Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 31 de mayo de 1853 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 3794, del 14 de junio de 1853. El original inglés solo se conserva en fuentes libres de forma parcial (abreviado en The Eastern Question (Londres, 1897, ed. de Eleanor Marx Aveling y Edward Aveling)): se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 114-116), sin su aparato editorial, cotejada con esos fragmentos ingleses, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, martes 31 de mayo de 1853

La flota del almirante Corry1 ha sido avistada en el golfo de Vizcaya en camino hacia Malta, donde ha de reforzar la escuadra del almirante Dundas. El Morning Herald observa con toda razón:

«Si se hubiera permitido al almirante Dundas unirse hace unas semanas a la escuadra francesa en Salamina, la situación sería ahora muy distinta.»

Si Rusia, aunque solo fuera por salvar las apariencias, intentara respaldar las ridículas demostraciones de Ménshikov con verdaderas maniobras de guerra, sus dos primeros pasos consistirían probablemente en volver a ocupar los Principados del Danubio2 e invadir la provincia armenia de Kars y el puerto de Batum, territorios que ya en el tratado de Adrianópolis quiso asegurarse a toda costa. Como el puerto de Batum es el único refugio seguro para los barcos en la parte oriental del mar Negro, su posesión por Rusia privaría a Turquía de su última estación naval en el Ponto y haría de este un mar exclusivamente ruso. Si Rusia poseyera este puerto además de Kars, la parte más rica y mejor cultivada de Armenia, estaría en condiciones de cortar el comercio de Inglaterra con Persia por Trebisonda y de procurarse una base de operaciones contra Persia y contra Asia Menor. Pero si Inglaterra y Francia se mantienen firmes, Nicolás no realizará allí sus planes, como no realizó los suyos la emperatriz Catalina en la lucha contra Agá Mohamed,3 cuando este ordenó a sus esclavos que echaran a latigazos de Astarabad, hasta sus barcos, al enviado ruso Voinóvich y a sus compañeros.

En ninguna parte causaron más consternación las últimas noticias que en Printing House Square.4 Cuando The Times se atrevió a levantar de nuevo la cabeza tras el terrible golpe, se desahogó en furiosas diatribas contra el telégrafo eléctrico, ese invento «de lo más extraordinario». «De ese alambre mentiroso», exclamaba, «no se pueden sacar conclusiones correctas.» Después de cargar así sus propias conclusiones incorrectas en la cuenta del alambre eléctrico, The Times se esfuerza ahora, tras las declaraciones de los ministros en el Parlamento, por librarse también de sus antiquísimas premisas «correctas».

Dice:

«Sea cual sea la suerte del Imperio otomano, o más bien del poder mahometano que lo ha dominado durante cuatro siglos, no puede haber diferencia de opinión entre ninguno de los partidos de nuestro país y de Europa en que el progreso gradual de la población cristiana nativa hacia la civilización y hacia una forma de gobierno independiente interesa al mundo entero, y en que nunca debería permitirse que esos pueblos caigan bajo el yugo de Rusia y engrosen aún más su gigantesco dominio. Tenemos en este punto la firme confianza de que no solo Turquía, sino Europa entera, resistiría semejantes pretensiones de Rusia, y de que ese afán de anexiones y de engrandecimiento territorial no necesita más que mostrarse en su verdadera figura para suscitar una antipatía general y una oposición invencible, en la que los súbditos griegos y eslavos de Turquía están dispuestos, por su parte, a participar activamente.»

¿Cómo llegó el pobre Times a creer en las «buenas intenciones» de Rusia hacia Turquía y en su «antipatía» a toda expansión? ¡Las buenas intenciones de Rusia hacia Turquía! Ya Pedro I quería encumbrarse sobre las ruinas de Turquía. Catalina convenció a Austria e invitó a Francia a participar en el proyectado desmembramiento de Turquía y en la creación en Constantinopla de un imperio griego que había de gobernar su nieto, educado ya para esa tarea e incluso bautizado con ese fin.5 Nicolás, mucho más modesto, solo pide el protectorado exclusivo sobre Turquía. ¡La humanidad no debe olvidar que Rusia ha sido la protectora de Polonia, la protectora de Crimea, la protectora de Curlandia, la protectora de Georgia, de Mingrelia, de las tribus circasianas y caucásicas! ¡Y ahora quiere ser además la protectora de Turquía! Para ilustrar la «antipatía» de Rusia a los engrandecimientos territoriales, aduzco los siguientes datos de entre el gran número de conquistas que Rusia ha hecho desde Pedro el Grande.

Las fronteras rusas han avanzado:

hacia Berlín, Dresde y Viena, unas700 millas
hacia Constantinopla, unas500 millas
hacia Estocolmo, unas630 millas
hacia Teherán, unas1.000 millas

Las conquistas de Rusia a costa de Suecia son mayores en superficie que lo que queda de ese reino; a costa de Polonia, casi iguales a todo el Imperio austriaco; en la Turquía europea, mayores que Prusia (sin la provincia del Rin); en la Turquía asiática, tan grandes como el territorio de toda Alemania; a costa de Persia, como Inglaterra; en Tartaria, tan grandes como la Turquía europea, Grecia, Italia y España juntas. El total de las conquistas de Rusia en los últimos sesenta años iguala en extensión e importancia a todo el imperio que poseía antes en Europa.

Karl Marx

  1. James Whitley Deans Dundas (1785-1862) mandaba la escuadra británica del Mediterráneo. ↩

  2. Moldavia y Valaquia, bajo soberanía otomana, que las tropas rusas habían ocupado de 1848 a 1851. ↩

  3. Agá Mohamed Kan (1742-1797), fundador de la dinastía Kayar de Persia. La expedición rusa a Astarabad, en la costa sudeste del Caspio, tuvo lugar en 1781. ↩

  4. Plaza de Londres donde estaba la redacción de The Times. ↩

  5. El llamado «proyecto griego» de Catalina II, que acordó con José II de Austria hacia 1782; su nieto, nacido en 1779, recibió el nombre de Constantino. ↩