Escrito en inglés por Karl Marx hacia el 7 de noviembre de 1856 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 4866, del 22 de noviembre de 1856. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 74-79), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen varias erratas evidentes de la edición digital de la MEW. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
En el mundo financiero de Europa no hay el menor indicio de calma. Por el correo llegado con el Niagara sabemos que la salida de metales preciosos de Londres hacia el continente es más fuerte que nunca, y que una propuesta de subir aún más el tipo de descuento fue rechazada en una reunión de directores del Banco de Inglaterra por una mayoría de un solo voto. Huelga decir que la causa de la crisis sigue estando en Francia, y el último número del Economist que nos ha llegado pinta la situación con colores sombríos de principio a fin.
«La falta de toda mejora —escribe la revista— es en principio un empeoramiento, y además, por desgracia, no se vislumbra ninguna mejora duradera. La diferencia entre el mes actual y el mismo mes del año pasado es muy lamentable en casi todos los aspectos, y eso que en octubre pasado el país estaba metido en una guerra terrible cuyo final parecía muy lejano.»
Movidos por esta queja, nos hemos tomado la molestia de comparar el estado de la Bolsa de París en octubre con el del mes anterior, y el resultado de nuestra investigación puede verse en el cuadro siguiente:
| 30 de septiembre | 31 de octubre | subida | bajada | |
|---|---|---|---|---|
| Renta del tres por ciento | 67 fr. 50 c. | 66 fr. 70 c. | — | 80 c. |
| Renta del cuatro y medio por ciento | 90 fr. | 91 fr. | 1 fr. | |
| Banco de Francia | 4.010 fr. | 3.850 fr. | 160 fr. | |
| Crédit Foncier | 600 fr. | 585 fr. | 15 fr. | |
| Crédit Mobilier | 1.552 fr. | 1.372 fr. | 180 fr. | |
| Ferrocarril de Orleans | 1.267 fr. | 1.241 fr. | 26 fr. | |
| Ferrocarril del Norte | 950 fr. | 941 fr. | 9 fr. | |
| Ferrocarril del Este | 877 fr. | 865 fr. | 12 fr. | |
| Ferrocarril París-Lyon | 1.265 fr. | 1.267 fr. | 2 fr. | |
| Ferrocarril del Mediterráneo | 1.750 fr. | 1.662 fr. | 98 fr. | |
| Ferrocarril del Grand Central | 610 fr. | 603 fr. | 7 fr. |
En el periodo de septiembre al 31 de octubre las acciones de diversas sociedades bajaron como sigue:
| Gas Paris Compagnie | 30 fr. |
| Union des Gaz | 35 fr. |
| Lits Militaires | 27½ fr. |
| Docks Louis-Napoléon | 8½ fr. |
| Compagnie générale maritime | 40 fr. |
| Palais de l'Industrie | 5 fr. |
| Compagnie générale des Omnibus | 35 fr. |
| Messageries Impériales, servicio marítimo | 50 fr. |
No cabe imaginar nada más ingenioso que el modo en que los periódicos bonapartistas de París se esfuerzan por explicar esta baja constante de las cotizaciones en la Bolsa. Tomemos como ejemplo el periódico del señor Girardin,1 La Presse.
«La especulación —escribe este periódico— sigue sin querer apartarse de su idea de que las cotizaciones bajan. Las continuas oscilaciones del Crédit Mobilier hacen parecer sus acciones tan peligrosas que muchos especuladores no se atreven a tocarlas y se limitan a operar con las primes,2 para limitar de antemano las posibilidades de pérdida.»
Las severas medidas que ha tomado el Banco de Francia para impedir, o al menos aplazar, la suspensión de los pagos en metálico han empezado a repercutir seriamente en las clases de la industria y el comercio. Hay ahora de hecho una verdadera guerra entre las empresas comerciales e industriales bona fide, las sociedades por acciones ya en funcionamiento sobre bases especulativas y los proyectos de fundación urdidos recientemente; todas luchan por apoderarse del capital dinero prestable del país. El resultado inevitable de semejante lucha tenía que ser una subida de los intereses, una baja de los beneficios en todas las ramas de la industria y una depreciación de toda clase de títulos, aunque no hubiera Banco de Francia ni salida de metales preciosos. Que esta presión sobre el capital disponible de Francia tiene que agravarse, al margen de toda influencia exterior, lo prueba sobradamente una ojeada al desarrollo de la red ferroviaria francesa. Los datos que sometemos ahora a nuestros lectores proceden del Journal des Chemins de Fer, que, como el resto de la prensa de ese país, solo puede publicar lo que el gobierno bonapartista permite. En conjunto se han otorgado concesiones para 5.584 millas de ferrocarril, de las que solo 2.884 están terminadas y en explotación. Quedan, por consiguiente, 2.700 millas que se construirán ahora o en breve. Y eso no es todo. El gobierno construye líneas de ferrocarril en los Pirineos y ha ordenado la construcción de nuevas líneas entre Toulouse y Bayona, Agen y Tarbes, y entre Mont-de-Marsan y Trabestans, líneas que se extienden por más de 900 millas. En efecto, Francia construye ahora incluso más líneas de ferrocarril de las que ya posee. Se calcula en 300.000.000 de dólares la suma gastada en la antigua red ferroviaria; pero entonces su construcción se repartió en un periodo más largo —un periodo que vio el principio y el fin de tres gobiernos—, mientras que las líneas ahora autorizadas han de estar todas terminadas a lo sumo en seis años y entrar en servicio en la fase más crítica del ciclo comercial. Las compañías en apuros de dinero acosan sin cesar al gobierno pidiéndole permiso para procurarse dinero con nuevas emisiones de acciones y obligaciones. El gobierno, que comprende que eso significaría autorizar una nueva depreciación de los títulos que están en el mercado y, con ello, más trastornos en la Bolsa, no se atreve a ceder. Por otro lado, el dinero hay que conseguirlo; la suspensión de las obras significaría no solo la bancarrota, sino la revolución.
Mientras la demanda de capital para fundar y sostener nuevas empresas en el interior crece así sin cesar, la absorción del capital francés por proyectos extranjeros no disminuye en absoluto. No es ninguna novedad que los capitalistas franceses tienen grandes compromisos que cumplir en España, Italia, Austria y Alemania, y que el Crédit Mobilier está ahora mismo muy afanado en enredarlos en nuevos compromisos. España contribuye en este momento especialmente a las dificultades de Francia, pues allí la escasez de plata ha llegado a tal grado que los fabricantes de Barcelona encuentran la mayor dificultad para pagar los salarios a sus obreros.
En cuanto al Crédit Mobilier, ya hemos señalado que la tendencia de esta institución no corresponde en absoluto a su nombre. Su tendencia es fijar el capital, no movilizarlo. Lo único que moviliza son los títulos de propiedad. Las acciones de las sociedades que funda son, en efecto, extraordinariamente móviles, pero el capital que representan está inmovilizado. Todo el secreto del Crédit Mobilier consiste en atraer capital a empresas industriales donde queda inmovilizado, para especular con la venta de las acciones creadas como representación de ese capital. Mientras los gestores del Crédit Mobilier logren obtener agio en la primera emisión de nuevas acciones, pueden permitirse, naturalmente, contemplar con estoica indiferencia la tensión general del mercado de dinero, la suerte final de los accionistas y las dificultades de las sociedades en funcionamiento. Esto explica el curioso fenómeno de que, mientras las acciones del Crédit Mobilier bajan constantemente en la Bolsa, su actividad se extiende constantemente por toda Europa.
Además de la situación general de tensión en el mercado de dinero, hay otras causas que actúan sobre la industria francesa. Un gran número de hilaturas de Lyon están paradas por la escasez y el alto precio de la seda cruda. Causas semejantes paralizan los negocios en Mulhouse y en Ruan. Allí el alto precio del algodón ha hecho subir forzosamente el precio de los hilados, mientras que los tejidos se venden con dificultad y los fabricantes no pueden mantener sus antiguos precios. Las consecuencias son más miseria y más descontento entre los obreros, sobre todo en Lyon y en el sur de Francia, donde reina una exasperación tal que solo puede compararse con la que acompañó a la crisis de 1847.
De la Bolsa, los ferrocarriles, el comercio y la industria pasamos ahora a la agricultura francesa. Los informes aduaneros de Francia publicados recientemente revelan el hecho de que la última mala cosecha fue mucho más grave de lo que había admitido el Moniteur. Frente a 270.146 quintales de grano en septiembre de 1855, en septiembre de 1856 se importaron 963.616 quintales, lo que supone una diferencia de 693.470 quintales respecto de la cantidad importada en septiembre de 1855, año de mala cosecha, como es sabido. Sería, sin embargo, un error ver las causas que evidentemente actúan en la transformación de Francia de país exportador de grano en país importador solo en las inundaciones, el mal tiempo y otros fenómenos naturales. La agricultura, que en Francia nunca estuvo muy desarrollada, ha retrocedido indiscutiblemente bajo el régimen actual. Por un lado vemos subir constantemente los impuestos; por otro, disminuir la mano de obra —grandes masas de obreros son retiradas del campo, temporalmente por la guerra y de modo permanente por las obras de ferrocarriles y otras obras públicas—, a lo que se añade la creciente emigración del capital de las empresas agrícolas a los negocios especulativos. Lo que se llamó la democratización del crédito por Napoleón no fue en realidad más que la generalización de la especulación bursátil. Lo que el Crédit Mobilier fue para las clases altas, eso fueron para el campesinado los empréstitos imperiales por suscripción.3 Llevaron la Bolsa a sus chozas, vaciaron sus ahorros privados y se llevaron los pequeños capitales que antes se invertían en la mejora de la agricultura.
El mal estado de la agricultura de Francia es, pues, tanto un efecto del sistema político actual como de las catástrofes naturales. Si el pequeño campesinado sufre menos por los precios bajos que los grandes arrendatarios de Inglaterra, sufre en cambio por la carestía de los víveres, que para aquellos significa a menudo una fuente de beneficio. De ahí su descontento, que se manifiesta en incendios intencionados, lamentablemente frecuentes, aunque los periódicos franceses, por orden imperial, no informan de ellos. Si después de la revolución de Febrero los campesinos se irritaron ante la idea de que se les imponía el nuevo impuesto de los 45 céntimos4 para mantener los talleres nacionales de París, mucho más lo está el campesinado actual ante la certeza de que sus agotados recursos se gravan con impuestos para que los parisinos puedan recibir pan por debajo del precio de coste. Si se considera además que Napoleón fue precisamente el elegido de los campesinos, el actual estado de ánimo revolucionario de esta clase arroja una luz nueva sobre las perspectivas de la dinastía bonapartista. A qué miserables subterfugios se ve ya empujada para apaciguar y conjurar las amenazadoras exigencias de la miseria agrícola puede verse por el lenguaje de los prefectos en sus circulares sobre el «estímulo» a la beneficencia. El prefecto del Sarthe, por ejemplo, escribe a sus subprefectos lo siguiente:
«Tendrá usted a bien emprender con todo celo y confianza la tarea, que es una de las más nobles de la administración, de encontrar medios para socorrer y dar trabajo a los ciudadanos que necesiten lo uno o lo otro, con lo que contribuirá usted al mantenimiento de la tranquilidad pública. No tema encontrar agotadas las fuentes de la caridad ni exhaustas las bolsas privadas por los sacrificios, por grandes que hayan sido en los años anteriores. Propietarios y arrendatarios han obtenido últimamente ganancias considerables y, como están particularmente interesados en la seguridad del país, comprenderán que dar es para ellos a la vez una ventaja y un deber.»
Si a todas las causas de descontento mencionadas añadimos la escasez de viviendas y de víveres en París, la presión sobre el comercio al por menor de la capital y las huelgas en las distintas ramas de la industria parisina, se comprenderá por qué la libertad de prensa suprimida brota de repente en pasquines sediciosos en las paredes de los edificios. En una carta privada que hemos recibido de un corresponsal digno de confianza en París se nos comunica que del 1 al 12 de octubre se practicaron no menos de novecientas detenciones. Algunos de los motivos de estas detenciones son notables, porque son un signo llamativo de la inquietud y la preocupación del gobierno. En un caso se detuvo a un hombre que, según se dice, «hace negocios en la Bolsa» por haber dicho que «no veía en la guerra de Crimea más que mucha gente muerta y mucho dinero tirado»; a otro, un comerciante, por haber afirmado que «los negocios están tan enfermos como el gobierno»; a un tercero, porque se le encontró una canción sobre David d'Angers5 y los estudiantes; a un cuarto, un funcionario del gobierno, por haber publicado un folleto sobre la crisis financiera; a un sastre, por haber preguntado si era cierto, como había oído, que algunos amigos suyos habían sido detenidos, y por último a un obrero, porque había conversado con un paisano suyo, gendarme, sobre el alto precio de los víveres, y el gendarme había interpretado las observaciones del obrero como contrarias al gobierno.
Ante todos estos hechos, parece apenas posible que el comercio y la industria franceses eviten un hundimiento que acarrearía acontecimientos políticos más o menos graves y afectaría de la manera más catastrófica a la estabilidad del crédito y de los negocios, no solo en Europa, sino también en América. El movimiento que se precipita hacia ese abismo no puede sino acelerarse con la gigantesca especulación con líneas de ferrocarril rusas en la que se han metido ahora el Crédit Mobilier y muchas de las principales casas de banca de Europa.6
Émile de Girardin (1806-1881), periodista y político, fundador del diario La Presse. ↩
Operaciones a prima: compras a plazo en las que el comprador puede desistir pagando una prima fijada de antemano, lo que limita su pérdida. ↩
Los empréstitos de guerra de 1854 y 1855 se colocaron por suscripción pública, en pequeñas fracciones, entre el público en general. ↩
El impuesto adicional de 45 céntimos por franco sobre las contribuciones directas, decretado por el Gobierno Provisional en marzo de 1848, que recayó sobre todo en los campesinos. ↩
Pierre-Jean David d'Angers (1788-1856), escultor republicano, muerto en enero de 1856. ↩
La Grande Société des Chemins de Fer Russes, fundada en enero de 1857 con capital francés, inglés, holandés y alemán, con participación de los Péreire. ↩