Escrito en inglés por Friedrich Engels a fines de marzo de 1854 (la MEW dice por errata «1954»); la MEW no indica dónde se publicó. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 635-641), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Desde el día en que sir Charles Napier,1 investido por el primer lord del Almirantazgo2 de «plenos poderes para declarar la guerra», zarpó rumbo al Báltico, la parte confiada del público británico espera enterarse en breve de que se ha bombardeado Kronstadt, se ha forzado el acceso a San Petersburgo y, quién sabe, quizá incluso se ha izado la Union Jack en la reluciente aguja del palacio del Almirantazgo ruso.
Estas expectativas se basan en una idea muy acertada: que Kronstadt es en el Báltico el punto decisivo de todo ataque contra Rusia por mar. Tomad Kronstadt, y San Petersburgo está a vuestros pies, la flota rusa deja de existir y Rusia descenderá al nivel en que se encontraba antes de la época de Pedro el Grande. Si Inglaterra dispone en el Báltico de fuerzas para realizar semejante hazaña, cometería un error muy grave si las dispersara más de lo estrictamente necesario en ataques contra objetivos menos importantes, cuyas consecuencias podrían influir de modo decisivo en dos o tres campañas futuras. Pero si nosotros sabemos de la gran importancia de Kronstadt, los rusos lo saben igualmente, y han obrado en consecuencia. Esta llave de Rusia está rodeada de una doble y triple coraza erizada de armas, de unos mil cañones.
Como es sabido, Kronstadt está situada en el extremo sudeste de una pequeña isla de unas cinco millas de largo que cierra la parte más estrecha del golfo de Finlandia, a unas 16 millas de la desembocadura del Nevá. A ambos lados de la isla el mar es en general muy poco profundo, y solo dos canales son navegables para los buques de alta mar. El canal situado al norte de la isla tiene, a una distancia de unas dos o tres millas de la costa norte, una profundidad de no menos de cuatro brazas; a cuatro millas del punto más oriental de la isla forma un recodo y se acerca a la isla hasta 400 yardas, pero pierde con ello aproximadamente una braza de profundidad. Por eso toda la costa nordeste de la isla, salvo sus extremos occidental y oriental, queda fuera del alcance de los cañones de cualquier atacante que pudiera acercarse por este canal. Por eso también solo se fortificaron esos extremos de la isla: el occidental con los fuertes Catalina, Alejandro y Miguel, y el oriental con las propias murallas de la ciudad y con dos baterías construidas sobre bancos de arena, a unas 1.000 yardas delante de la ciudad; la mayor de estas baterías, sin embargo, parece estar en ruinas. A la altura de la costa norte de la isla, entre sus defensas oriental y occidental y a una buena milla de la costa, se levantó otra batería sobre un banco de arena, que sin embargo queda todavía fuera del alcance de los cañones desde el mencionado canal de cuatro brazas.
Así pues, el canal del norte, por su distancia general de las defensas, por las grandes dificultades que ofrece a la navegación y por la escasa profundidad de su parte sudeste, puede considerarse inadecuado para un ataque serio contra Kronstadt. En condiciones en que una cierta dispersión de las fuerzas difícilmente tuviera consecuencias inmediatas, podrían mandarse algunos buques más ligeros a rodear la isla. Allí, después de silenciar el fuego no demasiado devastador de la batería oriental, podrían tomar una posición muy favorable para bombardear Kronstadt. En esta ciudad no solo se encuentran los principales arsenales y astilleros navales de Rusia en el Báltico, sino también enormes cantidades de madera de construcción de propiedad privada; está llena de materias combustibles, y unos cuantos impactos certeros de cañones de bomba podrían desatar un incendio que destruiría en una sola noche las provisiones de la flota acumuladas durante años. Si la toma de una posición así por un número suficiente de buques de guerra ligeros es realmente posible, tendrá que decirlo un examen minucioso de la situación sobre el terreno junto con nuevos sondeos; si es aconsejable, dependerá de la relación de fuerzas. Aquí solo puede hablarse de aquellas cosas que, aun desde lejos, comparando la mejor información disponible, parecen realizables.
La dirección principal de un ataque sigue siendo, pues, el canal del sur, que lleva a la Gran Rada y a la Pequeña Rada, llamadas también estrechos. Aquí el canal de cuatro brazas, que en el extremo noroeste de la isla tiene varias millas de ancho, se estrecha de repente, a dos millas del puerto interior, hasta una milla aproximadamente; luego forma un ángulo sumamente agudo cuyo vértice está delante del puerto militar. Aquí un estrecho banco de arena, que va desde el gran banco de Oranienbaum hasta la isla, cierra el canal y reduce su mayor profundidad a 3½ brazas. Los rusos han cuidado mucho de conservar esta fortificación natural de su puerto militar, aunque podría eliminarse con pequeños trabajos de dragado. Este canal de cuatro brazas, que en su parte central no tiene en ningún punto menos de 4½ brazas de profundidad y permite el paso de los mayores buques de guerra, es el camino de acceso a Kronstadt, y el combate decisivo tendría que librarse en su vértice, donde a lo largo de milla y media no tiene más de 400 yardas de ancho.
Las fortificaciones que protegen este canal son muy diversas. Van desde las construcciones antediluvianas de Pedro el Grande hasta las instalaciones más modernas y temibles, con dos o tres pisos de baterías superpuestos. Es notable que los puntos más importantes estén cubiertos por fortificaciones anticuadas e imperfectas. Ese es el punto flaco de Kronstadt. Las fortificaciones antiguas son pequeñas obras abaluartadas con cañones que disparan desde un parapeto descubierto, con pocos o ningún cañón en casamata; los baluartes son sumamente pequeños y estrechos y por eso están armados con un número muy reducido de cañones en proporción a la anchura del frente. Hay que señalar además que la mitad de sus cañones están en general dirigidos hacia aguas poco profundas, desde donde a lo sumo podría esperarse un ataque de cañoneras. Pero para fortificaciones así hasta las cañoneras serían peligrosas.
Las instalaciones modernas, en cambio, están construidas según un sistema que introdujo por primera vez Montalembert3 y que desde entonces, con más o menos modificaciones, se ha reconocido en general, en particular para la defensa de costas y puertos. Además de Kronstadt, pueden citarse Cherburgo y Sebastopol como ejemplos de la amplia aplicación de este sistema para este último fin. Estas instalaciones se distinguen por sus dos o tres pisos de baterías superpuestos, en los que los cañones de los pisos inferiores están emplazados en pequeños recintos abovedados y casamatados, donde tanto los cañones como sus sirvientes están en gran medida protegidos del fuego enemigo. Solo el piso superior de baterías está detrás de un parapeto descubierto, pero por su posición elevada, que domina las cubiertas superiores de los mayores navíos de tres puentes, está muy protegido del fuego enemigo. En un ataque se verá si estos fuertes se han construido realmente con la solidez suficiente para resistir las sacudidas del propio fuego y los efectos del fuego adversario. Si de verdad es así, serán los huesos más duros de roer.
Podemos distinguir tres líneas de fortificaciones alrededor del canal de Kronstadt.
La primera línea, o exterior, rodea en semicírculo la entrada de la Gran Rada, es decir, aquella parte del canal de cuatro brazas que tiene de una a media milla de ancho. El ala derecha, o norte, de esta posición la forman el fuerte Pedro, una luneta insignificante en la isla, a unas 1.400 yardas del canal profundo; una batería de morteros, también en la isla, media milla más al este, que puede considerarse casi inútil; y el fuerte Constantino, una poderosa luneta cerrada por la gola, construida sobre un banco de arena a unas 1.000 yardas del borde del agua profunda, justo delante de la batería de morteros. Este fuerte es una instalación moderna y tiene 50 cañones en dos pisos. Sirve para defender los accesos exteriores y podría ser peligroso para una flota mientras se forma; pero, una vez que los buques lo han pasado, la mitad de sus cañones son inútiles. El centro de la primera línea lo forma el fuerte Alejandro (que no hay que confundir con el ya mencionado del extremo norte de la isla); este fuerte es una construcción semicircular levantada en aguas de tres brazas, a cuatrocientas yardas del punto en que el canal profundo se estrecha a media milla. Por eso este fuerte bate el canal de un extremo a otro y, por pequeño que parezca en los mapas y en las tablas, tiene nada menos que setenta y dos cañones en tres pisos. Si está construido con la solidez suficiente y sus casamatas tienen una buena ventilación para la salida del humo de la pólvora, este fuerte en forma de torre dará bastante que hacer incluso a algunos navíos de tres puentes. Detrás de este fuerte está la vieja ciudadela, una luneta cuya insignificancia queda probada por la mera existencia del nuevo fuerte, que impide disparar a la mitad de sus cañones.
El ala izquierda, o sur, la forman por último el fuerte y la batería Risbank, situados al sur de la entrada de la Gran Rada. Este fuerte, construido el siglo pasado, se modernizó, con lo que una parte de sus cañones quedó dispuesta en dos pisos y su número total se elevó a cincuenta. Con todo, ocupa una superficie mucho mayor que los fuertes modernos; su frente hacia el canal tiene unas 300 yardas de ancho y además está expuesto al fuego de enfilada, en parte desde el canal profundo y por completo desde una posición que pueden ocupar buques de menor calado, a una media milla al oeste, en aguas de 3½ a 3 brazas. Para remediarlo se levantó la batería Risbank 600 yardas más atrás, pero su emplazamiento es poco adecuado para ese fin. El fuerte Risbank está exactamente a una milla al sur del fuerte Alejandro, y los dos baten la entrada de la Gran Rada con fuego cruzado.
Esta primera línea de defensa no sería tan peligrosa por sí misma si no la apoyara considerablemente el fuego más lejano de la segunda línea. La segunda línea cubre toda la Gran Rada, incluida la entrada de la Pequeña Rada. Consta de las dos obras de flanqueo, el fuerte Pedro I (viejo, mal construido, una especie de obra coronada, que está a media milla al este del fuerte Alejandro y, con un frente de 250 yardas, solo tiene 24 cañones) y Kronslot (una obra abaluartada y anticuada de cinco frentes, dos de los cuales están dirigidos hacia las aguas poco profundas y son por eso inútiles; aunque su diagonal más larga mide 400 yardas, no tiene más de 36 cañones), y, por último, en el centro, del muelle occidental fortificado del puerto mercante. Este muelle avanza desde la isla de Kronstadt hasta el borde del canal profundo, que aquí solo tiene 300 yardas de ancho, y forma con él un ángulo recto. Tiene 70 cañones y 12 morteros, aunque parece que una parte de estos últimos se ha sustituido, porque tienen poco efecto sobre los barcos. Con los frentes principales del fuerte Pedro I y los dos frentes de Kronslot, el muelle occidental bate la parte interior de la Gran Rada con un fuego cruzado muy eficaz, y por el estorbo del fuego de la primera línea y por la estrechez del canal tiene que ser sumamente difícil para todos los buques, salvo los vapores de hélice, tomar aquí una posición favorable con fuerzas suficientes.
La tercera línea, que cubre directamente la Pequeña Rada, o rada interior, consta, en el lado sur del canal, de un tercer frente (el nordeste) de Kronslot y, en los lados norte y este, de los muelles fortificados del puerto mercante, del puerto central y del puerto militar. Este último muelle, que forma un ángulo obtuso con el extremo oriental del puerto central, bate la Pequeña Rada a lo largo, mientras que el muelle sur del puerto mercante y del puerto central la protege con fuego frontal. Ambos muelles están flanqueados por algunos baluartes, puertas fortificadas y otros salientes. Como la anchura del canal profundo no pasa aquí en ningún punto de 250 yardas, un combate sería muy mortífero, pero apenas cabe duda de que Kronstadt tendría que capitular antes de que los buques pudieran avanzar tanto. La obra central de esta tercera línea, y la única que puede tener nunca utilidad práctica, es el fuerte Ménshikov, el primer baluarte, contando desde el oeste, del muelle sur del puerto mercante. Este baluarte se ha transformado en una torre de dimensiones imponentes y dispone de 44 cañones en cuatro pisos superpuestos, la mitad de los cuales bate con fuego de enfilada la mayor parte de la Pequeña y de la Gran Rada, mientras que la otra mitad, a juzgar por la dirección de sus troneras, parece prácticamente inútil. Queda por ver si los cuatro pisos de baterías no resultarán demasiado pesados para las reducidas dimensiones de los cimientos de la construcción.
Podemos añadir que Kronstadt está fortificada por el lado de tierra con frentes abaluartados regulares, para cuyo asalto haría falta un sitio en regla; un sitio así ofrece dificultades muy grandes en el suelo pantanoso de la pequeña isla, con solo una flota como base de operaciones. Si hay que tomar Kronstadt, tendrá que ser por mar.
Naturalmente, solo hemos podido describir las fortificaciones permanentes sobre la base de los últimos planos e informes militares. Es posible que en los últimos años haya habido algunos cambios, pero es improbable que tengan gran importancia.
Recapitulemos. La suerte de cualquier ataque contra Kronstadt tiene que decidirse en la Gran Rada; aquí las únicas fortificaciones que pueden rechazar eficazmente a las flotas atacantes son los fuertes Alejandro, Pedro I y Risbank, los dos frentes de Kronslot, el muelle occidental del puerto y el fuerte Ménshikov. En total pueden emplear a la vez en un ataque 350 cañones, la mayoría de los cuales, bien cubiertos por terraplenes y casamatas, disparan por estrechas troneras. Las demás baterías, o están dirigidas hacia otros puntos de ataque, o son insignificantes, o quedan fuera del alcance eficaz. La pregunta es: ¿puede una flota de guerra suficientemente fuerte atravesar este canal estrecho y sinuoso, tomar posición en él, plantar cara a los frentes de defensa norte y sur y silenciar su fuego, mientras ella misma está expuesta al fuego concentrado del muelle del puerto y de los fuertes Ménshikov y Kronslot? Que respondan a esta pregunta los estrategas de la guerra naval, si no prefieren esperar antes la prueba práctica. Con los modestos conocimientos que hemos podido adquirir en materia de táctica naval, nos inclinaríamos a pensar que aquí, si en alguna parte, se da la ocasión en que la superioridad de los vapores de guerra de hélice puede obtener resultados que parecen inalcanzables tanto para los veleros como para los vapores de ruedas.
La gran debilidad de Kronstadt, lo repetimos, son los fuertes anticuados. Ocupan las posiciones más favorables y la mayor parte del espacio disponible, pero logran el menor efecto de fuego posible. Aunque Risbank se ha mejorado, Pedro I y Kronslot siguen siendo insuficientes. Podrían silenciarse con relativa facilidad y quizá incluso tomarse; en ese caso podrían emplearse para bombardear la ciudad. Pero desde el momento en que los buques hayan alcanzado una posición entre el fuerte Alejandro y el fuerte Risbank, la ciudad queda al alcance de sus granadas, y pueden causar grandes daños si los fuertes no se lo impiden.
Charles Napier (1786-1860), almirante británico, mandaba la flota enviada al Báltico en marzo de 1854. ↩
Sir James Graham (1792-1861), primer lord del Almirantazgo en el gabinete Aberdeen. ↩
Marc-René de Montalembert (1714-1800), ingeniero militar francés, propuso fortificaciones con varios pisos de artillería en casamatas. ↩