Escrito en inglés por Friedrich Engels entre principios de febrero y el 8 de marzo de 1858 y publicado sin firma en The New American Cyclopaedia. A Popular Dictionary of General Knowledge, tomo IV (Nueva York, D. Appleton, 1858), págs. 126-128. Traducido del texto de la Cyclopaedia, cotejado con la versión alemana de Marx/Engels, Werke, tomo 14 (Berlín, 1961), págs. 275-282, por la Escuela de marxismo, 2026. Los cortes que el diccionario marca con una raya dentro del artículo se dan como párrafos. Las notas son nuestras. Texto original en inglés

Birmania, o reino de Ava, extenso Estado del sudeste de Asia, más allá del Ganges, mucho mayor antiguamente que hoy. Sus antiguos límites estaban entre los 9° y los 27° de latitud norte, con más de 1.000 millas de largo y más de 600 de ancho. Hoy el territorio birmano se extiende de los 19° 25' a los 28° 15' de latitud norte y de los 93° 2' a los 100° 40' de longitud este, y abarca un espacio de 540 millas de largo de norte a sur y 420 de ancho, con una superficie de unas 200.000 millas cuadradas. Limita al oeste con la provincia de Arakán, cedida a los británicos por el tratado birmano de 1826,1 y con los pequeños Estados de Tripura, Manipur y Assam, de los que lo separan altas cordilleras; al sur está la provincia británica de Pegu, recién adquirida,2 al norte el alto Assam y el Tíbet, y al este China. La población, según el capitán Henry Yule, no pasa de 5.000.000 de habitantes.

Desde la cesión de Pegu a los británicos, Birmania no tiene llanuras aluviales ni costa, pues su frontera meridional está por lo menos a 200 millas de las bocas del Irawadi, y el país se eleva gradualmente desde esa frontera hacia el norte. Durante unas 300 millas es alto, y más allá abrupto y montañoso. Riegan este territorio tres grandes ríos: el Irawadi, su afluente el Chindwin y el Salween. Estos ríos nacen en la cordillera del norte y corren hacia el sur hasta el océano Índico.

Aunque a Birmania le han arrebatado su territorio más fértil, el que le queda está lejos de ser improductivo. Los bosques abundan en maderas valiosas, entre las que la teca, empleada en la construcción naval, ocupa un lugar destacado. En Birmania se encuentran casi todas las clases de madera conocidas en la India. Se produce goma laca de excelente calidad y el barniz que se emplea en la fabricación de objetos lacados. Ava, la capital, se abastece de teca de primera calidad de un bosque situado a 15 días de distancia. La agricultura y la horticultura están en todas partes notablemente atrasadas, y si no fuera por la riqueza del suelo y la bondad del clima, el Estado sería muy pobre. Los frutales no se cultivan en absoluto, y las cosechas se llevan con poca destreza. De las hortalizas, las más cultivadas son la cebolla y el pimiento. Hay también ñames y batatas, y pequeñas cantidades de melones, pepinos y berenjenas. Los brotes tiernos del bambú, los espárragos silvestres y las raíces carnosas de diversas plantas acuáticas ocupan para los habitantes el lugar de las hortalizas cultivadas. Los mangos, las piñas, las naranjas, las chirimoyas, la yaca (una especie de árbol del pan), la papaya y el plátano (ese gran enemigo de la civilización) son las frutas principales, y todas crecen con pocos o ningún cuidado. Las cosechas principales son el arroz (que en algunas partes sirve de medio de circulación), el maíz, el mijo, el trigo, diversas legumbres, palmas, la caña de azúcar, el tabaco, el algodón de fibra corta y el índigo. La caña de azúcar no se cultiva mucho, y el arte de hacer azúcar apenas se conoce, aunque la planta es conocida por el pueblo desde hace mucho. Del jugo de la palmira, de la que hay numerosos palmerales, sobre todo al sur de la capital, se obtiene un azúcar barato y basto. El índigo se trabaja tan mal que es del todo inservible para la exportación. El arroz en el sur y el maíz y el mijo en el norte son los cultivos básicos. El sésamo se siembra en todas partes para el ganado. En las colinas del norte se cultiva en cantidad considerable la verdadera planta del té de China; pero, cosa singular, los naturales, en vez de hacer una infusión con ella, como hacen con el té chino, se comen la hoja aliñada con aceite y ajo. El algodón se cultiva sobre todo en las tierras secas de las provincias altas.

Los espesos bosques de Birmania abundan en animales salvajes, de los que los principales son el elefante, el rinoceronte unicornio, el tigre y el leopardo, el jabalí y varias especies de ciervos. Entre las aves es común el gallo silvestre, y hay también varias clases de faisanes, perdices y codornices. Los animales domésticos son el buey, el caballo y el búfalo. El elefante se emplea también como animal de tiro. El camello no se conoce. Hay algunas cabras y ovejas, pero apenas se cuida la raza. Los asnos también se emplean poco. Los perros no cuentan en la economía birmana, pero los gatos son numerosos. Los caballos se usan exclusivamente para montar y rara vez pasan de trece palmos de alzada. El buey es la bestia de tiro y de carga en el norte, y el búfalo en el sur.

En cuanto a minerales, el oro arrastrado por las arenas de las montañas se encuentra en los lechos de varios ríos. En Bor-twang, en la frontera china, se explotan minas de plata. Se ha calculado que la cantidad de oro y plata obtenida al año se acerca a 1.000.000 de dólares. El hierro abunda en la parte oriental de Laos, pero se trabaja de manera tan tosca que del 30 al 40 por ciento del metal se pierde en la forja. Los pozos de petróleo de las orillas del Irawadi producen 8.000.000 de libras al año. Se sabe que en el país de Laos hay cobre, estaño, plomo y antimonio, pero es dudoso que se obtengan cantidades considerables de ninguno de estos metales, porque el pueblo ignora los métodos de beneficiar los minerales. Las montañas cercanas a la ciudad de Ava dan una caliza de calidad superior; a 40 millas de la capital, a orillas del Irawadi, se encuentra un fino mármol estatuario; el ámbar es tan abundante que se vende en Ava al bajo precio de 1 dólar la libra; y el nitro, el natrón, la sal y el carbón están muy extendidos por todo el país, aunque este último se usa poco. El petróleo, que se produce en tanta abundancia, lo emplean todas las clases de Birmania para alumbrarse con lámparas y como protección contra los insectos. Se saca con cubos de pozos estrechos excavados a una profundidad de 210 a 300 pies; en el fondo brota a borbotones como un manantial de agua. En varias partes del país hay trementina, que se exporta mucho a China. El zafiro oriental, el rubí, el topacio y la amatista, además de variedades de crisoberilo y espinela, se encuentran en dos distritos, en los lechos de los arroyos. Todas las piedras de más de 50 dólares de valor las reclama la corona y van al tesoro, y no se permite a ningún extranjero buscarlas.

De lo dicho se desprende que los birmanos han hecho escasos progresos en la práctica de las artes útiles. Las mujeres llevan a cabo todo el proceso de la manufactura del algodón, con un telar rudimentario y mostrando relativamente poco ingenio o destreza. La porcelana se importa de China; se importan tejidos de algodón británicos que, aun en el interior, se venden más baratos que los productos del país; aunque los birmanos funden el hierro, el acero viene de Bengala; en varios lugares se fabrican sedas, pero con seda cruda china; y mientras se importa una variedad muy grande de mercancías, las exportaciones son relativamente insignificantes: las que van a China, con la que los birmanos hacen su comercio más extenso, consisten en algodón en rama, plumas de adorno, sobre todo de arrendajo azul, nidos comestibles de golondrina, marfil, cuernos de rinoceronte y de ciervo y algunas clases menores de piedras preciosas. A cambio, los birmanos importan cobre labrado, oropimente, mercurio, bermellón, sartenes de hierro, alambre de latón, estaño, plomo, alumbre, plata, oro y pan de oro, loza, pinturas, alfombras, ruibarbo, té, miel, seda cruda, terciopelos, licores chinos, almizcle, cardenillo, frutas secas, papel, abanicos, paraguas, zapatos y ropa. En varias partes del país se hacen adornos de oro y plata de factura muy tosca; en Ava se fabrican armas, tijeras y herramientas de carpintero; a unas 40 millas de Ava, donde hay una colina de mármol blanco puro, se esculpen ídolos en cantidades considerables. La moneda está en un estado lamentable. El plomo, la plata y el oro, todos sin acuñar, son el medio de circulación. Gran parte del comercio se hace por trueque, por las dificultades que acarrea hacer pagos pequeños. Los metales preciosos tienen que pesarse y ensayarse cada vez que cambian de manos, y los banqueros cobran por ello cerca de un 3½ por ciento. El interés va del 25 al 60 por ciento anual. El petróleo es el artículo de consumo más universal. Se cambian por él salitre, cal, papel, objetos lacados, tejidos de algodón y de seda, objetos de hierro y de latón, azúcar, tamarindos, etc. El yonnet-ni (la plata de ley del país) lleva por lo general una aleación de cobre del 10 o el 15 por ciento. Por debajo de 65/100 la mezcla no tiene curso, pues esa es la ley que se exige al dinero con que se pagan los impuestos.

Los ingresos del imperio proceden de un impuesto sobre las casas que se impone a la aldea; las autoridades de la aldea lo reparten después entre los vecinos según la capacidad de pago de cada uno. Este impuesto varía mucho, por ejemplo, de 6 tikales por vecino en Prome a 27 en Toungoo. Están exentos los sujetos al servicio militar, los arrendatarios del dominio real y los artesanos empleados en las obras públicas. La tierra se grava según las cosechas. El impuesto sobre el tabaco se paga en dinero; las demás cosechas pagan el 5 por ciento en especie. Los arrendatarios de las tierras reales entregan más de la mitad de sus cosechas. Los puertos de pesca de los lagos y los ríos se arriendan por un plazo fijo o por una parte del pescado seco de la captura. Todos estos ingresos los recaudan los funcionarios de la corona y para su propio uso: cada uno recibe, según su importancia, un distrito más o menos grande, de cuyos productos vive. Los ingresos reales salen de la venta de los monopolios de la corona, de los que el principal es el del algodón. En la gestión de este monopolio se obliga a los habitantes a entregar ciertos artículos a ciertos precios bajos a los funcionarios de la corona, que los venden con un recargo enorme. Así, los productores entregan el plomo a razón de 5 tikales por bis, o 3,6 libras, y su majestad lo vende a 20 tikales. Los ingresos reales ascienden, según se dice, a unos 1.820.000 tikales, o 227.500 libras esterlinas al año, a lo que hay que añadir otras 44.250 libras, producto de ciertos peajes cobrados en determinados distritos. Con este dinero se mantiene la casa real. Este sistema fiscal, aunque despótico, es de una sencillez singular en sus detalles; y otro ejemplo de sencillez en el gobierno es la manera en que se hace que el ejército se mantenga a sí mismo o, al menos, que lo sostenga el pueblo. Los modos de reclutamiento son diversos: en algunos distritos se sigue el sistema del voluntariado, mientras que en otros cada 16 familias están obligadas a dar 2 hombres armados y equipados. Además tienen que proporcionar a estos reclutas, cada mes, 56 libras de arroz y 5 rupias. En la provincia de Fadoung, cada soldado se aloja a cargo de 3 familias, que reciben 5 acres de tierra libre de impuestos y tienen que dar al hombre de armas la mitad de la cosecha y 25 rupias al año, además de leña y otras necesidades menores. El capitán de 50 hombres recibe 10 tikales (el tikal vale 1¼ dólar, o 2½ rupias) de cada una de 6 familias, y la mitad de la cosecha de una séptima. El bo, o centurión, se mantiene con el trabajo de 52 familias, y el bo-gyi, o coronel, saca su paga de sus propios oficiales y soldados. El soldado birmano combate bien en circunstancias favorables, pero la principal virtud de un cuerpo de ejército birmano está en la ausencia de impedimenta: el soldado lleva su cama (una hamaca) en un extremo del mosquete, su olla en el otro y sus víveres (arroz) en un paño atado a la cintura.

Por su constitución física, los birmanos parecen ser de la misma raza que habita los países situados entre el Indostán y China, con más rasgos del tipo mongol que del hindú. Son bajos, robustos, bien proporcionados, carnosos pero ágiles, de pómulos grandes, ojos oblicuos, tez morena pero nunca muy oscura, pelo negro, áspero, lacio y abundante, y más barba que sus vecinos los siameses. El mayor Allen, en una memoria al gobierno de la Compañía de las Indias Orientales, les reconoce franqueza, un vivo sentido del ridículo, una notable inventiva para salir de apuros, poco patriotismo pero mucho amor al hogar y a la familia, relativamente pocos prejuicios contra los extranjeros y disposición para aprender artes nuevas, si no requieren demasiado esfuerzo mental. Son comerciantes astutos y tienen bastante de cierta clase de espíritu emprendedor; son sobrios, pero de poca resistencia; tienen más astucia que valor; aunque no son sanguinarios por naturaleza, han soportado con flema las crueldades de sus diversos reyes; y sin ser por naturaleza mentirosos y tramposos, son grandes fanfarrones y traicioneros.

Los birmanos son budistas de religión y han conservado las ceremonias de su culto más libres de mezcla con otras religiones que en otras partes de la India y de China. Los budistas birmanos evitan en cierta medida el culto de las imágenes que se practica en China, y sus monjes son más fieles que de costumbre a sus votos de pobreza y castidad. Hacia finales del siglo pasado, la religión oficial birmana se dividió en dos sectas o ramas surgidas de la fe antigua. La primera profesaba una creencia parecida en algunos aspectos al panteísmo: creía que la divinidad está difundida por todo el mundo y todas sus criaturas, pero que alcanza su grado más alto de desarrollo en los propios budistas. La otra rechaza por completo la doctrina de la metempsicosis, el culto de las imágenes y el sistema monástico de los budistas; considera la muerte como la puerta de una felicidad o una desdicha eternas, según la conducta del difunto, y adora a un espíritu supremo y creador de todo (Nat). El rey actual, celoso devoto de su fe, ha hecho quemar ya públicamente a 14 de estos herejes, y los dos grupos están igualmente proscritos. Sin embargo, según el capitán Yule, son muy numerosos, pero practican su culto en secreto.

La historia antigua de Birmania se conoce poco. El imperio alcanzó la cima de su poder en el siglo XI, cuando la capital estaba en Pegu. Hacia principios del siglo XVI el Estado se dividió en varios gobiernos menores e independientes que se hacían la guerra unos a otros; y en 1554, cuando el rey Tshen-byoo Myayen3 tomó Ava, había sometido a su poder todo el valle del Irawadi e incluso había sojuzgado Siam. Tras diversos cambios, Alaungpaya, fundador de la dinastía actual (que murió en 1760), devolvió al imperio algo parecido a su antigua extensión y poder. Desde entonces los británicos le han arrebatado sus provincias más fértiles y valiosas.

El gobierno de Birmania es un despotismo puro: el rey, uno de cuyos títulos es el de señor de la vida y la muerte, reparte a su soberano antojo la prisión, la tortura o la muerte. Los detalles del gobierno los lleva el hlwot-dau, o consejo de Estado, que preside el heredero del trono designado de antemano o, si no se ha nombrado heredero, un príncipe de sangre real. En tiempos normales el consejo se compone de cuatro ministros, que, sin embargo, no tienen departamentos propios, sino que actúan donde el azar los lleva. Forman además un alto tribunal de apelación, ante el que se llevan los pleitos para su resolución definitiva; e individualmente tienen poder para juzgar las causas que no se elevan al consejo en pleno. Como retienen el 10 por ciento de los bienes en litigio en concepto de costas, sacan de esta fuente ingresos muy saneados. Por esta y otras particularidades del gobierno birmano se ve fácilmente que rara vez se hace justicia al pueblo. Todo funcionario es a la vez un saqueador; los jueces son venales, la policía impotente, abundan los bandidos y los ladrones, la vida y la propiedad no están seguras y falta todo estímulo para el progreso. Cerca de la capital el poder del rey es terrible y opresivo. Disminuye con la distancia, de modo que en las provincias más lejanas el pueblo hace poco caso de las órdenes del señor del elefante blanco, elige sus propios gobernadores, a los que el rey confirma, y paga un tributo escaso al gobierno. De hecho, las provincias limítrofes con China ofrecen el curioso espectáculo de un pueblo que vive satisfecho bajo dos gobiernos: el chino y el birmano participan por igual en la confirmación de los gobernantes de esas localidades, pero, con buen juicio, suelen ponerse de acuerdo en los mismos hombres. Aunque varias embajadas británicas han visitado Birmania, y aunque las misiones han trabajado allí con más éxito que en otras partes de Asia, el interior del país sigue siendo una completa terra incognita, sobre la que los geógrafos y cartógrafos modernos han aventurado alguna conjetura descabellada, pero de la que saben muy poco en detalle.

(Véase Narrative of the Mission sent by the Governor-General of India to the Court of Ava, 1855, por el capitán Henry Yule, Londres, 1858.)4

  1. El tratado de Yandabo (1826), que puso fin a la primera guerra anglo-birmana. ↩

  2. Anexionada por los británicos en 1852, tras la segunda guerra anglo-birmana. ↩

  3. Bayinnaung (reinó de 1551 a 1581), de la dinastía de Toungoo, llamado «señor de los elefantes blancos», conquistador de Ava y de Siam. ↩

  4. Henry Yule (1820-1889), oficial de ingenieros británico y orientalista, secretario de la embajada de Arthur Phayre a Ava en 1855. ↩