Escrito por Karl Marx en Londres el 15 de agosto de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 383, del 18 de agosto de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 490-492), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título lo pusieron los editores de la MEW. Se corrige una errata evidente de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, 15 de agosto. Bratianu1 dirigió hace poco una carta al Daily News en la que describe los sufrimientos de los habitantes de los Principados del Danubio bajo la presión del ejército austriaco de ocupación, alude a la actitud equívoca de los cónsules francés e inglés y luego plantea la pregunta:
«¿Actúa Austria en el papel de un aliado, o siquiera de un neutral, cuando mantiene en los Principados un ejército de 80.000 hombres por medio del cual, como prueban despachos oficiales, impide la entrada de los turcos en Besarabia y la formación de un ejército rumano que habría tomado parte activa en la guerra, mientras retira 200.000 hombres de Galitzia y permite así a Rusia enviar un número igual a Crimea?»
La posición equívoca de Austria empezó en el momento en que, ni neutral ni aliada, se erigió en mediadora. Que fue Inglaterra quien en parte la empujó a ese papel parece probarlo el siguiente pasaje de un despacho de lord Clarendon2 dirigido al gabinete de Viena, fechado el 14 de junio de 1853:
«Si el ejército ruso cruzara los Principados e invadiera otras provincias de Turquía, probablemente se produciría un levantamiento general de la población cristiana, no en favor de Rusia, ni en apoyo del sultán, sino por su propia independencia; es superfluo añadir que semejante revuelta se extendería pronto a las provincias austriacas del Danubio; pero corresponde al gobierno austriaco juzgar el efecto que tales acontecimientos podrían producir en Hungría y en Italia, y el aliento que así se daría a los perturbadores europeos a los que Austria tiene motivos para temer y que justamente ahora parecen creer próximo el momento de realizar sus planes. Son estas consideraciones las que hacen desear al gobierno de Su Majestad unirse con Austria para un fin tan esencial para los mejores intereses de la sociedad, y descubrir con ella algún método por el que puedan conciliarse las justas pretensiones de Rusia con los derechos soberanos del sultán.»
Otra cuestión relativa a la política austriaca queda al cierre de la sesión parlamentaria tan sin respuesta como al comienzo de ella. ¿Qué posición adoptó Austria ante la expedición de Crimea? El 23 de julio de este año Disraeli preguntó a lord John Russell en qué autoridad se apoyaba para declarar que «una de las causas principales de la expedición de Crimea fue la negativa de Austria a cruzar el Prut».
Lord John Russell no podía acordarse, es decir, dijo que «su autoridad era un recuerdo indeterminado, un recuerdo en general». Disraeli dirigió luego la misma pregunta a Palmerston, quien
«no quería contestar preguntas de ese tipo, arrancadas fragmentariamente de una larga serie de negociaciones entre el gobierno de Su Majestad y el gobierno de uno de los soberanos que era hasta cierto punto aliado de Su Majestad».
Con esta respuesta, aparentemente evasiva, Palmerston confirmaba a todas luces la afirmación de Russell, solo que indirectamente, escudándose en la delicadeza para con el «aliado hasta cierto punto». Pasemos ahora de la Cámara de los Comunes a la Cámara de los Lores. El 26 de junio de este año lord Lyndhurst3 pronunció su filípica contra Austria:
«A comienzos de junio» (de 1854) «Austria se habría decidido a exigir a Rusia la evacuación de los Principados. La exigencia se habría hecho en términos muy fuertes, que incluían una especie de amenaza de recurrir a la fuerza de las armas si no se satisfacía.»
Tras algunas observaciones históricas, Lyndhurst prosigue:
«Pues bien, ¿emprendió Austria inmediatamente algún ataque contra Rusia? ¿Intentó entrar en los Principados? Muy lejos de eso. Se abstuvo de toda acción durante varias semanas, y solo después de que se levantara el sitio de Silistra y el ejército ruso estuviera en retirada, después de que la propia Rusia declarara que en un plazo determinado evacuaría los Principados y se retiraría detrás del Prut, solo entonces se acordó Austria de nuevo de su compromiso.»
En respuesta a este discurso, lord Clarendon declaró:
«Cuando Austria asumió sus sucesivos compromisos con Inglaterra y Francia e hizo sus extensos y costosos preparativos de guerra, cuando además propuso con insistencia que se enviaran comisarios militares de Francia y de Inglaterra al cuartel general del general Hess,4 sin duda pretendía y esperaba la guerra. Pero esperaba también que, mucho antes de que llegara la estación de comenzar las operaciones militares, el ejército aliado habría obtenido victorias decisivas en Crimea y estaría libre y en condiciones de emprender otras operaciones de acuerdo con sus propias fuerzas. Por desgracia no fue así, y si Austria hubiera declarado la guerra a invitación nuestra, con toda probabilidad habría tenido que hacerla sola.»
Más extraña aún es la declaración posterior de Ellenborough5 en la Cámara de los Lores, que hasta este momento ningún ministro ha refutado:
«Antes de que zarpara la expedición militar, Austria propuso consultar con las potencias aliadas sobre las futuras operaciones de guerra. Pero los aliados, obrando según opiniones preconcebidas, enviaron la expedición, y entonces Austria declaró en el acto que no podía atacar sola a los rusos y que la expedición de Crimea la obligaba a adoptar otro modo de proceder. En un período posterior, justamente al comienzo de la conferencia de Viena, cuando era de la mayor importancia que Austria actuara con nosotros, en ese momento, ocupados todavía exclusivamente en el éxito de nuevas operaciones en Crimea, retirasteis de la vecindad inmediata de Austria 50.000 buenas tropas turcas y la privasteis así del único apoyo con que podía contar en caso de una expedición militar contra Rusia. Está claro, por tanto, milores, como se desprende también de las recientes declaraciones del conde de Clarendon, que fue vuestra desacertada expedición de Crimea la que paralizó la política de Austria y la empujó a su difícil posición actual. Antes de que la expedición zarpara para Crimea, yo advertí al gobierno. Le advertí del efecto que esta expedición había de producir en la política de Austria.»
Aquí tenemos, pues, una contradicción directa entre la declaración de Clarendon, el ministro de Asuntos Exteriores, entre la declaración de Clarendon y la declaración de lord John Russell y la declaración de lord Ellenborough. Russell dice: la expedición de Crimea zarpó porque Austria se negó a cruzar el Prut, es decir, a tomar partido contra Rusia con las armas en la mano. No, dice Clarendon: Austria no pudo tomar partido contra Rusia porque la expedición de Crimea no salió como se deseaba. Por último, lord Ellenborough: la expedición de Crimea se emprendió contra la voluntad de Austria y la obligó a desistir de la guerra con Rusia. Estas contradicciones, como quiera que se interpreten, prueban en todo caso que la ambigüedad no estaba solo del lado austriaco.
Dumitru Brătianu (1818-1892), revolucionario valaco de 1848, entonces emigrado en Londres. ↩
George Villiers, conde de Clarendon (1800-1870), ministro de Asuntos Exteriores británico de 1853 a 1858. ↩
John Singleton Copley, lord Lyndhurst (1772-1863), antiguo lord canciller tory. ↩
Heinrich von Hess (1788-1870), general austriaco, comandante en jefe de los ejércitos austriacos de la frontera oriental en 1854-1855. ↩
Edward Law, conde de Ellenborough (1790-1871), político tory, gobernador general de la India de 1842 a 1844. ↩