Escrito en alemán por Karl Marx en Londres el 28 de abril de 1862 y publicado en Die Presse (Viena), núm. 120, del 2 de mayo de 1862. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 15 (Berlín, 1961, pp. 496-498), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 28 de abril de 1862

Uno de los temas principales en los círculos diplomáticos de aquí es la actuación de Francia en México. Resulta enigmático que Luis Bonaparte haya aumentado las tropas expedicionarias en el momento en que prometía reducirlas, y que quiera avanzar mientras Inglaterra se retira. Aquí se sabe muy bien que el impulso de la expedición mexicana partió del gabinete de St. James, no del de las Tullerías. Y se sabe no menos que a Luis Bonaparte le gusta llevar a cabo todas sus empresas, y en particular las aventuras de ultramar, bajo la égida inglesa. Como es sabido, el imperio restaurado aún no ha imitado a su original en la proeza de acuartelar los ejércitos franceses en las capitales de la Europa moderna. Como pis aller (mal menor), los ha llevado en cambio a las capitales de la Europa antigua, a Constantinopla, Atenas y Roma, y además a Pekín.1 ¿Iba a perderse el efecto teatral de un paseo hasta la capital de los aztecas y la ocasión de hacer colecciones arqueológico-militares a lo Montauban?2 Pero si se considera el estado actual de las finanzas francesas y los serios conflictos futuros con los Estados Unidos y con Inglaterra a que puede conducir la actuación de Luis Bonaparte en México, habrá que rechazar sin más la explicación anterior de su proceder, a la que son aficionados diversos periódicos británicos. Yo, en cambio, creo poder comunicarles a ustedes la clave del enigma.

En la época de la Convención del 17 de julio de 1861, cuando había que arreglar las reclamaciones de los acreedores ingleses y el plenipotenciario inglés pidió a la vez conocer todo el registro mexicano de deudas, o de pecados,3 el ministro de Asuntos Exteriores de México cifró la deuda con Francia en 200.000 dólares, es decir, una bagatela de unas 40.000 libras esterlinas. En cambio, la cuenta que Francia presenta ahora no se mantiene en absoluto dentro de esos modestos límites.

Bajo la administración católica de Zuloaga y Miramón4 se contrató, por medio de la casa de banca suiza J. B. Jecker y Cía.,5 una emisión de bonos del Estado mexicano por un importe de 14.000.000 de dólares. Toda la suma que se obtuvo de la primera emisión de esos bonos ascendió solo al 5 por ciento del importe nominal, o sea, a 700.000 dólares. La totalidad de los bonos emitidos fue a parar muy pronto a manos de franceses eminentes, entre ellos parientes del emperador y codirectores de la haute politique. La casa Jecker y Cía. cedió a esos señores dichos bonos muy por debajo de su precio nominal original.

Miramón contrajo esa deuda en un momento en que estaba en posesión de la capital. Más tarde, ya rebajado al papel de simple jefe de guerrilla, hizo emitir por medio de su llamado ministro de Hacienda, el señor Peza y Peza, nuevos bonos del Estado por un valor nominal de 38.000.000 de dólares. De nuevo fue la casa Jecker y Cía. la que hizo de intermediaria en la emisión, pero esta vez limitó sus anticipos a la modesta suma de apenas 500.000 dólares, es decir, del 1 al 2 por ciento por dólar. De nuevo supieron los banqueros suizos deshacerse lo antes posible de su propiedad mexicana, y de nuevo los bonos fueron a parar a manos de aquellos «eminentes» franceses, entre ellos algunos habitués de la corte imperial cuyos nombres pervivirán tanto como el asunto Mirès6 en los anales de las bolsas europeas.

Pues bien, esta deuda de 52.000.000 de dólares, sobre la que hasta ahora no se han adelantado ni 4.200.000 dólares, la administración del presidente Juárez7 se niega a reconocerla, por una parte porque no sabe nada de ella y, por otra, porque los señores Miramón, Zuloaga y Peza y Peza no tenían poderes constitucionales para contraer semejante deuda pública. Pero los «eminentes» franceses arriba mencionados supieron imponer la opinión contraria allí donde se decide. Lord Palmerston, por su parte, fue advertido a tiempo por algunos miembros del Parlamento de que todo el asunto daría lugar a interpelaciones sumamente desagradables en la Cámara de los Comunes. Era de temer, entre otras, la pregunta de si podían emplearse las fuerzas de tierra y mar británicas para apoyar las operaciones de juego de ciertos políticos de rouge-et-noir8 del otro lado del Canal. Por eso Palmerston se agarró ávidamente a la conferencia de Orizaba9 para retirarse de un negocio que amenaza con enfangarse en un asunto Mirès internacional.

  1. Alusión a la guerra de Crimea (Constantinopla), a la ocupación de El Pireo por tropas anglofrancesas en 1854-1857 (Atenas), a la guarnición francesa en Roma desde 1849 y a la toma de Pekín por las tropas anglofrancesas en octubre de 1860, durante la segunda guerra del opio. ↩

  2. Charles Cousin-Montauban (1796-1878), general francés, jefe de la expedición a China de 1860, en la que las tropas aliadas saquearon e incendiaron el Palacio de Verano de Pekín; Napoleón III lo hizo conde de Palikao. ↩

  3. Juego de palabras del original: Schuldenregister (registro de deudas) y Sündenregister (registro de pecados). ↩

  4. Félix María Zuloaga (1813-1898) y Miguel Miramón (1832-1867), presidentes del Gobierno conservador de México durante la guerra de Reforma (1858-1860); tras su derrota, Miramón siguió combatiendo a los liberales. Fue fusilado con Maximiliano en Querétaro. ↩

  5. Jean-Baptiste Jecker (1810-1871), banquero suizo establecido en México; en 1859 negoció con Miramón la emisión de bonos que Francia exigió luego a Juárez. Más tarde se descubrió que el duque de Morny, medio hermano de Napoleón III, tenía participación en el negocio. ↩

  6. Jules Mirès (1809-1871), banquero y especulador francés del Segundo Imperio, detenido en 1861 por estafa y malversación en un sonado proceso que salpicó a personajes de la corte. ↩

  7. Benito Juárez (1806-1872), presidente liberal de México desde 1858. ↩

  8. Rojo y negro: juego de azar de casino (trente-et-quarante). ↩

  9. En la conferencia de Orizaba, del 9 de abril de 1862, los representantes de Inglaterra, Francia y España en México constataron su desacuerdo; Inglaterra y España retiraron sus tropas y Francia prosiguió sola la intervención. ↩