Escrito por Karl Marx en Londres el 19 de mayo de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 233, del 22 de mayo de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 228-230), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, 19 de mayo. Según los optimistas de la prensa de aquí, la crisis de los negocios inglesa habría llegado a su fin y el comercio y la industria volverían a moverse en línea ascendente. El hecho del que sacan esta consecuencia consoladora es el alivio del mercado de dinero. Por un lado, en efecto, ha aumentado la reserva de oro en las cámaras del Banco de Inglaterra; por otro, el Banco ha bajado el tipo de interés. Mientras que la reserva de oro era el 20 de enero de 1855 de solo 12.162.000 libras esterlinas, el 12 de mayo de 1855 había subido a 16.045.000 libras, un aumento de 3.883.000 libras. El tipo de interés, que el 20 de enero de 1855 estaba en el 5 por ciento, lo bajó el Banco el 31 de marzo al 4½ por ciento y el 28 de abril al 4 por ciento. Pero estos señores han pasado por alto que la acumulación de oro en las cámaras del Banco y la caída del tipo de interés pueden tener otra causa que unos negocios florecientes, a saber, la causa inversa: el estancamiento de los negocios y la consiguiente disminución de la demanda de capital. Que esta es esta vez la causa real lo muestran los estados que publica cada semana el Banco de Inglaterra. Solo que no hay que fijar la vista, como esos optimistas, exclusivamente en dos rúbricas de esos estados, la reserva de oro y el tipo de interés. Hay que comparar otras dos rúbricas: la de los billetes de reserva y la de los efectos descontados. El Banco de Inglaterra se divide, como es sabido, en dos departamentos distintos: el Issuing department (departamento de emisión) y el Banking department (departamento bancario). Al primero podemos llamarlo la Casa de la Moneda del Banco de Inglaterra. Todo su negocio consiste en fabricar billetes. La ley de Robert Peel de 18441 limita legalmente esta fabricación de billetes. El Banco no puede emitir, por encima de la suma de catorce millones de libras esterlinas que representan el capital que le debe el Estado, más billetes que el oro que haya en sus cámaras. Si el Banco emite, por ejemplo, 20 millones de libras en billetes, tiene que haber 6 millones de libras en oro en sus sótanos. A la acuñación y emisión de billetes así reguladas se limita el negocio del Issuing department del Banco. El total de los billetes así fabricados lo transfiere al Banking department, el banco propiamente dicho, que hace los negocios con el público como cualquier otro banco de depósito y descuento y pone los billetes en circulación descontando letras, haciendo anticipos sobre títulos que devengan interés, pagando los dividendos a los acreedores del Estado, devolviendo los depósitos que se le confían, etc. Robert Peel hizo este hermoso invento de dividir el Banco de Inglaterra en dos departamentos independientes entre sí, así como el de aquella regulación del importe de los billetes que podían emitirse, porque se imaginaba que de este modo prevendría todas las crisis monetarias futuras y ajustaría la circulación de papel a la circulación metálica mediante una ley mecánica automática. Lo que el tan alabado estadista pasó por alto fue el hecho, nada desdeñable, de que su regulación solo regula la circulación entre el Issuing y el Banking department, entre dos oficinas del Banco de Inglaterra, pero de ningún modo la circulación entre el departamento bancario y el mundo exterior. El departamento de emisión del Banco entrega al departamento bancario tantos billetes como le está permitido fabricar por ley, por ejemplo 20 millones si tiene 6 millones en oro en sus arcas. Pero cuántos de estos 20 millones entren realmente en circulación depende del estado de los negocios, de las necesidades y de la demanda del mundo comercial. El resto, que el Banco no logra colocar y que, por tanto, se queda en las arcas del Banking department, figura en las cuentas del Banco con el nombre de billetes de reserva.
Ahora bien, si hemos visto que la reserva de oro del Banco aumentó del 20 de enero de 1855 al 12 de mayo de 1855 en 3.883.000 libras esterlinas, encontramos que en el mismo tiempo el importe de los billetes de reserva subió de 5.463.000 a 9.417.000, es decir, en 3.954.000 libras. Cuanto mayor es el importe de los billetes de reserva, es decir, de los billetes que se quedan en las arcas del Banking department, menor es el importe de los billetes que circulan realmente entre el público. Pero de la cifra que acabamos de dar se sigue que, al mismo tiempo que se amontonaba el oro en las cámaras del Banco, disminuyó la masa de billetes que circulan entre el público. ¿De dónde esta contracción de la circulación? Simplemente de la disminución del tráfico y de la reducción de las transacciones comerciales. No puede quedar duda alguna sobre la exactitud de esta opinión cuando vemos por las mismas cuentas del Banco que el valor de las letras descontadas por él ascendía el 20 de enero de 1855 a 25.282.000 libras esterlinas y en cambio el 12 de mayo de 1855 había caído a 23.007.000, una disminución de 2.275.000 libras. Pero el valor de las letras que descuenta el Banco es la medida más segura de la masa de negocios que hace con el mundo comercial. El resultado es aún más contundente si se considera que el 28 de abril el Banco había bajado el tipo de interés al 4 por ciento y ofrecía, por tanto, su mercancía —el capital— un 20 por ciento más barata que el pasado enero. Y desde el 28 de abril, en que el Banco bajó así el tipo de interés, hasta el 12 de mayo, la masa de billetes emitidos para el descuento de letras ha caído en lugar de subir: prueba de que, en la coyuntura actual, el capital es demasiado caro incluso al 4 por ciento para encontrar siquiera la demanda que todavía encontraba a comienzos de enero al 5 por ciento; prueba de que la caída2 del tipo de interés no ha de atribuirse a una mayor oferta de capitales, sino solo a una menor demanda para empresas comerciales e industriales; prueba, por último, de que el aumento de la reserva metálica en los sótanos del Banco no es más que el aumento de un capital ocioso y en este momento imposible de valorizar.