Escrito por Karl Marx en Londres el 5 de febrero de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 65, del 8 de febrero de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 44-46), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 5 de febrero. La duración de la actual crisis ministerial es más o menos normal, porque en Inglaterra estas crisis han durado por término medio de 9 a 10 días. En su célebre obra sobre las facultades del hombre,1 Quételet asombra al demostrar que la suma anual de accidentes, crímenes, etc., puede determinarse de antemano en los países civilizados con una exactitud casi matemática. La duración normal de las crisis ministeriales inglesas en las distintas épocas del siglo XIX no tiene, en cambio, nada de asombroso, porque aquí, como se sabe, hay siempre que recorrer un círculo dado de combinaciones, negociar un número dado de cargos y una suma dada de intrigas tiene que paralizarse a sí misma. Lo único extraordinario es el carácter de las combinaciones a las que esta vez obliga la disolución de los viejos partidos. El hecho de esa disolución hizo posible e inevitable la formación del caído ministerio de coalición. La casta gobernante, que en Inglaterra no coincide en modo alguno con la clase dominante, se verá empujada de una coalición a otra hasta que se haya aportado la prueba exhaustiva de que ha perdido su vocación de gobernar. Los derbistas, como se sabe, se habían pronunciado con el mayor patetismo contra las coaliciones. El primer paso de lord Derby, en cuanto la reina le encargó formar un nuevo gabinete, fue intentar una coalición, no solo con Palmerston, a quien Disraeli había declarado expresamente durante el debate sobre la moción de Roebuck que el voto de censura propuesto no iba dirigido contra el duque de Newcastle o contra Aberdeen más que contra él mismo, sino también con Gladstone y Sidney Herbert, es decir, con los peelitas, a quienes los tories persiguen con un odio específico como los instrumentos más inmediatos de la disolución de su partido. Russell, a su vez encargado de formar un gabinete, intenta una coalición con esos mismos peelitas cuya presencia en el viejo ministerio había tomado como pretexto de su salida y que lo han desmentido en solemne sesión parlamentaria. Palmerston, por último, si consigue formar su ministerio, no hará más que sacar una segunda edición, poco cambiada, del viejo ministerio de coalición. El clan Grey de los whigs quizá sustituya al clan Russell de los whigs, y así sucesivamente. Los viejos partidos parlamentarios a los que se había confiado el monopolio del gobierno ya solo existen en forma de camarillas; pero las mismas causas que han quitado a estas camarillas la fuerza para formar partidos, para diferenciarse, las privan de la fuerza para unirse. Por eso ninguna época de la historia parlamentaria de Inglaterra muestra una fragmentación en semejante masa de camarillas insignificantes y fortuitas como precisamente la época del ministerio de coalición. Numéricamente importantes son solo dos de estas camarillas, los derbistas y los russellistas. En su séquito se encuentra un grupo muy ramificado de poderosas familias antiguas con una numerosa clientela. Pero precisamente esa fuerza numérica constituye la debilidad tanto de los derbistas como de los russellistas. Demasiado pequeños para formar una mayoría parlamentaria propia, son demasiado grandes y tienen demasiados cazadores de cargos que colocar en su propio seno para poder comprarse el apoyo suficiente de fuera repartiendo puestos importantes. Las camarillas numéricamente débiles de los peelitas, los greyistas, los palmerstonianos, etc., son por eso más aptas para formar ministerios de coalición. Pero lo que las capacita para formar ministerios, la debilidad de cada una de ellas, hace de su mayoría parlamentaria una cuestión de azar que puede romperse cualquier día, sea por una combinación de derbistas y russellistas, sea por una combinación de la escuela de Manchester,2 etc., con los derbistas.

Desde otro punto de vista, las combinaciones ministeriales intentadas ahora son igual de interesantes. En todas figuraban miembros del viejo gabinete. En la última figura a la cabeza el miembro más importante de aquel gabinete. ¿Y no ha impuesto la Cámara de los Comunes, al aprobar la moción de Roebuck, a todos los miembros de la vieja coalición, como declaró el propio Palmerston en su respuesta a Disraeli, no solo un voto de censura, sino también una comisión investigadora? La comisión aún no se ha nombrado, la investigación aún no se ha abierto, ¿y los acusados vuelven a tomar el timón del Estado? Pero si el Parlamento tiene el poder de derribar al ministerio, el ministerio tiene el poder de disolver el Parlamento. Cómo tiene que actuar sobre el Parlamento actual la perspectiva de una disolución puede verse por la declaración que sir John Trollope3 hizo en la Cámara de los Comunes el 1 de marzo de 1853.

«Había ya», observó, «14 comisiones, formadas por la Cámara con sus miembros, para investigar los sobornos cometidos en las últimas elecciones parlamentarias. Si se seguía al mismo ritmo, pronto todo el Parlamento quedaría disuelto en comisiones investigadoras. Más aún. El número de los diputados inculpados era tan preponderante que el resto no acusado no bastaba para juzgarlos, ni siquiera para instruir contra ellos».

Sería duro perder, ya al comienzo de la tercera legislatura, los escaños tan caramente comprados, y por patriotismo.

  1. Adolphe Quételet (1796-1874), estadístico y astrónomo belga, autor de Sur l'homme et le développement de ses facultés, ou Essai de physique sociale (1835). ↩

  2. Los librecambistas de Manchester, encabezados por Richard Cobden y John Bright. ↩

  3. Sir John Trollope (1800-1874), diputado conservador. ↩