sus fuerzas hasta el flanco izquierdo de los prusianos y los arrolló en ocho horas tan por completo que el ejército prusiano, cortado de sus líneas de retirada, fue aniquilado y dejó de existir como ejército. Pero aquello ocurrió en un terreno de veinte millas cuadradas y en el plazo de veinte horas. Aquí, en cambio, tenemos un territorio de doscientas por cincuenta millas, sin carreteras, y cada movimiento exigirá en proporción más tiempo. La sorpresa, la fuerza y el ímpetu del ataque, a los que Napoleón debió en Jena su éxito completo, han de quedarse aquí, tras unos pocos esfuerzos, literalmente atascados en el barro. Esto se verá aún con más claridad si echamos una ojeada al mapa. Los turcos tienen que marchar de Kalafat a Craiova. Allí tropiezan con el primero de esos ríos que corren de los Alpes de Transilvania al Danubio, cortan Valaquia de norte a sur y forman cada uno una línea defensiva que un ejército atacante tiene que vencer. El país se parece exactamente en este aspecto a Lombardía, y los ríos de que aquí se trata, el Jiu y el Olt, pueden compararse con el Mincio y el Adigio, cuya importancia militar se ha puesto de manifiesto tantas veces.
Suponiendo que los turcos crucen el Jiu, cosa que quizá logren, encontrarán la primera resistencia seria en el Olt, cerca de Slatina. El Olt, por su anchura y profundidad, es una barrera mucho más temible, y además los rusos, con un poco de energía, pueden concentrar allí un ejército capaz no solo de rechazar todos los ataques turcos, sino de asegurarse de inmediato la victoria. Una victoria rusa en Craiova, si no es muy considerable, no tendría en realidad gran importancia, porque los turcos podrían alcanzar Kalafat y el Danubio en tres marchas forzadas y escapar así a la persecución. Pero una derrota turca en Slatina, aparte de ser más decisiva por la mayor masa de tropas rusas allí reunidas, daría a los rusos cinco o seis días de persecución; y todo el mundo sabe que los frutos de una victoria no se recogen en el campo de batalla, sino durante la persecución, que puede acarrear la desorganización total del ejército batido. No es probable, por tanto, que Omer Bajá llegue nunca a cruzar el Olt si Gorchakov quiere trabar combate con él allí; pues aun contando todas las posibilidades en favor de los turcos, Omer Bajá no puede llevar más de 25.000 hombres a las orillas de ese río, mientras que Gorchakov puede reunir allí cómodamente y a tiempo 35.000. En cuanto a los ataques de flanco de los turcos desde la orilla sur del Danubio, serán bastante inofensivos si las fuerzas atacantes no disponen de una enorme cantidad de pontones y demás material, que rara vez se encuentra entre los turcos. Pero aun suponiendo que se lograra incluso el paso del Olt y del Argeș, otro río importante más al este, cuesta imaginar que Omer Bajá pudiera vencer los atrincheramientos rusos de Bucarest y poner en fuga, en una batalla en regla, a un ejército que sin duda tiene que superar en un tercio a las tropas que él podría oponerle.
Así pues, si por parte de los rusos la guerra se hace con arreglo a algún principio militar, la derrota de Omer Bajá parece segura; pero si no se lleva según principios militares, sino según principios diplomáticos, el resultado podría ser otro.
La retirada voluntaria de los rusos de la posición militarmente importante de Kalafat, después de haber enviado allí tantas tropas para amenazar a Serbia; el paso del Danubio por Omer Bajá, que no encontró resistencia alguna; sus movimientos relativamente tranquilos y muy lentos en la Pequeña Valaquia (el territorio al oeste del Olt); la insignificancia, por lo que podemos juzgar, de los ataques turcos en todos los demás puntos, y por último los errores estratégicos que encierra el avance desde Vidin, de los que nadie puede suponer ni por un momento que Omer Bajá no se haya dado cuenta: todos estos hechos parecen dar algún fundamento a una conclusión a la que han llegado algunos entendidos competentes, pero que parece bastante fantástica. Esta opinión supone que entre los jefes enemigos hay una especie de acuerdo tácito por el que los rusos dejan la Pequeña Valaquia a los turcos. Los que la sostienen dicen: el Olt forma una barrera natural muy cómoda, desde cuyas orillas los dos ejércitos podrían mirarse todo el sombrío invierno mientras los diplomáticos vuelven a esforzarse por encontrar una solución. Retirándose hasta allí, los rusos no solo mostrarían su generosidad y sus sentimientos pacíficos, sino que adquirirían a la vez una especie de derecho sobre los territorios usurpados, pues una ocupación conjunta de los Principados del Danubio por rusos y turcos concuerda en gran medida con los tratados vigentes.3 Con esta aparente generosidad en Europa, los rusos escaparían a los peligros que los amenazan en Asia, donde, según parece, están peor que nunca, y sobre todo serían en todo momento lo bastante fuertes para expulsar a los turcos de la franja de tierra cedida en la orilla izquierda del Danubio. Una prueba curiosa, aunque en modo alguno suficiente, en favor de esta teoría puede verse en el hecho de que la presentan abiertamente periódicos de Viena que gozan de la confianza de la corte. Los próximos días mostrarán si esta opinión es acertada o si va a hacerse en serio una guerra en regla. Mucho nos equivocaríamos si no fuera esto último lo que ocurre.
Ahora se ve claro que ambas partes son en Asia considerablemente más débiles de lo que se suponía. Según el Journal de Constantinople, los turcos tenían el 9 de octubre en Erzurum 10.000 hombres de reserva; en Batum, 4.000 regulares y 20.000 irregulares, destinados evidentemente a un ejército activo; en Bayazid, en la frontera persa, 3.000 hombres; en Kars y Ardahan, los dos puntos más importantes de la frontera rusa (aparte de Batum), una vanguardia de 16.000 hombres en total. Esta debía reforzarse en pocos días con 10.000 o 12.000 hombres de tropas frescas de Siria. Es, desde luego, una disminución muy considerable respecto de lo que otros informes nos hacían suponer: ¡en lugar de 100.000, solo 65.000! Pero si, por otra parte, puede darse crédito a las noticias llegadas por Constantinopla, el paso principal del Cáucaso, que une Tiflis y Georgia con Rusia, está en manos de los montañeses, Shamil ha rechazado a los rusos hasta nueve millas de Tiflis, y el general Vorontsov, comandante en Georgia, declara que, en caso de guerra con Turquía, no puede sostener esos territorios a menos que reciba 50.000 hombres de refuerzo. No podemos juzgar hasta qué punto son ciertos estos informes; pero los refuerzos enviados a toda prisa por mar a Jerkkum Kale, Redut Kale y otros puntos de la costa transcaucásica prueban que la estrella de Rusia no brilla mucho en aquella región. Los informes sobre la magnitud de esos refuerzos discrepan; primero se dijo que se habían enviado 24.000 hombres; pero ¿de dónde iban a sacar los rusos barcos para un ejército así? Ahora resulta que se ha enviado allí la 13.ª división, la primera del 5.º cuerpo (general Lüders),4 lo que supondría unos 14.000 hombres, cosa más que probable. La historia de que los cosacos del mar Negro, en número de 24.000 hombres (parece una cifra predilecta de los rusos), han rodeado por tierra el extremo occidental del Cáucaso y han logrado pasar sin estorbo a lo largo de la costa rocosa y estrecha en dirección a Redut Kale nos parece tanto más improbable cuanto más vueltas le damos. Los cosacos del mar Negro tienen bastante que hacer con vigilar la línea del Kubán y del Térek; y que una caballería de esa fuerza pudiera atravesar, sola y sin ser atacada, un desfiladero de ciento cincuenta millas de largo, por un territorio de población hostil donde unos pocos hombres podrían detenerla o partir en dos su columna, son cosas que solo pueden oírse en Rusia, donde hasta el día de hoy se asegura que Suvórov batió a Masséna en Zúrich.5
Este es, pues, el mejor campo de acción para los turcos. Ataques concéntricos repentinos de los regulares sobre la carretera principal de Tiflis —a lo largo de la costa si los turcos pueden mantenerse en el mar; por Kars o Ardahan si no pueden—, acompañados de una guerra incansable, enérgica y fulminante al estilo propio de los irregulares, pondrían muy pronto a Vorontsov en una situación sin salida, abrirían una comunicación con Shamil y desencadenarían una sublevación general en todo el Cáucaso. Pero aquí, más todavía que en el Danubio, se requieren audacia, rapidez y concordancia en la acción. Está por ver si los jefes turcos de aquella región poseen esas cualidades.
Así en la versión alemana de la MEW («Verteidigungslinie»); por el contexto, y por lo expuesto en «Los rusos en Turquía», se trata de la línea de ataque o de operaciones. ↩
En la batalla de Jena (14 de octubre de 1806) Napoleón derrotó al ejército prusiano; el mismo día Davout batió en Auerstedt al grueso de las fuerzas prusianas. ↩
El convenio ruso-turco de Balta Liman (1849) preveía la ocupación de los Principados por tropas rusas y turcas en caso de disturbios. ↩
Alexandr Nikoláievich Lüders (1790-1874), general ruso, mandaba el 5.º cuerpo de infantería. ↩
En septiembre de 1799 Masséna derrotó en Zúrich al cuerpo ruso de Korsakov; Suvórov, que venía de Italia por el San Gotardo, llegó tarde y tuvo que retirarse a través de los Alpes. ↩