Escrito en inglés por Friedrich Engels a finales de mayo de 1858 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 5351, del 15 de junio de 1858. Traducido del original inglés según la transcripción de Tony Brown en el Marx-Engels Archive (marxists.org), cotejado con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 490-492), por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el del Archive y el de la MEW; se añade la fecha para distinguirlo de otros artículos del mismo nombre. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

Pese a las grandes operaciones militares de los ingleses, con la toma primero de Delhi y luego de Lucknow, los sucesivos cuarteles generales de la rebelión de los cipayos, la pacificación de la India dista todavía mucho de estar lograda. En realidad, casi puede decirse que la verdadera dificultad del asunto apenas empieza a mostrarse. Mientras los cipayos rebeldes se mantuvieron reunidos en grandes masas, mientras se trató de asedios y de batallas campales a gran escala, la enorme superioridad de las tropas inglesas para tales operaciones les daba todas las ventajas. Pero con el nuevo carácter que está tomando ahora la guerra, es probable que esa ventaja se pierda en gran medida. La toma de Lucknow no trae consigo la sumisión de Oudh, y ni siquiera la sumisión de Oudh traería consigo la pacificación de la India. Todo el reino de Oudh está erizado de fortalezas de mayores o menores pretensiones; y aunque quizá ninguna resistiría mucho tiempo un ataque en regla, la toma de esos fuertes uno a uno no solo será un proceso muy lento, sino que irá acompañada de pérdidas proporcionalmente mucho mayores que las operaciones contra grandes ciudades como Delhi y Lucknow.

Pero no es solo el reino de Oudh lo que hay que conquistar y pacificar. Los cipayos derrotados y desalojados de Lucknow se han dispersado y han huido en todas direcciones. Un gran contingente se ha refugiado en los distritos montañosos de Rohilkhand, al norte, que siguen enteramente en poder de los rebeldes. Otros huyeron a Gorakhpur, al este, distrito que, aunque las tropas británicas lo habían atravesado en su marcha sobre Lucknow, ahora hay que recobrar por segunda vez. Otros muchos han logrado penetrar hacia el sur, en Bundelkhand.

De hecho, parece haber surgido una controversia sobre el mejor modo de proceder y sobre si no habría sido mejor someter primero todos los distritos periféricos que podían dar refugio a los rebeldes, antes de dirigir las operaciones contra el grueso de sus fuerzas, concentrado en Lucknow. Se dice que ese era el plan de operaciones que preferían los militares; pero cuesta ver cómo, con el limitado número de tropas de que disponían los ingleses, se habrían podido ocupar esos distritos circundantes de modo que los cipayos fugitivos, desalojados al fin de Lucknow, no pudieran entrar en ellos y hacer necesaria su reconquista, como en el caso de Gorakhpur.

Desde la toma de Lucknow, el grueso de los rebeldes parece haberse retirado sobre Bareilly. Se dice que Nana Sahib1 estaba allí. Contra esta ciudad y su distrito, a más de cien millas al noroeste de Lucknow, se ha juzgado necesario emprender una campaña de verano, y según las últimas noticias sir Colin Campbell2 marchaba él mismo hacia allí.

Mientras tanto, sin embargo, una guerra de guerrillas parece extenderse en diversas direcciones. Mientras las tropas se retiran hacia el norte, partidas sueltas de soldados rebeldes cruzan el Ganges y entran en el Doab,3 cortan las comunicaciones con Calcuta y con sus estragos impiden a los cultivadores pagar el impuesto territorial, o al menos les dan un pretexto para no hacerlo.

Incluso la toma de Bareilly, lejos de remediar esos males, probablemente los agravará. En esta guerra dispersa está la ventaja de los cipayos. Pueden ganar a las tropas inglesas marchando más o menos en la misma medida en que los ingleses pueden ganarles a ellos combatiendo. Una columna inglesa no puede recorrer veinte millas al día; una fuerza de cipayos puede recorrer cuarenta y, si se ve muy apremiada, hasta sesenta. Esta rapidez de movimiento es lo que da a las tropas de cipayos su principal valor, y eso, junto con su capacidad para soportar el clima y la relativa facilidad para alimentarlas, las hace indispensables en la guerra en la India. El desgaste de tropas inglesas en campaña, y sobre todo en una campaña de verano, es enorme. Ya se siente gravemente la falta de hombres. Puede llegar a ser necesario perseguir a los rebeldes fugitivos de un extremo a otro de la India. Para ese fin difícilmente servirían las tropas europeas, mientras que el contacto de los rebeldes errantes con los regimientos indígenas de Bombay y Madrás, que hasta ahora se han mantenido fieles, podría provocar nuevas revueltas.

Aun sin que se sumen nuevos amotinados, siguen en campaña no menos de ciento cincuenta mil hombres armados, mientras que la población desarmada no presta a los ingleses ni ayuda ni información.

Mientras tanto, la escasez de lluvias en Bengala amenaza con una hambruna, calamidad desconocida en lo que va de siglo, aunque en tiempos pasados, e incluso desde la ocupación inglesa, fue fuente de sufrimientos terribles.

  1. Nana Sahib (hacia 1824-¿1859?), hijo adoptivo del último peshwa maratha, al que los británicos habían negado la pensión de su padre adoptivo; fue uno de los jefes de la sublevación, sobre todo en Cawnpore (Kanpur). ↩

  2. Sir Colin Campbell (1792-1863), luego lord Clyde, comandante en jefe de las tropas británicas en la India de 1857 a 1860. ↩

  3. El territorio entre el Ganges y el Yamuna. ↩