Escrito en inglés por Friedrich Engels el 16 de octubre de 1854 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 4223, del 31 de octubre de 1854. El original inglés solo se conserva en fuentes libres en versión abreviada (en The Eastern Question (Londres, 1897, ed. de Eleanor Marx Aveling y Edward Aveling), pp. 489-491, que lo atribuye a Marx y omite el recuento de las fuerzas rusas): se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 537-541), sin su aparato editorial, cotejada con ese texto inglés, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Podemos dejar tranquilamente por un tiempo a John Bull y a Jacques Bonhomme con su alegría por la «gloriosa victoria» del Alma y su anticipado gozo por la caída de Sebastopol. La guerra del Danubio y de Crimea, sea cual sea su importancia para los aliados y para el liberalismo burgués unido de Europa, pesa muy poco en lo que respecta a Rusia. El equilibrio interno de ese país1 no se ve afectado en modo alguno por el posible desenlace de esta guerra, mientras que una derrota en Crimea y una retirada forzosa de los aliados paralizarían durante un tiempo considerable sus operaciones terrestres y les causarían un golpe moral del que solo podrían reponerse con los mayores esfuerzos.
Últimamente nos han llegado algunas informaciones auténticas sobre la distribución y los últimos movimientos de las fuerzas rusas, y conviene resumirlas para mostrar qué parte relativamente pequeña de las fuerzas rusas ha entrado en combate hasta ahora y qué cabe esperar del resto. Como es sabido, el ejército ruso, en la medida en que puede exponerse aquí, consta de las siguientes unidades:
I. El gran ejército activo:
2 cuerpos de élite, la Guardia y los granaderos, compuestos de 76 batallones, 92 escuadrones y 228 cañones.
6 cuerpos de línea: 300 batallones, 192 escuadrones, 672 cañones.
3 cuerpos de caballería: 176 escuadrones, 96 cañones.
Total: 376 batallones, 460 escuadrones, 996 cañones.
II. Cuerpos especiales:
Cuerpo de Finlandia: 12 batallones.
Cuerpo de Oremburgo: 10 batallones.
Cuerpo de Siberia: 15 batallones.
Cuerpo del Cáucaso: 55 batallones, 10 escuadrones, 180 cañones.
Cuerpo de reserva del Cáucaso: 36 batallones, 2 escuadrones, — cañones.
Línea del Cáucaso: 47 batallones, — escuadrones, — cañones.
Total: 175 batallones, 12 escuadrones, 180 cañones.
III. Cosacos y otras tropas irregulares:
Unos 700 escuadrones, 32 batallones, 224 cañones.
IV. Reservas:
- Unos 50 batallones de la guardia interior, además de inválidos y compañías de castigo: 77.
- Reserva del gran ejército, o sea, los batallones 4.º, 5.º y 6.º de la Guardia y de los granaderos y los batallones 5.º y 6.º de la línea, a saber: tres batallones en 24 regimientos y dos batallones en cada uno de 72 regimientos, o en total 216 batallones.
Como todas estas reservas están llamadas y completamente formadas, de modo que se ha empezado a formar los batallones 7.º y 8.º de cada regimiento con la última leva de 300.000 hombres, los 216 batallones mencionados pueden incluirse en la fuerza total, que asciende a 726 batallones, 472 escuadrones de caballería regular, 700 escuadrones de caballería irregular y bastante más de mil cañones. Como fuera de Rusia se sabe poco de la organización de las reservas de la caballería y de la artillería, no se incluyen en las cifras mencionadas.
Por suerte, este balance parece más temible de lo que es en realidad. Para obtener el número de tropas efectivamente disponible para una guerra europea, tenemos que descontar el cuerpo de Siberia, la guardia interior y por lo menos la mitad de los cosacos; así quedan disponibles unos 650 batallones, 472 escuadrones de caballería regular y 350 de caballería irregular, con unos 1.200 cañones. Calculando muy por lo bajo, estas tropas pueden estimarse en 520.000 hombres de infantería, 62.000 de caballería y 30.000 cosacos, o en conjunto algo más de 600.000 hombres, dispersos a lo largo de la extensa frontera que va del mar Caspio, por el mar Negro y el Báltico, hasta el mar Blanco.
Desde el comienzo de la guerra con Turquía han entrado sucesivamente en combate contra los aliados, en la frontera meridional del imperio del zar, las tropas siguientes:
Los cuerpos de línea 3.º, 4.º y 5.º, con una parte de sus reservas, que sin embargo todavía están en su mayoría en marcha.
Los tres cuerpos del Cáucaso, completos.
Las dos divisiones (dos tercios) del primer cuerpo de línea, sin reservas.
Una parte del tercer cuerpo de caballería (dragones), en Crimea.
Esto da una fuerza total de unos 240.000 hombres antes del comienzo de la campaña, que ahora, sin embargo, han quedado reducidos a 184.000 como mucho, de los cuales pueden contarse 84.000 para el ejército de Besarabia, 54.000 para el de Crimea o en marcha hacia allí y 46.000 para el del Cáucaso. En el Báltico había hasta finales de agosto:
| En Finlandia, la reserva del 6.º cuerpo | 16.800 hombres |
|---|---|
| El cuerpo de Finlandia | 12.000 hombres |
| La Guardia y sus reservas | 66.800 hombres |
| Del cuerpo de granaderos, en Reval | 10.000 hombres |
| Total | 105.600 hombres |
En Polonia o en marcha hacia allí había:
| El resto de los granaderos y sus reservas | 55.000 hombres |
|---|---|
| Los cuerpos 1.º y 2.º y sus reservas | 120.000 hombres |
| Cosacos y caballería de varios cuerpos | 30.000 hombres |
| Reservas diversas | 25.000 hombres |
| Total | 230.000 hombres |
Todo junto da unos 575.000 hombres, que con el cuerpo de Oremburgo (en Astracán), el cuerpo de caballería de reserva y los destacamentos del mar Blanco y de otros lugares se acercan a la fuerza total arriba mencionada. De las tropas de Polonia, unos 30.000 hombres estaban en marcha, unos 20.000 formaban la guarnición de Varsovia, unos 100.000 ocupaban la orilla derecha del Vístula en el antiguo Reino de Polonia y unos 80.000 quedaban como reserva en Volinia y Podolia, en el Bug y el Dniéster. Con ello el grueso del ejército ruso, incluidos los regimientos de élite de la Guardia y de los granaderos, quedó concentrado en una línea de San Petersburgo a Jotín, o sea, a lo largo de la frontera occidental del imperio del zar. Pero estas posiciones resultaron no ser lo bastante importantes. Los granaderos dejaron Reval, donde los sustituyó una división de la Guardia, y marcharon a Polonia con las otras dos divisiones de la Guardia; estas, de cuatro batallones por regimiento, solo dejaron en San Petersburgo los batallones 5.º y 6.º. De este modo el ejército del Oeste se reforzó hasta más de 270.000 hombres, y la mayor parte de los tres cuerpos de caballería de reserva, que hasta ahora no han entrado en combate en absoluto, se puso en marcha para unirse a él; así el ejército del Oeste alcanzará una fuerza de unos 300.000 hombres.
Ahora las posiciones han cambiado. Los 100.000 hombres que ocupaban la parte sudoriental del Reino de Polonia han cruzado el Vístula y han tomado posiciones a lo largo de la frontera austriaca. Los 80.000 hombres han avanzado de Volinia a Polonia y prolongan la línea a lo largo de esa frontera. La Guardia, los granaderos y posiblemente los cuerpos de caballería, cuando lleguen, ocupan una posición central en la retaguardia. Durante el invierno podrán quedar libres más tropas en el Báltico helado. Para mayo, los nuevos reclutas que forman los batallones 7.º y 8.º, o nuevos batallones de los distintos regimientos, en total 192 batallones (de 130.000 a 140.000 hombres), estarán lo bastante instruidos para poder reemplazarlos.
No hay duda, por tanto, de que a Nicolás le importa relativamente poco lo que pase en el sur de su imperio mientras pueda concentrar más de 300.000 hombres en la magnífica posición estratégica de Polonia. Y es una posición magnífica. Clavada como una cuña entre Prusia y Austria, envuelve a ambas por el flanco y está cubierta por los mejores medios de resistencia que pueden crear juntos el arte y la naturaleza. Napoleón conocía la importancia militar del país encerrado por el Vístula y sus afluentes. En la campaña de 1807 hizo de él su base de operaciones hasta que tomó Danzig. Pero dejó siempre de fortificarlo, y lo pagó caro después de la retirada de 1812. Los rusos, sobre todo desde 1831, han hecho lo que sus predecesores habían dejado de hacer. Modlin (Novogeórguievsk), Varsovia, Ivángorod y Brest-Litovsk forman un sistema de fortificaciones que, por la fuerza de su combinación estratégica, no tiene igual en el mundo. Este sistema ofrece a un ejército derrotado una posición en la que puede desafiar a un enemigo dos veces más fuerte mientras tenga bastante que comer; y cortar a todo un país todas sus comunicaciones es cosa que todavía no se ha intentado. Todo este complicado sistema de fortalezas, dice un escritor militar alemán que conoce el país, revela un espíritu más ofensivo que defensivo. No está pensado tanto para sostener el territorio en que se halla como para servir de base a operaciones ofensivas contra el Oeste.
¡Y hay quien cree que Nicolás pedirá la paz cuando se tome Sebastopol! Pero Rusia todavía no ha jugado ni un tercio de sus triunfos, y la pérdida momentánea de Sebastopol y de la flota apenas la siente el gigante para el que Sebastopol y la flota no son más que un juguete. Rusia sabe muy bien que su mayor eficacia no está en las costas ni al alcance de las tropas de desembarco, sino, al contrario, en el vasto interior del continente, donde se puede hacer actuar ejércitos masivos concentrados en un punto, sin que dispersen sus fuerzas en una estéril defensa de las costas contra un enemigo que esquiva todos los golpes. Rusia puede perder Crimea, el Cáucaso, Finlandia, San Petersburgo y todos esos apéndices; mientras su cuerpo, cuyo corazón es Moscú y cuyo brazo derecho es la Polonia fortificada,2 siga intacto, no tiene por qué ceder ni un ápice.
Las grandes acciones de 1854 no son, podemos afirmarlo, más que los insignificantes preludios de las batallas de pueblos que registrarán los anales de 1855. Solo cuando entren en juego el gran ejército ruso del Oeste y el ejército austriaco, sea uno contra otro o uno con otro, solo entonces veremos verdadera guerra en gran escala, algo así como las grandes guerras napoleónicas. Y quizá estas batallas no sean más que los preludios de otras batallas mucho más encarnizadas y mucho más decisivas: las batallas de los pueblos europeos contra los déspotas europeos, ahora victoriosos y seguros de sí.