Escrito en alemán por Karl Marx hacia el 26 de febrero de 1862 y publicado en Die Presse (Viena), núm. 61, del 3 de marzo de 1862. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 478-481), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

El presidente Lincoln no se atreve a dar un paso adelante hasta que la coyuntura de las circunstancias y el clamor general de la opinión pública prohíben seguir vacilando. Pero, una vez que Old Abe1 se ha convencido de que ha llegado tal punto de inflexión, sorprende por igual a amigos y enemigos con una operación repentina, ejecutada con el menor ruido posible. Así ha llevado a cabo en los últimos tiempos, del modo más discreto, un golpe que hace medio año quizá le habría costado la silla presidencial y que hace solo unos meses habría desatado una tormenta de debates. Nos referimos a la destitución de McClellan de su puesto de Commander in chief de todos los ejércitos de la Unión.2 Lincoln sustituyó primero al secretario de Guerra, Cameron, por un jurista enérgico y sin miramientos, el señor Edwin Stanton.3 Stanton dictó luego una orden del día a los generales Buell, Halleck, Butler, Sherman y otros jefes de departamentos enteros o de expediciones, en la que se les comunicaba que en adelante recibirían todas las órdenes, públicas y privadas, directamente del Departamento de Guerra y que, por su parte, debían informar directamente al Departamento de Guerra. Por último, Lincoln dictó algunas órdenes que firmó con el atributo que le corresponde constitucionalmente, Commander in chief of the Army and Navy.4 De este modo «silencioso», el «joven Napoleón» quedó despojado del mando supremo que hasta entonces había ejercido sobre todos los ejércitos y limitado al mando del Ejército del Potomac, aunque conservó el título de Commander in chief. Los éxitos en Kentucky, en Tennessee y en la costa atlántica5 han inaugurado con buenos auspicios la asunción del mando supremo por el presidente Lincoln.

El puesto de Commander in chief que hasta ahora ocupaba McClellan lo han heredado los Estados Unidos de Inglaterra y corresponde aproximadamente a la dignidad de gran condestable del antiguo ejército francés. Durante la guerra de Crimea incluso Inglaterra descubrió lo inadecuado de esta institución anticuada. Se llegó, por tanto, a un compromiso por el que una parte de las atribuciones que hasta entonces tenía el Commander in chief pasó al Ministerio de la Guerra.

Para juzgar la táctica fabiana6 de McClellan en el Potomac falta todavía el material necesario. Pero que su influencia actuó como un freno sobre la dirección general de la guerra no admite duda. De McClellan puede decirse lo que Macaulay dice de Essex:7

«Los errores militares de Essex procedían en gran parte de escrúpulos políticos. Era honrado, pero en modo alguno estaba ardientemente apegado a la causa del Parlamento, y, después de una gran derrota, nada temía tanto como una gran victoria.»

McClellan y la mayoría de los oficiales formados en West Point y pertenecientes al ejército regular están más o menos ligados por el esprit de corps a sus antiguos camaradas del campo enemigo. Los anima el mismo recelo contra los advenedizos de entre los «soldados civiles». La guerra, a su juicio, debe hacerse de un modo puramente profesional, con la vista siempre puesta en el restablecimiento de la Unión sobre su antigua base, y, por tanto, hay que mantenerla ante todo libre de tendencias de principio y revolucionarias. ¡Bonita concepción de una guerra que es esencialmente una guerra de principios! Los primeros generales del Parlamento inglés cayeron en el mismo error.

«Pero», dice Cromwell en su discurso al Parlamento Rabadilla del 4 de julio de 1653,8 «¡cómo cambió todo en cuanto se pusieron a la cabeza hombres que profesaban a principle of godliness and religion [un principio de piedad y de religión]!»

El Star de Washington, el órgano particular de McClellan, declara todavía en uno de sus últimos números:

«El objeto de todas las combinaciones militares del general McClellan es el restablecimiento de la Unión exactamente tal como existía antes de que estallara la rebelión.»

¡No es de extrañar, pues, que en el Potomac, bajo los ojos del general en jefe, se adiestrara al ejército en la caza de esclavos! Hace poco McClellan expulsó del campamento, por orden especial, a la familia de músicos Hutchinson9 porque cantaba canciones contra la esclavitud.

Aparte de tales manifestaciones «antitendenciosas», McClellan extendió su escudo protector sobre los traidores del ejército de la Unión. Así, por ejemplo, ascendió a Maynard a un puesto más alto, aunque Maynard, como prueban los papeles publicados por la comisión investigadora de la Cámara de Representantes, actuaba como agente de los secesionistas. Desde el general Patterson, cuya traición decidió la derrota de Manassas, hasta el general Stone, que preparó la derrota de Ball's Bluff de acuerdo directo con el enemigo,10 McClellan supo sustraer a todo traidor militar a los consejos de guerra e incluso, casi siempre, a la destitución. La comisión investigadora del Congreso11 ha revelado a este respecto los hechos más sorprendentes. Lincoln resolvió demostrar con un paso enérgico que, al asumir él el mando supremo, había sonado la hora para los traidores con charreteras y que se había producido un giro en la política de guerra. Por orden suya, el general Stone fue detenido en su cama el 10 de febrero, a las dos de la madrugada, y trasladado a Fort Lafayette. Unas horas después apareció la orden de detención, firmada por Stanton, en la que se formulaba la acusación de alta traición, que juzgará un consejo de guerra. La detención de Stone y su procesamiento se llevaron a cabo sin comunicarlo antes al general McClellan.

McClellan estaba visiblemente decidido, mientras él mismo permaneciera inactivo y no luciera más que laureles a cuenta, a no permitir a ningún otro general que se le adelantara. Los generales Halleck y Pope habían acordado un movimiento combinado para obligar a una batalla decisiva al general Price,12 a quien la intervención de Washington ya había salvado una vez de Frémont. Un telegrama de McClellan les prohibió dar el golpe. Otro telegrama semejante hizo desistir al general Halleck de tomar Fort Columbus,13 en un momento en que este fuerte estaba medio bajo el agua. McClellan había prohibido expresamente a los generales del Oeste que se comunicaran entre sí. Cada uno de ellos tenía que dirigirse primero a Washington en cuanto se proponía un movimiento combinado. El presidente Lincoln les ha devuelto ahora la libertad de acción necesaria.

Lo provechosa que fue para la secesión la política general de guerra de McClellan lo demuestran mejor que nada los panegíricos con que lo colma sin cesar el New-York Herald. Es el héroe según el corazón del Herald. El famoso Bennett,14 propietario y redactor jefe del Herald, había dominado antes las administraciones de Pierce y de Buchanan a través de sus «representantes especiales», alias corresponsales, en Washington. Bajo la Administración de Lincoln intentó recuperar el mismo poder dando un rodeo: su «representante especial», el doctor Ives,15 un hombre del Sur y hermano de un oficial que se había pasado a la Confederación, se insinuó en el favor de McClellan. Este Ives debió de gozar de grandes libertades bajo el patrocinio de McClellan en la época en que Cameron estaba al frente del Departamento de Guerra. Evidentemente esperaba que Stanton le concediera los mismos privilegios, y en consecuencia se presentó el 8 de febrero en el despacho de Guerra, donde el secretario de Guerra, su secretario principal y algunos miembros del Congreso deliberaban precisamente sobre medidas militares. Le enseñaron la puerta. Se puso farruco y acabó batiéndose en retirada con la amenaza de que el Herald abriría fuego contra el actual Departamento de Guerra si este le retiraba su «privilegio especial» de que se le confiaran en particular, en el Departamento de Guerra, las deliberaciones del gabinete, los telegramas, los comunicados públicos y las noticias de guerra. A la mañana siguiente, el 9 de febrero, el doctor Ives había reunido en su casa a todo el estado mayor de McClellan para un desayuno con champán. Pero la desgracia camina deprisa. Un suboficial con seis hombres entró, se apoderó del poderoso Ives y lo llevó a Fort McHenry, donde, como dice expresamente la orden del secretario de Guerra, había que tenerlo «como espía bajo estrecha vigilancia».

  1. «El viejo Abe», apodo popular de Abraham Lincoln. ↩

  2. Por la orden de guerra presidencial n.º 1, del 27 de enero de 1862, Lincoln fijó por su cuenta el comienzo de la ofensiva general; el 11 de marzo de 1862 retiró a George B. McClellan (1826-1885) el mando de todos los ejércitos y lo limitó al del Ejército del Potomac. ↩

  3. Simon Cameron, secretario de Guerra desde 1861, fue sustituido en enero de 1862 por Edwin McMasters Stanton (1814-1869). ↩

  4. Según la Constitución de los Estados Unidos (art. II, sección 2), el presidente es el comandante en jefe del Ejército y de la Marina. ↩

  5. La victoria de Mill Springs (Kentucky, 19 de enero de 1862), la toma de los fuertes Henry y Donelson (Tennessee, febrero de 1862) y la expedición de Burnside contra Roanoke Island (Carolina del Norte, febrero de 1862). ↩

  6. Dilatoria, como la de Quinto Fabio Máximo, el Contemporizador, frente a Aníbal. ↩

  7. Robert Devereux, conde de Essex (1591-1646), primer general en jefe del ejército del Parlamento en la guerra civil inglesa. La cita procede del ensayo de Thomas Babington Macaulay sobre John Hampden (1831). ↩

  8. El discurso de Cromwell del 4 de julio de 1653 se dirigió en realidad a la apertura del llamado Pequeño Parlamento (o Parlamento Barebone), que sucedió al Parlamento Rabadilla (Rump Parliament), disuelto en abril de ese año. ↩

  9. Los Hutchinson Family Singers, grupo de cantantes abolicionistas de New Hampshire. La edición digital de la MEW escribe «Kutchinson». ↩

  10. Robert Patterson (1792-1881), cuya inactividad en el valle del Shenandoah permitió a los confederados reforzarse en la primera batalla de Bull Run o Manassas (21 de julio de 1861); Charles Pomeroy Stone (1824-1887), al que se culpó de la derrota de Ball's Bluff (21 de octubre de 1861) y que estuvo preso meses sin juicio ni cargos formales. ↩

  11. La Comisión mixta del Congreso sobre la Dirección de la Guerra (Joint Committee on the Conduct of the War), creada en diciembre de 1861. ↩

  12. Henry Wager Halleck (1815-1872), jefe del departamento de Misuri; John Pope (1822-1892); Sterling Price (1809-1867), jefe de la milicia confederada de Misuri. ↩

  13. La plaza confederada de Columbus, sobre el Misisipi, en Kentucky. ↩

  14. James Gordon Bennett (1795-1872), fundador del New-York Herald. ↩

  15. Malcolm Ives, corresponsal del Herald en Washington. ↩