Escrito por Karl Marx en Londres el 11 de julio de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 323, del 14 de julio de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 351-353), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Se corrigen dos erratas de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 11 de julio. La moción de Roebuck para censurar a todos los miembros del antiguo gabinete de coalición está anunciada, como es sabido, para el martes próximo.1 Mientras se celebran numerosos mítines en Birmingham, Sheffield, Newcastle, etc., en apoyo de su moción y al mismo tiempo se firman públicamente peticiones en su favor en todos los rincones de Londres, los miembros del Parlamento huyen a París, a Nápoles, a sus casas de campo, para escurrirse de la votación. Roebuck, para frenar esta desbandada, que Palmerston fomenta de todas las maneras, pidió ayer autorización para dirigir el martes próximo un call a la Cámara de los Comunes. El call, el llamamiento, es una vieja fórmula parlamentaria, caída en el olvido desde los tiempos del debate sobre la emancipación de los católicos.2 Consiste en que al abrirse la sesión se llama por su nombre a todos los miembros del Parlamento. Los ausentes incurren en arresto por el serjeant-at-arms, el ujier armado del Parlamento, en la obligación de pedir públicamente perdón ante la Cámara reunida y en el pago de ciertas multas. Pero la Cámara de los Comunes negó a Roebuck el medio coercitivo del call por una mayoría de 133 votos contra 108. Nada [hay] en general más característico del Parlamento británico y de sus órganos en la prensa que la actitud ante la moción de Roebuck. La moción no parte de ningún miembro de la oposición «oficial». Esa es su primera tacha. No va dirigida solo contra miembros del gabinete existente, sino también contra miembros del gabinete disuelto. No es, por lo tanto, una pura maniobra de partido. Declara que los pecados de un ministerio viejo no quedan expiados por la formación de un ministerio nuevo. Tiende el puente hacia una moción de acusación formal. Esa es la otra gran tacha de esta moción. La oposición oficial, naturalmente, solo quiere librar la guerra parlamentaria «dentro de los límites del cambio de ministerio». Está muy lejos de hacer la guerra a la responsabilidad ministerial. La camarilla de los outs no se preocupa menos que la camarilla de los ins por conservar la omnipotencia ministerial.3 La habilidad de la lucha parlamentaria consiste precisamente en que en la refriega nunca se golpea al cargo, sino siempre solo a su titular del momento, y aun al titular solo en la medida en que siga pudiendo presentarse como candidato a ministro en el mismo instante en que ha caído como ministro. La oligarquía no se perpetúa por la posesión constante del poder en la misma mano, sino dejando caer el poder alternativamente de una de sus manos para recogerlo con la otra. Por eso los tories están tan descontentos con la moción de Roebuck como los whigs.

En cuanto a la prensa, el Times es aquí decisivo. ¿Qué periódico clamó más alto por la constitución de la comisión Roebuck,4 mientras debía servir, por un lado, para provocar un cambio de ministerio y, por otro, para abrir un canal de desagüe a la pasión pública? Pero desde el momento en que Roebuck da un paso al frente y, apoyándose en los resultados de su comisión, amenaza con entregar a todos los miembros de la coalición a la censura expresa del Parlamento, ¿qué periódico guarda un silencio sepulcral más obstinado que el Times? La moción de Roebuck no existe para él; el incidente de ayer en el Parlamento a propósito del call no existe para él; los mítines de Birmingham, Sheffield, etc., no existen en sus columnas. Roebuck mismo no es, desde luego, ningún Bruto. Por un lado, vio sus largos servicios miserablemente recompensados por los whigs. Por otro, sus electores están detrás de él. Es el representante de un numeroso cuerpo electoral al que tiene que pagar en popularidad, ya que no puede pagarle en dinero contante. Por último, el papel de Warwick moderno, de hacedor parlamentario de reyes,5 no puede desagradar mucho al abogado ambicioso, pero hasta ahora poco afortunado. Los tories, como oposición, no pueden combatir, naturalmente, la moción de Roebuck del mismo modo que los whigs. Por eso tratan de adelantársele. Ese es el secreto de la moción de Bulwer6 para un voto de desconfianza contra el ministerio, basado en las singulares revelaciones de lord John Russell sobre las conferencias de Viena.7 La moción de Bulwer se mueve puramente «dentro» de los límites del cambio de ministerio. Saca el destino del ministerio de manos de Roebuck. Si prospera, serán los tories los que hayan derribado a los whigs; y, una vez investidos del ministerio, la «generosidad» convencional les prohibiría perseguir su victoria y seguir apoyando a Roebuck. Pero la astucia de los tories permite al mismo tiempo a Palmerston servirse de los viejos trucos parlamentarios. La salida de Russell, voluntaria o forzada: con ella para el golpe de la moción de Bulwer, como Bulwer ha parado el de la moción de Roebuck. La salida de Russell derribaría infaliblemente al gabinete Palmerston si no se produjera poco antes del cierre de la legislatura. Pero ahora, por el contrario, puede prolongar la vida de su gabinete. Si es así, ningún ministro inglés antes de Palmerston habrá utilizado con tanta habilidad y fortuna el clamor popular para imponerse a los partidos parlamentarios, y los pequeños intereses, fracciones y formalidades parlamentarios para imponerse al pueblo. Se parece a aquel maldito viejo del que Simbad el Marino no lograba librarse una vez que le hubo permitido subirse a sus hombros.8

  1. John Arthur Roebuck (1801-1879), diputado radical por Sheffield, había presidido la comisión de investigación sobre el estado del ejército ante Sebastopol. El 17 de julio de 1855 presentó una moción de censura contra todos los miembros del gabinete de coalición de Aberdeen (1852-1855) cuya política había llevado a los desastres del ejército en Crimea. ↩

  2. La emancipación de los católicos, que les abrió el Parlamento y la mayoría de los cargos públicos, se aprobó en 1829. ↩

  3. Outs e ins: los que están fuera y los que están dentro del gobierno. ↩

  4. La comisión parlamentaria de investigación sobre el ejército de Crimea, votada en enero de 1855 a propuesta de Roebuck; la votación provocó la caída del gabinete Aberdeen. ↩

  5. Richard Neville, conde de Warwick (1428-1471), llamado «el Hacedor de Reyes» por su papel en la guerra de las Dos Rosas. ↩

  6. Edward Bulwer-Lytton (1803-1873), novelista y diputado tory. ↩

  7. Lord John Russell, plenipotenciario británico en la conferencia de Viena de marzo-junio de 1855, había reconocido en los Comunes, el 6 de julio, que en Viena se había inclinado por aceptar las propuestas de paz austriacas, que el gobierno rechazó. ↩

  8. En el quinto viaje de Simbad, en Las mil y una noches, el Viejo del Mar se sube a los hombros del marino y no se deja bajar. ↩