Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 10 de noviembre de 1860 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 6111, del 24 de noviembre de 1860. Traducido del original inglés según la transcripción del periódico (ejemplar de la Biblioteca del Congreso de Washington) en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 227-228), que lo titula «La tensa situación del mercado monetario», por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
Londres, 10 de noviembre de 1860
Ha llegado algo que se venía anunciando desde hacía mucho: una salida de metálico y, como consecuencia, una subida del tipo de descuento. Ayer el Banco de Inglaterra subió el tipo de descuento del 4 al 4½ por ciento. En el mismo mes de 1859 el tipo del Banco no pasó del 3 por ciento, a pesar de los enormes envíos de plata a Oriente que se hacían entonces y que sumaron 13.234.305 libras esterlinas. El propósito evidente del Banco era frenar la salida de metálico de sus cámaras, cuyas existencias, que el 26 de septiembre pasado ascendían a 16.255.951 libras, han bajado ahora a 13.897.085, sin contar las 43.000 libras retiradas ayer del Banco. La salida, que empezó el 26 de septiembre, no ha dejado de crecer hasta llegar esta semana a casi 300.000 libras. Las grandes importaciones de grano tenían que provocar, naturalmente, tarde o temprano, una emigración de los metales preciosos; pero, como los pagos de las letras del grano no vencen todavía, la salida actual no puede explicarse de ese modo y, además, se produce al mismo tiempo que un tipo de descuento más alto en Londres que en París, Ámsterdam, Bruselas y Hamburgo, mientras que la exportación de oro no deja ningún beneficio como operación de cambio.
¿Adónde va, pues, el oro? A las cámaras del Banco de Francia. El tipo de descuento del Banco de Francia es ahora solo del 3 por ciento, aunque esa casa ha perdido unos 4.000.000 de libras desde finales de agosto, mientras que sus descuentos de agosto y septiembre han aumentado en unos 3.000.000 de libras. Cualquier banco corriente habría subido en tales circunstancias su tipo de descuento; pero Luis Bonaparte, temeroso de causar una perturbación visible del mercado monetario, ordena al Banco comprar oro con pérdida, y lo obligará a seguir con esta operación, que no tiene ciertamente nada de mercantil. Por otro lado, el Banco de Inglaterra demuestra que es incapaz de contener la salida actual subiendo el tipo de interés. Ayer, por ejemplo, no se retiró oro en barras del Departamento de Emisión del Banco, pero sí una cantidad considerable de soberanos del Departamento Bancario1. Una de las consecuencias necesarias de las benditas leyes bancarias de sir Robert Peel de 1844 y 18452 es que el público mercantil está siempre engañado sobre la cuantía real de los metales preciosos exportados, porque el Departamento Bancario no publica ningún estado de los soberanos que salen de su caja.
La subida del tipo oficial de descuento del Banco de Inglaterra, sobre todo si se mantiene, impondrá por supuesto al Banco de Francia la necesidad de seguir el mismo camino e impedirá así que Luis Bonaparte siga ordenando a los directores del Banco comprar oro con pérdida para ocultar un desarreglo visible del mercado monetario. Con todo, esa eventualidad no detendrá la salida de metálico inglesa, porque a su debido tiempo las letras del grano han de vencer y pagarse al contado.
La ley bancaria de 1844 dividió el Banco de Inglaterra en dos departamentos separados: el de Emisión (Issue Department), que emitía los billetes contra una reserva de oro, y el Bancario (Banking Department), que hacía las operaciones ordinarias de depósito y descuento. El soberano era la moneda de oro de una libra. ↩
La ley bancaria de 1844 (Bank Charter Act), presentada por el primer ministro Robert Peel, ataba la emisión de billetes del Banco de Inglaterra, por encima de una cantidad fija, a sus reservas de metal; las leyes de 1845 extendieron el mismo régimen a Escocia e Irlanda. ↩