Escrito en inglés por Karl Marx hacia el 6 de junio de 1856 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 4735, del 21 de junio de 1856. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 20-25), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen dos erratas evidentes de la edición digital de la MEW. El título es el de la MEW; la indicación del artículo es de sus editores. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

El Times de Londres se muestra muy asombrado, en un editorial del 30 del mes pasado, ante el descubrimiento de que el socialismo nunca desapareció en Francia, sino que durante algunos años «más bien había quedado olvidado». Aprovecha la ocasión para felicitar a Inglaterra porque no la aflige esa plaga, sino que está libre del antagonismo de clases en cuyo suelo prospera esa planta venenosa. Afirmación bastante audaz en las columnas del principal periódico de un país cuyo economista más importante, el señor Ricardo, empieza su célebre obra sobre los principios de la economía política con la máxima de que las tres grandes clases de la sociedad —es decir, de la sociedad inglesa—, a saber, terratenientes, capitalistas y asalariados, forman un antagonismo mortal e insalvable; pues la renta sube y baja en razón inversa de la subida y la bajada del beneficio industrial, y el salario sube y baja en razón inversa del beneficio.1 Si, como afirman los juristas ingleses, el equilibrio de las tres fuerzas rivales es el pilar de la Constitución inglesa —esa octava maravilla del mundo—, entonces, según el señor Ricardo, que, como puede suponerse, sabe algo más de esto que el Times, el antagonismo mortal de las tres clases que son los principales agentes de la producción tiene que impregnar el edificio de la sociedad inglesa.

Mientras el Times arruga desdeñosamente la nariz ante el socialismo revolucionario de Francia, no puede dejar de echar una mirada codiciosa al socialismo imperial de Francia, que de buena gana propondría a John Bull como ejemplo digno de imitación, pues el principal representante de ese socialismo, el Crédit Mobilier,2 acaba de enviarle, en forma de anuncio de tres columnas apretadas, el «Informe del consejo de administración a la junta general ordinaria de accionistas del 23 de abril de 1856, bajo la presidencia del señor Péreire». Este es el informe que ha despertado la envidiosa admiración de los accionistas del Times y ha deslumbrado el entendimiento de su redactor:

Pasivo a 31 de diciembre de 1855

Pasivofrancos
Capital social60.000.000,00
El saldo de las cuentas corrientes subió desde el 31 de diciembre de 1854 de 64.924.379 francos a103.179.308,64
Importe de las letras vencidas de los acreedores y de diversas cuentas864.414,81
Reserva1.696.083,59
Importe total de los beneficios realizados en 1855, deducida la suma destinada a la reserva26.827.901,32
Total del pasivo192.567.708,36

Activo

Activofrancosfrancos
En cartera: 1. Rentas40.069.264,40
2. Obligaciones32.844.600,20
3. Acciones de ferrocarriles y otras59.431.593,66
Total132.345.458,26
A deducir los desembolsos no exigidos hasta el 31 de diciembre del año pasado31.166.718,62
Saldo del activo101.178.739,64
Inversiones a plazo en bonos del Tesoro, prórrogas, préstamos sobre acciones, obligaciones, etc.84.325.390,09
Valor de los bienes inmuebles y del mobiliario1.082.219,37
Caja y bancos disponibles e importe de los dividendos cobrados hasta el 31 de diciembre del año pasado5.981.359,26
Total del activo192.567.708,36
Importe total de las rentas, acciones y obligaciones en cartera a 31 de diciembre de 185457.460.092,94
Aumentado por suscripciones y compras en 1855 en265.820.907,03
Total323.280.999,97
Importe de las realizaciones*217.002.431,34
Más el importe de los títulos en cartera, de132.345.458,26349.347.889,60
Lo que da un beneficio de26.066.889,63

* Sumas invertidas en tierras, etc.

Un beneficio de 26 millones sobre un capital de 60 millones, es decir, un beneficio del 43⅓ por ciento: son, en efecto, cifras fascinantes. ¡Y qué no habrá logrado este maravilloso Crédit Mobilier con su espléndido capital de unos doce millones de dólares! Con sesenta millones de francos en las manos suscribió primero 250 millones y luego otros 375 millones de los empréstitos franceses; adquirió una participación en los principales ferrocarriles de Francia; se encargó de emitir el empréstito contratado por la Compañía de los Ferrocarriles del Estado austriaco; se hizo socio del Ferrocarril del Oeste y del Ferrocarril Central suizos; participa en una importante empresa que tiene por objeto la canalización del Ebro desde Zaragoza hasta el Mediterráneo; metió la mano en la fusión de las empresas de ómnibus de París y en la fundación de la Compañía General Marítima; con su intervención logró la fusión de todas las antiguas compañías de gas de París en una sola empresa; regaló, según dice, 500.000 francos al pueblo vendiéndole grano por debajo del precio de mercado; con sus préstamos decidió sobre la guerra y la paz, creó nuevas líneas de ferrocarril y sostuvo las antiguas, iluminó ciudades, dio impulso al desarrollo de la industria y a las especulaciones comerciales y, por último, extendió su influencia más allá de las fronteras de Francia y esparció la fecunda semilla de instituciones semejantes por todo el continente europeo.

El Crédit Mobilier resulta ser así uno de los fenómenos económicos más curiosos de nuestro tiempo, y exige un examen a fondo. Sin ese examen no se pueden calcular las perspectivas del Imperio francés ni comprender los síntomas de la conmoción social general que se manifiestan en toda Europa. Examinaremos primero lo que el consejo de administración llama sus principios teóricos, y luego su aplicación práctica. Según nos dice el informe, esos principios solo se han realizado hasta ahora en parte y en el futuro conocerán un desarrollo mucho mayor.

Los principios de esta compañía están expuestos en sus estatutos y en los informes de gestión a los accionistas, pero sobre todo en el primero de esos informes. Según el preámbulo de los estatutos,

«los fundadores del Crédit Mobilier, habiendo considerado los importantes servicios que podría prestar la creación de una sociedad que se propusiera fomentar el desarrollo de la industria y de las obras públicas3 y llevar a cabo la conversión de los diversos títulos de toda clase de empresas mediante su consolidación en un fondo común, han resuelto poner en práctica un proyecto tan útil. Por ello se han asociado para sentar las bases de una sociedad anónima con el nombre de Sociedad General del Crédit Mobilier».

Nuestros lectores recordarán que los franceses entienden por «sociedad anónima» una sociedad por acciones con responsabilidad limitada de los accionistas, y que la constitución de una sociedad semejante depende de un privilegio que el gobierno otorga a su entera discreción.

El Crédit Mobilier se propone, pues, en primer lugar, «fomentar el desarrollo de la industria y de las obras públicas», lo que significa que la industria y las obras públicas han de quedar por completo a merced del favor del Crédit Mobilier y, por consiguiente, también del favor personal de Bonaparte, cuya palabra decide sobre la existencia de esta compañía. El consejo no deja de indicar con qué medios piensa extender su patronazgo y el de su imperial creador sobre toda la industria de Francia. Las diversas empresas industriales explotadas por sociedades por acciones están representadas por títulos de diversa clase: acciones, empréstitos, bonos, obligaciones, etc. Estos títulos de diversa clase se negocian naturalmente en el mercado de dinero a precios distintos, según el capital invertido, el beneficio que rinden, la diferente relación entre su oferta y su demanda y otras condiciones económicas.

¿Qué se propone ahora el Crédit Mobilier? Sustituir todos esos títulos diversos, emitidos por diversas sociedades por acciones, por una acción común emitida por el propio Crédit Mobilier. ¿Y cómo puede lograrlo? Comprando con sus propias acciones o con otros títulos las acciones de las distintas empresas industriales. Porque quien compra todos los bonos, acciones, obligaciones, etc. —en una palabra, todos los títulos de una empresa— compra la empresa misma. Pero con ello el Crédit Mobilier confiesa la intención de hacerse propietario, y de hacer a Napoleón el Pequeño director supremo, de toda la variadísima industria de Francia. Eso es precisamente lo que llamamos socialismo imperial.

Para realizar este programa hacen falta, naturalmente, operaciones financieras; el señor Isaac Péreire, al exponer el campo de negocios del Crédit Mobilier, se siente naturalmente en terreno resbaladizo y se ve por ello obligado a imponer a la sociedad ciertas limitaciones, que considera puramente accidentales y que piensa suprimir en el curso del desarrollo de la sociedad. El capital de la sociedad se fija en 60.000.000 de francos, divididos en 120.000 acciones de 500 francos cada una. Los negocios de la sociedad, tal como los fijan los estatutos, pueden dividirse en tres categorías: primero, operaciones de apoyo a la industria; segundo, la emisión de títulos de la sociedad para sustituir o consolidar las acciones de toda clase de empresas industriales; tercero, las operaciones bancarias habituales, negocios con efectos públicos, letras comerciales, etc.

Las operaciones de la primera categoría, con las que la sociedad quiere obtener el patronazgo sobre la industria, se enumeran en el artículo V de los estatutos, que dice:

«Suscribir o adquirir efectos públicos, acciones u obligaciones de empresas industriales o de crédito de toda clase constituidas como sociedades anónimas, especialmente de ferrocarriles, canales, minas y otras obras públicas ya fundadas o por fundar. Emitir toda clase de empréstitos, cederlos y realizarlos, así como toda clase de proyectos de obras públicas.»

Vemos cómo este artículo va ya más allá de las pretensiones del preámbulo, pues aspira a que el Crédit Mobilier sea no solo el propietario de esas grandes empresas industriales, sino también el esclavo del Tesoro y el déspota del crédito comercial.

Las operaciones de la segunda categoría, que se refieren a la sustitución de los títulos de toda clase de empresas industriales por los títulos del Crédit Mobilier, comprenden lo siguiente:

«Emisión de obligaciones propias de la sociedad por un importe igual a las sumas necesarias para suscribir empréstitos y comprar títulos industriales.»

Los artículos VII y VIII fijan el límite y el carácter de las obligaciones que la compañía está autorizada a emitir. Estas obligaciones o bonos

«podrán alcanzar una suma de hasta diez veces el importe del capital. Deberán estar siempre plenamente cubiertas por efectos públicos, acciones y obligaciones que se hallen en la cartera de la sociedad. No podrán ser pagaderas con un preaviso inferior a 45 días. El importe total de las sumas recibidas en cuenta corriente y de las obligaciones a plazo inferior a un año no excederá del doble del capital aportado».

La tercera categoría, por último, comprende las operaciones relacionadas con el intercambio de valores comerciales. «La sociedad acepta dinero a la vista.» Está autorizada a «vender o dar en garantía de préstamos toda clase de efectos, acciones y obligaciones que se hallen en su poder, y a cambiarlos por otros valores». Concede préstamos sobre «efectos públicos, sobre acciones y obligaciones depositadas, y abre cuentas corrientes sobre esos diversos valores». Presta a las sociedades anónimas todos los servicios habituales que prestan los bancos privados, como el cobro de todos los pagos por cuenta de las sociedades, el pago de sus dividendos, intereses, etc. Acepta en depósito los títulos de estas empresas; pero, en cuanto a las operaciones relativas al comercio de valores comerciales, letras, resguardos de prenda, etc., «se establece expresamente que la sociedad no podrá hacer ventas al descubierto ni compras a prima».

  1. David Ricardo (1772-1823), On the Principles of Political Economy and Taxation (Londres, 1817). La fórmula de las tres clases y de la oposición entre renta, beneficio y salario es un resumen de su doctrina, no una cita literal. ↩

  2. La Société générale du Crédit Mobilier, banco por acciones fundado en París en noviembre de 1852 por los hermanos Émile (1800-1875) e Isaac Péreire (1806-1880), antiguos sansimonianos, con el apoyo del gobierno de Luis Bonaparte. Se dedicaba sobre todo a financiar ferrocarriles y grandes empresas por acciones; se hundió en 1867. ↩

  3. La MEW dice «die Entwicklung der Industrie der öffentlichen Arbeiten» («el desarrollo de la industria de las obras públicas»); traducimos de acuerdo con el comentario de Marx que sigue, que habla de «la industria y las obras públicas». ↩