Escrito en inglés por Friedrich Engels hacia el 29 de enero de 1855 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 4316, del 17 de febrero de 1855. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 12-17), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
A medida que se acerca la fecha en que ha de empezar la nueva conferencia de Viena,1 las probabilidades de que Rusia haga concesión alguna se pierden en una lejanía brumosa y sumamente incierta. El brillante éxito de este gran golpe diplomático, la pronta aceptación por el zar de la base de negociación propuesta, lo pone, al menos por el momento, en una posición dominante y da por seguro que, sean cuales sean los pretextos con que acepte las propuestas de paz, la única base real sobre la que consentirá ahora en zanjar la disputa es, en lo esencial, la del statu quo. Con la aceptación de los cuatro puntos2 ha devuelto a Austria a una posición equívoca, mientras lleva a Prusia de los andadores y gana tiempo para lanzar a la frontera todas sus reservas y las nuevas formaciones de tropas antes de que puedan empezar las hostilidades.
El mero hecho de haberse acordado las negociaciones deja libres a la vez tantos soldados rusos del ejército de observación de la frontera austriaca como puedan reemplazarse en dos meses o diez semanas: por lo menos 60.000-80.000 hombres. Como el antiguo ejército del Danubio ha dejado de existir como tal en su conjunto, el 4.º cuerpo está en Crimea desde finales de octubre, el 3.º llegó allí en los últimos días de diciembre y el resto del 5.º, con la caballería y las reservas, está ahora en camino, estas tropas tienen que ser reemplazadas en el Bug y el Dniéster por tropas de refresco, que hay que sacar del ejército del Oeste, en Polonia, Volinia y Podolia. Por consiguiente, si la guerra se traslada al centro del continente, dos o tres meses son para Rusia de la mayor importancia. Porque en este momento las fuerzas dispersas a lo largo de la extensa línea que va de Kalisz a Izmaíl ya no son capaces, sin refuerzos, de resistir al número creciente de tropas austriacas que tienen enfrente. Ese tiempo lo ha ganado ahora Rusia, y pasamos a exponer el estado actual de sus preparativos militares.
En ocasiones anteriores hemos esbozado brevemente la organización militar rusa. El gran ejército activo destinado a operar contra el sur y el oeste de Europa constaba al principio de seis cuerpos de ejército de 48 batallones cada uno y dos cuerpos de tropas escogidas de 36 batallones cada uno, con una cantidad relativamente fuerte de caballería, regular e irregular, y de artillería. Como ya informamos, el gobierno no solo llamó a las reservas para formar los batallones cuarto, quinto y sexto de las tropas escogidas y el quinto y el sexto de los otros seis cuerpos de ejército, sino que con nuevas levas se habían formado incluso los batallones séptimo y octavo de cada regimiento, de modo que el número de batallones se duplicó en los seis cuerpos de línea y más que se duplicó en las tropas escogidas (la Guardia y los granaderos). Estas fuerzas pueden calcularse ahora aproximadamente como sigue:
| Guardia y granaderos: los cuatro primeros batallones de cada regimiento | 96 batallones de 900 hombres | 86.400 |
|---|---|---|
| Guardia y granaderos: los cuatro últimos batallones de cada regimiento | 96 batallones de 700 hombres | 67.200 |
| Cuerpos 1.º y 2.º (todavía no comprometidos): los cuatro primeros batallones, o activos, de cada regimiento | 96 batallones de 900 hombres | 86.400 |
| Cuerpos 1.º y 2.º: los cuatro últimos batallones de cada regimiento | 96 batallones de 700 hombres | 67.200 |
| Cuerpos 3.º, 4.º, 5.º y 6.º: los batallones activos | 192 batallones de 500 hombres | 96.000 |
| Cuerpos 3.º, 4.º, 5.º y 6.º: los cuatro últimos batallones de cada regimiento | 192 batallones de 700 hombres | 134.400 |
| Cuerpo de Finlandia | 16 batallones de 900 hombres | 14.400 |
| Total | 784 | 552.000 |
| A lo que se añade: | caballería regular | 80.000 |
| caballería irregular | 46.000 | |
| artillería | 80.000 | |
| Total | 758.000 |
Parte de estas estimaciones puede parecer alta, pero en realidad no lo es. El enorme reclutamiento hecho desde el comienzo de la guerra debería haber engrosado las filas del ejército en una medida aún mayor, a pesar de las pérdidas sufridas, que recayeron todas en los 96 batallones activos de los cuerpos 3.º, 4.º, 5.º y 6.º; pero hemos descontado con largueza a los reclutas que mueren antes de llegar a sus regimientos. Además, nuestra estimación de la caballería es muy baja.
De las tropas citadas, 8.000 hombres (una división del 5.º cuerpo) están en el Cáucaso y hay que descontarlos, porque aquí no tenemos en cuenta las fuerzas empleadas fuera de Europa. Los 750.000 hombres restantes se reparten aproximadamente así: en las costas del Báltico, el ejército del Báltico, al mando del general Sievers, formado por el cuerpo de Finlandia y las reservas de la Guardia, de los granaderos y del 6.º cuerpo, con la caballería y la artillería unos 135.000 hombres, aunque parte de ellos pueden considerarse todavía reclutas sin instruir y batallones apenas organizados. En Polonia y en la frontera de Galitzia, de Kalisz a Kamenets, la Guardia, los granaderos, el 1.er cuerpo, una división del 6.º y algunas reservas de los granaderos y del 1.er cuerpo, con caballería y artillería, unos 235.000 hombres. Este ejército es la mejor parte de las tropas rusas: comprende las tropas escogidas y las mejores reservas. En Besarabia y entre el Dniéster y el Bug hay dos divisiones del 2.º cuerpo y parte de sus reservas, unos 60.000 hombres. Estas formaban parte del ejército del Oeste, pero, después de que el ejército del Danubio fuera enviado a Crimea, se destacaron para ocupar su lugar. Ahora están frente a las tropas austriacas de los Principados, al mando del general Paniutin. A la defensa de Crimea, bajo el mando de Ménshikov,3 se destinan el 3.º y el 4.º cuerpo, una división del 5.º, dos divisiones del 6.º y algunas reservas, que ya están allí, y además una división del 2.º y otra del 5.º, que están en marcha; el conjunto forma, con la caballería y la artillería, una fuerza que difícilmente puede calcularse en menos de 170.000 hombres. El resto de las reservas y de las nuevas formaciones, en especial de los cuerpos 1.º, 2.º, 3.º, 4.º y 5.º, lo está organizando ahora el general Cheodáyev en un gran ejército de reserva. Están concentradas en el interior de Rusia y deben de sumar unos 150.000 hombres. Cuántos de ellos marcharán hacia Polonia o hacia el sur es, naturalmente, imposible decirlo.
Así pues, el emperador Nicolás, que el verano pasado contaba con menos de 500.000 hombres en la frontera occidental de su imperio, de Finlandia a Crimea, tiene ahora allí 600.000, además de una reserva de 150.000 que se forma en el interior del país. Y, sin embargo, frente a Austria es ahora más débil que entonces. En agosto o septiembre había en Polonia y Podolia 270.000 rusos, y en el Prut y el Dniéster el ejército del Danubio, de unos 80.000 hombres, que también se mantenía allí más por los austriacos que por ninguna otra cosa. Eran en total 350.000 hombres que habrían podido operar contra Austria. Ahora, como hemos visto, solo hay 295.000 concentrados a lo largo de la línea de avanzadas austriaca, mientras que Austria puede oponerles directamente 320.000 hombres, y tiene en Bohemia y Moravia otros 70.000-80.000 para apoyarlos. Esta inferioridad numérica momentánea del lado ruso, y la gran incertidumbre de que en esta estación lleguen a tiempo nuevas formaciones del interior del país, y en un país donde toda la administración está corrompida, son razones de sobra para que el gobierno ruso intente ganar todo el tiempo posible. Semejante inferioridad numérica incapacita a los rusos para operaciones ofensivas, y en un país abierto como Polonia, sin grandes líneas fluviales entre los dos ejércitos, eso equivale a la necesidad de retirarse, al primer combate, a una posición defendible. En este caso concreto significa partir en dos el ejército ruso, una de cuyas partes tendría que replegarse sobre Varsovia y la otra sobre Kiev; entre esas dos mitades quedarían los pantanos impracticables de Polesia, que se extienden desde el Bug (no el Bug meridional, sino un afluente del Vístula) hasta el Dniéper. De hecho, sería una suerte mayor de la que los rusos suelen tener en tales casos que una gran parte de ellos escapara al peligro de verse empujada a esas ciénagas. Así, aun sin batalla, habría que evacuar la mayor parte del sur de Polonia, Volinia, Podolia y Besarabia, la región que va de Varsovia a Kiev y Jersón. Por otro lado, un ejército ruso superior podría con la misma facilidad, sin arriesgar una batalla decisiva, expulsar a los austriacos de Galitzia y de Moldavia y conquistar los pasos hacia Hungría; las consecuencias de semejante resultado son fáciles de imaginar. En efecto, en una guerra como la de Austria y Rusia, el primer movimiento ofensivo que tenga éxito es de la mayor importancia para cualquiera de los dos bandos, y cada uno hará lo imposible por ser el primero en asentarse en el territorio del otro.
Hemos dicho a menudo que esta guerra no tendría el interés militar que se atribuye a las guerras propiamente europeas mientras Austria no se declarase contra Rusia. Incluso los combates de Crimea no son más que una gran guerra en pequeña escala. Las enormes marchas de los rusos y los padecimientos de los aliados han reducido tanto a los ejércitos combatientes que no se ha librado ninguna batalla verdaderamente grande. ¿Qué combates son esos en los que solo entran en fuego de 15.000 a 20.000 hombres por cada lado? ¿Qué operaciones estratégicas de interés verdaderamente científico pueden darse en el pequeño espacio que va del Quersoneso a Bajchisarái? Y aun allí, ocurra lo que ocurra, las tropas nunca bastan para ocupar toda la línea. El interés está más en lo que no se hace que en lo que se hace. Por lo demás, en lugar de historia se representa una anécdota.
Otra cosa será, sin embargo, cuando entren en acción los dos grandes ejércitos que ahora se enfrentan en la frontera de Galitzia. Sean cuales sean las intenciones y las capacidades de los jefes, el solo tamaño de los ejércitos y la naturaleza del terreno no admiten ni guerra fingida ni indecisión. Concentraciones rápidas, marchas forzadas, ardides y maniobras envolventes de la mayor envergadura, cambios de bases y de líneas de operaciones: en una palabra, maniobrar y combatir a gran escala y según principios verdaderamente militares se convierten aquí en una necesidad y en algo que cae por su peso. Entonces, el jefe que se deje influir por consideraciones políticas o actúe con falta de resolución perderá su ejército. A semejante escala y en semejante país, la guerra toma en el acto un giro serio y objetivo. Eso haría de una guerra ruso-austriaca, si estalla, uno de los acontecimientos más interesantes desde 1815.
En cuanto a las perspectivas de paz, no están ni mucho menos tan claras como parecía hace unas semanas. Si los aliados están dispuestos a poner fin a la lucha en lo esencial sobre la base del statu quo, podría llegarse a la paz; pero no necesitamos explicar a nuestros lectores qué poca esperanza hay de ello. Desde luego no podemos esperar que Rusia, con media Alemania actuando en su favor al menos moralmente, y después de haber puesto en pie los enormes ejércitos cuya fuerza hemos expuesto arriba, acepte condiciones que Francia e Inglaterra puedan proponer o aprobar. A la serie casi ininterrumpida de tratados de paz ventajosos, desde Pedro el Grande hasta la paz de Adrianópolis,4 difícilmente seguirá ahora un tratado que abandone el dominio del mar Negro, antes aún de que se haya tomado Sebastopol y cuando solo se ha comprometido un tercio de las fuerzas rusas. Pero si la paz no puede concluirse antes de la caída de Sebastopol, o antes de que la expedición de los aliados se haya desplegado por completo, será menos probable una vez decidida la campaña de Crimea. Si cae Sebastopol, el honor de Rusia, y si los aliados son derrotados y arrojados al mar, el honor de estos, no permitirá llegar a un acuerdo mientras no se hayan alcanzado resultados más decisivos. Si los preparativos de la conferencia hubieran ido acompañados de un armisticio, como insinuamos al saber que el zar había aceptado los cuatro puntos, habría habido razones para seguir abrigando esperanzas de paz; pero en las circunstancias actuales tenemos que admitir que es mucho más probable una gran guerra europea.
La conferencia de los representantes de Inglaterra, Francia, Austria, Turquía y Rusia, que se abrió en Viena el 15 de marzo de 1855 y se disolvió sin acuerdo a comienzos de junio. ↩
Las condiciones de paz que Inglaterra, Francia y Austria presentaron a Rusia en 1854: protectorado colectivo de las potencias sobre los Principados del Danubio en lugar del ruso, libre navegación del Danubio, revisión del tratado de 1841 sobre los Estrechos en el sentido de limitar el poder ruso en el mar Negro, y renuncia de Rusia al protectorado sobre los súbditos cristianos del sultán. Rusia las aceptó como base de negociación a finales de noviembre de 1854. ↩
Alexandr Serguéievich Ménshikov (1787-1869), almirante y general ruso, comandante en jefe en Crimea. ↩
La paz de Adrianópolis (1829), que puso fin a la guerra ruso-turca de 1828-1829. ↩