Escrito en inglés por Friedrich Engels el 6 de julio de 1854 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 4139, del 25 de julio de 1854. El original inglés completo no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 317-322), sin su aparato editorial, cotejada con el texto inglés de The Eastern Question (Londres, 1897, pp. 413-418), que lo titula «The Siege of Silistria», lo atribuye a Marx y resume entre corchetes la carta de Omer Bajá, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Hace unos ochenta años, cuando los ejércitos victoriosos de Catalina II arrancaban a Turquía una provincia tras otra, que luego se convertirían en lo que hoy se llama la Rusia meridional, el poeta Derzhavin,1 en uno de esos arrebatos de entusiasmo lírico con que solía celebrar la gloria, ya que no las virtudes, de aquella emperatriz y la grandeza a que estaba destinado su imperio, escribió unos versos memorables en los que todavía hoy se condensan la osadía desdeñosa y la confianza en sí misma de la política zarista:
¿Y para qué quieres tú, oh Rusia, aliado alguno?
¡Avanza, y el mundo entero será tuyo!
Eso podría seguir siendo verdad aún hoy, si Rusia pudiera avanzar; pero a ese movimiento se le ha echado un cerrojo bastante firme. Por eso se ve obligada, al menos por el momento, a aplazar un poco la posesión del mundo entero. Lo que más hiere su orgullo, sin embargo, es que en su retirada no solo no puede llevarse prenda alguna del dominio universal, sino que tiene que dejar atrás incluso las llaves de la sencilla fortaleza de Silistra, en el Danubio, que había jurado poseer. Y, lo que es aún más doloroso, deja atrás también los restos de unos 50.000 hermanos suyos, muertos por enfermedad o en combate solo en esta campaña.
No cabe duda de que, desde el punto de vista militar, el sitio de Silistra es el acontecimiento más importante desde el comienzo de la guerra. Como ha fracasado la toma de esta fortaleza, la campaña se convierte en un fracaso para los rusos, y a la retirada tras el Siret,2 que ahora están llevando a cabo, se suman el oprobio y la caída en desgracia ante el zar. Ya expusimos a nuestros lectores las fases anteriores del sitio con detalle y, esperamos, con claridad; ahora que por fin han llegado con el Pacific3 los partes oficiales rusos, podemos seguir todo el asunto hasta su desenlace sin ser injustos con ninguna de las dos partes. Además de los partes rusos, que dan lo que cuentan de forma clara, precisa y sobria, pero adolecen de muchas omisiones, disponemos del informe del teniente Nasmyth (de la artillería de Bengala) al Times de Londres:4 un diario completo del sitio, con detalles interesantes, pero redactado con cierto descuido y a veces con fechas inexactas. Podemos afirmar sin temor que estos relatos posteriores y más detallados confirman plenamente las opiniones y conclusiones que expresamos antes sobre el sitio, salvo en el detalle de que los turcos no tuvieron que abandonar la defensa del fuerte de Arab Tabia, como suponíamos en el curso del sitio. También es probable que los rusos procedieran en sus operaciones con más insensatez aún de la que suponíamos. Primero atacaron la fortaleza en regla por el lado este, en las tierras bajas del Danubio, con la esperanza de poder rodear por completo los fuertes destacados y abrir en el acto una brecha en la muralla principal de la plaza. Este intento no tuvo, desde luego, más mérito que el de la originalidad. Quizá sea el primer ejemplo de trincheras y aproches abiertos para sitiar una fortaleza en un terreno que no solo estaba flanqueado, sino directamente dominado por la espalda desde alturas fortificadas por el enemigo. Pero luego se emprendió un segundo ataque, no en regla, contra esas mismas alturas, y con tanta habilidad que, tras catorce días de asaltos y reconocimientos estériles en los que murieron o quedaron fuera de combate miles de rusos, hubo que abrir también un sitio en regla contra las alturas. Hasta aquí la habilidad de los rusos. Pasemos ahora a los detalles del sitio.
El 1 de junio pasó desde la orilla izquierda del Danubio un nuevo tren de artillería de sitio, y los rusos lo emplazaron en batería contra Arab Tabia. Los turcos abrieron pozos y llevaron minas bajo la contraescarpa y el glacis de este fuerte. El 2 de junio una granada mató a Musa Bajá, comandante de Silistra. Hacia el anochecer los rusos hicieron estallar una mina bajo uno de los bastiones de Arab Tabia. Como a esas alturas no podían haber alcanzado aún la cresta del glacis, la mina no debía de estar muy bien colocada. Las distancias, y también la línea de menor resistencia, tuvieron que estar mal calculadas, y así ocurrió que la mina, en vez de dañar las defensas turcas, reventó hacia atrás y cubrió las trincheras rusas con una granizada de piedras y tierra. Pero precisamente allí estaban las columnas de asalto listas para el ataque, y es fácil imaginar el efecto que les hizo aquella granizada de piedras. Hasta qué punto lograron los rusos, por lo demás, cercar eficazmente la fortaleza lo muestra el hecho de que ese mismo día 5.000 irregulares turcos llegados de Razgrad, al oeste de Silistra, se abrieron paso hasta la ciudad sitiada.5
Del 4 al 8 de junio continuaron los trabajos de trinchera contra Arab Tabia. Los rusos llegaron al glacis y llevaron con valor una zapa hasta su cresta, aunque muy mal apoyada por el fuego de su artillería. Empezaron a abrir una mina por debajo del foso y la llevaron hasta debajo de la escarpa del bastión. Al mismo tiempo, el 9 de junio, el mariscal Paskévich6 organizó otra de sus incomprensibles exhibiciones armadas con un gran reconocimiento en fuerza de la fortaleza, con 31 batallones, 40 escuadrones y 144 piezas de campaña. Qué esperaba ganar con aquella exhibición, no hay modo de decirlo. Parece que solo se emprendió con la esperanza de que se presentara alguna ocasión de hacer algo en serio o, al menos, para dar al enemigo la impresión de ser irresistible. Sobre los turcos, sin embargo, no tuvo semejante efecto. Al contrario: lanzaron 4.000 jinetes que, según el boletín ruso, fueron terriblemente derrotados. Nasmyth, en cambio, asegura que en la refriega capturaron 60 caballos rusos. Y en vez de reconocer algo en provecho propio, fue Paskévich quien, según el parte, resultó reconocido por una bala de cañón turca que lo dejó hors de combat,7 de modo que hubo que llevarlo a Iași.
El 10 de junio el sitio llegó a su momento crítico. Se hizo estallar la gran mina, la última esperanza de Schilder.8 Y abrió, en efecto, una brecha practicable en el bastión del frente de Arab Tabia. Las columnas rusas avanzaron al asalto; pero, como podían haber previsto, los turcos habían levantado hacía tiempo, poco por detrás de la muralla principal, una coupure,9 o segundo parapeto con su foso, y los rusos, al llegar, se vieron detenidos y expuestos a un fuego mortífero. Ahora bien, una columna de asalto que ha sido frenada está ya derrotada, porque el adversario, cubierto por el parapeto y apoyado por la artillería, dispara desde una distancia en la que todo tiro da en el blanco y la obliga a retirarse en pocos minutos. Los rusos tuvieron, pues, que replegarse lo más deprisa posible a través de la brecha, y los turcos los persiguieron hasta las trincheras rusas y destruyeron parte de las obras de sitio. Este asalto fue la última empresa seria de los rusos contra Silistra. Si el sitio continuó, para aparentar y por pura fórmula, hasta que llegó la orden de levantarlo, fue solo para salvar la cara. El 12 de junio quedaba tan poco del cerco que oficiales europeos pudieron entrar sin dificultad en la fortaleza desde Shumla.
Los rusos habían abierto sus trincheras en las tierras bajas el 19 de mayo. El 22 sus baterías, siete en total, rompieron el fuego contra Arab Tabia. Al día siguiente se emplazaron contra este fuerte quince piezas más. Sin embargo, según el parte ruso, el ataque en regla contra Arab Tabia no se produjo hasta el 31 de mayo. Esto parece indicar que las baterías levantadas el 21 y el 22 solo cumplían la función de una primera paralela y solo estaban armadas con piezas de campaña pesadas, destinadas a batir el fuerte de enfilada. Del 31 de mayo al 10 de junio las baterías rusas se acercaron al fuerte hasta cien yardas, es decir, de la primera a la tercera paralela, al pie del glacis. Pero ni se coronó el glacis ni se levantaron baterías de trinchera, sino que, como ya se ha dicho, se llevó una zapa por la pendiente del glacis para abrir allí el pozo de la mina. Como todos los partes coinciden en que Arab Tabia era poco más que una fortificación de campaña, de gran extensión pero de poca solidez, la conducta de sus defensores, que no eran más que 4 batallones y 500 irregulares a las órdenes de Husein Bajá,10 merece sin duda el mayor elogio. Nueve días de cañoneo, once días de trinchera abierta, dos minas y cuatro o cinco asaltos, y todo ello terminado con la derrota del enemigo: no recordamos, a fe, otro ejemplo en la historia militar en que una simple obra exterior como Arab Tabia haya resistido tanto. Lo que más se le parece es la defensa de Kolberg por los prusianos en 1807 y la de Danzig por los franceses en 1813.11
Seguramente ha causado mucho asombro que Omer Bajá no hiciera nada durante todo el sitio para apoyar o socorrer una fortaleza tan importante. Sin embargo, por su carta a Sami Bajá, gobernador de Vidin, sabemos que estaba ya preparándose de hecho para acudir en auxilio de Silistra cuando los rusos se retiraron a la orilla izquierda del Danubio.
«Ya sabe usted —dice la carta— que yo había reunido todas nuestras tropas ante Shumla y que preparaba la marcha para socorrer la fortaleza. Seis regimientos de caballería y tres baterías habían salido ya de Shumla con ese fin. Como los rusos se enteraron de este movimiento, se han retirado a toda prisa, con toda su artillería, a la orilla izquierda. Durante los cuarenta días de sitio de la fortaleza tuvieron 25.000 muertos.»
Qué harán ahora los rusos es imposible decirlo. Algunos periódicos de Viena dicen que piensan tomar posiciones detrás del Buzău, pero esos mismos periódicos afirman que lo que los hace retroceder es al parecer el miedo a Austria, y que el Buzău está ya desbordado por los austriacos. Si los rusos intentaran mantener Moldavia, los austriacos los desbordarían desde Galitzia y la Bucovina. Pero una unión a tiempo de las tropas rusas de Polonia con el antiguo ejército del Danubio en Podolia y Volinia desbordaría a su vez a los austriacos y pondría en peligro el nordeste de Galitzia hasta el San y el Dniéster.
Si dejamos por un momento a un lado las consideraciones políticas y suponemos que Austria está dispuesta a unirse a las fuerzas aliadas para atacar a Rusia, las cosas quedarían así: Austria podría llevar al campo de batalla de 200.000 a 250.000 hombres para unirse a los aliados, que por su parte disponen de unos 160.000: de 100.000 a 120.000 turcos y unos 60.000 soldados ingleses y franceses. A esas fuerzas Rusia podría oponer los cuatro cuerpos del ejército del Danubio con sus reservas, que, descontada una cifra razonable de bajas, suman unos 200.000 hombres. El segundo cuerpo, mandado por Paniutin, y los tres cuerpos de reserva de caballería, con algunas reservas más de infantería y los refuerzos de las nuevas levas, podrían sumar en total unos 180.000 hombres, de modo que toda la fuerza militar de Rusia ascendería a 350.000 hombres, de los que habría que restar las guarniciones para proteger Crimea y parte de la Rusia meridional. Quedarían aún disponibles la Guardia, los granaderos y el primer cuerpo de ejército para defender Polonia y las provincias del Báltico, sin contar el cuerpo de Finlandia, con unos 15.000 hombres. Considerándolo todo, la diferencia entre las dos potencias beligerantes no sería tan grande que Rusia no pudiera contar con un éxito moderado si se limitara a una defensa hábil.
Si Austria, como indican las últimas noticias diplomáticas y su completa inactividad en la frontera de Moldavia, no tiene otra intención que mediar entre las potencias beligerantes, podemos dar por seguro que en el curso de este año no pasará nada ni en Moldavia ni en Besarabia.
Gavrila Románovich Derzhavin (1743-1816), poeta ruso, cantor de Catalina II. La versión alemana de la MEW traduce los versos en prosa; el texto inglés dice: «And what to thee, O Russ, is any ally? / Advance and the whole universe is thine!». ↩
Siret (Sereth en el original), afluente del Danubio que cruza Moldavia de norte a sur y desemboca cerca de Galați. ↩
Vapor correo que hacía la travesía del Atlántico entre Liverpool y Nueva York. Esta mención falta en el texto inglés de 1897. ↩
Charles Nasmyth, oficial de la artillería de Bengala que estuvo en Silistra durante el sitio como observador y corresponsal del Times; con el capitán James Butler, que murió allí, ayudó a dirigir la defensa. ↩
El texto inglés de 1897 dice «al suroeste de Silistra». ↩
Iván Fiódorovich Paskévich (1782-1856), mariscal ruso, comandante en jefe del ejército del Danubio en 1854. ↩
En francés en el original: «fuera de combate». ↩
Karl Andréievich Schilder (1785-1854), general ruso de ingenieros, director de los trabajos de sitio de Silistra; herido ante la plaza, murió poco después. ↩
En francés en el original: «cortadura», atrincheramiento interior levantado detrás de una brecha. ↩
El texto inglés de 1897 escribe «Hussan Pasha». ↩
Kolberg (hoy Kołobrzeg, en Polonia), plaza prusiana del Báltico, resistió el sitio francés de 1807 hasta la paz de Tilsit. Danzig (hoy Gdańsk) la defendió la guarnición francesa del general Rapp durante casi todo el año 1813. ↩