Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 1 de noviembre de 1853 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 3925, del 15 de noviembre de 1853. Traducido del original inglés según la transcripción del Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 9, Berlín, 1960, pp. 447-455), por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Se han suprimido los signos [...] que la transcripción intercala en algunas citas. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
Londres, martes 1 de noviembre de 1853
Apenas había llegado a Londres la noticia del cañoneo de Isaccea1 cuando se telegrafió de Viena a Londres y a París que la Puerta, a petición de los representantes de las cuatro potencias, había dado orden de aplazar las hostilidades hasta el 1 de noviembre, si no habían comenzado ya. ¿Ha de considerarse o no el intercambio de cañonazos en Isaccea un comienzo de las hostilidades? Esa es la cuestión que agita ahora a la Bolsa y a la prensa. En mi opinión es una cuestión del todo indiferente, porque en cualquier caso el armisticio habría expirado hoy.
Se rumorea que el ejército turco ha cruzado el Danubio en Vidin y en Măcin, es decir, en las fronteras nororiental y noroccidental de Bulgaria. La exactitud de este despacho parece muy dudosa. Según la Presse de París de hoy, en un consejo militar celebrado en el Seraskierato el 15 o el 16 de octubre se resolvió que, en cuanto se conociera oficialmente la negativa del príncipe Gorchakov a evacuar los Principados, empezarían las hostilidades en Asia, en dos puntos distintos: contra la fortaleza de Poti, en el mar Negro, y en la frontera de Georgia. El mismo periódico nos informa de que el general Baraguay d'Hilliers, recién nombrado embajador de Francia en Constantinopla, ha partido acompañado de un estado mayor compuesto por oficiales de ingenieros y de artillería. El señor Baraguay es conocido como mal general y buen intrigante. Les recuerdo sus hazañas en el famoso Club de la Rue de Poitiers.2
Mientras se cruzaban las primeras balas de cañón en la guerra de los rusos contra Europa, se ha derramado la primera sangre en la guerra que hoy hace estragos en los distritos manufactureros, la del capital contra el trabajo. El viernes por la noche hubo disturbios en Wigan a raíz de la contienda entre los mineros y los reyes del carbón; el sábado se decía que la ciudad estaba perfectamente tranquila, pero hoy nos informa el telégrafo eléctrico de que en la mina de lord Crawford, o del conde de Balcarres, los mineros lanzaron un ataque, que se llamó a la fuerza armada, que los soldados hicieron fuego y que uno de los obreros resultó muerto. Como voy a recibir informaciones particulares desde el lugar de los hechos, aplazo mi informe sobre este suceso y me limito a prevenir a sus lectores contra las noticias del Daily News y de The Times, porque el primero de esos periódicos está directamente a sueldo de la escuela de Manchester y el segundo es, como observa con razón el Morning Herald, «el enemigo encarnizado, implacable e inexorable de las clases trabajadoras».
En 1842, cuando la escuela de Manchester, bajo la bandera del librecambio, arrastró al proletariado industrial a movimientos insurreccionales y en la hora del peligro lo abandonó a traición, como sir Robert Peel les dijo sin rodeos a los Cobden en la Cámara de los Comunes,3 su consigna era: Pan barato y salarios altos. Abolidas las leyes de granos y realizado el librecambio tal como ellos lo entienden, su grito de guerra se ha convertido en: Salarios bajos y pan caro. Al adoptar el gobierno el sistema comercial de Manchester, la plutocracia fabril se había impuesto un problema imposible de resolver bajo su régimen: asegurar la continuidad ininterrumpida de un comercio animado y de la prosperidad comercial. Para la hora de la adversidad se habían cortado toda posición de repliegue. Ya no había modo de engañar a las masas con la reforma parlamentaria, como en 1831, porque la influencia legislativa conquistada por aquel movimiento para las clases medias se había empleado exclusivamente contra las clases trabajadoras, y estas, entretanto, habían levantado un movimiento político propio: el cartismo. Ya no hay modo de cargar a los proteccionistas aristocráticos con todas las anomalías del sistema industrial y con los conflictos mortales que brotan de sus mismas entrañas, porque el librecambio ha funcionado durante unos ocho años en circunstancias maravillosamente afortunadas, con una California y una Australia, dos mundos de oro improvisados, por así decir, por las facultades imaginativas del demiurgo moderno. Así, una por una, paso a paso, la burguesía industrial ha ido retirando con sus propias manos todas las ilusiones cuidadosamente propagadas que se podían conjurar en la hora del peligro para desviar la indignación de las clases trabajadoras de su verdadero antagonista y dirigirla contra los antagonistas de la plutocracia fabril, contra la aristocracia terrateniente. En 1853 se han desvanecido los falsos pretextos de los patronos y las necias ilusiones de los obreros. La guerra entre esas dos clases se ha vuelto implacable, descubierta, abiertamente confesada y claramente entendida. «La cuestión», exclaman los propios patronos en uno de sus manifiestos recientes, «ya no es de salarios, sino de señorío». Los liberales de Manchester, pues, se han quitado al fin la piel de león. Lo que pretenden es el señorío para el capital y la esclavitud para el trabajo.
Cierre patronal contra huelga: ese es el gran pleito que ahora está pendiente en los distritos industriales, y es probable que sean las bayonetas las que dicten sentencia. Todo un ejército industrial, más de 70.000 obreros, ha sido licenciado y arrojado a la calle. A las fábricas cerradas en Preston y en Wigan se han sumado las del distrito de Bacup, que comprende los municipios de Bacup, Newchurch, Rawtenstall, Sharnford y Stanford. En Burnley las fábricas pararon el viernes pasado; en Padiham, el sábado; en Accrington los patronos están pensando en un cierre; en Bury, donde ya hay unos 1.000 hombres sin trabajo, los patronos han avisado a sus obreros de un «cierre si no dejan de contribuir al sostenimiento de los que están sin trabajo en su propia ciudad y en Preston», y en Kindley se cerraron tres grandes fábricas el sábado por la tarde y más de mil personas más quedaron sin empleo.
Mientras la hipócrita, palabrera y bizca pandilla de farsantes de Manchester hablaba de paz al zar en Edimburgo,4 hacía la guerra a sus propios compatriotas en Manchester. Mientras predicaba el arbitraje entre Rusia y Europa, rechazaba con desprecio todas las peticiones de arbitraje de sus propios conciudadanos. Los obreros de Preston habían aprobado en una asamblea al aire libre la resolución
«de que los delegados de los obreros de las fábricas recomienden al alcalde convocar una reunión pública de fabricantes y obreros para llegar a un arreglo amistoso de la disputa ahora pendiente».
Pero los patronos no quieren arbitraje. Lo que pretenden es dictar. Mientras esos propagandistas de Rusia, en el preciso momento de una lucha europea, claman por la reducción del ejército, aumentan al mismo tiempo el ejército de la guerra civil, la policía, en Lancashire y Yorkshire. A los obreros solo podemos decirles con el People's Paper:
«Si cierran todas las fábricas de Lancashire, mandad delegados a Yorkshire y ganaos el apoyo de los valientes del West Riding. Si cierran las fábricas del West Riding, apelad a Nottingham y Derby, a Birmingham y Leicester, a Bristol y Norwich, a Glasgow y Kidderminster, a Edimburgo e Ipswich. Más y más lejos, más y más amplios, extended vuestros llamamientos y reunid a vuestra clase en cada ciudad y en cada oficio. Si los patronos deciden alinear contra vosotros a todo su orden, alinead contra ellos a vuestra clase entera. Si quieren la gran lucha de clases, que la tengan, y aguardaremos el desenlace de esa tremenda prueba.»
Mientras, por un lado, tenemos la lucha de patronos y obreros, tenemos por otro la lucha del comercio con unos mercados abarrotados y la de la industria humana con las deficiencias de la naturaleza.
En una fase muy temprana de la revolución china llamé la atención de sus lectores sobre las desastrosas influencias que probablemente iba a ejercer sobre la situación social de Gran Bretaña.5
«La insurrección china», nos dice ahora el Examiner, «campa por sus respetos en los distritos del té, con el resultado de que el té va al alza en el mercado de Londres y los calicós van a la baja en el mercado de Shanghái.» «En Shanghái», leemos en la circular de los señores Bushby & Co., una casa de Liverpool, «el mercado del té ha abierto a precios entre un 40 y un 50 por ciento superiores a los de la última temporada. Las existencias eran escasas y los suministros llegaban lentamente.»
Las últimas noticias de Cantón dicen que los
«insurrectos se están extendiendo en general por todo el país, con la ruina completa del comercio; que las manufacturas, casi sin excepción, han bajado de precio y que en algunos casos la baja es muy seria. Las existencias son grandes y se acumulan deprisa, y tememos que la perspectiva de una mejora quede más bien lejos. En Amoy el comercio de importación, aparte de unas cuantas cajas de opio, parece acabado por ahora».
El estado de los mercados de Shanghái se describe así:
«Tanto los tés negros como las sedas crudas se han ofrecido abundantemente, pero las condiciones impuestas por los tenedores han sido tales que han limitado mucho las operaciones; no se manifestó deseo alguno de tomar manufacturas, y las transacciones se han hecho principalmente a cambio de opio, a precios muy bajos, y de metálico de Cantón. Se han sacado de allí grandes sumas de numerario, pero la provisión se está agotando con rapidez y tendremos que buscar en otras partes plata en barras y en moneda, sin la cual pronto no podremos comprar productos, a menos que se produzca una gran mejora en el mercado de importación. Los negocios en este último han sido muy limitados y se han reducido sobre todo a ventas de mercancías averiadas en subasta.»
En la circular comercial de los señores Gibson & Co., fechada en Manchester el 21 de octubre, encontramos señaladas, como causa principal de la depresión actual,
«no solo las malas noticias presentes de nuestro gran mercado chino, sino la perspectiva de que sigan llegando en la falta de confianza en las transacciones monetarias que allí resultará de modo tan inevitable, y por un período prolongado, de los cambios completos y radicales que parecen a punto de producirse en el gobierno y las instituciones de ese vasto imperio».
En cuanto a los mercados australianos, la Melbourne Commercial Circular dice que
«mercancías compradas hace apenas un mes se vendían, si se entregaban entonces, con un beneficio de no menos del 100 al 150 por ciento, y ahora no darían lo bastante para cubrir los gastos».
También las cartas particulares de Port Phillip recibidas la semana pasada son sumamente desfavorables en cuanto al estado de los mercados. Siguen llegando mercancías de todas partes del mundo, y los precios que podían obtener eran tan bajos que, antes que someterse a sacrificios inmediatos, se estaban comprando barcos en gran número para usarlos como almacenes.
No puede sorprendernos entonces que las circulares comerciales sigan registrando atonía y precios en baja en los mercados de los distritos industriales. Así leemos en las circulares de los señores Fraser, Son & Co., fechadas en Manchester el 21 de octubre:
«El volumen de las operaciones, tanto para el comercio interior como para el exterior, ha sido sumamente reducido, y los precios se han resentido en todas partes en mayor o menor medida. La nueva baja de los estampados y madapolanes de 7/8 puede cifrarse en 1 ½ a 3 peniques por pieza; la de los shirtings de 56 a 66 reed y de 34 a 36 pulgadas, en 4 ½ a 6 peniques por pieza; la de los shirtings de 36-72 reed, en 3 peniques por pieza; la de los shirtings de 39 pulgadas, de baja calidad, de 5 ¼ a 6 libras de peso, en unos 4 ½ peniques por pieza; la de los shirtings de 39 pulgadas y 60 a 64 reed, en 3 peniques por pieza; la de los shirtings de 45 a 54 pulgadas, en 4 ½ a 7 ½ peniques por pieza; la de los jaconás bajos de 5 a 8, en 1 ½ peniques, y la de los jaconás cuadrados de 14 a 16, en 3 peniques por pieza; la de los T-cloths, en 1 ½ peniques; la de los long-cloths, en 3 peniques por pieza, y la de los géneros para consumo interior de ciertas clases, en 1/16 de penique por yarda aproximadamente. En hilos, el water twist es el que más ha bajado en las calidades corrientes y medias: la baja puede estimarse en ¼ a ½ penique por libra por debajo de las cotizaciones del mes pasado. Los hilos de mule se han resentido sobre todo en el número 40, que se vende con una rebaja de un penique largo por libra desde el punto más alto del año. Otros hilos por debajo del número 60 se han resentido de modo parecido.»
En cuanto al mercado de víveres, el Weekly Dispatch de Londres dice:
«En lo que se refiere al trigo, la opinión de los agricultores, a medida que trillan su grano y cuentan sus existencias, es que la cosecha será aún más corta de lo que esperaban. De hecho, la llaman media cosecha.»
La humedad del tiempo desde hace unas dos semanas, sumamente desfavorable para la siembra del trigo y para la semilla en la tierra, despierta también serios temores por la cosecha de 1854.
De Oxfordshire se informa lo siguiente:
«En cuanto a la cosecha de trigo, en conjunto es un fracaso lamentable; granjas que suelen producir de 40 a 44 bushels por acre dan este año de 15 a 20; y algunas tierras de trigo y de habas bien cultivadas no rinden más que de 8 a 10 bushels por acre. Las patatas, tristemente enfermas, dan un rendimiento insignificante.»
Un informe de Yorkshire nos dice:
«La humedad ha causado la paralización completa de todas las labores activas al aire libre; y los restos de la última cosecha, sentimos decirlo —todas las habas, la mayor parte del trigo de primavera y parte de la avena—, expuestos a la acción del tiempo, se han reblandecido tanto que no cabe esperar que se puedan trillar nunca después de los vientos secos de la primavera. Además, ha germinado lamentablemente, y sin duda se perderá de modo inevitable buena parte de este último recurso. Damos una pálida idea de la magnitud de la pérdida a que nos referimos. Empezando por el Tees, y de allí a Catterick, en Stokesley, y abarcando las tierras bajas de Cleveland, y al este de Thirsk hasta el mar, al oeste de Harrogate y desde el Humber hasta el mar, grandes cantidades de grano están en el campo, estropeadas por la humedad, con un cielo lluvioso encima; un cincuenta por ciento largo de las patatas, irremediablemente enfermas, y ha surgido una nueva demanda de simiente, con pocas existencias de grano viejo. Es seguro que todos los distritos trigueros del país están en déficit y dañados como no se recuerda en ninguna época anterior.»
Un informe de Hertfordshire dice:
«Es muy extraordinario que en esta época del año no se haya terminado aún la cosecha en esta comarca. Así es, sin embargo, pues hay muchos campos de avena sin acarrear todavía y una parte considerable de las habas sembradas en primavera, además de algún que otro campo de cebada; de hecho, hay campos de cereal de primavera que todavía no se han segado.»
El Economist del sábado pasado publica la siguiente tabla, que muestra las cantidades de trigo y de granos de toda clase, y de harina y sémola de toda clase, importadas en el Reino Unido en el período del 5 de enero al 10 de octubre de 1853:6
| Países de exportación | Trigo, quarters | Harina de trigo, quintales | Granos de toda clase, quarters | Total de harinas de toda clase, quintales |
|---|---|---|---|---|
| Rusia: | ||||
| puertos del norte | 69.101 | 64 | 307.976 | 65 |
| puertos del mar Negro | 704.406 | — | 1.029.168 | — |
| Suecia | 3.386 | 13 | 3.809 | 13 |
| Noruega | — | 1 | 561 | 1 |
| Dinamarca | 220.728 | 5.291 | 733.801 | 5.291 |
| Prusia | 872.170 | 3.521 | 899.900 | 3.521 |
| Mecklemburgo-Schwerin | 114.200 | — | 123.022 | — |
| Hannover | 19.187 | — | 146.601 | — |
| Oldemburgo | 2.056 | — | 19.461 | — |
| Ciudades hanseáticas | 176.614 | 53.037 | 231.287 | 53.066 |
| Holanda | 58.034 | 306 | 132.255 | 308 |
| Bélgica | 15.155 | 353 | 20.829 | 353 |
| Islas del Canal (productos extranjeros) | 526 | 4.034 | 629 | 4.034 |
| Francia | 96.652 | 857.916 | 470.281 | 858.053 |
| Portugal | 4.217 | 4 | 21.657 | 4 |
| Azores | 630 | — | 14.053 | 1 |
| España | 13.939 | 177.963 | 48.763 | 177.985 |
| Gibraltar | — | 9 | 4.368 | 9 |
| Italia: | ||||
| territorios sardos | 7.155 | 2.263 | 8.355 | 2.263 |
| Toscana | 48.174 | 67.598 | 45.597 | 67.598 |
| Estados Pontificios | 39.988 | — | 41.488 | — |
| Nápoles y Sicilia | 8.618 | 2 | 11.977 | 2 |
| territorios austriacos | 44.164 | 370 | 106.796 | 370 |
| Malta | 28.569 | — | 56.281 | — |
| Islas Jónicas | 82 | — | 16.220 | — |
| Grecia | 1.417 | — | 10.221 | — |
| Valaquia y Moldavia | 209.048 | — | 601.481 | — |
| Siria | 21.043 | — | 24.686 | — |
| Egipto | 297.980 | — | 543.934 | — |
| Otros dominios turcos | 218.407 | 7.370 | 689.703 | 7.340 |
| Argelia | — | — | 21.661 | — |
| Marruecos | 3 | 3 | 13.451 | — |
| India Oriental británica | — | 205 | — | 205 |
| América del Norte británica | 45.587 | 232.216 | 62.626 | 232.493 |
| Estados Unidos de América | 434.684 | 2.388.056 | 630.324 | 2.389.283 |
| Brasil | — | 3 | 237 | 320 |
| Otras partes | 1 | 148 | 8 | 148 |
| Total | 3.770.921 | 3.800.746 | 7.093.458 | 3.802.743 |
| El total de trigo es de | 3.770.921 quarters |
| El equivalente de 3.802.743 quintales de harina y sémola es de | 1.086.522 quarters |
| Total de granos, harina y sémola | 8.179.980 quarters |
El Economist, para calmar los temores de los comerciantes de la City, saca de la tabla anterior las siguientes conclusiones:
«En 1847, pese al estímulo extraordinario de los precios altos, importamos de trigo y harina, en todo el año, solo 4.464.000 quarters. En los nueve primeros meses del año actual hemos importado, sin estímulo semejante, salvo en los dos últimos meses, 4.856.848 quarters. Ahora bien, una de dos cosas ha de ser cierta respecto a estas grandes importaciones en cuanto afectan a nuestro abastecimiento interior: o se han consumido en gran parte, y con ello han ahorrado en la misma proporción nuestra propia producción interior, o están almacenadas, y estarán disponibles más adelante.»
Pues bien, este dilema es completamente inadmisible. A consecuencia de las prohibiciones, o de la amenaza de prohibiciones, de exportar grano del continente, los comerciantes de granos juzgaron oportuno almacenar entretanto sus existencias en Inglaterra, donde solo estarán disponibles más adelante en caso de que los precios del grano estén más altos en Inglaterra que en el continente. Además, a diferencia de 1847, el suministro de los países que probablemente se verán afectados por una guerra ruso-turca asciende a 2.438.139 quarters de grano y 43.727 quintales de harina. También de Egipto quedará prohibida la exportación a partir del próximo 30 de noviembre. Por último, Inglaterra solo puede contar este año con el excedente anual habitual de otras naciones, mientras que antes de la abolición de las leyes de granos disponía, en las temporadas de escasez, de las existencias extranjeras acumuladas durante las temporadas favorables.
El Weekly Times, desde su punto de vista, resume la situación en los siguientes términos:
«El pan de cuatro libras cuesta un chelín; el tiempo es peor de lo que ha sido en medio siglo en esta estación del año; las clases obreras están en el delirio de las huelgas; el cólera asiático vuelve a hacer estragos entre nosotros, y nos ha entrado una manía guerrera. Solo nos faltan los impuestos de guerra y el hambre para completar el número ortodoxo de las plagas de Inglaterra.»
Karl Marx
El 23 de octubre de 1853 las baterías turcas de Isaccea, en la orilla derecha del Danubio, abrieron fuego contra una flotilla rusa que remontaba el río. ↩
El comité de la Rue de Poitiers, en París, dirigía en 1848-1849 al partido del orden, la coalición monárquica de legitimistas y orleanistas. ↩
En agosto de 1842 una oleada de huelgas y disturbios recorrió los distritos industriales de Inglaterra; en la Cámara de los Comunes, Peel acusó a la Liga contra las leyes de granos de haberlos alentado. ↩
En octubre de 1853 se celebró en Edimburgo una conferencia de la Sociedad de la Paz con la participación de Bright y Cobden, cabezas de la escuela de Manchester. ↩
Alusión al artículo de Marx «La revolución en China y en Europa», publicado en el New-York Daily Tribune el 14 de junio de 1853. ↩
La transcripción inglesa de esta tabla difiere de la versión de la MEW en algunas cifras (en la MEW: Toscana, 43.174 quarters de trigo; otros dominios turcos, 7.370 en la última columna; totales, 7.093.467 y 3.802.756; total de granos, harina y sémola, 8.179.989) y no trae dos líneas que la MEW da al pie: «3.800.746 quintales de harina y sémola de trigo equivalen a 1.085.927 quarters» y «El total de trigo (grano y harina) es de 4.856.848 quarters», la cifra que cita a continuación el Economist. ↩