Escrito en alemán por Karl Marx a comienzos de febrero de 1862 y publicado en Die Presse (Viena), núm. 38, del 8 de febrero de 1862. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 461-463), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Hace unos días se celebró la reunión anual de la Cámara de Comercio de Manchester. Esta representa a Lancashire, el mayor distrito industrial del Reino Unido y sede principal de la manufactura algodonera británica. El presidente de la reunión, el señor E. Potter, y sus oradores principales, los señores Bazley y Turner, representan a Manchester y a una parte de Lancashire en la Cámara de los Comunes.1 Por los debates de la reunión sabemos, pues, oficialmente, qué actitud mantendrá ante la crisis norteamericana el gran centro de la industria algodonera inglesa en el «senado de la nación».

En la reunión de la Cámara de Comercio del año pasado, el señor Ashworth,2 uno de los mayores barones del algodón de Inglaterra, había celebrado con exaltación pindárica la extensión inaudita de la industria algodonera durante el último decenio. Subrayó sobre todo que ni siquiera las crisis comerciales de 1847 y 1857 habían provocado una caída en la exportación de hilados y tejidos de algodón ingleses. Explicaba este fenómeno por la virtud milagrosa del sistema librecambista introducido en 1846. Ya entonces sonaba extraño que el mismo sistema, incapaz de ahorrar a Inglaterra las crisis de 1847 y 1857, fuese capaz de sustraer a la influencia de aquella crisis a una rama particular de la industria inglesa, la algodonera. Pero ¿qué oímos hoy? Todos los oradores, incluido el señor Ashworth, confiesan que desde 1858 se ha producido una saturación inaudita de los mercados asiáticos y que, a consecuencia de una sobreproducción masiva y sostenida sin interrupción, el estancamiento actual tenía que producirse aun sin guerra civil norteamericana, sin arancel Morrill y sin bloqueo. Si, sin estas circunstancias agravantes, la caída de la exportación del último año habría alcanzado la cifra de 6 millones de libras esterlinas es algo que, naturalmente, queda por saber, pero no parece improbable cuando oímos que los principales mercados de Asia y de Australia están abastecidos de manufacturas inglesas de algodón para doce meses.

La crisis de la industria algodonera inglesa ha sido hasta ahora, pues, según confiesa la Cámara de Comercio de Manchester, la autoridad decisiva en esta materia, resultado no del bloqueo norteamericano, sino de la sobreproducción inglesa. Pero ¿cuáles serían las consecuencias de que la guerra civil norteamericana continuara? A esta pregunta recibimos de nuevo una respuesta unánime: sufrimientos desmedidos de la clase trabajadora y ruina de los fabricantes más pequeños.

«En Londres», observó el señor Cheetham,3 «se dice que todavía tenemos algodón suficiente para hacer seguir trabajando. Pero no se trata solo del algodón. Se trata, ante todo, de su precio. A los precios actuales, el capital de los fabricantes se consumiría.»

La Cámara de Comercio se declara, sin embargo, decididamente contraria a toda intervención en los Estados Unidos, aunque la mayoría de sus miembros está lo bastante dominada por el Times como para tener por inevitable la disolución de la Unión.

«Lo último que podríamos recomendar», dice el señor Potter, «sería la intervención. El último lugar del que saldría semejante propuesta es Manchester. Nada nos inducirá a recomendar algo moralmente malo.»

El señor Bazley:

«La disputa norteamericana debe quedar sometida al más estricto principio de no intervención. El pueblo de ese gran país tiene que arreglar sus propios asuntos sin que nadie lo moleste.»

El señor Cheetham:

«La opinión dominante en este distrito se opone del modo más decidido a toda intervención en la disputa norteamericana. Es necesario decirlo claramente, porque en caso de duda se ejercería desde otro lado una presión extraordinaria sobre el Gobierno.»

¿Qué recomienda, pues, la Cámara de Comercio? Que el Gobierno inglés elimine todos los obstáculos administrativos que siguen trabando el cultivo del algodón en la India. Que suprima, sobre todo, el arancel de importación del 10 por ciento que grava en la India los hilados y tejidos de algodón ingleses. Apenas suprimido el régimen de la Compañía de las Indias Orientales, apenas incorporada la India Oriental al Imperio británico,4 Palmerston, por medio del señor Wilson,5 introdujo en la India aquel arancel de importación sobre las manufacturas inglesas, y lo hizo precisamente cuando vendía Saboya y Niza a cambio del tratado comercial anglo-francés.6 Mientras se abría hasta cierto punto el mercado francés a la industria inglesa, se le cerraba en mayor medida el mercado de la India Oriental.

El señor Bazley observó a este respecto que desde la introducción de ese arancel se han exportado a Bombay y Calcuta grandes cantidades de maquinaria inglesa y se han levantado allí fábricas al estilo inglés. Estas se preparan para arrebatarles el mejor algodón indio. Si a los 10 por ciento del arancel de importación se añaden 15 por ciento de flete, los rivales creados artificialmente por iniciativa del Gobierno inglés disfrutan de un arancel protector del 25 por ciento.

En general, la reunión de los grandes dignatarios de la industria inglesa expresó un amargo malestar por la tendencia proteccionista que se extiende cada vez más en las colonias, y en particular también en Australia. Estos señores olvidan que las colonias protestaron en vano durante siglo y medio contra el «sistema colonial» de la metrópoli. Entonces las colonias pedían libre comercio, e Inglaterra insistía en la prohibición. Ahora Inglaterra predica el libre comercio, y las colonias encuentran que la protección contra Inglaterra conviene más a sus intereses.

  1. Edmund Potter (1802-1883), estampador de calicó y diputado por Carlisle desde 1861; Thomas Bazley (1797-1885), hilador de algodón y diputado por Manchester; James Aspinall Turner (1797-1867), diputado por Manchester. ↩

  2. Henry Ashworth (1794-1880), fabricante de algodón de Bolton, librecambista de la Anti-Corn Law League. ↩

  3. John Cheetham (1802-1886), fabricante de algodón, diputado por South Lancashire de 1852 a 1859. ↩

  4. Tras la sublevación india, la ley de 1858 sobre el Gobierno de la India transfirió a la Corona la administración de la Compañía de las Indias Orientales. ↩

  5. James Wilson (1805-1860), fundador del Economist, enviado en 1859 a la India como miembro financiero del consejo del virrey para sanear la hacienda. ↩

  6. El tratado comercial anglo-francés negociado por Cobden y firmado en enero de 1860; ese mismo año Francia se anexionó Saboya y Niza. ↩