Escrito en inglés por Friedrich Engels el 13 de abril de 1854 y publicado sin firma como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 4065, del 28 de abril de 1854. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 196-199), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Cuando se conocieron las primeras noticias de la ocupación rusa de la Dobruja, y mucho antes de que pudiera interpretarse por su forma de proceder el verdadero sentido del paso del Danubio por los rusos, declaramos que esta operación no podía tener otro fin que consolidar la posición defensiva rusa. Que así era en efecto lo prueban todos los pasos que han dado desde entonces, y también los de sus adversarios. Los rusos enviaron a la Dobruja de 40.000 a 50.000 hombres, que, según noticias fidedignas, no han pasado de la línea de Cernavodă a Constanța.1 Parecen haber enviado otras tantas tropas, si no más, a Călărași, frente a Silistra, con la intención de amenazar esta fortaleza o incluso, en circunstancias favorables, de atacarla. Han retirado todas sus tropas situadas al oeste de Bucarest, salvo una retaguardia que, incapaz de sostenerse por más tiempo ante Kalafat, parece haber hecho una incursión a la orilla serbia del Danubio, enfrente, con el fin evidente de demostrar el desprecio de los rusos por la neutralidad serbia y de probar el efecto de unos cuantos uniformes rusos en los campesinos serbios, o quizá incluso de dar a Austria un motivo para ocupar ese país.
Sin duda oiremos muy pronto que los rusos han evacuado toda la Pequeña Valaquia.2 ¿Cuál será entonces su posición? Su línea irá de Târgoviște, por Oltenița y Călărași, hasta Cernavodă, cruzando el Danubio hasta el mar Negro, en Constanța. Es cierto que esta posición les cuesta más terreno del que les hace ganar. Y no cambia nada el hecho de que este acortamiento del frente sea en sí mismo una ventaja para los rusos. Al mismo tiempo supone un desplazamiento hacia su izquierda, con lo que su línea de retirada, que antes iba en la dirección de una prolongación de ese frente, queda ahora detrás del frente y perpendicular a él. Dos meses antes, Omer Bajá habría podido cortarles la retirada con solo cruzar el Danubio en algún punto entre Silistra y Hârșova; pero ahora eso ya no es posible, a no ser que desembarque tropas, por ejemplo, cerca de la desembocadura del Dniéster. Y en eso precisamente consiste la gran ventaja de esta operación, una ventaja que ni siquiera llega a contrarrestar el riesgo que se corre al situar el cuerpo de la Dobruja en un rectángulo alargado, uno de cuyos lados está limitado por la fuerte posición del enemigo y otro por el mar, mientras que los dos restantes los cierran dos recodos del Danubio, sin más que tres puentes para las comunicaciones, los refuerzos o la retirada.
Pero con esto se agotan las ventajas que han obtenido los rusos. Han conseguido una posición desde la que pueden retirarse, pero desde la que no pueden avanzar. Delante de su frente, el Danubio, de Oltenița a Cernavodă, solo puede pasarse por unos pocos puntos, y estos los defienden o bien fuertes baterías situadas en una orilla dominante, o bien, como en Silistra, una fortaleza regular. Además, entre Cernavodă y el mar están el lago y las marismas del Karasu, la muralla de Trajano3 (puesta de nuevo en estado de defensa en los pasos), la fortaleza de Constanța y, en su flanco, en el mar Negro, las flotas aliadas. Detrás del Danubio, lo mismo que detrás de la muralla de Trajano, se extiende una región relativamente estéril, en su mayor parte alta, cortada en todas direcciones por profundos barrancos que forman numerosos ríos sin puentes. Esta región no es ciertamente intransitable para un ejército, pero solo puede atravesarla una fuerza que esté segura de encontrar al otro lado una buena posición, un enemigo débil y abundantes víveres y forraje. Y aquí ocurre justamente lo contrario. Si los rusos avanzan desde la muralla de Trajano y desde Oltenița o Tutrakan en dirección a Bazargic y Razgrad, tienen que dejar tropas para cercar Silistra y vigilar Ruse. Así debilitados, atravesarían el difícil terreno hacia Razgrad y Bazargic, ¿y dónde se encontrarían entonces? Pues ante la primera cadena montañosa de los Balcanes, que corta transversalmente su línea de operaciones y que hay que pasar por caminos diversos y divergentes, en cuerpos destacados. Supongamos que lo intentaran: entonces sus cuerpos separados se expondrían a ser batidos uno a uno por una fuerza concentrada que apareciera de pronto desde Shumla y a la que en ningún caso podrían cortar la retirada. Pero aun suponiendo que vencieran todas estas dificultades y aparecieran con unos 100.000 hombres en las cercanías de Shumla y Varna, ¿qué pasaría entonces? Shumla es una posición que no solo pueden sostener 40.000 hombres contra 100.000, sino en la que la fuerza mayor ni siquiera está en condiciones de tener en jaque a la menor. Al mismo tiempo cubre Varna, que por el otro flanco está cubierta por las flotas aliadas. Varna y Shumla juntas forman una posición mucho más fuerte que la de Verona y Legnago en el Adigio para el mariscal Radetzky en 1848, cuando lo acosaban por todas partes las tropas piamontesas y las de los insurrectos italianos.4 Además, Shumla y Varna tienen como complemento a Ruse y Silistra, que están ambas en el flanco del enemigo y que, por débiles que parezcan tomadas en sí mismas, no pueden atacarse con éxito mientras el grueso del ejército turco esté en condiciones de hacer una salida desde Shumla en cualquier dirección. Las dos fortalezas están situadas en el Danubio, Silistra frente al centro derecho de la posición rusa actual y Ruse en su flanco derecho. Hay que cercarlas en la orilla derecha del río, lo que significa que las tropas sitiadoras tienen que situarse directamente entre las fortalezas y Shumla, donde, según todas las apariencias, Omer Bajá concentra el grueso de sus tropas. Una fuerza que cerque Ruse y Silistra tiene que ser, por tanto, lo bastante fuerte para sostenerse no solo contra las guarniciones de esas fortalezas, sino también contra por lo menos dos tercios del ejército turco concentrado en Shumla. Por otra parte, si los rusos avanzan por Bazargic, también tienen que ser lo bastante fuertes para sostenerse en batalla abierta contra dos tercios del ejército de Shumla. Además, hay que destacar tropas para cercar Varna por lo menos por el norte y, si es posible, también por el sur; porque si Varna no está cercada no se la puede tomar, y si no se la toma, los rusos no pueden cruzar los Balcanes. Si a todo esto añadimos los destacamentos necesarios para mantener la comunicación entre los diferentes cuerpos en el largo trecho de Ruse a Varna y para asegurar los suministros, no cabe duda de que los rusos, para avanzar con éxito sobre Shumla y Varna, los dos puntos decisivos de la defensa en los Balcanes orientales, necesitan una fuerza de más del doble de la que los turcos pueden reunir en Shumla.
Estos hechos muestran que los turcos han obrado con mucha prudencia. El abandono de la Dobruja es la primera prueba firme e indiscutible de un alto talento de general por parte de Omer Bajá. No vale la pena conservar ese territorio y sus fortalezas. En lugar de arriesgarse a derrotas y a pérdidas de hombres y de material, el general turco ordenó enseguida a sus tropas abandonar todos los puntos en cuanto pudiera hacerse sin peligro para la retirada y replegarse sobre la muralla de Trajano. Así, los rusos obtuvieron sin esfuerzo una victoria aparente, mientras que los turcos les causaban de paso daños considerables y ocupaban su verdadera posición defensiva antes de que el adversario pudiera reaccionar como correspondía. Los turcos solo tienen guarniciones en los lugares importantes y allí donde pueden apoyarlas el ejército principal o las flotas del mar Negro. Gracias a ello podrán reunir, si es necesario, por lo menos 80.000 o 90.000 hombres entre Shumla y Varna, una fuerza que podría reforzarse fácilmente haciendo volver deprisa a una parte de las tropas que un pánico político, sin ningún motivo real, ha enviado a Kalafat. Pero que los rusos lleven al otro lado del Danubio el doble de tropas, o aún más, es imposible, por lo menos durante esta campaña. Al decir esto suponemos que tienen realmente la intención de emprender una ofensiva enérgica, y dejamos fuera de consideración la llegada de las tropas auxiliares anglo-francesas, cuya presencia convertiría en una locura cualquier paso de los Balcanes. Hemos considerado la cuestión desde este punto de vista porque es precisamente el más adecuado para mostrar la situación real de las partes que ahora combaten. Sin duda, si rusos y turcos tuvieran que dirimir el asunto ellos solos, Constantinopla estaría suficientemente a salvo de una invasión rusa, al menos por este año, aun después de que los turcos, por las dilaciones diplomáticas, hayan perdido la superioridad necesaria para una acción ofensiva.
Kustendje en el original. ↩
Oltenia, la parte de Valaquia al oeste del río Olt. ↩
Restos de antiguas fortificaciones de tierra que cruzan la Dobruja entre Cernavodă y Constanța, atribuidas por tradición al emperador Trajano. ↩
En la primavera de 1848, tras la insurrección de Milán, Radetzky se replegó con el ejército austriaco al llamado Cuadrilátero, las fortalezas de Verona, Legnago, Mantua y Peschiera, y desde allí recuperó la Lombardía. ↩