Escrito en inglés por Karl Marx y Friedrich Engels en la segunda quincena de septiembre de 1857 y publicado sin firma en The New American Cyclopaedia. A Popular Dictionary of General Knowledge (Nueva York, D. Appleton and Company), tomo III, 1858, págs. 112-114. Traducido del texto de la enciclopedia, cotejado con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 14 (Berlín, 1961), págs. 129-134, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés

BEM, Józef, general polaco, nacido en Tarnów, en Galitzia, en 1795, muerto el 10 de diciembre de 1850. La pasión de su vida fue el odio a Rusia. En la época en que Napoleón, con victorias y proclamas, despertaba la creencia en la resurrección de Polonia, Bem ingresó en el cuerpo de cadetes de Varsovia y recibió su formación militar en la escuela de artillería dirigida por el general Pelletier. Al salir de esa escuela fue nombrado teniente de artillería a caballo; sirvió con ese grado a las órdenes de Davout y de Macdonald en la campaña de 1812; ganó la cruz de la Legión de Honor por su participación en la defensa de Danzig y, tras la rendición de esa fortaleza, volvió a Polonia. Como el zar Alejandro, que fingía una gran predilección por la nación polaca, reorganizaba entonces el ejército polaco, Bem entró en él en 1815 como oficial de artillería, pero pronto fue destituido por batirse en duelo con su superior. Más tarde, sin embargo, fue nombrado profesor militar de la escuela de artillería de Varsovia y ascendido a capitán. Introdujo entonces en el ejército polaco el uso del cohete Congreve y consignó los experimentos que hizo con ese motivo en un volumen publicado primero en francés y traducido luego al alemán. Era pendenciero e indisciplinado, y de 1820 a 1825 fue llevado varias veces ante consejos de guerra, castigado con prisión, liberado, encarcelado de nuevo y por último enviado a Kock, una remota aldea polaca, para vegetar allí bajo estricta vigilancia policial. No obtuvo la licencia del ejército polaco hasta que la muerte de Alejandro y la insurrección de Petersburgo1 hicieron que Constantino lo perdiera de vista. Al salir de la Polonia rusa, Bem se retiró a Lemberg, donde llegó a capataz de una gran destilería y escribió un libro sobre la aplicación del vapor a la destilación del alcohol. Al estallar la insurrección de Varsovia de 1830 se unió a ella, a los pocos meses fue nombrado mayor de artillería y combatió, en junio de 1831, en la batalla de Ostrołęka, donde se hizo notar por la habilidad y la tenacidad con que luchó contra las baterías rusas, superiores. Cuando el ejército polaco fue rechazado definitivamente en sus ataques contra los rusos que habían cruzado el Narew, cubrió la retirada con un audaz avance de todas sus piezas. Fue nombrado entonces coronel, poco después general, y llamado al mando supremo de la artillería polaca. En el asalto de Varsovia por los rusos combatió con valentía, pero como jefe cometió el error de no emplear sus 40 piezas y dejar que los rusos tomaran Wola, el principal punto de la defensa. Tras la caída de Varsovia emigró a Prusia con el resto del ejército, incitó a los hombres a no deponer las armas ante los prusianos y provocó así una lucha sangrienta e innecesaria, llamada entonces la batalla de Fischau. Luego abandonó el ejército y organizó en Alemania comités de ayuda a los emigrados polacos, tras lo cual se fue a París. Su carácter extraordinario, en el que una laboriosa afición a las ciencias exactas se mezclaba con inquietos impulsos de acción, lo llevaba a embarcarse con facilidad en empresas aventuradas cuyo fracaso daba ventaja a sus enemigos. Así, como en 1833 intentó sin éxito, bajo su propia responsabilidad, levantar una legión polaca para don Pedro2, fue denunciado como traidor y uno de sus compatriotas decepcionados le disparó en Bourges, adonde había ido a enrolar polacos para su legión. Los viajes por Portugal, España, Holanda, Bélgica y Francia ocuparon su tiempo de 1834 a 1848. En 1848, a los primeros síntomas revolucionarios en la Polonia austriaca, corrió a Lemberg y de allí, el 14 de octubre, a Viena, donde todo lo que se hizo para reforzar las obras de defensa y organizar las fuerzas revolucionarias se debió a su esfuerzo personal. La huida desordenada en que había acabado, el 25 de octubre, una salida de la guardia móvil vienesa mandada por él mismo le arrancó duras palabras de reproche, a las que se respondió con ruidosas acusaciones de traición que, pese a su absurdo, cobraron tal fuerza que, de no ser por el temor a una sublevación de la legión polaca, lo habrían llevado ante un consejo de guerra. Tras su notable defensa, el 28 de octubre, de la gran barricada levantada en la Jägerzeile, y una vez abiertas las negociaciones entre el ayuntamiento de Viena y el príncipe Windischgrätz, desapareció. Las sospechas, avivadas por su misteriosa huida, lo persiguieron de Viena a Pest, donde, por su prudente consejo al gobierno húngaro de no permitir la formación de una legión polaca especial, un polaco llamado Kolodjecki disparó una pistola contra el supuesto traidor y lo hirió de gravedad. La guerra de Transilvania, cuyo mando le confió el gobierno húngaro, aunque dejando a su ingenio encontrar los ejércitos con que hacerla, constituye la parte más importante de su vida militar y arroja mucha luz sobre el carácter peculiar de sus dotes de general. Al abrir la primera campaña, hacia finales de diciembre de 1848, con una fuerza de unos 8.000 hombres mal armados, reunidos a toda prisa y compuestos de los elementos más heterogéneos —reclutas magiares bisoños, honvéds, refugiados vieneses y un pequeño núcleo de polacos, una abigarrada tropa reforzada a su paso por Transilvania con sucesivas levas de székelys, sajones, eslavos y rumanos—, Bem había terminado unos 2 meses después su campaña: había vencido a Puchner con un ejército austriaco de 20.000 hombres, a Engelhardt con la fuerza auxiliar de 6.000 rusos y a Urban con sus partidas de bandoleros. Obligando a este último a refugiarse en la Bucovina y a los otros dos a retirarse a Valaquia, se quedó con toda Transilvania, salvo la pequeña fortaleza de Karlsburg. Los golpes de sorpresa audaces, las maniobras atrevidas, las marchas forzadas y la gran confianza que supo inspirar a sus tropas con su propio ejemplo, con la hábil elección de lugares cubiertos y con el apoyo de la artillería siempre en el momento decisivo, demostraron que era un general de primer orden para la guerra de guerrillas y la pequeña guerra de montaña de esta primera campaña. También se mostró maestro en el arte de crear y disciplinar de golpe un ejército; pero, contentándose con el primer esbozo tosco de organización y descuidando formar un núcleo de tropas escogidas, que era una necesidad de primer orden, su ejército improvisado tenía que desvanecerse como un sueño a los primeros reveses serios. Mientras dominó Transilvania se honró impidiendo las crueldades inútiles e impolíticas que proyectaban los comisarios magiares. La política de conciliación entre las nacionalidades enemigas le ayudó a aumentar en pocos meses su fuerza hasta 40.000 o 50.000 hombres, bien provistos de caballería y artillería. Si, pese a algunas maniobras admirables, la expedición al Banato que emprendió con este ejército numéricamente fuerte no produjo efectos duraderos, hay que tener en cuenta que tenía las manos atadas por la cooperación del incapaz general húngaro. La irrupción en Transilvania de grandes fuerzas rusas y las derrotas que en consecuencia sufrieron los magiares volvieron a llamar a Bem al teatro de su primera campaña. Tras un intento inútil de crear una diversión a retaguardia del enemigo invadiendo Moldavia, regresó a Transilvania para ser completamente derrotado el 29 de julio3 en Schässburg por las fuerzas rusas de Lüders, tres veces más fuertes, y escapó al cautiverio solo arrojándose a un pantano, de donde lo sacaron unos húsares magiares dispersos. Reunido el resto de sus fuerzas, tomó al asalto Hermannstadt por segunda vez el 5 de agosto, pero por falta de refuerzos pronto tuvo que abandonarla, y tras un combate desgraciado, el 7 de agosto, volvió sobre sus pasos a Hungría, adonde llegó a tiempo de presenciar la pérdida de la batalla decisiva de Temesvár. Tras un intento inútil de hacerse fuerte por última vez en Lugos con lo que quedaba de las fuerzas magiares, volvió a entrar en Transilvania y se sostuvo allí contra fuerzas abrumadoras hasta el 19 de agosto, en que se vio obligado a refugiarse en territorio turco. Con el propósito de abrirse un nuevo campo de actividad contra Rusia, Bem abrazó la fe musulmana y el sultán lo elevó a la dignidad de bajá, con el nombre de Amurath, con un mando en el ejército turco; pero, ante las protestas de las potencias europeas, fue relegado a Alepo. Tras lograr reprimir allí algunos excesos sangrientos cometidos en noviembre de 1850 contra los residentes cristianos por la población musulmana, murió aproximadamente un mes después de una fiebre violenta, para la que no quiso admitir ayuda médica.

  1. La sublevación de los decembristas, en diciembre de 1825. ↩

  2. Pedro I de Brasil (Pedro IV de Portugal), que combatía entonces a su hermano Miguel por el trono portugués. ↩

  3. La MEW da el 31 de julio, fecha de la batalla de Segesvár (Schässburg). ↩