Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 12 de octubre de 1861 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 6426, del 7 de noviembre de 1861. Traducido del original inglés según la transcripción del texto del Tribune hecha por Tony Brown en el Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 324-328), por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen algunos descuidos de puntuación y de cursiva de la transcripción. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

Londres, 12 de octubre de 1861

Con motivo de la visita del rey de Prusia a Compiègne1, el Times de Londres publicó algunos artículos picantes que ofendieron mucho al otro lado del Canal. Le Pays, journal de l'Empire2, a su vez, calificó a los redactores del Times de gente con la cabeza envenenada de ginebra y la pluma mojada en el fango. Estos intercambios ocasionales de invectivas no tienen otro fin que despistar a la opinión pública sobre las íntimas relaciones que unen Printing House Square3 con las Tullerías. No existe fuera de las fronteras francesas mayor sicofante del hombre de diciembre4 que el Times de Londres, y sus servicios son tanto más inestimables cuanto que ese periódico adopta de vez en cuando el tono y el aire de un Catón el Censor frente a su César. El Times llevaba meses colmando de insultos a Prusia. Aprovechando el miserable asunto Macdonald5, había dicho a Prusia que Inglaterra vería con gusto el paso de las provincias renanas del bárbaro dominio de los Hohenzollern al despotismo ilustrado de un Bonaparte. No solo había exasperado a la dinastía prusiana, sino también al pueblo prusiano. Había echado por tierra la idea de una alianza anglo-prusiana en caso de conflicto entre Prusia y Francia. Había desplegado todas sus fuerzas para convencer a Prusia de que no tenía nada que esperar de Inglaterra y de que lo mejor que podía hacer era llegar a algún entendimiento con Francia. Cuando por fin el débil y vacilante monarca de Prusia se decidió a la visita a Compiègne, el Times pudo exclamar con orgullo: «quorum magna pars fui»6; pero ahora había llegado también el momento de borrar de la memoria de los británicos el hecho de que el Times había sido el que abrió el camino al monarca prusiano. De ahí el estruendo de sus truenos teatrales. De ahí los estruendos de respuesta de Le Pays, journal de l'Empire.

El Times había recuperado así su posición de enemigo mortal del bonapartismo y, por tanto, la capacidad de prestar su ayuda al hombre de diciembre. La ocasión no tardó en presentarse. Luis Bonaparte es, naturalmente, muy susceptible en todo lo que toca a la fama de los pretendientes rivales a la corona de Francia. Se había cubierto de ridículo en el asunto del folleto del duque de Aumale contra Plon-Plon7 y, con su manera de proceder, había hecho más por la causa orleanista que todos los partidarios orleanistas juntos. Otra vez, en estos últimos días, se ha llamado al pueblo francés a establecer un paralelo entre Plon-Plon y los príncipes de Orleans. Cuando Plon-Plon partió hacia América8, circulaban por el faubourg Saint-Antoine caricaturas que lo representaban como un hombre gordo en busca de una corona, que a la vez se presentaba como el más inofensivo de los viajeros, con una aversión especial al olor de la pólvora. Mientras Plon-Plon regresa a Francia sin más laureles que los que cosechó en Crimea y en Italia, los príncipes de Orleans cruzan el Atlántico para servir en las filas del ejército nacional9. De ahí la gran agitación en el campo bonapartista. No convenía dar rienda suelta a la ira bonapartista a través de la prensa venal de París. Con ello solo se habrían delatado los temores imperialistas, se habría renovado el escándalo del folleto y se habrían provocado odiosas comparaciones entre unos príncipes exiliados que combaten bajo la bandera republicana contra los esclavizadores de millones de trabajadores y otro príncipe exiliado que se hizo jurar como special constable inglés para participar en la gloria de aplastar un movimiento de los obreros ingleses10.

¿Quién iba a sacar al hombre de diciembre de este dilema? ¿Quién sino el Times de Londres? Si el mismo Times de Londres que los días 6, 7, 8 y 9 de octubre de 1861 había desatado las furias de Le Pays, journal de l'Empire con sus críticas bastante cínicas de la visita a Compiègne, si ese mismísimo periódico saliera el 12 de octubre con un ataque despiadado contra los príncipes de Orleans por haberse alistado en las filas del ejército nacional de los Estados Unidos, ¿no habría probado Luis Bonaparte su causa contra los príncipes de Orleans? ¿No se traduciría al francés el artículo del Times, no lo comentarían los periódicos de París, no lo enviaría el préfet de police a todos los periódicos de todos los departamentos y no circularía por toda Francia como la sentencia imparcial dictada por el Times de Londres, enemigo personal de Luis Bonaparte, sobre la última conducta de los príncipes de Orleans? En consecuencia, el Times de hoy ha salido con un ataque de lo más injurioso contra esos príncipes.

Luis Bonaparte es, naturalmente, demasiado hombre de negocios para compartir la ceguera judicial11 de los fabricantes oficiales de opinión pública respecto de la guerra americana. Sabe que el verdadero pueblo de Inglaterra, de Francia, de Alemania, de Europa, considera la causa de los Estados Unidos como su propia causa, como la causa de la libertad, y que, pese a todos los sofismas pagados, considera el suelo de los Estados Unidos como el suelo libre de los millones de europeos sin tierra, como su tierra prometida, que ahora hay que defender espada en mano de las sórdidas garras del esclavista. Luis Napoleón sabe, además, que en Francia las masas asocian la lucha por el mantenimiento de la Unión con la lucha de sus antepasados por la fundación de la independencia americana, y que para ellas todo francés que desenvaina la espada por el Gobierno nacional no hace sino cumplir el legado de La Fayette12. Bonaparte sabe, por tanto, que si algo puede ganar a los príncipes de Orleans la buena opinión del pueblo francés, será su alistamiento en las filas del ejército nacional de los Estados Unidos. La sola idea le hace estremecerse, y en consecuencia el Times de Londres, su sicofante censor, dice hoy a los príncipes de Orleans que «no ganarán popularidad ante la nación francesa rebajándose a servir en este innoble campo de acción». Luis Napoleón sabe que todas las guerras libradas en Europa entre naciones enemigas desde su golpe de Estado han sido guerras de mentira, sin fundamento, gratuitas y emprendidas con falsos pretextos. La guerra de Rusia y la guerra de Italia13, por no hablar de las expediciones piratas contra China, la Cochinchina14 y demás, nunca se ganaron las simpatías del pueblo francés, que sabía por instinto que ambas guerras se hacían solo con la mira de reforzar las cadenas forjadas por el golpe de Estado. La primera gran guerra de la historia contemporánea es la guerra americana.

Los pueblos de Europa saben que la esclavocracia del Sur empezó esta guerra declarando que la continuidad de la esclavocracia ya no era compatible con la continuidad de la Unión. En consecuencia, los pueblos de Europa saben que una lucha por la continuidad de la Unión es una lucha contra la continuidad de la esclavocracia; que en esta contienda la forma más alta de autogobierno popular realizada hasta ahora libra batalla contra la forma más ruin y desvergonzada de esclavización del hombre que registran los anales de la historia.

Luis Bonaparte lamenta, naturalmente, muchísimo que los príncipes de Orleans se embarquen precisamente en una guerra así, que tanto se distingue, por la vastedad de sus dimensiones y la grandeza de sus fines, de las guerras sin fundamento, gratuitas y mezquinas que Europa ha atravesado desde 1849. En consecuencia, el Times de Londres no tiene más remedio que declarar:

«Pasar por alto la diferencia entre una guerra librada por naciones enemigas y este conflicto civil, el más infundado y gratuito de cuantos registra la historia, es una especie de ofensa a la moral pública.»

El Times está obligado, naturalmente, a rematar su ataque contra los príncipes de Orleans por «rebajarse a servir en tan innoble campo de acción». Con una profunda reverencia ante el vencedor de Sebastopol y Solferino, «es imprudente», dice el Times de Londres, «provocar una comparación entre acciones como Springfield y Manassas15 y las hazañas de Sebastopol y Solferino».

El próximo correo atestiguará el uso premeditado que los órganos imperialistas harán del artículo del Times. Un amigo en la necesidad vale, como dice el refrán, por mil amigos en la prosperidad, y el aliado secreto del Times de Londres anda ahora muy apurado.

Escasez de algodón, sumada a escasez de grano; una crisis comercial acompañada de penuria agrícola, y ambas combinadas con una reducción de los ingresos de aduanas y con apuros monetarios que obligan al Banco de Francia a subir su tipo de descuento al seis por ciento, a entrar en tratos con los Rothschild y con Baring para un préstamo de dos millones de libras esterlinas en el mercado de Londres, a empeñar en el extranjero títulos de la deuda pública francesa, y con todo ello a no presentar más que una reserva de 12.000.000 frente a obligaciones que pasan de 40.000.000. Semejante estado de los asuntos económicos prepara justo la situación en que los pretendientes rivales apuestan doble. Ya ha habido motines del pan en el faubourg Saint-Antoine, y este es, por tanto, entre todos, el momento menos oportuno para dejar que los príncipes de Orleans ganen popularidad. De ahí la feroz arremetida del Times de Londres.

  1. Guillermo I de Prusia visitó a Napoleón III en el palacio de Compiègne del 6 al 8 de octubre de 1861. ↩

  2. Le Pays, journal de l'Empire, diario bonapartista de París. ↩

  3. Sede del Times en Londres. ↩

  4. Luis Bonaparte, autor del golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851. ↩

  5. En septiembre de 1860 el capitán británico Macdonald fue detenido y multado en Bonn tras un altercado con funcionarios de ferrocarril; el incidente envenenó durante meses las relaciones anglo-prusianas. ↩

  6. «De lo cual fui gran parte» (Virgilio, Eneida, II, 6). ↩

  7. Plon-Plon: apodo del príncipe Napoleón (Jérôme Napoléon Bonaparte, 1822-1891), primo de Napoleón III. Su discurso antiorleanista en el Senado (marzo de 1861) recibió la réplica del duque de Aumale, hijo de Luis Felipe, en la Lettre sur l'histoire de France; el Gobierno hizo secuestrar el folleto y procesar a su impresor y a su editor. ↩

  8. El príncipe Napoleón viajó a los Estados Unidos en el verano de 1861 y visitó ambos bandos. ↩

  9. El conde de París y el duque de Chartres, nietos de Luis Felipe, se incorporaron en septiembre de 1861, con su tío el príncipe de Joinville, al estado mayor del general McClellan en el ejército de la Unión. ↩

  10. El 10 de abril de 1848, durante la gran manifestación cartista de Londres, Luis Napoleón, entonces exiliado en Inglaterra, se alistó como agente especial de policía (special constable), voluntario armado para mantener el orden. ↩

  11. Judicial blindness: expresión bíblica, la ceguera con que Dios castiga a los obstinados. ↩

  12. El marqués de La Fayette (1757-1834) combatió como voluntario en la guerra de independencia de los Estados Unidos. ↩

  13. La guerra de Crimea (1853-1856) contra Rusia y la guerra de 1859 contra Austria en Italia. ↩

  14. La segunda guerra del opio contra China (1856-1860) y la expedición franco-española a la Cochinchina (desde 1858). ↩

  15. Batallas de 1861 desfavorables a la Unión: Manassas o Bull Run (Virginia, 21 de julio) y Wilson's Creek, cerca de Springfield (Misuri, 10 de agosto). ↩