Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 11 de noviembre de 1853 para el New-York Daily Tribune, que lo publicó en su número 3936, del 28 de noviembre de 1853. El original inglés no tiene hoy fuente libre completa: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 472-475), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, viernes 11 de noviembre de 1853
«Oportunidades brillantes y el uso que se hizo de ellas»: así se titula una de las efusiones sumamente tragicómicas del grave y profundo Economist. Las «oportunidades brillantes» las ofreció, por supuesto, el librecambio, y el «uso», o más bien el «abuso», que se hizo de ellas se refiere a la clase obrera.
«¡Por primera vez la clase obrera tenía su futuro en sus propias manos! La población del Reino Unido empezaba de hecho a disminuir; la emigración superaba al crecimiento natural. ¿Cómo aprovecharon los obreros su oportunidad? ¿Qué hicieron? Exactamente lo que solían hacer antes cada vez que volvía a lucir pasajeramente el sol: casarse y multiplicarse lo más deprisa posible. A este ritmo de crecimiento no tardará en compensarse el efecto de la emigración y en desperdiciarse la brillante oportunidad.»
¡La brillante oportunidad de no casarse y de no multiplicarse, salvo en la medida limitada que permiten Malthus y sus discípulos! ¡Qué moralidad tan brillante! Pero, como el propio Economist hace constar, la población ha disminuido hasta ahora y todavía no ha compensado la emigración. La superpoblación no puede, pues, hacerse responsable de los tiempos catastróficos.
«Además, las clases trabajadoras habrían debido aprovechar la rara oportunidad de ahorrar y hacerse capitalistas. Apenas en ningún caso parecen haber ascendido a las filas de los capitalistas, ni siquiera haber empezado a hacerlo. ¡Han desperdiciado su oportunidad!»
¡La oportunidad de hacerse capitalistas! Al mismo tiempo, el Economist cuenta a los obreros que, en lugar de 15 chelines, podrían embolsarse ahora 16 chelines y 6 peniques a la semana, después de haber obtenido por fin un 10 por ciento sobre lo que ganaban antes. Ahora bien, el salario medio está calculado demasiado alto con 15 chelines a la semana. Pero no importa. ¡Cómo hacerse capitalista con 15 chelines a la semana! Es un problema que merece estudiarse. Los obreros tenían la falsa idea de que para mejorar su situación debían intentar mejorar sus ingresos. «Han hecho huelga por más de lo que les convenía», dice el Economist. Con 15 chelines a la semana tenían la mejor oportunidad de hacerse capitalistas, pero con 16 chelines y 6 peniques esa oportunidad se habría acabado. Por un lado, los obreros tienen que procurar que la fuerza de trabajo escasee y el capital abunde, para poder obligar a los capitalistas a subir los salarios. Pero si llega a darse el caso de que el capital abunde y los obreros escaseen, entonces no deben en modo alguno servirse de ese poder, por el cual precisamente tendrían que haber dejado de casarse y de multiplicarse.
«Han vivido con más derroche.» Durante las leyes de granos, nos dice el mismo Economist, estaban alimentados a medias, vestidos a medias y más o menos muriéndose de hambre. Si es que han de vivir, ¿cómo podrían arreglárselas para vivir con menos derroche que antes? El Economist ha sacado una y otra vez las tablas de importación para demostrar el creciente bienestar de la población y la solidez de los negocios realizados. Lo que se proclamaba piedra de toque de las inefables bendiciones del librecambio se denuncia ahora como prueba del necio derroche de la clase obrera. Sigue sin entenderse, sin embargo, cómo puede seguir aumentando la importación con una población en descenso y un consumo en retroceso; cómo puede seguir subiendo la exportación con una importación en descenso, y cómo pueden expandirse la industria y el comercio con una importación y una exportación menguantes.
«En tercer lugar, habrían debido aprovechar la brillante oportunidad procurándose a sí mismos y a sus hijos la mejor educación posible, para adaptarse a sus mejores condiciones de vida y aprender a sacarles el mayor partido. Por desgracia hemos de hacer constar que rara vez han estado las escuelas tan mal frecuentadas y se han pagado tan mal las cuotas escolares.»
¿Tan asombroso es este hecho? El comercio animado fue de la mano de fábricas más grandes, de un uso mayor de la maquinaria, de la sustitución de más obreros adultos por mujeres y niños, de una jornada más larga. Cuantas más madres y niños iban a la fábrica, menos podían frecuentarse las escuelas. Y, al fin y al cabo, ¿a qué clase de educación habríais dado oportunidad a los padres y a sus hijos? Oportunidad de aprender a mantener el crecimiento de la población en la medida prescrita por Malthus, dice el Economist. La educación, dice el señor Cobden, haría ver a los obreros que las viviendas sucias, mal ventiladas y abarrotadas no son el mejor medio de conservar la salud y la fuerza. Es como si se quisiera salvar a un hombre de morir de hambre diciéndole que las leyes de la naturaleza exigen que se suministre regularmente alimento al cuerpo humano. La educación, escribe el Daily News, habría enseñado a nuestros obreros a extraer sustancias nutritivas de los huesos secos, a hacer pastas de té con almidón y a cocer sopa con polvo de fábrica.
Si resumimos, pues, las oportunidades brillantes que ha desperdiciado la clase obrera, consisten en la brillante oportunidad de no casarse, en la oportunidad de vivir con menos derroche, de no pedir salarios más altos, de hacerse capitalistas con 15 chelines a la semana y de aprender a sostener el cuerpo con peor alimento y a envilecer el alma con las perniciosas doctrinas de Malthus.
El viernes pasado Ernest Jones1 visitó la ciudad de Preston para hablar sobre la cuestión obrera a los obreros fabriles víctimas del cierre patronal. A la hora fijada se habían reunido en la plaza por lo menos 15.000 personas (el Preston Pilot calcula 12.000), y el señor Jones fue recibido a su llegada con entusiasmo. Reproduzco algunos pasajes de su discurso:
«¿Por qué se han producido estas luchas? ¿Por qué se producen ahora? ¿Por qué volverán a producirse? Porque la fuente de vuestra vida está sellada por la mano del capital, que apura su copa de oro hasta el fondo y os deja los posos. ¿Por qué, cuando os cierran la fábrica, os cierran también la vida? Porque no tenéis otra fábrica donde trabajar, ninguna otra posibilidad de ganaros el pan. ¿De dónde le viene al capitalista ese poder inmenso? De que dispone de todos los medios de trabajo... Por eso los medios de trabajo son el eje sobre el que gira el futuro del pueblo... Solo un movimiento de masas de los obreros de todos los oficios, solo un movimiento nacional de toda la clase obrera puede llevar por sí solo al triunfo... Si fragmentáis y localizáis vuestra lucha, podéis perderla; nacionalizadla, y la victoria es vuestra.»
Con palabras muy cordiales, el señor George Cowell, secundado por el señor John Matthews, propuso dar las gracias a Ernest Jones por su visita a Preston y por el servicio que presta a la causa de la clase obrera.
Los fabricantes habían hecho grandes esfuerzos para impedir que Ernest Jones visitara la ciudad; así, no hubo manera de conseguir un local para el mitin, y hubo que imprimir en Manchester carteles que anunciaban que el mitin se celebraría al aire libre. Interesadamente se había difundido con empeño el rumor de que el señor Jones se pronunciaría contra la huelga y sembraría la discordia entre los obreros; además se habían enviado cartas diciendo que correría peligro personalmente si visitaba Preston.
Karl Marx
Ernest Jones (1819-1869), dirigente cartista, director del People's Paper. ↩