Escrito en inglés por Karl Marx el 29 de junio de 1858 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 5383, del 23 de julio de 1858. Traducido del original inglés según la transcripción de Tony Brown en el Marx-Engels Archive (marxists.org), cotejado con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 512-517), por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen seis erratas evidentes de la transcripción y se suprimen siete «[...]» que esta añade en la cita de Bright y que faltan en la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
Según los periódicos de Londres, los valores indios y las acciones de los ferrocarriles de la India se han distinguido últimamente en ese mercado por un movimiento a la baja que dista mucho de acreditar la sinceridad de las optimistas convicciones que John Bull gusta de exhibir sobre el estado de la guerra de guerrillas en la India, y que, en todo caso, indica una tenaz desconfianza en la elasticidad de los recursos financieros indios. Sobre estos últimos se sostienen dos opiniones opuestas. Por un lado se afirma que los impuestos en la India son onerosos y opresivos como en ningún otro país del mundo; que, por regla general, en la mayoría de las presidencias,1 y sobre todo en aquellas que llevan más tiempo bajo dominio británico, los cultivadores, es decir, la gran masa del pueblo de la India, viven en un estado de empobrecimiento y abatimiento sin paliativos; que, por consiguiente, los ingresos indios se han estirado hasta su límite extremo y las finanzas indias no tienen ya remedio. Opinión bastante incómoda en un momento en que, según el señor Gladstone,2 solo los gastos extraordinarios de la India ascenderán durante algunos años a unos 20.000.000 de libras esterlinas anuales. Por otro lado se asegura, y se respalda la aseveración con un despliegue de ilustraciones estadísticas, que la India es el país menos gravado del mundo; que, si los gastos siguen aumentando, también pueden aumentarse los ingresos, y que es una completa falacia imaginar que el pueblo indio no soportará ningún impuesto nuevo. El señor Bright,3 a quien puede considerarse el representante más arduo e influyente de la doctrina «incómoda», hizo con ocasión de la segunda lectura del nuevo proyecto de ley sobre el gobierno de la India la siguiente declaración:
«Al gobierno indio le había costado más gobernar la India de lo que era posible arrancar a la población de la India, aunque el gobierno no había sido en modo alguno escrupuloso ni en cuanto a los impuestos establecidos ni en cuanto al modo de recaudarlos. Costaba más de 30.000.000 de libras gobernar la India, pues tal era el ingreso bruto, y siempre había un déficit que había que cubrir con préstamos tomados a un alto tipo de interés. La deuda india ascendía ahora a 60.000.000 de libras y seguía aumentando, mientras el crédito del gobierno caía, en parte porque no había tratado muy honradamente a sus acreedores en una o dos ocasiones, y ahora a causa de las calamidades ocurridas recientemente en la India. Había aludido al ingreso bruto; pero como este incluía el ingreso del opio, que difícilmente era un impuesto sobre el pueblo de la India, cifraría en 25.000.000 de libras los impuestos que de verdad pesaban sobre él. Pues bien, que no se comparasen esos 25.000.000 de libras con los 60.000.000 que se recaudaban en este país. Recordase la Cámara que en la India era posible comprar doce días de trabajo con la misma cantidad de oro o de plata que se obtendría en pago de uno en Inglaterra. Esos 25.000.000 de libras gastados en comprar trabajo en la India comprarían tanto como un desembolso de 300.000.000 de libras en Inglaterra. Se le podía preguntar cuánto valía el trabajo de un indio. Pues bien, si el trabajo de un indio valía solo 2 peniques al día, estaba claro que no podíamos esperar que pagara tantos impuestos como si valiera 2 chelines. Teníamos 30.000.000 de habitantes en Gran Bretaña e Irlanda; en la India había 150.000.000. Aquí recaudábamos 60.000.000 de libras esterlinas de impuestos; en la India, contando por las jornadas de trabajo del pueblo indio, recaudábamos 300.000.000 de libras de ingresos, o sea, un ingreso cinco veces mayor que el que se recaudaba en casa. Visto que la población de la India era cinco veces mayor que la del Imperio británico, podría decirse que la carga fiscal por cabeza en la India y en Inglaterra era más o menos la misma y que, por tanto, no se infligía ningún gran perjuicio. Pero en Inglaterra había un poder incalculable de maquinaria y de vapor, de medios de transporte y de todo cuanto el capital y la inventiva humana podían aportar en ayuda de la industria de un pueblo. En la India no había nada de eso. Apenas tenían un camino decente en toda la India.»
Ahora bien, hay que reconocer que algo falla en este método de comparar los impuestos indios con los británicos. Está, por un lado, la población india, cinco veces mayor que la británica, y está, por otro, la carga fiscal india, que asciende a la mitad de la británica. Pero el trabajo indio, dice el señor Bright, solo equivale a una doceava parte del trabajo británico. Por consiguiente, 30.000.000 de libras de impuestos en la India representarían 300.000.000 de libras de impuestos en Gran Bretaña, en lugar de los 60.000.000 de libras que allí se recaudan de hecho. ¿Cuál es, entonces, la conclusión a la que debería haber llegado? Que el pueblo de la India, en proporción a su número, paga los mismos impuestos que el pueblo de Gran Bretaña, si se tiene en cuenta la pobreza relativa del pueblo de la India y se supone que 30.000.000 de libras pesan tanto sobre 150.000.000 de indios como 60.000.000 de libras sobre 30.000.000 de británicos. Siendo esa su suposición, es sin duda falaz darse la vuelta y decir que un pueblo pobre no puede pagar tanto como uno rico, porque la pobreza relativa del pueblo indio ya se ha tenido en cuenta al establecer que el indio paga tanto como el británico. Podría, de hecho, plantearse otra cuestión. Podría preguntarse si de un hombre que gana, digamos, 12 centavos al día cabe esperar con justicia que pague 1 centavo con la misma facilidad con que otro, que gana 12 dólares al día, paga 1 dólar. Ambos contribuirían relativamente con la misma parte alícuota de su renta, pero aun así el impuesto podría pesar en proporciones muy distintas sobre sus respectivas necesidades. Sin embargo, el señor Bright no ha planteado todavía la cuestión en estos términos, y, si lo hubiera hecho, la comparación entre la carga fiscal que soporta el asalariado británico, por un lado, y el capitalista británico, por otro, quizá le habría tocado más de cerca que la comparación entre los impuestos indios y los británicos. Además, él mismo admite que de los 30.000.000 de libras de impuestos indios hay que restar los 5.000.000 de libras que constituyen el ingreso del opio, ya que este no es, propiamente hablando, un impuesto que pese sobre el pueblo indio, sino más bien un derecho de exportación que grava el consumo chino. Después, los apologistas de la administración angloindia nos recuerdan que 16.000.000 de libras de los ingresos proceden de la contribución territorial, o renta de la tierra, que desde tiempos inmemoriales ha pertenecido al Estado en su calidad de supremo terrateniente, nunca ha formado parte del patrimonio privado del cultivador y, de hecho, no entra en los impuestos propiamente dichos más de lo que puede decirse que la renta pagada por los arrendatarios británicos a la aristocracia británica entra en los impuestos británicos. Desde este punto de vista, los impuestos de la India quedarían así:
| Suma total recaudada | 30.000.000 libras |
| A deducir por el ingreso del opio | 5.000.000 |
| A deducir por la renta de la tierra | 16.000.000 |
| Impuestos propiamente dichos | 9.000.000 libras |
De estos 9.000.000 de libras, a su vez, hay que admitir que algunas partidas importantes, como el correo, el timbre y las aduanas, pesan en muy pequeña proporción sobre la masa del pueblo. En consecuencia, el señor Hendriks,4 en un trabajo presentado recientemente a la British Statistical Society sobre las finanzas de la India, intenta demostrar con documentos parlamentarios y otros documentos oficiales que, del ingreso total que paga el pueblo de la India, no más de una quinta parte se recauda hoy mediante impuestos, es decir, de la renta real del pueblo; que en Bengala solo el 27 por ciento, en el Punjab solo el 23 por ciento, en Madrás solo el 21 por ciento, en las Provincias del Noroeste solo el 17 por ciento y en Bombay solo el 16 por ciento del ingreso total procede de los impuestos propiamente dichos.
El siguiente cuadro comparativo de la cantidad media de impuestos obtenida de cada habitante de la India y del Reino Unido durante los años 1855-1856 está extraído de la exposición del señor Hendriks:5
| Ingresos por cabeza | Impuestos propiamente dichos | |
|---|---|---|
| Bengala | £0 5 0 | £0 1 4 |
| Provincias del Noroeste | 3 5 | 0 7 |
| Madrás | 4 7 | 1 0 |
| Bombay | 8 3 | 1 4 |
| Punjab | 3 3 | 0 9 |
| Reino Unido | " " | 1 10 0 |
Para otro año, el general Briggs6 hace la siguiente estimación de lo que paga por término medio cada individuo al erario nacional:
| En Inglaterra, 1852 | £1 19 4 |
| En Francia | 1 12 0 |
| En Prusia | 0 19 3 |
| En la India, 1854 | 0 3 8½ |
De estas exposiciones infieren los apologistas de la administración británica que no hay en Europa un solo país donde, aun teniendo en cuenta la pobreza relativa de la India, el pueblo esté tan poco gravado. Así, parece que no solo son contradictorias las opiniones sobre los impuestos indios, sino que los hechos de los que pretenden derivarse son también contradictorios entre sí. Por un lado, hemos de admitir que el importe nominal de los impuestos indios es relativamente pequeño; pero, por otro, podríamos amontonar prueba sobre prueba, sacadas de documentos parlamentarios y de los escritos de las mayores autoridades en asuntos indios, que demuestran sin lugar a dudas que esta carga fiscal aparentemente ligera aplasta hasta el polvo a la masa del pueblo indio y que su cobro obliga a recurrir a infamias como, por ejemplo, la tortura.7 Pero ¿hace falta otra prueba que el aumento constante y rápido de la deuda india y la acumulación de déficits indios? No se pretenderá, desde luego, que el gobierno indio prefiera aumentar las deudas y los déficits porque se resiste a tocar con demasiada rudeza los recursos del pueblo. Se endeuda porque no ve otro modo de cuadrar las cuentas. En 1805 la deuda india ascendía a 25.626.631 libras; en 1829 llegó a unos 34.000.000; en 1850, a 47.151.018, y en la actualidad asciende a unos 60.000.000 de libras. Dicho sea de paso, dejamos fuera de la cuenta la deuda de las Indias Orientales contraída en Inglaterra, que también se carga a los ingresos de las Indias Orientales.
El déficit anual, que en 1805 ascendía a unos dos millones y medio, había alcanzado bajo la administración de lord Dalhousie8 una media de cinco millones. El señor George Campbell,9 del servicio civil de Bengala, persona muy inclinada en favor de la administración angloindia, se vio obligado a confesar en 1852:
«Aunque ningún conquistador oriental obtuvo jamás un ascendiente tan completo, una posesión tan tranquila, universal e indiscutida de la India como la nuestra, todos se enriquecieron con los ingresos del país, y muchos dedicaron de su abundancia sumas considerables a obras de mejora pública. ... Eso nos está vedado a nosotros. ... La cuantía de la carga total no ha disminuido en modo alguno» (bajo el dominio inglés), «y sin embargo no tenemos superávit.»
Al evaluar la carga fiscal, su importe nominal no debe pesar en la balanza más que el método de recaudarla y el modo de emplearla. El primero es detestable en la India y, en el ramo de la contribución territorial, por ejemplo, desperdicia quizá más producto del que obtiene. En cuanto al empleo de los impuestos, bastará decir que ninguna parte de ellos vuelve al pueblo en obras de utilidad pública, más indispensables en los países asiáticos que en ningún otro sitio, y que, como observó con razón el señor Bright, en ninguna parte se provee tan pródigamente a la propia clase gobernante.
Las tres grandes divisiones administrativas de la India británica: Bengala, Madrás y Bombay. ↩
William Ewart Gladstone (1809-1898), canciller del Exchequer de 1852 a 1855; en 1858 estaba en la oposición. ↩
John Bright (1811-1889), industrial algodonero y diputado radical, jefe con Richard Cobden de la Escuela de Manchester librecambista. ↩
Frederick Hendriks (1827-1909), actuario y estadístico británico. ↩
Las cantidades se dan en libras, chelines y peniques (una libra valía 20 chelines, y un chelín, 12 peniques). ↩
John Briggs (1785-1875), general del ejército de Madrás, autor de The Present Land-Tax in India (1830). ↩
El informe de la comisión de investigación de la presidencia de Madrás (1855) había documentado el uso de la tortura en la recaudación de la contribución territorial. ↩
James Andrew Broun-Ramsay, marqués de Dalhousie (1812-1860), gobernador general de la India de 1848 a 1856. ↩
George Campbell (1824-1892), funcionario del servicio civil de Bengala, autor de Modern India (1852), de donde procede la cita. ↩