Escrito en alemán por Karl Marx en Londres el 14 de enero de 1862 y publicado en Die Presse (Viena), núm. 17, del 18 de enero de 1862. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 445-446), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, 14 de enero de 1862
El difunto caso del Trent ha resucitado, pero esta vez como casus belli no entre Inglaterra y los Estados Unidos, sino entre el pueblo inglés y el Gobierno inglés. El nuevo casus belli se decidirá en el Parlamento, que se reúne el mes próximo. Sin duda ya habrán tomado ustedes nota de la polémica del Daily News y del Star contra el Morning Post por haber escamoteado y negado el despacho de paz de Seward del 30 de noviembre, que el enviado norteamericano, el señor Adams,1 leyó a lord John Russell el 19 de diciembre. Permítanme ahora volver una vez más sobre este asunto. Ante la garantía del Morning Post de que el despacho de Seward no se refería ni de lejos al asunto del Trent, bajaron los valores de Bolsa, y millones en propiedades cambiaron de manos, perdidos por un lado y ganados por el otro. En los círculos comerciales e industriales causa, pues, la más tremenda indignación la mentira semioficial del Morning Post, del todo injustificada y desenmascarada por la publicación del despacho de Seward del 30 de noviembre.
La noticia de la paz llegó a Londres en la tarde del 8 de enero. Esa misma noche el Evening Star (edición vespertina del Morning Star) interpeló al Gobierno sobre el ocultamiento del despacho de Seward del 30 de noviembre. A la mañana siguiente, el 9 de enero, el Morning Post respondió lo siguiente:
«Se pregunta por qué no se supo antes nada del despacho de Seward que el señor Adams recibió en el curso de diciembre. La explicación es muy sencilla. El despacho recibido por el señor Adams no se comunicó a nuestro Gobierno (not communicated).»
Por la tarde de ese mismo día el Star desmintió por completo al Post y declaró que su «rectificación» era un miserable subterfugio. El despacho, en efecto, no se había «comunicado» a lord Palmerston y a lord Russell, sino que el señor Adams se lo había «leído».
A la mañana siguiente, el sábado 11 de enero, el Daily News salió a la palestra y demostró, por el artículo del Morning Post del 21 de diciembre, que este y el Gobierno conocían por entonces perfectamente el despacho de Seward y lo falsearon a sabiendas. El Gobierno se preparó entonces para la retirada. En la tarde del 11 de enero el semioficial Globe declaró que el señor Adams había comunicado, en efecto, el 19 de diciembre al Gobierno el despacho de Seward, el cual, sin embargo, no contenía «ningún ofrecimiento por parte del gabinete de Washington», como tampoco «una disculpa inmediata por la ofensa a la bandera inglesa». Esta vergonzante confesión de un engaño deliberado al pueblo inglés durante tres semanas no hizo sino avivar la llama en lugar de apagarla. Un grito de cólera recorrió todos los órganos de los distritos industriales de Gran Bretaña, y ayer encontró por fin eco también en los periódicos tories. Toda la cuestión, nótese bien, no la pusieron en el orden del día los políticos, sino el público comercial. El Morning Star de hoy comenta a este respecto:
«Lord John Russell es sin duda cómplice en el ocultamiento de la verdad; también ha dejado circular sin desmentirla la mentira del Morning Post, pero es incapaz de haber dictado el artículo del Morning Post del 21 de diciembre, que da a la verdad una bofetada en la cara y cuyo daño es incalculable. Algo así solo puede hacerlo un hombre; solo el ministro que fabricó la guerra de Afganistán2 era capaz de ocultar el mensaje de paz de Seward. La necia indulgencia de la Cámara de los Comunes le perdonó un delito; ¿no se unirán el Parlamento y el pueblo para castigarlo por el otro?»
Charles Francis Adams (1807-1886), ministro plenipotenciario de los Estados Unidos en Londres de 1861 a 1868. ↩
Palmerston, ministro de Asuntos Exteriores cuando se emprendió la primera guerra anglo-afgana (1838-1842). En 1861 se había sabido que los despachos de Burnes presentados al Parlamento en 1839 para justificar la guerra estaban amañados, pero la Cámara de los Comunes no le pidió cuentas. ↩