Escrito por Karl Marx en Londres el 3 de agosto de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 361, del 6 de agosto de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, p. 481), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título lo pusieron los editores de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, 3 de agosto. El Morning Post de anteayer informa al público inglés, con una fraseología visiblemente embarazosa, de que el general Simpson1 dejará pronto el mando con el pretexto de su quebrantada salud y no tendrá sucesor. Dicho de otro modo: el ejército inglés quedará bajo el mando supremo francés. Así descargaría el ministerio la responsabilidad de la dirección de la guerra sobre «nuestro glorioso y gran aliado». El Parlamento pierde la última apariencia de control. Al mismo tiempo se habría descubierto el medio infalible de convertir la alianza entre Inglaterra y Francia en la más rencorosa discordia entre las dos naciones. Vemos trabajar la misma mano maestra bajo cuya presión, demasiado franca, se rompió en 1839 la Entente cordiale.2
El Parlamento termina su sesión dignamente: con escándalos. Primer escándalo: la retirada del proyecto de ley sobre la responsabilidad limitada en las compañías mercantiles privadas (no las sociedades por acciones), por orden de los grandes capitalistas, ante cuyo ceño tiembla hasta el olímpico Palmerston. Segundo escándalo: el aplazamiento in infinitum de los proyectos de ley para regular los arrendamientos irlandeses, que desde hace cuatro años andan errantes por las dos Cámaras del Parlamento; un compromiso cobarde en el que la Cámara de los Comunes se aviene a retirar su propio trabajo; el gabinete, a faltar a su palabra, y el contingente irlandés, a mantener abierta la cuestión para explotarla en los hustings.3 Escándalo final: la moción del mayor Reed, que debía obligar al gabinete a convocar la Cámara en caso de que se firmara la paz durante sus vacaciones. Reed es un payaso, notoriamente a sueldo de Palmerston. Su propósito era arrancar con malas artes un voto de confianza de la Cámara mediante su «moción de desconfianza». Pero la Cámara tumbó a carcajadas su moción, tumbó a carcajadas a Palmerston y se tumbó a carcajadas a sí misma. Ha llegado al grado en que la «risa» es el último refugio que le queda a la abyección para abjurar de sí misma.
James Simpson (1792-1868), general británico; sucedió a Raglan en junio de 1855 al frente del ejército inglés en Crimea y dejó el mando en noviembre de ese año. ↩
Alusión a Palmerston, ministro de Asuntos Exteriores durante la crisis de Oriente de 1839-1840, cuando Inglaterra se unió a Rusia, Austria y Prusia contra Mehmet Alí, protegido de Francia (tratado de Londres del 15 de julio de 1840), y rompió el entendimiento anglo-francés. ↩
Las tribunas desde las que los candidatos hablaban a los electores; por extensión, las elecciones. ↩