Escrito en inglés por Karl Marx el 10 de agosto de 1858 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 5414, del 28 de agosto de 1858. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 544-548), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título lo pusieron los editores de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
No hay quizá en la economía política un punto sobre el que exista un malentendido tan extendido como el de que, mediante la expansión o la contracción de los medios de circulación, se influye en el nivel general de los precios, influencia que, según la opinión general, ejercen los bancos de emisión. La opinión de que los bancos han dilatado desmesuradamente la circulación monetaria y producido así una subida inflacionista de los precios, que al final un crac vuelve a deshacer violentamente, es un método demasiado cómodo de explicar cualquier crisis para que no se eche mano de él con avidez. Bien entendido: la cuestión no es si los bancos pueden contribuir al desarrollo de un sistema de crédito ficticio, sino si está en su poder determinar la cantidad de medios de circulación que corre en manos de la población.
Lo que probablemente no se discutirá es la tesis de que el interés de todo banco de emisión le manda mantener en circulación la mayor cantidad posible de sus propios billetes. Si de algún banco puede suponerse que reúne el poder con la voluntad, es sin duda del Banco de Inglaterra. Ahora bien, si consideramos, por ejemplo, el periodo de 1844 a 1857, veremos que, salvo en los momentos de pánico, el Banco nunca ha podido ampliar su circulación de billetes hasta el límite legal, pese al privilegio de lanzar sus billetes al mercado mediante la compra de títulos de la deuda pública y pese a las repetidas rebajas del tipo de interés. Pero hay otro fenómeno más llamativo todavía. Durante el periodo de 1844 a 1857, el comercio general del Reino Unido aproximadamente se ha triplicado. La exportación británica, como sabemos, se ha duplicado en los últimos diez años. Pero, a la par con este enorme aumento del comercio, la circulación de billetes del Banco de Inglaterra en realidad ha disminuido y sigue disminuyendo. Véanse las cifras siguientes:
| Exportación | Circulación de billetes | |
|---|---|---|
| 1845 | 60.110.000 libras | 20.722.000 libras |
| 1854 | 97.184.000 libras | 20.709.000 libras |
| 1856 | 115.826.000 libras | 19.648.000 libras |
| 1857 | 122.155.000 libras | 19.467.000 libras |
Así, con un aumento de la exportación de 62.045.000 libras, la circulación monetaria ha bajado 1.255.000 libras, aunque en el mismo periodo, a consecuencia de la ley bancaria de 1844, ha aumentado el número de sucursales del Banco de Inglaterra y ha disminuido el de los bancos de emisión de provincias que competían con él, y sus propios billetes se han convertido en medio legal de pago para los bancos de provincias.1 Podría tal vez suponerse que las monedas de oro que han afluido de fuentes nuevas y ricas han contribuido a desplazar una parte de los billetes del Banco de Inglaterra, llenando canales de la circulación por los que antes circulaban esos billetes. En efecto, el señor Weguelin,2 gobernador del Banco de Inglaterra en 1857, declaró ante la comisión de la Cámara de los Comunes que personas sumamente competentes habían estimado en un 30 por ciento el aumento de la circulación de oro en los últimos seis años. La circulación total de oro ascendía ahora, según creía, a 50.000.000 de libras. Sin embargo, este incremento de las monedas de oro tuvo tan poco que ver con la disminución de la circulación de billetes que, por el contrario, el número de los billetes menores, de 5 y 10 libras, los únicos que en el comercio al por menor y en la circulación de mercancías entre comerciantes y consumidores pueden ser sustituidos por monedas, aumentó de hecho a la par que crecía la circulación metálica. Las proporciones de ese aumento las da la tabla siguiente:
| Billetes de 5 y 10 libras | Porcentaje de la circulación total de billetes | |
|---|---|---|
| 1845 | 9.698.000 libras | 46,9 |
| 1854 | 10.565.000 libras | 51,0 |
| 1855 | 10.628.000 libras | 53,6 |
| 1856 | 10.680.000 libras | 54,4 |
| 1857 | 10.659.000 libras | 54,7 |
La disminución se ha limitado, pues, a los billetes mayores, de 200 a 1.000 libras, que desempeñan aquellas funciones de la circulación interior de las que la moneda propiamente dicha está casi excluida. El ahorro conseguido en estos billetes fue tan grande que, pese a la expansión del comercio, a la subida general de los precios y al aumento de la circulación de billetes pequeños, la circulación total de billetes siguió disminuyendo gradualmente. La cantidad de billetes de 200 a 1.000 libras había bajado de 5.856.000 libras, a que ascendía en 1852, a 3.241.000 libras en 1857. Mientras que en 1844 constituían todavía el 26 por ciento de la circulación total, en 1854 solo eran el 20,5, en 1855 el 17,5, en 1856 el 16,9 y en 1857 el 16,7 por ciento.
Este nuevo fenómeno de la circulación de papel moneda de Gran Bretaña nació de la creciente competencia de los bancos por acciones de Londres con los bancos privados y de la acumulación de sumas enormes en sus manos a consecuencia de su práctica de pagar intereses por los depósitos. El 8 de junio de 1854, tras una larga pero vana resistencia, los banqueros privados de Londres se vieron obligados a admitir a los bancos por acciones en la cámara de compensación,3 y poco después la compensación final se organizó en el Banco de Inglaterra. Como las liquidaciones diarias se hacen ahora mediante transferencias en las cuentas que los distintos bancos tienen en esa institución, los billetes grandes, que antes usaban los banqueros para saldar sus cuentas recíprocas, perdieron un amplio campo de aplicación y, por consiguiente, desaparecieron en gran parte de la circulación. Entretanto, los nueve bancos por acciones de Londres habían aumentado sus depósitos de 8.850.774 libras en 1847 a 43.100.724 libras en 1857, como se ve por sus balances publicados. Así pues, cualquiera que haya sido la influencia que los bancos hayan podido ejercer sobre la tendencia general del comercio y sobre los precios, ha tenido que producirse por el empleo de sus depósitos, es decir, por operaciones de crédito, y no por una emisión excesiva de billetes, que ni siquiera pudieron mantener en circulación hasta el antiguo límite.
Lo poco que el dinero real, como los billetes del Banco de Inglaterra y el oro, entra en las grandes transacciones del comercio británico puede deducirse de modo concluyente del análisis de una serie continua de operaciones comerciales que suman varios millones de libras esterlinas al año, que el señor Slater,4 socio de una de las mayores casas de Londres, presentó a la comisión de la Cámara de los Comunes. Los importes de los ingresos y los pagos del año 1856 se han reducido simplemente a la escala de 1.000.000 de libras y son los siguientes:
Ingresos
| Libras | |
|---|---|
| Letras y efectos de banqueros y comerciantes pagaderos a plazo | 533.596 |
| Cheques de banqueros, etc., pagaderos a la vista | 357.715 |
| Billetes de los bancos de provincias | 9.627 |
| Suma | 900.938 |
| Billetes del Banco de Inglaterra | 68.554 |
| Oro | 28.089 |
| Plata y cobre | 1.486 |
| Giros postales | 933 |
| Suma | 99.062 |
| Total | 1.000.000 |
Pagos
| Libras | |
|---|---|
| Letras pagaderas a plazo | 302.674 |
| Cheques contra banqueros de Londres | 663.672 |
| Suma | 966.346 |
| Billetes del Banco de Inglaterra | 22.743 |
| Oro | 9.427 |
| Plata y cobre | 1.484 |
| Suma | 33.654 |
| Total | 1.000.000 |
Estas cifras pueden valer como ilustración del gran comercio británico, que tiene su centro en Londres. Muestran que, de las sumas recibidas, los billetes del Banco de Inglaterra suponen menos del 10 por ciento, y el oro y la plata solo el 3 por ciento de los medios de circulación. De los pagos efectuados, solo el 2 por ciento se hizo en billetes del Banco de Inglaterra, y en oro y plata solo el 1 por ciento de los medios de circulación. En cambio, los ingresos en una proporción del 90 por ciento y los pagos en una de casi el 97 por ciento se han hecho con aquella parte de los medios de circulación que forman el crédito y el capital de los propios comerciantes.
Del análisis de las emisiones de los bancos de Nueva York, digamos de los últimos seis años, hemos de llegar al mismo resultado, a saber, que la cantidad de billetes en circulación escapa al control de los propios bancos y que en realidad ha disminuido precisamente en un momento en que el comercio se expandía y los precios generales sufrían un proceso de inflación que condujo al crac. La idea vulgar que atribuye la última crisis, y las crisis en general, a una emisión excesiva de billetes de banco debe, pues, rechazarse como completamente desacertada.
La ley de 1833 dio a los billetes del Banco de Inglaterra curso legal en Inglaterra y Gales, salvo en las ventanillas del propio Banco; la ley de 1844 prohibió crear nuevos bancos de emisión y dispuso que la emisión de los bancos que la perdieran pasara en parte al Banco de Inglaterra. ↩
Thomas Matthias Weguelin (1809-1885), gobernador del Banco de Inglaterra de 1855 a 1857. ↩
La Clearing House de Londres, donde los banqueros compensaban diariamente sus cheques y letras recíprocos. ↩
William Slater, socio de la casa londinense de Morrison, Dillon & Co.; Marx vuelve a citar su declaración en el libro III de El capital. ↩