Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 21 de octubre de 1853 para el New-York Daily Tribune, que lo publicó en su número 3917, del 5 de noviembre de 1853. El original inglés no tiene hoy fuente libre completa: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 433-435), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es de los editores de la MEW. Una versión inglesa abreviada (sin los apartados sobre Delescluze y Dinamarca) apareció en The Eastern Question* (Londres, 1897); con ella se ha cotejado la traducción. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.*

Londres, viernes 21 de octubre de 1853

Entre las detenciones practicadas recientemente en París, la más importante es la del señor Delescluze, secretario particular del señor Ledru-Rollin.1 Había sido enviado a París en misión secreta y, según se dice, se le encontraron papeles comprometedores. No se entiende la confianza del señor Ledru-Rollin en un hombre que nunca pudo limpiarse de la sospecha de haber traicionado en 1848 a la legión belga en el conocido asunto de Risquons-Tout.2

En Copenhague el golpe de Estado parece a punto de concluir,3 porque el ministerio no quiere ceder y el Folketing4 se ha pronunciado contra la abolición de la Constitución vigente mientras el gobierno no le presente su propio proyecto de Constitución para todo el reino danés. Han aparecido los dos proyectos separados para los ducados de Schleswig y Holstein. Son pobres imitaciones de las constituciones de las antiguas dietas provinciales prusianas, que reparten la representación entre los diversos «estamentos», hacen depender el derecho de voto de la propiedad de la tierra y limitan su ejercicio, mediante la «cláusula de domicilio», a los distritos electorales correspondientes. Dos artículos de estas constituciones merecen especial atención: uno priva a los tribunales de su antiquísimo derecho a declarar nulas las disposiciones de la autoridad, y el otro excluye del derecho de voto a todas las personas que se comprometieron participando en la lucha revolucionaria de 1848-1850, hayan sido amnistiadas después o no.

Ya expuse en mi último artículo que el decreto austriaco sobre la reducción del ejército solo tenía por objeto atraer a los prestamistas a una trampa; ahora que se han desvanecido todas las posibilidades de obtener un empréstito, ahora que el gobierno declara que nunca tuvo intención de contratar un empréstito, ahora que ha empezado una nueva emisión de papel moneda, se nos comunica

«que no se está tomando disposición alguna para ejecutar el decreto imperial relativo a la reducción del ejército y que, por el contrario, los generales que tienen el mando en Lombardía, en Hungría y en Croacia han pedido todos refuerzos a causa del estado de ánimo general en esos países».

Un corresponsal de París informa al Morning Post en los siguientes términos sobre la conducta del emperador de Rusia en las visitas que hizo hace poco a Berlín y Olmütz:

«El objetivo principal del zar era concertar una nueva alianza entre las potencias del Norte... Para vencer la resistencia de Prusia se valió de todos los argumentos, diría que de todos los sobornos, pues ofreció cederle a Prusia la ocupación de Varsovia y el dominio militar sobre Polonia si se le permitía entrar en territorio turco y ocuparlo.»

En cuanto a las noticias de las victorias de los rusos sobre Shamil,5 han llegado a París cartas que las presentan como meras invenciones, pues desde mayo, cuando Shamil obtuvo la victoria de Mendoh y fueron rechazados los ataques de los rusos sobre el río Malka, no ha habido en el Cáucaso ninguna acción militar de importancia.

«Entendemos perfectamente lo popular que sería una guerra contra Rusia en favor de los polacos o de los húngaros, aunque para nuestra intervención no hubiera más razón que la simpatía política... Pero no entendemos una guerra en favor de Turquía.»

Así escribía The Times el 12 de octubre. Una semana después leíamos en el mismo periódico:

«El primer choque entre ejércitos británicos y rusos sería la señal de una revolución en todo el continente, y no creemos en modo alguno improbable, ni tampoco del todo condenable, que semejante consideración haya pasado alguna vez por la cabeza de nuestros gobernantes aristocráticos, plutocráticos, despóticos y cualquier cosa menos democráticos... Deberíamos pensarlo bien antes de ir a la guerra contra Rusia en defensa de la soberanía nominal turca sobre ciertas provincias de hecho independientes, porque, si lo hacemos, provocaremos una rebelión en el Imperio austriaco.»6

¡Así que un día Inglaterra no debe ir a la guerra contra Rusia porque con ello defendería a los turcos en lugar de a los polacos y los húngaros, y al día siguiente no debe ir porque toda guerra en favor de Turquía sería a la vez una guerra en favor de los polacos y los húngaros!

La Presse de Viena anuncia que el sultán ha pedido a Abd el-Kader7 que acepte un mando militar en caso de guerra con Rusia. Las negociaciones las llevó el jeque del islam, y el emir se declaró dispuesto a entrar al servicio de Turquía con la condición de que antes se recabara la sanción de Bonaparte. Se le destina el mando del ejército turco de Asia.

Karl Marx

  1. Charles Delescluze (1809-1871), periodista republicano francés, emigrado en Londres tras 1849; murió en las barricadas de la Comuna de París. Alexandre Ledru-Rollin (1807-1874), jefe de la democracia pequeñoburguesa francesa, vivía en el exilio en Londres desde 1849. ↩

  2. A finales de marzo de 1848 una legión de obreros belgas formada en París entró en Bélgica para proclamar la república y fue destrozada por las tropas belgas en Risquons-Tout, junto a la frontera. Delescluze era entonces comisario del gobierno provisional en el departamento del Nord. ↩

  3. En 1853 el gobierno danés quería limitar la Constitución de 1849 al reino propiamente dicho y dar a toda la monarquía, ducados incluidos, una Constitución común. ↩

  4. La cámara baja del Parlamento danés. ↩

  5. Shamil (1797-1871), imán de Daguestán y Chechenia, dirigía desde 1834 la guerra de los montañeses del Cáucaso contra Rusia. ↩

  6. El texto inglés de The Eastern Question (Londres, 1897) da esta cita de otro modo: los gobernantes son allí también «timocráticos», y la última frase, irónica, dice: «Hemos de ir deliberadamente a la guerra con Rusia, en defensa de la soberanía nominal de Turquía sobre ciertas provincias realmente independientes, porque con ello provocaremos una rebelión en el Imperio austriaco». También la primera cita de The Times termina allí de otra forma: «pero una guerra en favor de Turquía es algo que ni el motivo más poderoso nos haría ver con verdadero agrado». ↩

  7. Abd el-Kader (1808-1883), jefe de la resistencia argelina contra la conquista francesa; preso en Francia desde 1847, Luis Bonaparte lo liberó en 1852. ↩