Escrito en inglés por Karl Marx el 18 de diciembre de 1857 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 5213, del 5 de enero de 1858. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 344-346), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título lo pusieron los editores de la MEW. La fecha del título lo distingue de otro artículo del mismo nombre de 1856. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

El correo del Niagara nos llegó ayer, y un examen cuidadoso de nuestros montones de periódicos británicos no hace más que confirmar las opiniones que expresamos hace poco sobre el curso probable de la crisis en Inglaterra. El mercado monetario de Londres mejora decididamente, es decir, el oro se acumula en las cámaras del Banco de Inglaterra, la demanda de descuento de letras disminuye en el Banco, las letras de primera clase pueden descontarse en Lombard Street al 9 1/2 o 9 3/4 por ciento, los fondos públicos se mantienen firmes y el mercado de acciones participa en cierta medida de este movimiento. Este agradable aspecto de las cosas, sin embargo, se ve muy empañado por las grandes quiebras que se producen en Londres cada dos o tres días, por los despachos diarios, noticias funestas sobre catástrofes en las provincias, y por los truenos del Times de Londres, que fulmina más que nunca contra la corrupción general y sin remedio de los círculos comerciales británicos. En realidad, la relativa facilidad con que se descuentan las letras intachables parece verse más que contrarrestada por la creciente dificultad de encontrar letras que puedan tenerse por intachables. En consecuencia, sabemos por los últimos artículos financieros de Londres que la actividad en Threadneedle Street1 es sumamente limitada y que en Lombard Street se hacen pocos negocios. Pero como la oferta del Banco de Inglaterra y de las casas de descuento aumenta mientras disminuye la presión sobre ellos, la demanda de sus clientes, hay que decir que el mercado monetario está relativamente tranquilo. No obstante, los directores del Banco de Inglaterra todavía no se han atrevido a bajar el tipo de descuento, convencidos al parecer de que el recrudecimiento de la crisis monetaria no es cuestión de tiempo, sino de porcentaje, y de que, por consiguiente, en cuanto baje el tipo de descuento la crisis monetaria se agravará de nuevo con toda seguridad.

Así pues, mientras el mercado monetario de Londres se ha calmado de un modo u otro, la tensión en el mercado inglés de mercancías se agrava sensiblemente, pues una baja constante de los precios no es capaz de vencer la creciente retracción de los compradores. Incluso artículos como, por ejemplo, el sebo, que antes eran una excepción a la regla general, han tenido que abaratarse ahora a consecuencia de las ventas forzosas. Si se compara la lista de precios de la semana que terminó el 18 de diciembre con las listas semanales de noviembre, se ve que se ha vuelto a alcanzar el punto más bajo de los precios que fue determinante en este último mes, pero esta vez no en forma de pánico, sino en la forma metódica de una escala móvil. En cuanto a los mercados de productos manufacturados, un anticipo de la crisis industrial que habíamos predicho lo dieron las quiebras de media docena de hilaturas y tejedurías de Lancashire, de tres fábricas importantes de la industria lanera del West Riding y de una casa importante del ramo de las alfombras de Worcester.

Como los fenómenos de esta doble crisis en el mercado de mercancías y en los círculos fabriles se van haciendo poco a poco más perceptibles, nos contentamos por el momento con citar el siguiente extracto de una carta particular de Manchester remitida a nuestro periódico:

«Apenas puede usted hacerse una idea de la presión constante sobre el mercado y de sus efectos terribles. Nadie puede vender. Cada día se oye hablar de cotizaciones más bajas. Se ha llegado al punto de que la gente respetable prefiere no ofrecer siquiera sus mercancías. Hilanderos y tejedores están abrumados por la más completa desesperación. Ningún comerciante de hilo vende hilo a los tejedores si no es al contado o con doble garantía. Este estado de cosas no puede durar sin acabar en un hundimiento terrible».

La crisis de Hamburgo apenas ha amainado. Ofrece el mejor y más clásico ejemplo de crisis monetaria que se haya dado nunca. Todo, salvo la plata y el oro, ha perdido su valor. Casas antiguas han quebrado porque no podían pagar al contado ni una sola letra vencida, aunque en sus escritorios había letras por cien veces ese valor, que, sin embargo, en ese momento no valían nada, no porque no se fueran a atender, sino porque no podían descontarse. Así, sabemos que, antes de la quiebra de la antigua y rica casa Ch. M. Schröder, el hermano de Londres, L. H. Schröder, le había ofrecido dos millones en plata, pero aquel le respondió por telégrafo: «Tres millones o nada». Los tres millones no llegaron, y Ch. M. Schröder quebró. Otro ejemplo es el de Ulberg & Co., una casa de la que se habla mucho en la prensa europea; tenía obligaciones por 12.000.000 de marcos banco, incluidas letras por 7.000.000 de marcos, y poseía, según se ha descubierto, un capital de solo 300.000 marcos banco como base de tan enormes transacciones.

En Suecia, y sobre todo en Dinamarca, la crisis ha ganado bastante en violencia. El rebrote del mal, cuando ya parecía haber pasado, se explica por los plazos en que vencen los grandes créditos contra Hamburgo, Estocolmo y Copenhague. En diciembre, por ejemplo, se protestaron letras vencidas por nueve millones giradas contra Hamburgo por casas de café de Río de Janeiro, y esa cantidad de protestos creó un nuevo pánico. En enero es probable que las letras de los cargamentos de azúcar de Bahía y Pernambuco sufran una suerte parecida y provoquen un rebrote semejante de la crisis.

  1. Calle de la City donde está el Banco de Inglaterra; Lombard Street, la de los banqueros y casas de descuento. ↩