Escrito por Karl Marx en Londres el 4 de octubre de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 469, del 8 de octubre de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 559-560), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, 4 de octubre. El Banco de Inglaterra ha vuelto a subir el tipo de interés, del 5 al 5½ por ciento. Esta medida va dirigida ante todo contra la Banque de France, que en el curso de las últimas seis semanas, por medio de letras giradas sobre Londres y descontadas allí, ha embarcado de Inglaterra a Francia oro por valor de 4.600.000 libras esterlinas. En la Bolsa de aquí circulan los rumores más inquietantes sobre la situación financiera de la Banque de France. Según unos, es inminente la suspensión de los pagos en metálico; según otros, los billetes de la Banque de France recibirán, «para mayor seguridad», la garantía de la subida.1 Esto último conduciría sin falta a un run sobre el banco y a la inmediata depreciación de su papel. Por último, se afirma que la Banque de France intentará elevar su capital al doble mediante una suscripción. Por vacilantes que parezcan estos rumores en sus detalles, todos indican que la Banque de France va hacia una crisis y que esta institución, que desde su fundación bajo Napoleón I pasó siempre por inquebrantablemente sólida, no es ya bajo Napoleón III más que una de las muchas pirámides de crédito invertidas que hay que considerar como los monumentos más característicos de su reinado. La parte de la sociedad francesa que exigía ante todo la apariencia de un crédito desbordante y de una prospérité toujours croissante («prosperidad siempre creciente») no puede quejarse cuando tenga que pagar el precio de esta agradable ilusión. En todo caso, las operaciones financieras, las maniobras bursátiles y las especulaciones bancarias que tanta sensación causaron en los últimos tiempos de Luis Felipe y suscitaron toda una literatura polémica del género de Les Juifs rois de l'époque o La dynastie Rothschild2 parecen auténticas niñerías comparadas con lo que se ha hecho en este terreno desde 1852 hasta este momento.
En este momento hay unos 6.000 hombres con orden de embarcar para Crimea, entre ellos 800 artilleros y 900 jinetes; el resto, infantería. Además, se enviarán al teatro de la guerra unos 4.000 infantes de Gibraltar, Malta, las islas Jónicas y el Pireo. Estos refuerzos, aun contando la Legión Extranjera,3 distan mucho de bastar siquiera para devolver al ejército activo inglés su fuerza inicial. Por eso Bright4 observó ayer en un mitin en Rochdale:
«Si yo fuera partidario de la guerra, adoptaría una política muy distinta respecto a nuestros establecimientos militares interiores. Introduciría un reclutamiento obligatorio como es debido, como el que existe en Rusia, Austria y Francia, y obligaría así a gentes de todas las clases a tomar la parte que les corresponde en lo que se llama la obra de la nación».
El nombramiento de los ancianos lores y condes Combermere, Strafford y Hardinge como mariscales de campo,5 en premio por la derrota del general Simpson (al que, dicho sea de paso, se dice que han llamado a Inglaterra) ante el Redán, es uno de los muchos chistes malos y bromas frívolas con que Palmerston suele alegrar la tarde de su vida. Los dos primeros generales pueden considerarse con razón difuntos, de modo que su ascenso tiene más bien el carácter de una canonización póstuma. Han sido elevados a los altares militares cuando su carrera terrenal había terminado hace mucho. Lord Hardinge ocupa la antediluviana dignidad de comandante en jefe del ejército inglés y se ha ganado con creces el bastón de mariscal con su resuelto e incansable servilismo y su adulación ante el mariscal de campo príncipe Alberto. Lo que hace la cosa aún más picante es que una victoria lograda con los franceses sobre los rusos se celebre con el ascenso de oficiales olvidados que combatieron con los rusos contra los franceses. Así, por ejemplo, el mérito de lord Strafford consiste en haber mandado una brigada de la Guardia en Waterloo, haber mandado el primer cuerpo de ejército en la marcha sobre París y haber tomado posesión de París ocupando las alturas de Belleville y Montmartre.
Así en la MEW (Steigerung, «aumento», «subida»), palabra que aquí no da sentido; quizá errata por Regierung, «gobierno». ↩
Les Juifs, rois de l'époque. Histoire de la féodalité financière (1845), de Alphonse Toussenel, y los folletos que se cruzaron en 1846 sobre la casa Rothschild. ↩
La Legión Extranjera británica, reclutada en 1855 en Alemania, Suiza e Italia en virtud de la Foreign Enlistment Act de diciembre de 1854. ↩
John Bright (1811-1889), fabricante de Rochdale, jefe con Cobden de los librecambistas de Manchester y adversario de la guerra de Crimea. ↩
Stapleton Cotton, vizconde Combermere (1773-1865); John Byng, conde de Strafford (1772-1860), y Henry Hardinge, vizconde Hardinge (1785-1856), comandante en jefe del ejército británico desde 1852, fueron nombrados mariscales de campo el 2 de octubre de 1855. ↩