Escrito en inglés por Friedrich Engels a finales de abril de 1861 y publicado en The Volunteer Journal, for Lancashire and Cheshire, núm. 35, del 4 de mayo de 1861. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de la MEW: Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 275-280), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen algunas erratas de la edición digital de la MEW. La larga cita de la London Review se traduce también de esa versión alemana. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

El reciente concurso entre el teniente Wallinger y los sargentos de los Ingenieros Reales,1 del que se informó en nuestros números del 6 y el 13 de abril, ha vuelto a llamar la atención del público sobre las ventajas del fusil Lancaster,2 sobre todo como arma de guerra. En la competición de Chatham, los sargentos tiraron con la carabina Lancaster reglamentaria de los Ingenieros Reales, del calibre .577 y ánima oval, que cuesta unas 4 libras esterlinas. Comparar un arma así con el muy perfeccionado fusil Whitworth,3 que cuesta unas 25 libras, está evidentemente fuera de lugar. Más adecuado sería comparar el fusil Lancaster con el Enfield4 corriente, ya que la diferencia de coste entre estas dos armas no es muy grande y el precio del Lancaster podría probablemente igualarse al del Enfield si se fabricara en cantidades igual de grandes en las fábricas del Estado. Queda entonces la cuestión de si es un fusil mejor. Un corresponsal de la London Review responde que sí, y lo fundamenta tanto en principios generales como en la experiencia disponible. Queremos llamar la atención sobre los siguientes pasajes de su artículo sobre el tema:

«La ley que rige el tiro preciso con fusil, la práctica del tiro, es muy sencilla. Basta con establecer una ecuación entre la longitud y el diámetro del proyectil y dar a este proyectil un movimiento de rotación adecuado en torno a su eje longitudinal para obtener un resultado de una precisión infalible, cualquiera que sea el sistema concreto con que se produzca la rotación o movimiento giratorio. Es decir, en el interior del cañón pueden tallarse tantas estrías como se quiera y de la forma que se quiera, o no haber ninguna: la precisión será en todo caso la misma mientras se mantenga la ecuación y el proyectil reciba un movimiento de rotación propio. Pero al considerar qué arma conviene más al soldado, la primera condición que hay que tener en cuenta es que no pase de cierto peso y de cierta medida y que sea fácil de cargar y de limpiar. De ello se sigue que, para cargar con facilidad, la superficie de rozamiento durante la carga debe ser lo más pequeña posible, y que al elegir la forma de las estrías deben evitarse en lo posible todas las aristas. No conocemos ninguna forma que cumpla mejor esta condición que la espiral oval, ya que con ella solo hay dos superficies de rozamiento al cargar, y ninguna otra forma permite limpiar el arma tan fácilmente con los medios, por fuerza escasos, de que dispone el soldado en campaña. Esta opinión parece confirmada por la experiencia de la campaña de la India5 y por las pruebas de Malta, Gibraltar y otras plazas de ultramar. En la India, el fusil Enfield habría fallado por completo en algunos momentos críticos de la campaña. Periódicos, cartas privadas e informes oficiales rebosaban de quejas; en cambio, con la misma munición y en las mismas circunstancias, los fusiles de ánima oval con que estaban armados los Ingenieros Reales cumplieron siempre su cometido a satisfacción de oficiales y tropa.

»Si el fusil Enfield se fabrica con un calibre menor y se emplea un proyectil más largo, su efecto es igual de bueno que el del fusil Whitworth; pero el fusil Enfield reglamentario, tal como es hoy, tiene que considerarse un intento de cumplir condiciones imposibles. A los oficiales encargados de diseñar esta arma no se les permitió reducir su calibre por debajo de un límite dado. De ahí data el calibre de 0,577 pulgadas como norma. Como consecuencia de este calibre demasiado grande apareció un defecto inherente: es difícil asegurar un ajuste perfecto, infalible y hermético entre el proyectil y el interior del cañón cuando la bala es expulsada por la inflamación de la pólvora. Examínese el resultado real que obtiene el fusil Enfield con sus condiciones imperfectas. El peso de la bala está fijado en 530 granos,6 la carga de pólvora en 70 granos y el calibre, como se ha dicho, en 0,577 pulgadas. Ahora bien, el efecto de 70 granos de pólvora sobre la gran sección del proyectil no puede desarrollar, ni desarrolla, presión suficiente para meter en todos los casos el proyectil en las estrías mediante una expansión suficiente. Experimentos cuidadosos muestran que ni el 10 por ciento de los proyectiles se expande de manera uniforme y completa. Unas veces queda especialmente marcada una estría, otras dos, y solo una décima parte de todos los proyectiles disparados se expande por completo; de ahí la falta de precisión del tiro con el fusil reglamentario de calibre 0,577 pulgadas.

»Las mejores condiciones para un tiro preciso con fusiles rayados de cualquier forma pueden describirse ahora así: calibre, 0,5 pulgadas; longitud del proyectil, 1,12 pulgadas; una vuelta de la hélice o del rayado cada 18 pulgadas; carga de pólvora, de 90 a 100 granos (núm. 6); el mismo peso de proyectil, es decir, 530 granos. La fuerza que en estas condiciones se aplica a la sección del proyectil basta para un ajuste seguro e infalible del proyectil al ánima, y ello del modo siguiente: el menor diámetro del ánima da un proyectil más largo, y no hace falta un taco de madera como en los proyectiles reglamentarios para dilatar el metal. El proyectil es, pues, un cuerpo homogéneo de una longitud de unos tres diámetros. Al producirse la inflamación, la fuerza expansiva de la pólvora actúa primero sobre el culote o parte posterior del proyectil (a), y la transmisión de la fuerza impulsora, aunque casi instantánea, está sometida sin embargo a la vis inertiae7 de la masa metálica del proyectil, que actúa en toda su longitud (de a a b), y en sentido contrario a la resistencia del aire en el cañón.

»Salta a la vista que la resistencia se manifiesta en la parte central del proyectil, como parte de mayor resistencia (c), y en consecuencia el proyectil se acortaría allí ligeramente por una expansión muy simple, digamos en una décima de pulgada, con lo que la parte central aumentaría de diámetro lo suficiente para adaptarse herméticamente a la forma del interior del cañón, sea cual sea esa forma.

»Cuando se cumplen estas condiciones más perfectas, no hay ni una expansión defectuosa en 500 casos; el proyectil toma siempre la forma de las estrías, y de ello resultan los más excelentes resultados de tiro.

»Estas observaciones se refieren a los fusiles rayados de cualquier sistema. ¿Qué se consigue con estas condiciones favorables en el fusil rayado, y por qué contribuyen a un tiro más preciso? Hemos mostrado cómo el proyectil llena por completo el interior del cañón, y procuraremos ahora demostrar los resultados que de ello se siguen. Uno de los objetivos principales en el diseño de un fusil rayado es obtener una trayectoria tendida, es decir, que la curva que describe el proyectil en su vuelo se acerque lo más posible a una línea recta. Para ello es absolutamente imprescindible una gran velocidad, a fin de reducir al mínimo la influencia de la gravedad en el vuelo del proyectil. La reducción del calibre da el primer resultado, y empleando una carga de pólvora mayor para la pequeña sección del proyectil se obtienen la máxima velocidad y los resultados más precisos.

»En cuanto a los métodos de rayar los cañones, de lo dicho se sigue que, con tal que el proyectil reciba al salir del cañón el giro necesario, no importa cómo se produzca la rotación: por un ánima hexagonal, como en el fusil Whitworth, oval, como en el Lancaster, o por tres estrías, como en el Enfield. Tampoco hace falta un número determinado de estrías, pues si una estría agarra el proyectil lo bastante para hacerlo girar, se da la condición necesaria. Sin embargo, los métodos de tallar las estrías tienen defectos fáciles de mostrar. Si las estrías se tallan con aristas, en la expansión se produce una pérdida de fuerza, tanto por el relleno de las aristas como por los gases que probablemente escapan por ellas. Además, toda arista en el cañón es una desventaja; así, con cualquier número de estrías se presentan los mismos defectos en proporción a su profundidad. Por eso la espiral oval del fusil Lancaster es, teóricamente, la mejor forma por el momento, a la que el proyectil se adapta fácilmente con muy poca expansión.

»Que el fusil Lancaster tiene que tener grandes ventajas se desprende del hecho de que, antes de adoptarse el modelo Enfield, cuatro comités distintos dieron por separado la preferencia al fusil Lancaster, que entonces competía con él. Se sometió a la aprobación del comandante en jefe, que lo envió a Hythe8 para la decisión definitiva. El primer informe de los oficiales de la escuela de tiro de infantería de allí fue muy favorable; el segundo se pronunció por el fusil Enfield. Como motivo de esta decisión se adujo entonces que los proyectiles se “dispersaban”. Pero más tarde, al parecer, se filtraron los hechos siguientes: los primeros 10.000 proyectiles de la munición Pritchett,9 con la que se hicieron las primeras pruebas, tenían el diámetro reglamentario correcto. Con estos cartuchos se tiró de maravilla. En el segundo experimento no se empleó la misma munición. La primera se había fabricado en 1853, la segunda en 1854; los oficiales que hacían los experimentos en Hythe no tenían ni idea de la diferencia de munición, porque no se les había informado de que los proyectiles fabricados en 1854 tenían un diámetro 0,007 pulgadas menor que la munición de 1853.

»Este hecho no se descubrió hasta año y medio después de la decisión definitiva a favor del fusil Enfield, cuando el coronel (entonces capitán) Fitzroy Somerset examinó el modelo de carabina de ánima oval de los Ingenieros Reales. Es fácil comprender que, con el diámetro reducido del proyectil Pritchett, menor que el modelo reglamentario propiamente dicho, en muchos casos, sobre todo si el plomo era demasiado duro, saldría del cañón sin haber adquirido movimiento de rotación; es decir, no se expandiría lo bastante para llenar el interior del cañón de un fusil Lancaster o de cualquier otro.

»Creemos que pocos dudan de que el fusil Whitworth es demasiado caro para el uso del ejército y exige un trato más cuidadoso del que puede garantizarse en campaña. Las pruebas deberían hacerse, por tanto, con el fusil Lancaster o el Enfield, o con otros modelos que soporten el trato rudo de la guerra. Pero eso no se consigue con concursos de tiro, sino tirando desde un apoyo fijo, con la misma cantidad de pólvora y con proyectiles del mismo peso y de la misma fundición, de modo que todas las condiciones sean iguales y la prueba se refiera solo a las ventajas propias de cada arma.»

Las observaciones anteriores se refieren a dos cuestiones distintas: 1) ¿Cuál es la mejor proporción entre el diámetro y la longitud del proyectil para el tiro con cualquier fusil? 2) ¿Cuáles son las ventajas del fusil Lancaster, del rayado de ánima oval?

En cuanto a la primera cuestión, estamos lejos de coincidir con el autor en que las proporciones de su proyectil ideal sean preferibles a todas las demás. Los fusiles que hasta ahora han dado mejores resultados, el suizo y el Whitworth, tienen ambos un calibre inferior a 0,5 pulgadas y una longitud de proyectil relativamente mayor. Pero no podemos entrar aquí a discutir un tema de carácter tan general.

En cuanto a la segunda cuestión, no vemos que el autor aporte ninguna prueba convincente ni siquiera de una sola superioridad del fusil Lancaster sobre el Enfield. Que las carabinas de los ingenieros hayan fallado menos veces que los fusiles Enfield de la infantería se explica fácilmente por el hecho de que la infantería es en cualquier ejército cien veces más numerosa que los ingenieros, y porque estos no usan sus carabinas ni una vez mientras las tropas de línea usan sus fusiles cien veces, ya que los ingenieros tienen otras tareas que la de actuar como infantería.

Que se puede fabricar un proyectil de expansión largo y pesado, hueco por detrás, de modo que con la carga completa tome casi cualquier forma de rayado, lo prueba el ejemplo del fusil Whitworth; en él la dilatación necesaria es extraordinariamente grande, y sin embargo el proyectil toma por detrás la forma hexagonal. Sin duda se puede, por tanto, fabricar un proyectil así que se dilate lo bastante para llenar un rayado oval, si la diferencia entre los dos diámetros no es demasiado grande. Pero por qué la carabina de los ingenieros tenga que ser mejor en este aspecto que el fusil Enfield es más de lo que alcanzamos a entender. El proyectil ideal de nuestro autor no tiene nada que ver con esta carabina: no le serviría. Si nuestro autor, aun reduciendo el calibre, considera necesaria una carga más fuerte, de 90 a 100 granos de pólvora, para que su proyectil tome por completo el rayado oval, a nuestro juicio eso equivale a reconocer tácitamente que la carga actual de 70 granos no siempre garantiza una expansión completa del proyectil en el rayado oval de la carabina de los ingenieros. Nuestro autor no dice qué hacer con el mayor retroceso de la carga más fuerte; pero sabemos que los 80 a 90 granos del fusil Whitworth dan un retroceso de una fuerza no muy agradable, que en el tiro rápido perjudica muy pronto la seguridad de la puntería.

Los resultados extraordinariamente buenos obtenidos con la carabina de los ingenieros en el concurso de Chatham, así como algunos excelentes resultados de tiro de particulares con fusiles Lancaster que de vez en cuando menciona la prensa, hacen deseable volver a examinar el rendimiento del fusil de expansión con rayado oval y su idoneidad como arma militar. Por nuestra parte, creemos que también en él se encontrarán defectos, y que el principio del rayado es, en las armas reglamentarias, un asunto en realidad muy secundario. ¿Por qué, en lugar de debatir sobre cosas tan nimias del fusil Enfield, no se va directamente a lo principal y se dice que su defecto mayor y más importante es su calibre demasiado grande? Cámbiese esto y se verá que todas las demás mejoras son accesorias.

F. E.

  1. Royal Engineers, el cuerpo de ingenieros del ejército británico; Chatham (Kent) era su cuartel general. ↩

  2. Fusil de ánima oval ligeramente retorcida en hélice, sin estrías propiamente dichas, ideado por el armero londinense Charles William Lancaster (1820-1878); en forma de carabina, era desde mediados de los años cincuenta el arma de los Ingenieros Reales. ↩

  3. Fusil de ánima hexagonal y pequeño calibre (0,451 pulgadas) ideado por el ingeniero Joseph Whitworth (1803-1887). ↩

  4. Fusil de avancarga reglamentario de la infantería británica desde 1853, de calibre 0,577 pulgadas, con tres estrías y bala de expansión; se fabricaba en la Real Fábrica de Armas Portátiles de Enfield, cerca de Londres. ↩

  5. La represión del levantamiento indio de 1857-1859. ↩

  6. El grano (grain), unidad inglesa de peso, equivale a 0,0648 gramos: 530 granos son unos 34 gramos; 70 granos, unos 4,5 gramos. ↩

  7. En latín: «fuerza de inercia». ↩

  8. En Hythe (Kent) estaba la escuela de tiro de la infantería británica (School of Musketry), fundada en 1853. ↩

  9. Bala de expansión ideada por el armero londinense Richard Taylor Pritchett para el fusil Enfield. ↩