Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 28 de abril de 1854 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 4079, del 15 de mayo de 1854. El original inglés completo no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 209-215), sin su aparato editorial, cotejada con el texto inglés, abreviado y con resúmenes entre corchetes, de The Eastern Question (Londres, 1897), por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, viernes 28 de abril de 1854

Las últimas noticias auténticas de Turquía confirman por completo las opiniones de la Tribune sobre la retirada de los rusos de Kalafat, la ocupación de la Dobruja por los rusos y el carácter de la insurrección griega.

El Lloyd1 confirma el rumor de que los rusos han levantado el cerco de Kalafat y de que la evacuación de la Pequeña Valaquia ha terminado ya. Las últimas noticias llegadas a Constantinopla dicen que los rusos no siguen avanzando, sino que, al contrario, fortifican la Dobruja.

Sobre la insurrección griega, el Moniteur2 de ayer publicó la siguiente carta de Viena, del 25 de abril:

«La insurrección griega no hace ningún progreso en el Epiro, pero empieza a revelar su verdadero carácter. Si alguien podía creer todavía que los intereses del cristianismo y de la nación eran algo más que un vano pretexto, la conducta de los jefes de las bandas helenas venidas del reino de Grecia tiene que disipar todas esas dudas. Son conocidas las disputas entre Grivas y Tzavelas3 por el mando supremo de los insurrectos desde el comienzo de la lucha. Los dos jefes siguen actuando por separado y aprovechan sin escrúpulo toda ocasión de perjudicarse mutuamente. Grivas, sobre todo, no ha traído a los rayas cristianos, de los que dice ser libertador, más que saqueo e incendio. Los suliotas,4 que han resuelto prohibir a diversos jefes helenos la entrada en su territorio, acusan especialmente a Grivas. A comienzos del mes pasado, este jefe pidió asilo al primado griego Derventzista y lo dejó al día siguiente, aunque no sin haber saqueado su casa y raptado por la fuerza a su mujer. El primado se ha dirigido a Abdi Bajá y le ha pedido permiso para ponerse a sus órdenes a fin de vengarse de esta brutalidad. Pero donde Grivas se distinguió de verdad por su habilidad en el saqueo fue en Metsovo. Esa ciudad, inducida por la propaganda rusa, abrió voluntariamente sus puertas al “generalísimo” Grivas. Su primer acto consistió en imponer a la población cristiana una contribución “patriótica” de 200.000 piastras. La suma, no excesiva, se pagó. Pero Grivas no se dio por satisfecho. Se dirigió, ya a cada uno por separado, ya a todos juntos, a los habitantes más importantes y a todas las personas acomodadas de la ciudad, y les exigió que entregaran también como donativo todos los objetos de lujo de oro o de plata que poseyeran. Este método de extorsión despertó indignación y no resultó ni conveniente ni muy productivo. Entonces se le ocurrió a Grivas una idea que nos parece una obra maestra del bandidaje. Tomó como pretexto la proximidad de las tropas otomanas que marchaban sobre Metsovo, declaró que para defender el lugar era necesario incendiar casi toda la ciudad e invitó por tanto a los habitantes a reunirse con sus familias en la iglesia principal de Metsovo, donde pronto se juntaron cerca de 4.000 personas. Grivas había calculado que llevarían consigo su dinero, así como sus joyas y sus objetos más valiosos, y que de este modo toda la riqueza de Metsovo caería en sus manos. Luego los hizo salir en pequeños grupos y los entregó a sus secuaces, que los despojaron sin más ceremonias. Así son las hazañas del jefe griego que hasta ahora ha desempeñado el papel más importante en la insurrección del Epiro. Después Grivas opuso a los turcos poca resistencia. Tras incendiar la ciudad, se retiró hacia Acholeus, en dirección a Radovitz. Metsovo, que fue después de Ioánina y Berat la ciudad más floreciente del Epiro, no es ahora más que un campo de ruinas, y sus habitantes han caído en la miseria. Solo han quedado en pie unas cien casas».

Ante el infundado rumor de que Kossuth y Mazzini se proponían ir a Constantinopla, Reshid Bajá declaró que no les permitiría pisar suelo turco.

Se dice que la formación de una legión polaca no ha encontrado oposición en los embajadores de Francia e Inglaterra, pero sí obstáculos de otra índole. El general Wysocki5 entregó a la Puerta y a lord Redcliffe un documento con varios miles de firmas que lo autoriza a obrar en nombre de una gran parte de la emigración polaca. Por otro lado, el coronel conde Zamoyski, sobrino del príncipe Czartoryski,6 presentó un documento semejante, también con muchas firmas, por el que otro grupo de la misma emigración lo autorizaba a obrar en su nombre. En vista de su desunión, y para conciliar las pretensiones de los rivales y aprovechar los servicios tanto de Wysocki como de Zamoyski, el embajador inglés recomendó formar dos legiones polacas en lugar de una.

El mariscal Paskévich7 llegó el 17 de abril a Iași y ese mismo día prosiguió su viaje a Bucarest.

Según la Hannoversche Zeitung, la alianza ofensiva y defensiva concertada entre Austria y Prusia contiene los siguientes puntos principales:

«1. Austria y Prusia se garantizan mutuamente sus posesiones alemanas y no alemanas, de modo que toda violación del territorio de una de ellas se considerará igual que un ataque contra el propio territorio.

  1. Austria y Prusia se obligan a apoyarse mutuamente, y ello, si es necesario, de forma agresiva, en cuanto una de ellas crea amenazados los intereses alemanes y la otra comparta esta opinión. Los casos determinados en que debe prestarse este apoyo están previstos en un tratado especial que forma parte integrante del convenio. Para dar fuerza al acuerdo, en ciertas épocas se tendrán preparados los medios militares adecuados. El momento, la magnitud y la forma de la concentración de las tropas se reservan a disposiciones especiales.
  1. Se invitará a todos los confederados alemanes a adherirse a esta alianza ofensiva y defensiva, que salvaguarda los intereses comunes de Alemania, y a apoyarla conforme a las obligaciones que les impone el Acta Federal».8

Si se comparan estas estipulaciones con las condiciones de las propuestas de neutralidad que el conde Nesselrode presentó a la corte prusiana, salta a la vista que se parecen mucho. Hay que observar además que el tratado, en la práctica, solo está adaptado a las exigencias de una política defensiva, mientras que respecto de una eventual política ofensiva todo queda a criterio de cada corte.

La Primera Cámara prusiana9 aprobó el 25 del corriente un proyecto de crédito de treinta millones de táleros, de acuerdo con las recomendaciones de su comisión. Las declaraciones ministeriales que hizo en esta ocasión el señor von Manteuffel son tan características de esa diplomacia prusiana que gusta de ocultar su impotencia interna tras frases patrióticas y una sublimidad sin sentido, que voy a reproducir el documento in extenso. Dice el señor von Manteuffel:

«Las complicaciones entre Rusia y Turquía, y, al extenderse, entre Rusia y las potencias occidentales, son conocidas de todos. El gobierno prusiano ha creído que la posición y el interés de Prusia le imponían desenredar esas complicaciones y allanar las diferencias surgidas. Pero todos sus esfuerzos y desvelos han fracasado. Una mala estrella particular se ha cernido sobre estos asuntos. Mucho de lo que era muy adecuado para el arreglo pacífico de las diferencias no ha dado resultado, en parte porque no se hizo de manera adecuada, en parte porque no se hizo a su debido tiempo, y así las desavenencias han ido creciendo y ampliándose hasta la guerra. De los esfuerzos de Prusia y Austria por mantener la paz ha salido por sí mismo un hilo conductor al que se vuelve una y otra vez. Ese era el gran objetivo de la conferencia de Viena. En esa conferencia, el gobierno ha trabajado siempre y sin descanso por la paz. Ha actuado en estos esfuerzos de manera conciliadora» (como el «ángel de la paz» del emperador Nicolás) «pero seria y resuelta, y consciente de su posición de gran potencia» (exactamente como lo expresó el emperador de Rusia en su correspondencia secreta). «Precisamente porque es desinteresado» (en convertirse en provincia rusa y cambiar de bastidores) «y porque las demás potencias lo reconocen, ha podido emplear un lenguaje enérgico y franco. Sus esfuerzos y servicios fueron acogidos por ambas partes, unas veces con gratitud, otras con descontento. Pero eso no ha desconcertado al gobierno. La primera condición de una gran potencia es la independencia. Y el gobierno prusiano ha demostrado esa independencia dando los pasos que podían conducir a la paz sin preocuparse de si eran o no del agrado de esta o aquella potencia» (en conjunto, una bonita definición de lo que debe entenderse por independencia de una gran potencia). «Pero como las circunstancias se habían vuelto más amenazadoras, el gobierno ha creído que, además de sus esfuerzos generales por la paz, debía atender en particular a los intereses prusianos y alemanes. Con este fin se ha iniciado una unión con Austria. A esta unión se adherirán también los demás Estados de la Confederación alemana, de modo que puede contarse con una acción conjunta con Austria y con el resto de Alemania. En ello reside, a juicio del gobierno, ante todo la protección más segura y más eficaz de las potencias alemanas unidas. Además de esta unión más estrecha, sigue en pie la comunidad más amplia de Prusia y Austria con las potencias occidentales sobre la base de la conferencia de Viena. Prusia no se ha alejado de las potencias occidentales. Diga lo que diga en contrario la prensa inglesa, el concierto con esas potencias sigue existiendo. El protocolo que manifiesta ese concierto ya lo ha firmado el embajador de Prusia, pero todavía no puede presentarse a la Cámara. En él se mantiene la posición que hasta ahora tenían las cuatro potencias entre sí, y se continúan los esfuerzos por lograr la paz, aunque dos de esas potencias hayan recurrido ya a medios bélicos» (prueba de que la guerra no es más que una maniobra aparente y de que las negociaciones de paz son la verdadera ocupación de los gabinetes occidentales). «En cuanto a Rusia, el gabinete de San Petersburgo ha hecho últimamente declaraciones más conciliadoras y detalladas que, aunque por ahora solo ofrezcan débiles esperanzas de paz, pueden servir de puntos de partida para nuevas negociaciones de paz. El gobierno prusiano se mostrará inclinado a las esperanzas de paz hasta el último momento. Mientras quede un destello de esperanza de paz, Prusia continuará sus esfuerzos y desvelos. Cuando haya llegado el momento decisivo para Prusia» (Trema, Byzantium!)10 «el gobierno actuará sin demora y con toda resolución. Prusia tiene que estar preparada desde ahora para ese momento. Su palabra tendrá el máximo peso cuando esté armada para desenvainar la espada. Cuando estalló el conflicto entre Rusia y Turquía, las potencias occidentales actuaron con toda resolución y fortalecieron a la Puerta otomana. Prusia no tiene que ejercer de juez en este conflicto. Además del derecho lesionado de una tercera potencia, tiene que tomar en consideración sobre todo el bien de su propio país. Su interés en la cuestión de Oriente es más lejano; Austria tiene un interés mucho más próximo y ha pedido encarecidamente a Prusia que no le niegue su cooperación. Prusia y Austria se han propuesto moderar por ambas partes las aspiraciones demasiado ambiciosas que dificultaban la obra de la paz. De estos esfuerzos salió la conferencia de Viena, que entonces se consideró con razón una fortuna. El gobierno sigue procurando no salirse de una relación que todavía permite una influencia favorable» (para Rusia) «sobre las potencias occidentales. Existe así entre esas potencias un eslabón intermedio que puede considerarse portador de las esperanzas de paz. Por lo que se refiere al proyecto de nota comunicado por las cuatro potencias al gobierno ruso, hay que hacer notar que, por un lado, Rusia no reconoce la conferencia y, por otro, que ese proyecto de nota ha dejado de ser aceptable para Turquía a consecuencia de otras circunstancias sobrevenidas. Con el último protocolo de Viena» (y esta es una revelación muy importante del señor von Manteuffel) «se ha iniciado de nuevo un entendimiento y se ha hecho posible mantener la guerra alejada de Prusia y de Alemania. En cuanto a la anterior exigencia de Austria de que se propusiera a la Dieta federal la observancia de una neutralidad estricta, que obligara también a Prusia, el gobierno, naturalmente, no ha podido aceptarla si Prusia no quiere renunciar a su posición independiente de gran potencia y a su libertad de decisión. Además, con semejante neutralidad se da a las otras potencias un pretexto para adoptar una actitud hostil, si la consideran conveniente para sus fines. Hoy, por el compromiso» (el protocolo de Viena) «de las potencias occidentales, la cosa es esencialmente distinta de entonces. En el caso desfavorable, ciertamente, no se alcanzará la paz; pero en el caso más favorable se apartarán de nuestra patria todas las grandes calamidades que la guerra lleva consigo, y esa es una ventaja grande e inapreciable». (Si alguien sabe qué hacer con esta alternativa, lo felicito por su agudeza.) «A consecuencia de las eventualidades bélicas que se anuncian entre Rusia y las potencias occidentales tanto en el Báltico como en el mar Negro, Prusia, por su posición de gran potencia» (más larga que grande)11 «y por su situación geográfica, tiene que procurar tener preparados los medios para salvaguardar sus intereses, si es necesario, por la fuerza de las armas. Pero el gobierno del Estado no tiene por qué temer el pasado» (con lo que quizá ha de entenderse, si es que ha de entenderse algo, que no se avergüenza de su pasado) «y considera una ventaja poder hablar de ello abiertamente».

Huelga decir que la comisión encontró esta declaración sumamente satisfactoria.

En el Journal de Saint-Pétersbourg se han publicado los siguientes documentos nuevos:

«Ordre du jour al departamento de policía

15 de abril de 1854

Su Majestad el emperador se ha dignado ordenar que se extiendan las ventajas concedidas a los grados retirados de la Guardia y del ejército a aquellos soldados retirados de la marina y del tren de la Guardia que, sintiéndose todavía sanos y fuertes, deseen prestar otro período de servicio.

El general ayudante Galajov12

Ucase al Senado Dirigente

Para aumentar los medios de defensa de las costas del golfo de Finlandia, hemos tenido a bien formar una flotilla de reserva de remo, y ordenamos:

  1. Se formarán cuatro druzhinas13 de remeros.
  1. Estas druzhinas se reunirán mediante el llamamiento de voluntarios en las gobernaciones de San Petersburgo, Nóvgorod, Olónets y Tver.
  1. Las medidas que hayan de tomarse para constituir esta milicia naval se confían a un comité compuesto por el presidente del Ministerio de Marina, Su Alteza Imperial el gran duque Constantino,14 y los ministros de los Dominios del Estado, de los Bienes de la Corona y del Interior.

14 de abril de 1854

Nicolás

Reglamento de la milicia naval

I. Objeto de la institución y formación de la milicia naval.

  1. La milicia naval se forma para completar la flotilla de reserva de remo destinada a proteger las costas del golfo de Finlandia.
  1. La milicia naval consta de cuatro druzhinas, cuya formación y organización se confían al ministro de Marina.
  1. Pueden ingresar en la milicia naval personas de cualquier estamento.

II. Condiciones de admisión:

  1. Las personas que quieran ingresar en la milicia naval tienen que estar en posesión de pasaportes válidos, y los siervos necesitan un permiso especial de sus señores.
  1. En San Petersburgo, los voluntarios tienen que presentarse en persona en el departamento de inspección del Ministerio de Marina; en las capitales de gobernación, ante los gobernadores, y en las capitales de distrito, ante las autoridades de policía.
  1. Los pasaportes se recogerán a cambio de la entrega de un documento de identidad uniforme. Los pasaportes se enviarán al departamento de inspección, donde sus titulares tendrán que presentarse en persona. Al mismo tiempo, si lo desean, recibirán un mes de soldada, lo que se anotará en el documento.
  1. La policía vigilará la partida de los voluntarios hacia San Petersburgo y les prestará toda la ayuda y protección necesarias para facilitar su transporte. En caso de enfermedad de un voluntario, se cuidará de él».

(Los puntos 8 y 9 no tienen interés.)

«III. Condiciones del servicio.

  1. Quien quiera ingresar en la milicia naval recibirá desde el día de su inscripción en el departamento de inspección:

a) Ocho rublos de plata al mes.

b) Víveres y provisiones de marina iguales a los de los militares regulares de la marina.

c) Ropa según el corte del traje campesino. Se permite a los voluntarios llevar la barba y el pelo à la paysanne.15

  1. El tiempo de servicio se fija hasta el 1 de noviembre de 1854.
  1. Una vez transcurrido, no se retendrá en el servicio a ningún voluntario.
  1. Los que sirvan con distinción serán recompensados del mismo modo que las tropas regulares.
  1. Si se hace una presa con la participación de lanchas cañoneras, los voluntarios que sirvan en estas tendrán parte en la recompensa por la presa.
  1. Si los voluntarios resultan heridos, gozarán de los mismos derechos que los militares.
  1. Sus familias quedan encomendadas al cuidado de las autoridades locales y de los municipios.

Constantino. Conde Kiseliov. Conde Perovski. Dmitri Bíbikov».16

No se habría podido dar una visión de conjunto de Rusia mejor y más concisa que la que ofrecen los documentos anteriores: el emperador, los funcionarios, los siervos, las barbas à la paysanne, la policía, la milicia naval, los municipios, las tierras y los mares: «todas las Rusias».

Karl Marx

  1. Der Lloyd, periódico de Viena. ↩

  2. Le Moniteur universel, diario oficial del gobierno francés. ↩

  3. Theodoros Grivas (1797-1862) y Kitsos Tzavelas (1800-1855), generales griegos, veteranos de la guerra de independencia. ↩

  4. Los habitantes de Suli, en el Epiro, montañeses cristianos de larga tradición guerrera. ↩

  5. Józef Wysocki (1809-1873), general polaco que había combatido en la revolución húngara de 1848-1849. ↩

  6. Władysław Zamoyski (1803-1868), sobrino del príncipe Adam Czartoryski (1770-1861), jefe de la emigración polaca aristocrática y conservadora de París. ↩

  7. Iván Paskévich (1782-1856), mariscal ruso, virrey del Reino de Polonia; en la primavera de 1854 tomó el mando de las tropas rusas en el Danubio. ↩

  8. La Constitución de la Confederación Germánica de 1815. ↩

  9. La cámara alta del Parlamento prusiano. ↩

  10. En latín: «¡Tiembla, Bizancio!». ↩

  11. Juego de palabras con la forma alargada del territorio prusiano, que se extendía desde el Rin hasta el Niemen. ↩

  12. Alexandr Galajov (1802-1863), jefe de la policía de San Petersburgo. ↩

  13. Unidades de milicia. ↩

  14. El gran duque Constantino Nikoláievich (1827-1892), hijo del zar, presidente del Ministerio de Marina. ↩

  15. En francés en el original: «a la campesina». ↩

  16. Los firmantes son el gran duque Constantino y los ministros Pável Kiseliov (Dominios del Estado), Lev Perovski (Bienes de la Corona) y Dmitri Bíbikov (Interior). ↩