Escrito en alemán por Karl Marx en Londres el 4 de noviembre de 1862 y publicado en Die Presse (Viena), núm. 309, del 10 de noviembre de 1862. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 558-561), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, 4 de noviembre de 1862
El general Bragg,1 que manda el ejército sudista en Kentucky —las demás fuerzas del Sur que andan por allí se reducen a bandas de guerrilleros—, publicó al invadir este Estado fronterizo una proclama que arroja mucha luz sobre las últimas jugadas combinadas de la Confederación. La proclama de Bragg, dirigida a los Estados del Noroeste, da por descontado su éxito en Kentucky y está pensada a todas luces para la eventualidad de un avance victorioso en Ohio, el Estado central del Norte. Ante todo declara que la Confederación está dispuesta a garantizar la libre navegación por el Misisipi y el Ohio. Esta garantía solo tiene sentido si los esclavistas están en posesión de los Estados fronterizos. En Richmond se suponía, pues, que las invasiones simultáneas de Lee en Maryland y de Bragg en Kentucky asegurarían de un golpe la posesión de los Estados fronterizos. Bragg pasa luego a demostrar la justicia de la causa del Sur, que solo lucharía por su independencia y por lo demás querría la paz; pero lo verdaderamente característico de la proclama es la oferta de una paz por separado a los Estados del Noroeste, la invitación a separarse de la Unión y unirse a la Confederación, ya que los intereses económicos del Noroeste y del Sur coincidirían tanto como se oponen hostilmente los del Noroeste y el Noreste. Se ve: apenas se creía el Sur seguro en la posesión de los Estados fronterizos, cuando ya divulgaba oficialmente el fin más amplio de una reconstrucción de la Unión con exclusión de los Estados de Nueva Inglaterra.
Pero, como la invasión de Maryland, también ha fracasado la de Kentucky: la primera, en la batalla de Antietam Creek; la segunda, en la batalla de Perryville, cerca de Louisville.2 Allí como aquí, los confederados estaban a la ofensiva, pues atacaron a la vanguardia del ejército de Buell. La victoria de los federales se debe al comandante de la vanguardia, el general McCook, que resistió a fuerzas enemigas muy superiores hasta que Buell tuvo tiempo de llevar al campo su cuerpo principal. No cabe la menor duda de que la derrota de Perryville traerá consigo la evacuación de Kentucky. La banda de guerrilleros más importante, formada por los partidarios más fanáticos del sistema esclavista en Kentucky y mandada por el general Morgan, ha sido aniquilada casi al mismo tiempo cerca de Frankfort (entre Louisville y Lexington). Por último, se añade la victoria decisiva de Rosecrans en Corinth,3 que impone al ejército invasor derrotado del general Bragg la retirada más apresurada.
Así habría fracasado por completo la campaña emprendida por los confederados a gran escala, con habilidad militar y en las coyunturas más favorables, para reconquistar los Estados esclavistas fronterizos perdidos. Aparte de los resultados militares inmediatos, estos combates contribuyen de otro modo a quitar de en medio la dificultad principal. El apoyo que los Estados esclavistas propiamente dichos tienen en los Estados fronterizos descansa naturalmente en el elemento esclavista de estos últimos, el mismo elemento que impone al Gobierno de la Unión miramientos diplomáticos y constitucionales en su lucha contra la esclavitud. Pero este elemento lo está aniquilando en la práctica, en el escenario principal de la guerra civil, los Estados fronterizos, la propia guerra civil. Una gran parte de los esclavistas emigra continuamente al Sur con su black chattel (ganado negro) para poner a salvo su propiedad. Tras cada derrota de los confederados, esta emigración se renueva a mayor escala.
Uno de mis amigos, un oficial alemán que ha combatido bajo la bandera de las estrellas alternativamente en Misuri, Arkansas, Kentucky y Tennessee, me escribe que esta emigración recuerda en todo al éxodo de Irlanda en los años 1847 y 1848.4 Además, la parte enérgica de los esclavistas, la juventud por un lado y los jefes políticos y militares por otro, se separa por sí misma del grueso de su clase, ya sea formando bandas de guerrilleros en sus propios Estados y siendo aniquilada como tales bandas, ya sea abandonando su tierra para incorporarse al ejército o a la administración de la Confederación. Resultado, por tanto: por un lado, una enorme disminución del elemento esclavista en los Estados fronterizos, donde siempre tuvo que luchar con los encroachments (las intrusiones) del trabajo libre rival. Por otro, la eliminación de la parte enérgica de los esclavistas y de su séquito blanco. Solo queda un poso de esclavistas «moderados», que pronto se lanzarán con avidez sobre el dinero de pecado que Washington les ofrece por el rescate de su black chattel,5 cuyo valor se perderá de todos modos en cuanto se cierre el mercado del Sur para su venta. Así, la propia guerra trae una solución mediante la transformación efectiva de la forma social en los Estados fronterizos.
Para el Sur ha pasado ya la estación más favorable para hacer la guerra; para el Norte empieza, porque los ríos del interior vuelven a ser navegables y la combinación de guerra terrestre y naval, ensayada ya con tanto éxito, vuelve a ser aplicable. El Norte ha aprovechado con celo el intervalo. Los «acorazados» para los ríos del Oeste, 10 en número, se acercan rápidamente a su terminación; además, el doble de semiacorazados para aguas poco profundas. En el Este, muchos nuevos acorazados han salido ya de los astilleros, mientras otros siguen todavía bajo el martillo. Todos estarán listos para el 1 de enero de 1863. Ericsson, el inventor y constructor del Monitor,6 dirige la construcción de nueve buques nuevos del mismo modelo. Cuatro de ellos «flotan» ya.
El ejército del Potomac, en Tennessee y en Virginia, y también en diversos puntos del Sur —Norfolk, New Bern, Port Royal, Pensacola y Nueva Orleans—, recibe a diario nuevos refuerzos. La primera leva de 300.000 hombres, que Lincoln decretó en julio, se ha cubierto por completo y se encuentra ya en parte en el teatro de la guerra. La segunda leva de 300.000 hombres por nueve meses se va reuniendo poco a poco. En algunos Estados la conscripción se ha evitado mediante el alistamiento voluntario; en ninguno tropieza con dificultades serias. La ignorancia y el odio han pregonado la conscripción como un suceso inaudito en la historia de los Estados Unidos. Nada más falso. Durante la guerra de la Independencia y la segunda guerra con Inglaterra (1812-1815) se reclutaron por conscripción grandes masas de tropas, e incluso en diversas pequeñas guerras con los indios, sin que ello encontrara nunca una oposición digna de mención.
Es un hecho notable que este año Europa haya proporcionado a los Estados Unidos un contingente de emigrantes de unas 100.000 almas, y que la mitad de estos emigrantes sean irlandeses y británicos. En el último congreso de la Association for the Advancement of Science inglesa, en Cambridge, el economista Merivale7 tuvo que recordar a sus compatriotas el hecho que el Times, la Saturday Review, el Morning Post y el Morning Herald, por no hablar de los dii minorum gentium,8 han olvidado tan por completo o quieren hacer olvidar a Inglaterra, a saber: que la mayoría de la población sobrante inglesa encuentra su nueva patria en los Estados Unidos.
Braxton Bragg (1817-1876), general confederado; invadió Kentucky en agosto de 1862. ↩
La batalla de Perryville, el 8 de octubre de 1862, entre el ejército de la Unión de Don Carlos Buell y el de Bragg; Perryville está en realidad a más de 100 kilómetros al sudeste de Louisville. ↩
La batalla de Corinth (Misisipi), del 3 y 4 de octubre de 1862, en la que William Starke Rosecrans rechazó a las tropas confederadas de Van Dorn y Price. ↩
La emigración en masa provocada por la gran hambre irlandesa de 1845-1849. ↩
En marzo de 1862, a propuesta de Lincoln, el Congreso ofreció ayuda federal a los Estados que adoptaran la emancipación gradual con indemnización a los propietarios; en abril se abolió así la esclavitud en el distrito de Columbia. ↩
John Ericsson (1803-1889), ingeniero sueco establecido en los Estados Unidos; su acorazado de torre giratoria Monitor se enfrentó al Merrimac (Virginia) confederado en Hampton Roads el 9 de marzo de 1862. ↩
Herman Merivale (1806-1874), economista y alto funcionario de la administración colonial británica. El congreso de la Asociación Británica para el Progreso de la Ciencia se celebró en Cambridge en octubre de 1862. ↩
«Dioses de las familias menores», es decir, de segundo rango. ↩