Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 9 de mayo de 1854 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 4086, del 23 de mayo de 1854. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 223-230), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, martes 9 de mayo de 1854
Aunque el bombardeo de Odesa, que por lo demás no parece haber sido cosa de mucha importancia, excita en alto grado a la opinión pública, hay en este momento otro bombardeo que la enciende todavía mucho más: el bombardeo del erario público. Antes de pasar a analizar el informe financiero presentado por el señor Gladstone1 en la sesión de ayer de la Cámara de los Comunes, tenemos que echar una mirada retrospectiva a sus operaciones oficiales anteriores.
El señor Disraeli, durante su mandato, había rebajado el interés de las letras del Tesoro (Exchequer bills) al nivel más bajo hasta entonces, a 1¼ penique diario;2 pero el señor Gladstone, ardiendo en deseos de superar a su predecesor, fue todavía más lejos y lo redujo a un penique, aunque descuidó tener en cuenta la circunstancia de que el dinero era abundante y barato cuando el señor Disraeli rebajó el interés de las letras del Tesoro, mientras que era escaso y caro cuando el señor Gladstone se dispuso a superar a su rival. En consecuencia, el gran hombre tuvo que pagar tres millones por letras del Tesoro que de otro modo habrían seguido corriendo al tipo de interés que él se había encontrado. Y eso no fue todo. Apenas las había reembolsado, con gran perjuicio para el Estado, hubo que volver a emitirlas a un tipo de interés más alto. Esta fue la primera prueba del sublime genio del casuista de Oxford,3 de quien se suponía que reunía en su persona, por así decirlo, todos los talentos, después de que la coalición de todos los talentos hubiera echado al gobierno tory por su plan financiero y proclamado así las finanzas centro de gravedad de su política.
Al señor Gladstone no le bastó con ocuparse de la deuda flotante; hizo un experimento todavía más extraño con la deuda pública consolidada. En abril de 1853 se presentó en la Cámara de los Comunes con un plan bastante complicado para la conversión de los títulos de la Compañía de los Mares del Sur y de otros valores,4 con una disposición que podía obligarle a reembolsar nueve millones y medio al cabo de seis y de doce meses. Se ha observado con razón que Gladstone, al hacerlo, tenía ante sí las informaciones secretas de sir Hamilton Seymour y las advertencias del coronel Rose5 y del cónsul Cunningham, comunicaciones que no podían dejar ninguna duda sobre las intenciones hostiles del gobierno ruso y sobre la proximidad de una guerra europea. Sus lectores recordarán sin duda que, al mismo tiempo que el señor Gladstone presentaba su plan, predije que fracasaría y que el gobierno se vería obligado, al final del ejercicio, a contratar un empréstito de cinco o seis millones.6 Hice esta afirmación sin tener en cuenta en absoluto la complicación de Oriente. Además, el aspecto escolástico del plan de Gladstone no era precisamente atractivo para la jauría de los especuladores de Bolsa; no hacía falta mucha perspicacia para predecir que tenía que haber una mala cosecha, porque, por lo lluvioso de la estación, la superficie sembrada quedaba muy por debajo de la media; que una mala cosecha provocaría también una salida de oro; que una salida de oro no podría contrarrestar en modo alguno la tendencia, ya existente, al alza del interés en el mercado de dinero, y que, ante la tensión general del mercado de dinero, sería ridículo suponer que el acreedor del Estado consentiría una reducción del interés de su capital prestado y no aprovecharía con avidez la ocasión que le brindaba el experimento del señor Gladstone para exigir el reembolso de su parte a la par y colocarla al día siguiente con una ganancia neta. En efecto, al final del ejercicio el señor Gladstone se vio obligado a reembolsar a la par seis millones de las anualidades de los Mares del Sur, que, sin su intervención, solo encontrarían comprador ahora en la Bolsa a 85 libras por cada 100 libras de título. Así, no solo ha despilfarrado sin necesidad seis millones de fondos públicos; el Estado sufrió con esta brillante operación una pérdida efectiva de por lo menos un millón, mientras que el saldo del Tesoro, que en abril de 1853 ascendía a 7.800.000 libras, quedó reducido en abril de 1854, en plena guerra, a solo 2.778.000 libras, lo que supone una merma de más de cinco millones. El fallido plan de conversión del señor Gladstone está en el fondo de todas las dificultades de dinero con que ahora tiene que luchar el gobierno. Todavía el 6 de marzo, veinticuatro días antes de la declaración de guerra, el señor Gladstone daba como fundamento de todas sus operaciones que los medios para pagar los gastos corrientes se obtuvieran dentro del presente ejercicio, y declaraba que había tomado medidas para sufragar las cargas de la guerra solo con los recursos disponibles y que no se pensaba en recurrir a un empréstito en el mercado de dinero. Repitió esta declaración el 21 de marzo e incluso el 11 de abril. Pero el 21 de abril, cuando el Parlamento no estaba reunido, apareció una comunicación oficial según la cual hacía falta un empréstito y, en consecuencia, se emitirían bonos del Tesoro (Exchequer bonds) por valor de seis millones. Como se recordará, los bonos del Tesoro son un invento del señor Gladstone, que los introdujo al mismo tiempo que su plan de conversión.
La letra del Tesoro ordinaria es un título a un año, que por lo general se renueva o se reembolsa al final de ese plazo; su interés oscila en torno al tipo de mercado. Los bonos del Tesoro, en cambio, llevan un interés fijo durante años y son una anualidad a plazo que puede transferirse por simple endoso, sin gasto alguno para el comprador ni para el vendedor. En conjunto, pueden calificarse de imitaciones de las obligaciones de los ferrocarriles. Cuando el señor Gladstone los inventó en 1853, pretendió emitir 30 millones. Estaba tan orgulloso de su invento que creía que los 30 millones no bastarían para satisfacer la demanda del público y que darían una prima elevada. Sin embargo, «el público quedó saciado con poco más de 400.000 libras, o sea, alrededor de la setentava parte de la suma que él esperaba que sería necesaria». Para reunir su empréstito de seis millones, el señor Gladstone emitió tres clases de bonos del Tesoro, una a cuatro años, otra a cinco y otra a seis. Para hacerlos más aceptables a la Bolsa, decidió pagar intereses por los plazos todavía no desembolsados. Pretendía emitirlos a la par a un interés del 3½ por ciento; teniendo en cuenta las extraordinarias ventajas de esta nueva clase de valores, eso equivale a un dividendo del 10 al 16 por ciento. Una vez hechas las licitaciones, resultó que solo se habían ofrecido 800.000 libras por bonos de la primera serie, reembolsables en 1858, mientras que por las otras series, las de 1859 y 1860, no se hizo oferta alguna. Y eso no es todo. Gladstone se vio obligado a dar su mercancía a precios rebajados; la vende a un mínimo de 98¾ y regala además unos meses de intereses, de modo que sencillamente contrata un empréstito al cuatro por ciento a cambio de los títulos de los Mares del Sur, que eran una anualidad al tres por ciento, con lo que pierde un quince por ciento en el capital y un veinticinco por ciento en los intereses. Pese a todas las concesiones, sufrió un fiasco completo; se vio obligado a prorrogar el plazo de la licitación hasta el 8 del corriente y a rebajar su petición de seis millones a la «ridícula suma» de dos millones. El fracaso era inevitable, porque su mercancía no sirve bien ni para una inversión permanente ni para un uso temporal, porque el reembolso en los años 1858 y 1860 parece muy problemático en las circunstancias actuales y, por último, porque en un mercado en alza unos bonos del Tesoro con un interés fijo durante años no pueden ser tan aceptables como unas letras del Tesoro cuyo interés subirá sin duda al subir el valor del dinero.
El señor Gladstone no se contentó con lanzar al mercado tres clases diferentes de valores del Tesoro; se sintió también obligado a presentar a la Cámara de los Comunes no uno, sino dos, y quizá incluso tres o cuatro presupuestos. A diferencia de anteriores ministros de Hacienda, presentó su informe financiero antes del cierre del ejercicio, el 6 de marzo, para que el país, según dijo, conociera claramente su situación. Se comunicó entonces a la Cámara que había un superávit de tres millones de libras, pero que, por la peligrosa situación en que se encontraban, habría que asumir mayores gastos por seis millones de libras, de modo que este año había que contar con un déficit de tres millones. Apenas habían pasado ocho semanas cuando pidió al Parlamento cerca de siete millones más, aunque en marzo debería haber hecho sin duda cálculos más exactos de las necesidades de fondos públicos.
Las nuevas partidas adicionales que ha pedido son las siguientes:
| Marina | 4.550.000 libras |
| Ejército | 300.000 libras |
| Artillería (Ordnance) | 640.000 libras |
| Milicia | 500.000 libras |
| Otros gastos | 2.100.000 libras |
| Total | 8.090.000 libras |
Las partidas para la marina, el ejército y la artillería se aprobaron por unanimidad ya el viernes por la noche. A continuación les doy un breve resumen de los diversos conceptos para los que se pidieron, a saber: se votaron 300.000 libras para aumentar el ejército en 14.799 hombres de todos los grados, lo que elevaría las fuerzas de tierra en 40.493 hombres por encima de la cifra votada el año pasado, es decir, a 142.000 hombres. Las partidas adicionales para la artillería ascienden en total a 742.132 libras. Las partidas adicionales para la marina suman 4.553.731 libras e incluyen una parte del presupuesto adicional de la artillería; pueden clasificarse bajo los siguientes epígrafes:7
| I. | |
| 1. Gastos de soldada de 11.000 marineros e infantes de marina en que se ha reforzado la flota: 2.500 de los guardacostas y 8.500 por alistamiento voluntario | 461.700 libras |
| a) para pagar la soldada, en el año que termina el 31 de marzo de 1855, de 5.000 marineros que siguen en servicio otros 6 meses | 110.000 libras |
| b) para el plus de soldada, por encima de la soldada de los marineros, de 2.500 miembros de los guardacostas y de la marinería que ahora sirven en el mar | 51.700 libras |
| c) para alistar a 5.000 marineros de reserva | 220.000 libras |
| d) [para los marineros de la expedición ártica en los buques Erebus y Terror,8 8 años de doble soldada] | 80.000 libras |
| [2. Para el abastecimiento de víveres de los infantes de marina y marineros puestos en servicio adicionalmente | 200.000 libras] |
| a) para el abastecimiento de 5.000 hombres durante 6 meses más, hasta el 31 de marzo de 1855 | [50.000 libras] |
| b) para pagar los precios más altos de varias clases de mercancías y provisiones | 50.000 libras |
| c) para víveres, alimentos, pertrechos, etc., de otros 5.000 hombres que sirvan en la flota durante un año | 100.000 libras |
| 3. Para emplear al personal adicional que la guerra hace necesario en las oficinas de Whitehall y Somerset House | 5.000 libras |
| 4. Para gastos adicionales de sueldos en los diversos establecimientos navales, de aprovisionamiento y sanitarios del país | 2.000 libras |
| [5. Para salarios de operarios militares, etc., empleados en los diversos establecimientos navales, de aprovisionamiento y sanitarios del interior | 47.000 libras] |
| 6. Para salarios adicionales de operarios militares, etc., en los establecimientos navales del extranjero | 160.000 libras |
| 7. Para pertrechos navales | 697.331 libras |
| a) para la compra de carbón y otro combustible para los buques de vapor | 160.000 libras |
| b) para la compra de los pertrechos necesarios para sustituir los entregados a la flota | 40.000 libras |
| c) para la compra y reparación de maquinaria de vapor, por haberse decidido dotar de vapor a la flota de reserva | 252.674 libras |
| d) para la compra de buques de vapor, cañoneras, etc. | 244.657 libras |
| 8. Para nuevas obras, mejoras y reparaciones en los astilleros | 7.000 libras |
| 9. Para medicinas y material sanitario | 30.000 libras |
| 10. Para servicios diversos | 6.000 libras |
| Total | 1.457.031 libras |
| II. | |
| Partidas que, aunque incluidas en el presupuesto de la marina, se refieren más al ejército que a la marina | |
| Fletes | 3.096.700 libras |
| Bajo este epígrafe figuran, entre otras: | |
| a) para gastos de transporte pagaderos mensualmente, incluidos los buques de vapor, para la adquisición de estos, incluido el flete de 18 nuevos buques de vapor y 86 transportes de vela, de ellos 75 fragatas con caballería | 2.610.200 libras |
| b) flete de los barcos alquilados para el transporte de tropas, incluidas las asignaciones, ya que el gobierno ha tomado 18 buques de vapor y 86 transportes de vela para todo el año | 108.000 libras |
| Total general | 4.553.731 libras |
El señor Gladstone propone la imposición de nuevos tributos: mantener hasta el final de la guerra el doble impuesto sobre la renta, subir el impuesto sobre la malta de 2 chelines 9 peniques a 4 chelines, aumentar el impuesto sobre los licores en un chelín por galón en Escocia y en 8 peniques por galón en Irlanda, y aplazar la rebaja del impuesto sobre el azúcar que debía entrar en vigor el 5 de julio próximo. Las resoluciones sobre los licores, la malta y el azúcar se adoptaron inmediatamente.
El impuesto sobre los licores se anulará a sí mismo, porque reducirá considerablemente el consumo. El impuesto sobre la malta es un castigo impuesto a los taberneros con licencia y a sus clientes porque su órgano oficial, el Morning Advertiser, se había distinguido tocando la trompeta de la guerra. El impuesto sobre el azúcar está pensado para hacer más amargos los adobos y las conservas de este año. En cuanto al impuesto sobre la renta, es bien sabido que el señor Gladstone anunció el 6 de marzo su supresión al cabo de siete años, cuando acababa de recibir tres días antes los partes del coronel Rose y del cónsul Cunningham sobre los preparativos bélicos rusos. No menos conocida es su declaración del 18 de abril, según la cual bastaría con duplicar el impuesto sobre la renta solo durante medio año. O el señor Gladstone es el ministro de Hacienda más despreocupado y más corto de vista que haya existido nunca, o era su intención deliberada andar a tientas para engañar, confundir y embaucar al público.
El público británico no solo tiene que pagar la guerra contra Rusia y el charlatanismo y las sutilezas del señor Gladstone; además tiene que proveer al zar de los medios para hacer la guerra a Inglaterra, pues, como declaró lord John Russell el viernes por la noche, el gobierno británico seguiría pagando el capital y los intereses de la deuda llamada empréstito ruso-holandés, incluida en el tratado de Viena.9 Según uno de los acuerdos más esenciales de ese tratado, Polonia debía seguir siendo un reino independiente y constitucional, Cracovia había de recibir protección como ciudad libre y la navegación por todos los ríos europeos, y por tanto también por el Danubio, había de ser libre.
La desconfianza en la lealtad irlandesa tiene que ser muy grande, porque lord Palmerston declaró que el gobierno de Su Majestad no tenía intención de llamar este año a filas a la milicia irlandesa; el mismo Palmerston que había derribado al gabinete Russell con el pretexto de que lord John había irritado a Irlanda al excluirla de la ley de milicias.10 Los ministros han sufrido una derrota de hecho con su proyecto de ley de ferrocarriles. Solo contenía algunas disposiciones recomendadas por una comisión parlamentaria que se había ocupado del asunto. Como la propiedad ferroviaria está poderosamente organizada, el valiente señor Cardwell,11 en nombre del ministerio, prefirió retirar su proyecto original y sustituirlo por otro redactado por los propios directores de los ferrocarriles, que no impone nada ni añade nada a lo que prescriben los reglamentos ya existentes. Cuando se debatió el proyecto, no había en el Parlamento nadie más que los directores de ferrocarriles que son diputados.
«Parece», escribía un semanario, «que los ministros y el Parlamento no son lo bastante fuertes para proteger frente a las compañías ferroviarias ni la propiedad de los accionistas y la bolsa de los viajeros, ni la vida y la salud del público, de las que esas compañías pretenden disponer a su antojo».
Karl Marx
William Ewart Gladstone (1809-1898), peelita, ministro de Hacienda (canciller del Exchequer) del gobierno de coalición de Aberdeen. Su predecesor fue Benjamin Disraeli, en el gobierno tory de lord Derby de 1852. ↩
El interés de las letras del Tesoro se expresaba en peniques diarios por cada cien libras. ↩
Gladstone era diputado por la Universidad de Oxford. ↩
La conversión de la deuda que Gladstone propuso en abril de 1853 ofrecía a los tenedores de las anualidades de la antigua Compañía de los Mares del Sur y de otros títulos de la deuda cambiarlos por títulos de interés más bajo o el reembolso a la par. ↩
El coronel Hugh Rose (1801-1885), encargado de negocios británico en Constantinopla en 1853. ↩
Véanse sobre todo los artículos de Marx de abril y mayo de 1853, por ejemplo El nuevo juego de manos financiero, o Gladstone y los peniques. ↩
Los corchetes de la lista son de la edición alemana. ↩
Los buques de la expedición de John Franklin en busca del paso del Noroeste, desaparecida en el Ártico desde 1845. ↩
Por un convenio de 1815, ligado al Congreso de Viena, Inglaterra y los Países Bajos se hicieron cargo de una parte de la deuda contraída por Rusia en Holanda durante las guerras napoleónicas; la parte inglesa debía pagarse mientras Bélgica siguiera unida a Holanda, y Palmerston mantuvo los pagos después de 1830 mediante un nuevo convenio con Rusia (1831). ↩
En febrero de 1852 Palmerston derribó el gobierno de Russell con una enmienda al proyecto de ley de milicias. ↩
Edward Cardwell (1813-1886), peelita, presidente de la Junta de Comercio en el gabinete de Aberdeen. ↩