Escrito por Karl Marx el 6 de diciembre de 1867 y publicado en Die Zukunft (Berlín), núm. 291, del 12 de diciembre de 1867. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 16 (Berlín, 1962, pp. 221-225), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El original enfrenta los textos en dos columnas; aquí van seguidos, con la columna de Marx sangrada. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Social-Demokrat del 29 de noviembre. Asamblea general de la Asociación General de Obreros Alemanes.1 Debate sobre la jornada de trabajo. Habla el señor von Hofstetten (propietario del Social-Demokrat):2
Karl Marx, El capital. Crítica de la economía política, 1867. Sección: «La jornada de trabajo»
- «La fuerza de trabajo es hoy una mercancía. El precio de compra» (quiere decir: el valor) «de una cosa» (debería decir: mercancía) «está determinado por el tiempo de trabajo necesario para producirla. El obrero tiene que trabajar un determinado número de horas para volver a producir el valor que ha recibido por su fuerza de trabajo: esta es la parte necesaria de la jornada de trabajo, pero en modo alguno la jornada de trabajo misma. Para completarla tiene» (¿por qué?) «que añadirse una parte indeterminada; aunque es indeterminada, tiene sin embargo sus límites necesarios».
- «Partimos del supuesto de que la fuerza de trabajo se compra y se vende por su valor. Su valor, como el de cualquier otra mercancía, está determinado por el tiempo de trabajo necesario para producirla. Si, pues, la producción de la suma media de los medios de subsistencia diarios del obrero requiere 6 horas diarias, este tiene que trabajar por término medio 6 horas al día para producir diariamente su fuerza de trabajo o para reproducir el valor obtenido al venderla. La parte necesaria de su jornada de trabajo es entonces de 6 horas y es, por tanto, permaneciendo iguales las demás circunstancias, una magnitud dada. Pero con ello no está dada todavía la magnitud de la jornada de trabajo misma… Una de sus partes está determinada, ciertamente, por el tiempo de trabajo que exige la reproducción constante del propio obrero, pero su magnitud total varía con la longitud o duración del plustrabajo… Ahora bien, aunque la jornada de trabajo no es una magnitud fija, sino fluida, por otra parte solo puede variar dentro de ciertos límites» (pp. 198-199).
- «Uno» (de los límites), «el límite máximo, estriba en la posibilidad física» (¡cómo puede un límite estribar en una posibilidad!) «de cuánto tiempo es capaz de trabajar el ser humano, ya que para mantener su existencia tiene que dormir, descansar, vestirse y asearse. El límite mínimo está dado en las exigencias que plantea el estado de cultura temporal de una época. Según ese estado y la legislación vigente, varía también la duración de la jornada de trabajo y del plustrabajo. Así, hay jornadas de trabajo de 8, 12, 16 y hasta de 18 horas».
- «Su» (de la jornada de trabajo) «límite mínimo es, sin embargo, indeterminable. Desde luego, si ponemos el plustrabajo = 0, obtenemos un límite mínimo, a saber, la parte del día que el obrero tiene que trabajar necesariamente para su conservación. Pero sobre la base del modo de producción capitalista, el trabajo necesario solo puede formar siempre una parte de su jornada de trabajo, y la jornada de trabajo no puede, por tanto, reducirse nunca a ese mínimo. En cambio, la jornada de trabajo tiene un límite máximo. No puede prolongarse más allá de cierto límite. Este límite máximo está determinado de dos maneras. Primero, por el límite físico de la fuerza de trabajo. Durante el día natural de 24 horas, un ser humano solo puede gastar una determinada cantidad de fuerza vital, y la medida de este gasto de fuerza forma una medida de su tiempo de trabajo físicamente posible. Así, un caballo solo puede trabajar, día tras día, 8 horas. Durante una parte del día la fuerza tiene que descansar, dormir; durante otra parte, el ser humano tiene que satisfacer otras necesidades físicas, alimentarse, asearse, vestirse, etc. Además de este límite físico, la prolongación de la jornada de trabajo choca con límites morales. El obrero necesita tiempo para satisfacer necesidades espirituales y sociales, cuya extensión y número están determinados por el estado general de cultura… Pero ambos límites» (el límite máximo físico y el moral) «son de naturaleza muy elástica y permiten el mayor margen. Así encontramos jornadas de trabajo de 8, 10, 12, 14, 16, 18, etc., horas» (p. 199).
El señor von Hofstetten convierte en un disparate el pasaje que plagia. Por ejemplo, hace determinar el límite máximo de la jornada de trabajo por límites puramente físicos y su límite mínimo por límites morales, ¡después de haber repetido él mismo como un loro que la parte necesaria de la jornada de trabajo, es decir, su límite mínimo absoluto, está determinada por el tiempo de trabajo necesario para conservar la fuerza de trabajo!
- «La experiencia en Inglaterra ha mostrado que con una jornada de trabajo más corta se obtiene el mismo plustrabajo, porque entonces se trabaja con mucha más intensidad».
- Sobre la intensificación del trabajo y la obtención de un «plustrabajo» igual o mayor con la reducción de la jornada impuesta por la ley en Inglaterra, cf. pp. 401 a 409.
- «La aspiración de los capitalistas va, pues, encaminada a pretender una jornada de trabajo lo más larga posible». (¡Qué disparate! ¡Una aspiración que pretende!) «Pero el obrero no posee como única mercancía más que su fuerza de trabajo, y si en ella se sobrepasa cierto punto» (¿qué quiere decir que en la fuerza de trabajo se sobrepasa un punto?), «tiene que decir: yo estoy desgastado (!), estoy asesinado». (¡Bravo!) (¡Después de estar ya asesinado, todavía tiene que decirlo encima!) «Por eso» (¡porque tiene que decir eso!) «hay que fijar la medida del trabajo en interés del obrero, para que esta mercancía, la fuerza de trabajo, se conserve el mayor tiempo posible y pueda ser aprovechada. Con ello no exige más que su derecho». (¡Hace un momento se quejaba de estar desgastado, y ahora exige como derecho suyo que se le aproveche!)
- «El capitalista no hace, pues, más que afirmar su derecho como comprador cuando procura alargar la jornada de trabajo todo lo posible y, si puede, hacer de una jornada dos. Por otra parte, la naturaleza específica de la mercancía vendida implica un límite a su consumo por el comprador, y el obrero no hace más que afirmar su derecho como vendedor cuando quiere limitar la jornada de trabajo a una magnitud normal determinada… Quiero» (dice) «administrar mi único patrimonio, la fuerza de trabajo… El uso de mi fuerza de trabajo y su expolio son cosas muy distintas… Tú me pagas fuerza de trabajo de un día cuando consumes la de tres. Esto va contra nuestro contrato y contra la ley del intercambio de mercancías. Exijo, pues, una jornada de trabajo de longitud normal, etc.» (pp. 202, 201).
- «En Inglaterra esta medida» (de la jornada de trabajo) «está fijada por la ley en 10 horas (!), y allí existen inspectores de fábricas que informan al ministerio sobre la observancia de esta ley. En muchos países existen también leyes para limitar el trabajo infantil: en Austria, en Suiza, en América, y en Bélgica (!) se preparan (!) leyes semejantes. En Prusia también existen las mismas leyes, pero allí solo están sobre el papel y nunca se han cumplido. En América, después de terminar la guerra, que tuvo como consecuencia la emancipación de los esclavos, se reclama incluso la jornada de ocho horas. También el "Congreso Obrero Internacional" propuso en 1866 una de ocho horas».
- «La ley fabril de 1850, actualmente en vigor» (no en Inglaterra, sino en ramas industriales particulares del Reino Unido, que Marx enumera) «permite para el día laborable medio 10 horas… Se han nombrado guardianes especiales de la ley, los inspectores de fábricas, subordinados directamente al Ministerio del Interior, cuyos informes publica semestralmente el Parlamento» (p. 207).
… Limitaciones reales, no preparadas, de la jornada de trabajo de los menores en algunos estados de Norteamérica (p. 244); limitación de la jornada de trabajo en general en Francia (p. 251), de la de los niños en algunos cantones de Suiza (p. 251), en Austria (p. 252); en Bélgica, nada semejante (p. l. c.). Serían dignas de alabanza las ordenanzas de los señores von der Heydt y Manteuffel,3 etc., si se cumplieran (l. c.). «En los Estados Unidos todo movimiento obrero independiente quedó paralizado mientras la esclavitud desfiguró una parte de la república… Pero de la muerte de la esclavitud brotó enseguida una vida nueva y rejuvenecida. El primer fruto de la guerra civil fue la agitación por las ocho horas. Al mismo tiempo, el "Congreso Obrero Internacional"4 acordó: … "Proponemos 8 horas de trabajo como límite legal de la jornada de trabajo"» (pp. 279-280).
Del mismo modo que el señor von Hofstetten, el orador que le siguió, el señor Geib, de Hamburgo,5 desfigura la historia de la legislación fabril inglesa que da Marx. Los dos señores callan con el mismo cuidado la fuente de su sabiduría.
El Social-Demokrat, órgano de la Asociación General de Obreros Alemanes (Allgemeiner Deutscher Arbeiterverein), la organización fundada por Lassalle en 1863, publicó el 29 de noviembre de 1867 la crónica de la asamblea general de la Asociación. ↩
Johann Baptist von Hofstetten, antiguo oficial bávaro, lassalleano, copropietario y editor del Social-Demokrat. Las referencias de página de Marx remiten a la primera edición de El capital (1867). ↩
August von der Heydt (1801-1874), ministro prusiano de Comercio de 1848 a 1862, y Otto von Manteuffel (1805-1882), ministro presidente de Prusia de 1850 a 1858, en cuyo tiempo se dictaron en 1853 disposiciones sobre el trabajo de los niños en las fábricas. ↩
El congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores celebrado en Ginebra en septiembre de 1866. ↩
August Geib (1842-1879), librero de Hamburgo, lassalleano; más tarde miembro del Partido Obrero Socialdemócrata y diputado del Reichstag. ↩