Escrito en alemán por Friedrich Engels y publicado en Das Volk (Londres), núm. 7, del 18 de junio de 1859. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 13 (Berlín, 1961, pp. 385-390), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen algunas erratas evidentes de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Los partes oficiales, franceses y austriacos, sobre la batalla de Magenta confirman las conjeturas que nos habíamos atrevido a hacer a partir de los despachos telegráficos.

En la mañana del 4 de junio los austriacos habían llevado a cabo su retirada al otro lado del Tesino y marchaban sobre Magenta y Abbiategrasso para caer sobre el flanco del ejército francés, que avanzaba hacia Milán. El general Clam-Gallas,1 que acababa de llegar de Milán con una división de su cuerpo (el primero), debía atacar de frente al enemigo junto con su división y el segundo cuerpo (Liechtenstein), que se le unió en Magenta. Como reserva tenía la división Reischach, del séptimo cuerpo (Zobel), en Corbetta, unas millas detrás de Magenta. Abandonada como insostenible la línea del Tesino, estas siete u ocho brigadas austriacas tenían que mantener la línea del Naviglio Grande, un canal ancho que corre casi paralelo al Tesino y que solo puede cruzarse por puentes. Había que defender los dos puentes de Boffalora y de Magenta, en dos carreteras que van ambas de Magenta al puente de San Martino sobre el Tesino. La división del primer cuerpo (al mando del general Cordon) avanzaba por la carretera de Turbigo; dos brigadas del segundo cuerpo estaban en los puentes, una división delante de Magenta y la división de Reischach (séptimo cuerpo), como se ha dicho, en Corbetta.

Los franceses avanzaban en dos columnas. La primera, bajo el mando nominal del héroe de Satory,2 la formaban la división de granaderos de la Guardia y los cuerpos de Canrobert, Niel y Baraguay d’Hilliers, en total nueve divisiones o 18 brigadas (117 batallones). Avanzaba por la carretera directa de Novara a Milán, por el puente de San Martino, y debía tomar los puentes de Boffalora y de Magenta. La segunda columna, al mando de Mac-Mahon, la formaban la división de voltigeurs de la Guardia, el cuerpo de Mac-Mahon y todo el ejército piamontés, en total ocho divisiones o 16 brigadas (109 batallones; las divisiones piamontesas cuentan un batallón más que las francesas). Su cabeza había cruzado el Tesino y el Naviglio por Turbigo sin resistencia seria y debía apoyar el ataque de frente de la primera columna con un movimiento sobre el flanco austriaco, es decir, con una marcha directa sobre Magenta desde el norte.

A mediodía Mac-Mahon abrió el ataque. Con fuerzas superiores empujó por delante de sí a la división Cordon hacia Magenta, y hacia las dos los granaderos de la Guardia, que habían perseguido a los puestos avanzados austriacos hasta el canal, atacaron los puentes de Boffalora y de Magenta. En ese momento había en el campo de batalla ocho brigadas francesas frente a cinco austriacas (dos del primer cuerpo y tres del segundo), o sea, menos de 30.000 hombres, pues incluso las dos brigadas de Reischach seguían en Corbetta. El «general secreto» francés, siguiendo las instrucciones de Falstaff,3 convierte a menos de 30.000 austriacos en más de 125.000. Los franceses lograron tomar al asalto los puentes del canal. Gyulay, que estaba en Magenta, ordenó a Reischach avanzar y recuperar el puente de Magenta. Así se hizo. Pero Boffalora parece haber quedado en manos de los franceses. La batalla se estancó. Tanto el cuerpo de Mac-Mahon como los granaderos de la Guardia habían sido rechazados con éxito, pero también los austriacos habían empeñado a todos los hombres disponibles. ¿Dónde estaban los demás cuerpos?

Estaban en todas partes menos donde debían estar. La segunda división del primer cuerpo seguía en marcha desde Alemania; no se podía, pues, contar con su llegada, como es comprensible. De otra brigada del segundo cuerpo no hay noticia alguna. Pero los propios despachos de Gyulay prueban que solo entraron en combate tres brigadas del segundo cuerpo. La segunda división del séptimo cuerpo, al mando del general Lilia, estaba en Castelletto, a seis o siete millas de Magenta. El tercer cuerpo estaba en Abbiategrasso, a cinco millas de Magenta. El quinto cuerpo marchaba hacia Abbiategrasso, probablemente desde Bereguardo; al empezar la batalla se encontraba al menos a nueve millas de Magenta; el octavo cuerpo iba de camino de Binasco a Bestazzo, a diez o doce millas, y el noveno cuerpo, incredibile dictu,4 andaba por el Po, detrás de Pavía, a 20 o 25 millas del teatro de la guerra. Con esta fabulosa dispersión de sus tropas, Gyulay se puso en la incómoda situación de tener que aguantar desde mediodía hasta cerca de las cinco de la tarde el choque de las dos columnas francesas con solo siete brigadas. Esto solo fue posible porque las enormes masas francesas marchaban por dos carreteras únicamente y por eso avanzaban con lentitud.

Mientras Reischach mantenía el puente de Magenta y capturaba uno de los nuevos cañones rayados franceses, el señor Gyulay cabalgó hasta Robecco, un pueblo junto al canal, a unas tres millas por debajo de Boffalora, para apresurar la marcha del tercer y del quinto cuerpo y señalarles la dirección de su ataque. Cuatro brigadas del tercer cuerpo fueron lanzadas entonces hacia delante: Hartung y Ramming en primera línea, Dürfeld como reserva, las tres a lo largo del canal, y Wetzlar a lo largo del Tesino. Debían caer sobre el flanco derecho de los franceses. Entretanto, sin embargo, también estos habían recibido refuerzos. La brigada de Picard (división Renault, cuerpo de Canrobert) acudió en apoyo de los granaderos y empujó a Reischach de vuelta al otro lado del puente. La siguieron la división de Vinoy (cuerpo de Niel), la brigada de Jannin (división Renault) y la división de Trochu (cuerpo de Canrobert). Así concentraron los franceses en este punto seis brigadas, más dos de sus brigadas de granaderos. Del otro lado, de las cuatro brigadas del tercer cuerpo austriaco solo entraron realmente en combate dos o tres. Pese a esta desproporción, los austriacos se adueñaron una y otra vez del puente de Magenta, que solo quedó en poder de la superioridad enemiga tras los esfuerzos más desesperados.

Mientras se luchaba así por los puentes, Mac-Mahon había preparado un segundo ataque contra los austriacos que tenía enfrente, unas cuatro o cinco brigadas del primer y del segundo cuerpo. Sus dos divisiones avanzaron de nuevo en dos columnas sobre Magenta, y tras ellas, en segunda línea, la división de voltigeurs de la Guardia de Camou. Como los austriacos habían rechazado con éxito a las divisiones Espinasse y La Motterouge (cuerpo de Mac-Mahon), los voltigeurs avanzaron en su apoyo. El combate llegó entonces al punto culminante de la crisis. La primera columna francesa había cruzado el puente de Magenta y se volcaba sobre la población, ya muy acosada por la columna de Mac-Mahon. Por fin, a la puesta del sol, apareció en el campo de batalla el quinto cuerpo austriaco, la brigada Príncipe de Hesse. Hizo un nuevo intento de rechazar a los franceses al otro lado del puente, pero en vano. Era, en efecto, esperar demasiado que una brigada débil, ya diezmada en la batalla de Montebello, contuviera y rechazara el torrente de lava de tropas francesas que inundaba el puente de Magenta. Atacados de frente, de flanco y por la espalda, y bajo el fuego sin descanso desde el comienzo de la acción, los austriacos acabaron cediendo, y tras repetidos y encarnizados combates los franceses ocuparon Magenta al anochecer.

Gyulay retiró sus tropas por Corbetta, ocupada entretanto por la división Lilia, y por Robecco, que mantenía el tercer cuerpo, mientras el quinto cuerpo vivaqueaba entre las dos localidades. Se propone continuar el combate el 5 de junio, pero una confusión verdaderamente extraña en las órdenes dadas frustra el plan, pues en plena noche se entera de pronto de que el primer y el segundo cuerpo, a consecuencia de órdenes mal entendidas, se han retirado varias millas del campo de batalla y continúan su retirada todavía a las tres de la mañana. Esta noticia decidió a Gyulay a renunciar a la batalla prevista para el día siguiente. Una brigada del tercer cuerpo volvió a lanzarse sobre Magenta para cubrir la retirada de los austriacos, que se hizo con el mayor orden.

Según el parte austriaco, entraron en combate por su parte:

Brigadas
del 1.er cuerpo, división de Cordon2
del 2.º cuerpo3
del 7.º cuerpo, división de Reischach2
del 3.er cuerpo3
del 5.º cuerpo, ya tarde1
en total11

Según el parte francés, entraron en combate por parte de los aliados:

Brigadas
del cuerpo de la Guardia, 2 divisiones4
del cuerpo de Mac-Mahon4
del cuerpo de Canrobert, 2 divisiones (Renault y Trochu)4
del cuerpo de Niel, 1 división (Vinoy)2
en total14

Las 14 brigadas francesas, 91 batallones, sumaban al menos 80.000 hombres. Pero el parte de batalla francés dice a propósito del avance de la división Vinoy:

«El 85.º de línea fue el que más sufrió… El general Martimprey resultó herido a la cabeza de su brigada».

Ahora bien, ni el 85.º regimiento ni la brigada de Martimprey pertenecen a la división de Vinoy, del cuerpo de Niel. El 85.º regimiento pertenece a la segunda brigada, al mando del general Ladreit de La Charrière, de la división Ladmirault, y el general Martimprey manda la primera brigada de esa misma división, que pertenece al cuerpo del mariscal Baraguay d’Hilliers. Tenemos así una prueba irrefutable de que entraron en combate más tropas francesas de las que enumera el parte oficial. Si se escamotea de esa manera la división de Ladmirault, que eleva el número de brigadas a 16, el de batallones a 104 y el de combatientes a 90.000, se impone la sospecha de que los franceses que actuaron en el campo de batalla fueron en general mucho más numerosos que los que figuran en el boletín. Además, por el parte de los austriacos se ve que sus prisioneros pertenecen a casi todos los regimientos de que se compone el ejército aliado de operaciones en Italia. Los franceses tenían, pues, una superioridad numérica que hace el mayor honor a las tropas austriacas. Solo se les arrancó la anchura de un campo de batalla; tomaron un cañón y perdieron cuatro; dejaron el campo con la confianza de que, a fuerzas iguales, la victoria era suya. Pero ¿qué decir de su general, el Feldzeugmeister imperial y real? El 4 de junio espera el ataque. Tiene 13 brigadas (las siete que combatieron primero, dos de Lilia, cuatro del tercer cuerpo) a ocho millas del campo de batalla; otras cuatro brigadas del quinto cuerpo a nueve millas; por último, cuatro brigadas del octavo cuerpo a una distancia de diez o doce millas. Así estaban sus tropas a las ocho y media de la mañana. ¿Es pedir demasiado, en un día de batalla, que todos esos cuerpos estuvieran a las cuatro, o a las cinco de la tarde como muy tarde, lo bastante cerca de Magenta para tomar parte en la batalla? ¿No tendrían que haber estado en combate, a las dos de la tarde, cuando la batalla empezó en serio, al menos 13 brigadas en lugar de siete? En ese caso se habrían evitado las grandes pérdidas de la división Cordon y del segundo cuerpo. Con la llegada del quinto cuerpo, los austriacos habrían podido tomar la ofensiva y arrojar a los franceses al otro lado del Tesino. Pero la vieja y famosa incapacidad de moverse parece volver a imponerse entre los austriacos. Pierden los momentos más preciosos en una pompa inútil y en vanas formalidades, decía el Napoleón verdadero. Gyulay ha renovado la tradición y, echando a perder su propia victoria, ha proporcionado al «general secreto» una victoria que habría sido fácil y decisiva si no se hubiera estrellado contra la tenaz bravura de los soldados austriacos y la nulidad sin talento del jefe de la Sociedad del 10 de Diciembre.5

En la mañana del 5 de junio Gyulay tenía a sus órdenes, en tropas que aún no habían combatido en Magenta:

Brigadas
una división del 3.er cuerpo2
del 5.º cuerpo3
una división (Lilia) del 7.º cuerpo2
del 8.º cuerpo4
en total11

Era una fuerza igual a la que había tenido el día anterior. De las tropas que habían combatido la víspera, solo tres divisiones (primer y segundo cuerpo) estaban por el momento fuera de combate. Quedaban de ellas ocho brigadas disponibles: en total 19 brigadas, más de 100.000 hombres. Frente a él estaban las 16 brigadas que ya habían combatido el día 4, cuatro divisiones francesas nuevas que tenían que estar listas para el combate el 5 y una o dos divisiones piamontesas, que aún venían muy rezagadas. Gyulay podía, pues, disponer el día 5 de 19 brigadas que, apoyadas además por el noveno cuerpo, que mantenía lejos de manera incomprensible, tenían que invertir la suerte de la víspera. Los desatinos de Gyulay pueden resumirse brevemente así:

Primero: cuando Luis Napoleón hizo la marcha de flanco de Vercelli a Turbigo dentro del radio de operaciones de los austriacos, Gyulay no aprovecha la posición desfavorable de sus enemigos ni cae con todas sus fuerzas sobre su línea de marcha expuesta, que podía cortar en dos y empujar en parte hacia los Alpes, repitiendo la maniobra de Radetzky de 1849.

Segundo: en lugar de eso, se retira detrás del Tesino y se mueve así dando un rodeo para cubrir Milán, mientras deja al enemigo el camino recto.

Tercero: dispersa sus tropas durante la retirada y la lleva a cabo con una cómoda pereza que apenas sería perdonable en el campo de instrucción.

Cuarto: deja su noveno cuerpo completamente fuera del alcance de la concentración.

Quinto: durante la batalla misma la concentración se hizo con tal desidia que las tropas sufrieron sin necesidad y se regaló la victoria al enemigo.

Si Gyulay, pese a esta acumulación de desatinos groseros, no sufrió una derrota completa, aunque tenía enfrente a la élite del ejército francés, se debe exclusivamente a la valentía de sus tropas y a la astucia de su adversario, el «general secreto». Las tropas de Gyulay representaban la invencible fuerza vital de los pueblos; él, la idiotez senil de la monarquía. El general secreto, por su parte, se da cuenta de que con la retirada de los austriacos al Mincio termina la parte melodramática de la lucha y empieza la guerra de verdad. Se ha convencido de lo acertada que es la sentencia que el Napoleón verdadero grabó en la conciencia de su hermano José: que en la guerra el peligro personal no se evita jugando al escondite. Por último, Canrobert, ofendido por la preferencia dada a Mac-Mahon, ha amenazado con ciertas revelaciones sobre las hazañas del héroe de Satory en esta campaña. Por eso el héroe suspira por volver con su querida esposa al Faubourg Poissonnière y por la peace at any price [paz a cualquier precio]. Y si eso es inalcanzable, al menos por unas negociaciones de paz que disimulen «su retirada personal a París».

  1. Eduard Clam-Gallas (1805-1891), general austriaco, jefe del I cuerpo. ↩

  2. Luis Napoleón: en la revista de Satory (octubre de 1850) las tropas lo aclamaron al grito de «¡Viva el emperador!», en preparación del golpe de Estado. ↩

  3. Alusión a Shakespeare, Enrique IV, primera parte, acto II, escena 4, donde Falstaff multiplica a cada frase el número de sus asaltantes. ↩

  4. «Increíble de decir». ↩

  5. Sociedad bonapartista fundada en 1849 en París, formada en buena parte por lumpenproletarios, que sirvió de tropa de choque a Luis Bonaparte; Marx la describe en El 18 Brumario de Luis Bonaparte. ↩