Escrito en alemán por Karl Marx en Londres el 4 de diciembre de 1861 y publicado en Die Presse (Viena), núm. 337, del 8 de diciembre de 1861. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 406-408), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen algunas erratas evidentes de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 4 de diciembre de 1861

En este momento tiene interés trabar cierto conocimiento con los personajes principales del drama del Trent. A un lado está el héroe activo, el comandante del San Jacinto, capitán Wilkes; al otro, los héroes pasivos, J. M. Mason y John Slidell. El capitán Charles Wilkes es descendiente directo del hermano del famoso demagogo inglés Wilkes, que por un momento amenazó con hacer tambalear el trono de Jorge III.1 La lucha con las colonias norteamericanas salvó entonces a la dinastía de Hannover del estallido de una revolución inglesa cuyos síntomas se dejaban oír ya en los clamores de un Wilkes y en las cartas de un Junius.2 El capitán Wilkes, nacido en Nueva York en 1798 y desde hace 43 años al servicio de la marina norteamericana, mandó la escuadra que de 1838 a 1842 exploró, por encargo del Gobierno de la Unión, el norte y el sur del océano Pacífico. Publicó un informe de esta expedición en cinco tomos. Es además autor de un escrito sobre la «América occidental» que contiene algunas noticias valiosas sobre California y el territorio de Oregón.3 Ahora está comprobado que Wilkes improvisó su golpe de mano por su cuenta y sin instrucciones de Washington.

Los dos comisionados de la Confederación del Sur interceptados, los señores Mason y Slidell, son opuestos en todos los aspectos. Mason, nacido en 1798, procede de una de aquellas viejas familias aristocráticas de Virginia que huyeron de Inglaterra tras la derrota de los realistas en la batalla de Worcester.4 El abuelo de nuestro héroe pertenece al círculo de hombres a los que, junto con Washington, Jefferson, etc., los norteamericanos llaman the revolutionary fathers (los padres de la revolución).5 John Slidell no es, como su colega, de ascendencia aristocrática ni, como Mason, esclavista de nacimiento. Su ciudad natal es Nueva York, donde su abuelo y su padre vivieron como honrados tallow-chandlers (veleros, fabricantes de velas de sebo). Tras dedicarse unos años al estudio del derecho, Mason salió a la escena política. Desde 1826 figuró varias veces como miembro de la Cámara de Delegados de Virginia, apareció en 1837 durante una legislatura en la Cámara de Representantes del Congreso norteamericano, pero su importancia data solo de 1847. Ese año Virginia lo eligió para el Senado norteamericano, donde conservó su escaño hasta la primavera de 1861. Slidell, que tiene ahora 68 años, tuvo que dejar Nueva York muy pronto a consecuencia de un adulterio y un duelo, en suma, de un escándalo. Se trasladó a Nueva Orleans, donde vivió primero del juego y luego de la abogacía. Primero miembro de la legislatura de Luisiana, pronto se abrió camino hasta la Cámara de Representantes y, por fin, hasta el Senado del Congreso norteamericano. Como director de los fraudes electorales en la elección presidencial de 1844 y, más tarde, como partícipe en una estafa con tierras del Estado, había escandalizado un tanto incluso a la clase de moralidad que es moneda corriente en Luisiana.

Mason heredó su influencia; Slidell la adquirió. Los dos hombres se encontraron y se completaron en el Senado norteamericano, baluarte de la oligarquía esclavista. Según la Constitución norteamericana, el Senado elige una comisión especial de asuntos exteriores que desempeña más o menos el mismo papel que desempeñaba antiguamente en Inglaterra el Consejo Privado (privy council), antes de que el llamado gabinete, una magnitud que la Constitución inglesa en teoría desconoce, usurpara las funciones del Consejo Privado. Mason fue durante mucho tiempo presidente de esa comisión, y Slidell uno de sus miembros destacados.

Mason, firmemente convencido de que todo virginiano es un semidiós y todo yanqui un plebeyo granuja, nunca trató de ocultar su desprecio por sus colegas del Norte. Altanero, arrogante, insolente, sabía fruncir siempre la frente en sombríos pliegues de Zeus y, en efecto, trasladó al Senado los modales que eran de casa en la plantación. Fanático panegirista de la esclavitud, desvergonzado calumniador del Norte y en particular de las clases trabajadoras del Norte, vociferador contra Inglaterra, Mason fatigaba al Senado con la machaconería prolija de un torrente de palabras inagotable que en vano trataba de ocultar bajo una pompa hueca un vacío absoluto. A modo de manifestación, en los últimos años vestía de lienzo gris de fabricación casera virginiana; pero, y esto pinta al hombre, la chaqueta gris estaba adornada con unos botones chillones que procedían todos de un estado de Nueva Inglaterra, de Connecticut.

Mientras Mason hacía en el proscenio el papel de Jupiter tonans6 de la oligarquía esclavista, Slidell trabajaba entre bastidores. Con un raro talento para la intriga, una tenacidad incansable y una falta absoluta de escrúpulos, pero al mismo tiempo cauteloso, solapado, sin avanzar nunca de frente sino siempre serpenteando, Slidell era el alma del cónclave de los conspiradores del Sur. La reputación del hombre puede juzgarse por el hecho de que, cuando en 1845, poco antes de estallar la guerra con México, fue enviado allí como ministro plenipotenciario, México se negó a negociar con semejante sujeto. Las intrigas de Slidell hicieron presidente a Polk. Fue uno de los consejeros más funestos del presidente Pierce y el genio maléfico de la administración de Buchanan.7 Ambos, Mason y Slidell, fueron los principales portavoces de la ley de esclavos fugitivos; ambos provocaron el baño de sangre de Kansas, y ambos dirigieron en secreto las medidas con las que la administración de Buchanan puso en manos del Sur todos los medios para la secesión, mientras dejaba indefenso al Norte.8

Ya en 1855 declaró Mason en una ocasión pública en Carolina del Sur que «al Sur solo le queda un camino: la separación inmediata, absoluta y eterna». En marzo de 1861 declaró en el Senado que «no debía allegiance (fidelidad de súbdito) al Gobierno de la Unión», pero conservó su escaño en el Senado y siguió cobrando su sueldo de senador mientras su seguridad personal se lo permitió: un espía en el consejo supremo de la nación y un gorrón fraudulento del tesoro público. La bisabuela de Mason era hija del famoso sir William Temple.9 Es, pues, pariente lejano de Palmerston. Mason y Slidell no aparecían ante el pueblo del Norte solo como adversarios políticos, sino como enemigos personales. De ahí el júbilo general por su captura, que en los primeros días acalló incluso la consideración del peligro que amenazaba por parte de Inglaterra.

  1. John Wilkes (1725-1797), periodista y político radical inglés, perseguido en la década de 1760 por sus ataques a Jorge III en The North Briton y elegido una y otra vez para la Cámara de los Comunes, que lo expulsaba; su causa movilizó a las masas de Londres al grito de «Wilkes y libertad». ↩

  2. Seudónimo del autor de las cartas contra el Gobierno de Jorge III publicadas en el Public Advertiser de Londres entre 1769 y 1772. ↩

  3. Charles Wilkes (1798-1877) dirigió la United States Exploring Expedition de 1838-1842 y publicó su Narrative (1844-1845), en cinco tomos y un atlas; el otro escrito es Western America, including California and Oregon (1849). ↩

  4. Batalla del 3 de septiembre de 1651 en la que Cromwell derrotó al ejército escocés y realista de Carlos II. ↩

  5. George Mason (1725-1792), autor de la Declaración de Derechos de Virginia de 1776. ↩

  6. «Júpiter tonante». ↩

  7. James Knox Polk (presidente de 1845 a 1849), Franklin Pierce (1853-1857) y James Buchanan (1857-1861), los tres del Partido Demócrata. ↩

  8. La ley de esclavos fugitivos de 1850 obligaba a las autoridades de los estados libres a devolver a sus dueños a los esclavos huidos. La ley Kansas-Nebraska de 1854, que dejaba a los colonos decidir si admitían la esclavitud, desató en Kansas una guerra civil entre esclavistas y antiesclavistas (1854-1858). Al secretario de la Guerra de Buchanan, John B. Floyd, se le acusó de haber trasladado armas a los arsenales del Sur. ↩

  9. William Temple (1628-1699), diplomático y escritor inglés; Palmerston pertenecía a la familia Temple. ↩