Escrito por Karl Marx en Londres el 3 de abril de 1855 y publicado en la Neue Oder-Zeitung (Breslau), núm. 163, del 7 de abril de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 176-177), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 3 de abril. Nos escriben de París:

«En el Corps législatif bonapartista se produjo una escena que no ha llegado a la prensa inglesa. En el debate sobre la ley de sustitución militar,1 Granier de Cassagnac2 se levantó de un salto —después del discurso de Montalembert—3 y, llevado por la rabia, se fue de la lengua. Cuando esta ley entre en vigor, dijo, el ejército llegará a ser lo que debe ser, adicto al orden y al emperador, y nunca más veremos el espectáculo ignominioso de soldados que vuelven las armas del revés» (soldats à baïonnettes renversées).4 «Este final de un discurso en el que se predicaba abiertamente el jenízaro como ideal del ejército provocó fuertes murmullos incluso en esta asamblea, y Granier tuvo que sentarse. Otro diputado se levantó de un salto y fustigó a Granier. El escándalo fue tan grande que hasta Morny5 tuvo que invitar a Cassagnac» (Guizot, como es sabido, lo llamaba, cuando todavía dirigía su periodicucho, el Globe, le roi des drôles, el rey de los pícaros) «a explicarse. Granier pidió perdón en toda regla con la mayor pusilanimidad y él mismo solicitó que este incidente se pasara en silencio en el Moniteur. La sesión fue tan tormentosa como en los mejores días de la Cámara de Diputados de Luis Felipe».

«El público británico», dice el Morning Chronicle de hoy, «ha llegado a la conclusión de que el señor Drouyn de Lhuys6 ha ido a Viena para actuar sobre lord John Russell,7 cuya conducta no ha satisfecho hasta ahora ni a sus propios compatriotas ni a nuestros aliados, como una especie de consejero al oído o de aguijón. El noble lord es famoso por sus ocurrencias y arrebatos de patriotismo y de liberalismo, por su extremado espíritu público mientras está en la oposición o tiene que sacar capital político, y por su desplome en cuanto pasa la necesidad inmediata. Algo de este tipo parece haberle sucedido en la presente ocasión, y el pueblo empieza a murmurar… Desde la estancia del señor Drouyn de Lhuys en Londres se nota un tono más resuelto en las altas esferas. Hasta se ha dicho que su misión ha tenido éxito hasta el punto de que las aspiraciones pacíficas de lord John Russell se han visto oficialmente contrariadas y de que nuestro hombre enérgico» (Palmerston) «ha dado a regañadientes su consentimiento a un ultimátum que Rusia probablemente rechazará con desprecio».

El ejército inglés ha desaparecido, y la milicia inglesa está en vías de desaparecer. La milicia, creada bajo lord Derby8 por la ley del Parlamento de 1852, no debía, según la ley, ser llamada en circunstancias ordinarias más de 28 días al año. En caso de guerra de invasión, sin embargo, o de otro motivo grave e inmediato, podía incorporarse al servicio permanente. Por la ley del Parlamento de 1854, en cambio, todos los alistados después del 12 de mayo de 1854 estaban obligados a servir mientras durase la guerra. Se planteó entonces la cuestión de cómo quedaban las obligaciones de los alistados bajo la ley de 1852. Los juristas de la Corona declararon que consideraban también a esta categoría obligada al servicio permanente durante la guerra. Lord Panmure,9 en contra de esta decisión jurídica, dictó hace unas semanas una disposición según la cual todos los alistados antes de la ley de 1854 pueden licenciarse, y reciben en cambio una prima de 1 libra esterlina si vuelven a enrolarse por cinco años. Como la prima de los reclutas que entran por dos años en el ejército regular es actualmente de 7 libras en la infantería y de 10 en la caballería, la prima de solo 1 libra por cinco años de servicio en la milicia era el medio más infalible de disolverla. Lord Palmerston, que tardó casi un año en llamar a la milicia, parece querer librarse de ella cuanto antes. En consecuencia, nos enteramos de que en los últimos quince días un regimiento de milicia tras otro ha perdido de ⅔ a ⅝ de su tropa. Así, en el primer regimiento de la milicia de Somerset se han licenciado 414 hombres de 500; en la milicia de North Durham, 770 de 800; en la milicia de Leicester, 340 de 460; en la artillería de Suffolk, 90 de 130, etc.

  1. La ley de abril de 1855 sobre la «dotación del ejército», que sustituía el sistema de reemplazos pagados entre particulares por una redención del servicio militar mediante un pago al Estado, con el que este financiaba primas de reenganche para los veteranos. ↩

  2. Adolphe Granier de Cassagnac (1806-1880), periodista y diputado bonapartista; en la monarquía de Julio había defendido a Guizot desde el Globe. ↩

  3. Charles de Montalembert (1810-1870), jefe del partido católico, diputado del Cuerpo Legislativo. ↩

  4. «Soldados con las bayonetas del revés», es decir, que se niegan a disparar contra el pueblo. ↩

  5. Charles de Morny (1811-1865), medio hermano de Napoleón III y presidente del Cuerpo Legislativo desde 1854. ↩

  6. Édouard Drouyn de Lhuys (1805-1881), ministro de Asuntos Exteriores francés, que antes de ir a Viena pasó por Londres; representó a Francia en la conferencia de Viena de 1855. ↩

  7. Lord John Russell (1792-1878), político whig, plenipotenciario británico en la conferencia de Viena de marzo-junio de 1855, que buscaba un arreglo de paz con Rusia. ↩

  8. Edward Smith-Stanley, conde de Derby (1799-1869), jefe de los tories, primer ministro en 1852. ↩

  9. Fox Maule, lord Panmure (1801-1874), ministro de la Guerra en el gabinete de Palmerston desde febrero de 1855. ↩