Escrito en inglés por Karl Marx el 6 de octubre de 1857 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 5151, del 23 de octubre de 1857. Traducido del original inglés según la transcripción del Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 302-307), por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la transcripción inglesa; la fecha añadida, la de su publicación, lo distingue de otros artículos del mismo título. Se corrigen algunas erratas evidentes de la transcripción, cotejadas con la versión alemana. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

Ayer recibimos colecciones de periódicos de Londres hasta el 7 del corriente. Al tratar del estado de la rebelión india, están llenos del mismo optimismo que han cultivado desde el principio. No solo se nos dice que iba a producirse un ataque victorioso contra Delhi, sino que iba a producirse el 20 de agosto. Lo primero que hay que averiguar es, naturalmente, la fuerza actual del ejército sitiador. Un oficial de artillería, que escribe desde el campamento ante Delhi el 13 de agosto, da el siguiente estado detallado de las fuerzas británicas efectivas el 10 de ese mes:

Oficiales británicosTropa británicaOficiales indígenasTropa indígenaCaballos
Estado mayor30............
Artillería39598.........
Ingenieros2639.........
Caballería18570......520
1.ª BRIGADA
75.º regimiento de Su Majestad16502.........
1.º de fusileros de la Honorable Compañía17487.........
Batallón de Kumaon4...13435...
2.ª BRIGADA
60.º de fusileros (Rifles) de Su Majestad15251.........
2.º de fusileros de la Honorable Compañía20493.........
Batallón de Sirmur4...9319...
3.ª BRIGADA
8.º regimiento de Su Majestad15153.........
61.º regimiento de Su Majestad12249.........
4.º de sijs4...4365...
Cuerpo de Guías4...4196...
Cuerpo de Coke5...16709...
Total ...2293.342462.024520

Así pues, la fuerza británica efectiva en el campamento ante Delhi sumaba el 10 de agosto exactamente 5.641 hombres. De ellos hay que descontar 120 hombres (112 soldados y 8 oficiales) que, según los informes ingleses, cayeron el 12 de agosto en el ataque contra una nueva batería que los rebeldes habían abierto fuera de las murallas, frente a la izquierda inglesa. Quedaban, pues, 5.521 combatientes cuando el general de brigada Nicholson se unió al ejército sitiador con las siguientes fuerzas procedentes de Ferozepur, que escoltaban un tren de sitio de segunda clase: el 52.º de infantería ligera (digamos 900 hombres), un ala del 61.º (digamos 4 compañías, 360 hombres), la batería de campaña de Bourchier, un ala del 6.º regimiento del Punyab (digamos 540 hombres) y algo de caballería e infantería de Multán; en total, una fuerza de unos 2.000 hombres, de los que algo más de 1.200 eran europeos. Ahora bien, si sumamos esta fuerza a los 5.521 combatientes que había en el campamento al unirse las fuerzas de Nicholson, obtenemos un total de 7.521 hombres. Se dice que sir John Lawrence, el gobernador del Punyab, ha enviado más refuerzos: el ala restante del 8.º de infantería, tres compañías del 24.º con tres cañones de artillería a caballo de la batería del capitán Paton, de Peshawar, el 2.º de infantería del Punyab, el 4.º de infantería del Punyab y la otra ala del 6.º del Punyab. Pero esta fuerza, que podemos calcular en 3.000 hombres a lo sumo y cuyo grueso se compone enteramente de sijs, no había llegado todavía. Si el lector recuerda la llegada de los refuerzos del Punyab al mando de Chamberlain hace cosa de un mes, comprenderá que, así como aquellos solo bastaron para devolver al ejército del general Reed el número original de las fuerzas de sir H. Barnard, los nuevos refuerzos solo bastan para devolver al ejército del general de brigada Wilson la fuerza original del general Reed; el único hecho real a favor de los ingleses es la llegada, por fin, de un tren de sitio. Pero aun suponiendo que se hayan unido al campamento los 3.000 hombres esperados y que la fuerza inglesa total haya alcanzado la cifra de 10.000, un tercio de los cuales es de una lealtad más que dudosa, ¿qué van a hacer? Cercarán Delhi, se nos dice. Pero, dejando aparte la idea ridícula de cercar con 10.000 hombres una ciudad fuertemente fortificada de más de siete millas de perímetro, los ingleses tendrían que desviar primero el Jumna de su curso normal antes de poder pensar en cercar Delhi. Si los ingleses entraran en Delhi por la mañana, los rebeldes podrían salir de ella por la tarde, ya cruzando el Jumna y dirigiéndose hacia Rohilkhand y Oudh, ya bajando por el Jumna en dirección a Mathura y Agra. En todo caso, el cerco de un cuadrado uno de cuyos lados es inaccesible para las fuerzas sitiadoras, mientras ofrece a los sitiados una línea de comunicación y de retirada, es un problema todavía sin resolver.

«Todos coinciden —dice el oficial a quien hemos tomado el cuadro anterior— en que tomar Delhi al asalto está fuera de cuestión.»

Al mismo tiempo nos informa de lo que de verdad se espera en el campamento, a saber:

«bombardear la ciudad durante varios días y abrir una brecha decente».

Ahora bien, este mismo oficial añade que,

«calculando con moderación, el enemigo tiene que reunir ahora cerca de cuarenta mil hombres, además de cañones sin límite y bien servidos; también su infantería combate bien».

Si se considera la obstinación desesperada con que los musulmanes suelen combatir tras las murallas, es en verdad muy dudoso que al pequeño ejército británico, una vez que se haya precipitado dentro por «una brecha decente», se le permita volver a salir precipitadamente.

En realidad, solo queda una posibilidad de que las fuerzas británicas actuales ataquen Delhi con éxito: que estallen disensiones internas entre los rebeldes, que se les agote la munición, que sus fuerzas se desmoralicen y que flaquee su confianza en sí mismos. Pero hay que confesar que sus combates ininterrumpidos del 31 de julio al 12 de agosto apenas parecen justificar semejante suposición. Al mismo tiempo, una carta de Calcuta nos da a entender claramente por qué los generales ingleses habían resuelto, contra todas las reglas militares, mantenerse ante Delhi.

«Cuando hace unas semanas —dice— se planteó la cuestión de si nuestras fuerzas debían retirarse de delante de Delhi, porque estaban demasiado hostigadas por los combates diarios para soportar mucho más tiempo fatigas abrumadoras, sir John Lawrence se opuso enérgicamente a esa intención y comunicó sin rodeos a los generales que su retirada sería la señal del levantamiento de las poblaciones que los rodeaban, con lo que se verían en peligro inminente. Este consejo prevaleció, y sir John Lawrence prometió enviarles todos los refuerzos que pudiera reunir.»

Desguarnecido como lo ha dejado sir John Lawrence, el propio Punyab puede alzarse ahora en rebelión, mientras que las tropas de los acantonamientos ante Delhi probablemente caerán postradas y diezmadas por las emanaciones pestilentes que se levantan del suelo al final de la estación de las lluvias. De las fuerzas del general Van Cortlandt, que hace cuatro semanas, según se informaba, habían llegado a Hissar y avanzaban hacia Delhi, no se oye hablar más. Tienen que haber encontrado, pues, serios obstáculos o haberse disuelto por el camino.

La situación de los ingleses en el alto Ganges es, en efecto, desesperada. Al general Havelock le amenazan las operaciones de los rebeldes de Oudh, que avanzan desde Lucknow por Bithur e intentan cortarle la retirada en Fatehpur, al sur de Cawnpore, mientras que al mismo tiempo el contingente de Gwalior marcha sobre Cawnpore desde Kalpi, una ciudad situada en la orilla derecha del Jumna. Este movimiento concéntrico, quizá dirigido por Nana Sahib, de quien se dice que ejerce el mando supremo en Lucknow, revela por primera vez alguna noción de estrategia por parte de los rebeldes, mientras que los ingleses parecen deseosos tan solo de exagerar su propio método insensato de guerra centrífuga. Así, se nos dice que el 90.º de infantería y el 5.º de fusileros, enviados desde Calcuta para reforzar al general Havelock, han sido detenidos en Danapur por sir James Outram,1 a quien se le ha metido en la cabeza llevarlos a Lucknow por Faizabad. Este plan de operaciones lo aclama The Morning Advertiser de Londres como el golpe de un genio, porque, dice, Lucknow quedará así entre dos fuegos, amenazada por su derecha desde Cawnpore y por su izquierda desde Faizabad. Según las reglas ordinarias de la guerra, el ejército inmensamente más débil que, en lugar de intentar concentrar sus miembros dispersos, se corta a sí mismo en dos partes separadas por toda la anchura del ejército enemigo ahorra al enemigo el trabajo de aniquilarlo. Para el general Havelock, en efecto, ya no se trata de salvar Lucknow, sino de salvar lo que queda de su propio pequeño cuerpo y del del general Neill.2 Es muy probable que tenga que replegarse sobre Allahabad. Allahabad es, en efecto, una posición de importancia decisiva, pues forma el punto de confluencia del Ganges y el Jumna y es la llave del Doab, situado entre los dos ríos.

A primera vista del mapa se verá que la línea principal de operaciones para un ejército inglés que intente reconquistar las Provincias del Noroeste corre a lo largo del valle del bajo Ganges. Habrá que reforzar, por tanto, las posiciones de Danapur, Benarés, Mirzapur y, sobre todo, Allahabad, desde donde han de empezar las verdaderas operaciones, retirando hacia ellas las guarniciones de todas las plazas menores y estratégicamente indiferentes de la provincia de Bengala propiamente dicha. Que esta misma línea principal de operaciones está gravemente amenazada en este momento puede verse por el siguiente extracto de una carta de Bombay dirigida a The London Daily News:

«El reciente motín de tres regimientos en Danapur ha cortado las comunicaciones (salvo por los vapores del río) entre Allahabad y Calcuta. El motín de Danapur es el asunto más grave que ha ocurrido últimamente, pues todo el distrito de Bihar, a menos de 200 millas de Calcuta, está ahora en llamas. Hoy ha llegado la noticia de que los santales3 se han levantado de nuevo, y la situación de Bengala, invadida por 150.000 salvajes que se deleitan en la sangre, el saqueo y la rapiña, sería verdaderamente terrible.»

Las líneas de operaciones secundarias, mientras resista Agra, son la del ejército de Bombay, por Indore y Gwalior hasta Agra, y la del ejército de Madrás, por Saugor y Gwalior hasta Agra, plaza con la que el ejército del Punyab, así como el cuerpo que ocupa Allahabad, necesitan restablecer sus líneas de comunicación. Pero si los vacilantes príncipes de la India central se declararan abiertamente contra los ingleses y el motín en el ejército de Bombay tomara un aspecto grave, se acabaría por el momento todo cálculo militar, y lo único seguro sería una carnicería inmensa desde Cachemira hasta el cabo Comorín. En el mejor de los casos, todo lo que puede hacerse es retrasar los acontecimientos decisivos hasta la llegada de las fuerzas europeas en noviembre. Que se consiga siquiera esto dependerá de la cabeza de sir Colin Campbell,4 de quien hasta ahora no se conoce más que su valentía personal. Si es el hombre adecuado para su puesto, creará a toda costa, caiga Delhi o no, una fuerza disponible, por pequeña que sea, con la que salir a campaña. Pero la decisión última, hemos de repetirlo, está en manos del ejército de Bombay.

  1. James Outram (1803-1863), general británico, había mandado la expedición contra Persia; en el otoño de 1857 se unió a Havelock para socorrer Lucknow. ↩

  2. James Neill (1810-1857), general británico, famoso por la brutalidad de sus represalias en Benarés, Allahabad y Cawnpore; murió en el socorro de Lucknow en septiembre de 1857. ↩

  3. Pueblo de Bengala y Bihar que se había sublevado en 1855-1856 contra los prestamistas, los terratenientes y el dominio británico. ↩

  4. Colin Campbell (1792-1863), general británico, nombrado en julio de 1857 comandante en jefe en la India. ↩