Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado en The Pall Mall Gazette (Londres), núm. 1830, del 24 de diciembre de 1870. Traducimos del original inglés (con una pequeña laguna de la transcripción, suplida según la MEW), según la transcripción de Tony Brown del texto del periódico en el Marx-Engels Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17 (Berlín, 1962, pp. 218-221), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
El desgaste de esta guerra empieza a hacerse sentir en Alemania. El primer ejército de invasión, que comprendía todas las tropas de línea tanto del Norte como del Sur, tenía una fuerza de unos 640.000 hombres. Dos meses de campaña habían reducido tanto ese ejército que hubo que ordenar que avanzara el primer contingente de hombres de los batallones y escuadrones de depósito, cerca de un tercio de la fuerza inicial. Llegaron hacia finales de septiembre y principios de octubre, y aunque tienen que haber sumado unos 200.000 hombres, los batallones de campaña estuvieron lejos de recuperar su fuerza original de 1.000 hombres cada uno. Los que estaban delante de París contaban de 700 a 800 hombres, y los que estaban delante de Metz eran aún más débiles. Las enfermedades y los combates hicieron pronto nuevos estragos, y cuando el príncipe Federico Carlos1 llegó al Loira, sus tres cuerpos estaban reducidos a menos de la mitad de su fuerza normal, con una media de 450 hombres por batallón. Los combates de este mes y el tiempo riguroso y cambiante tienen que haber afectado gravemente a las tropas, tanto delante de París como en los ejércitos que cubren el cerco; de modo que la media de los batallones tiene que estar ahora sin duda por debajo de 400 hombres. A principios de enero los reclutas de la quinta de 1870 estarán listos para ser enviados a campaña, después de tres meses de instrucción. Serán unos 110.000 y darán algo menos de 300 hombres por batallón. Ahora sabemos que parte de ellos ha pasado ya por Nancy y que a diario llegan nuevos contingentes; así, los batallones pueden volver pronto a unos 650 hombres. Si, como es probable según varios indicios, el resto disponible de los hombres más jóvenes sin instrucción de la reserva de reemplazo (Ersatz-Reserve)2 se ha instruido junto con los reclutas de la quinta ordinaria, este refuerzo aumentaría en unos 100 hombres más por batallón, lo que daría en total 750 hombres por batallón. Esto sería cerca de las tres cuartas partes de la fuerza original, y daría un ejército de 480.000 efectivos de un total de un millón de hombres enviados desde Alemania al frente. Así pues, algo más de la mitad de los hombres que salieron de Alemania con los regimientos de línea o se les han unido después han muerto o han quedado inútiles en menos de cuatro meses. Si esto le pareciera increíble a alguien, que compare el desgaste de campañas anteriores, la de 1813 y 1814 por ejemplo, y que considere que las largas y rápidas marchas continuas de los prusianos durante esta guerra tienen que haber afectado terriblemente a sus tropas.
Hasta aquí solo hemos tratado de la línea. Además de ella, casi toda la Landwehr3 ha sido enviada a Francia. Los batallones de la Landwehr tenían al principio 800 hombres los de la Guardia y 500 los demás; pero poco a poco se elevaron todos a 1.000 hombres. Eso daría un total de 240.000 hombres, incluidas la caballería y la artillería. La mayor parte, con mucho, está desde hace algún tiempo en Francia, guardando las comunicaciones, bloqueando fortalezas, etc. E incluso para esto no son bastante numerosos; pues actualmente se están organizando otras cuatro divisiones de la Landwehr (probablemente formando un tercer batallón en cada regimiento de la Landwehr), con por lo menos cincuenta batallones, o 50.000 hombres más. Todos ellos van a ser enviados ahora a Francia; los que estaban todavía en Alemania custodiando a los prisioneros franceses serán relevados en ese servicio por «batallones de guarnición» de nueva creación. De qué se compondrán no podemos decirlo con certeza antes de recibir el texto completo de la orden que los crea, cuyo [contenido] solo [conocemos] hasta ahora por un resumen telegráfico.4 Pero si, como sabemos que es el caso, las cuatro nuevas divisiones de la Landwehr antes mencionadas no pueden levantarse sin llamar a hombres de cuarenta años y aun más, ¿qué quedará de soldados instruidos para los batallones de guarnición sino hombres de cuarenta a cincuenta años? No hay duda de que con esta medida se agota por completo la reserva de hombres instruidos de Alemania y, además, toda una quinta de reclutas.
La Landwehr que está en Francia ha tenido muchas menos marchas, vivaques y combates que la línea. En general ha tenido alojamientos decentes, comida aceptable y un servicio moderado; de modo que el total de sus bajas puede estimarse en unos 40.000 hombres, muertos o inútiles.
Esto dejaría, incluidos los nuevos batallones que se están formando, 250.000 hombres; pero es muy incierto cuándo podrán quedar libres para el servicio en el extranjero todos ellos, si es que llegan a quedar libres alguna vez. Para los dos próximos meses, 200.000 sería, a nuestro juicio, una estimación alta de la fuerza efectiva de la Landwehr en Francia.
Línea y Landwehr juntas, tendremos así en la segunda quincena de enero una fuerza de unos 650.000 a 680.000 alemanes en armas en Francia, de los que de 150.000 a 200.000 están ahora en camino o preparándose para ponerse en él. Pero esta fuerza tendrá un carácter muy distinto del de la empleada allí hasta ahora. Una buena mitad de los batallones de línea constará de jóvenes de veinte o veintiún años, hombres no probados, en una edad en que las penalidades de una campaña de invierno minan de la manera más terrible la constitución. Estos hombres llenarán pronto los hospitales, mientras los batallones volverán a mermar. Por otra parte, la Landwehr constará cada vez más de hombres de más de treinta y dos años, casados y padres de familia casi sin excepción, y en una edad en que acampar al raso con frío o con humedad produce casi con seguridad el reumatismo, rápidamente y en masa. Y no puede caber duda de que la mayor parte de esta Landwehr tendrá que marchar y combatir mucho más que hasta ahora, a consecuencia de la ampliación del territorio que se va a confiar a su custodia. La línea se está haciendo considerablemente más joven, y la Landwehr, considerablemente más vieja que hasta ahora; los reclutas enviados a la línea apenas han tenido tiempo de aprender la instrucción y la disciplina, y los nuevos refuerzos de la Landwehr han tenido tiempo de sobra para olvidar ambas. Así, el ejército alemán está recibiendo elementos que acercan su carácter, mucho más que antes, al de las nuevas levas francesas que tiene enfrente; con esta ventaja, sin embargo, del lado de los alemanes: que estos elementos se están incorporando a los cuadros fuertes y sólidos del antiguo ejército.
Después de esto, ¿qué recursos en hombres le quedan a Prusia? Los reclutas que cumplan veinte años en 1871 y los hombres de más edad de la reserva de reemplazo, estos últimos todos sin instrucción, casi todos casados y en una edad en que se tienen pocas ganas y poca aptitud para empezar a hacer de soldado. Llamar a filas a estos hombres, a quienes una larga costumbre ha llevado a considerar su relación con el ejército como poco menos que nominal, sería muy impopular. Más impopular aún sería que se llamara a los hombres útiles que por una u otra razón han escapado por completo a la obligación del servicio. En una guerra puramente defensiva, todos ellos marcharían sin vacilar; pero en una guerra de conquista, y en un momento en que el éxito de esa política de conquista se está volviendo dudoso, no cabe esperar que lo hagan. Una guerra de conquista en la que la suerte cambie de bando no puede llevarse a cabo a la larga con un ejército compuesto sobre todo de hombres casados; uno o dos grandes reveses tienen que desmoralizar a tales tropas en semejante empresa. Cuanto más se convierte el ejército prusiano, al prolongarse la guerra, en una verdadera «nación en armas», más incapaz se vuelve para la conquista. Por mucho que el filisteo alemán vocifere sobre Alsacia y Lorena, sigue siendo cierto que Alemania no puede soportar, por conquistarlas, las mismas privaciones, la misma desorganización social, la misma suspensión de la producción nacional que Francia sufre de buen grado en defensa propia. Ese mismo filisteo alemán, una vez puesto de uniforme y mandado al frente, puede recobrar su sangre fría en algún campo de batalla francés o en algún vivaque helado. Y así, al final, quizá sea lo mejor que ambas naciones se encuentren realmente frente a frente con todas sus armas.
Federico Carlos de Prusia (1828-1885), sobrino del rey Guillermo I, jefe del II Ejército alemán. ↩
En Prusia, los hombres aptos que no se incorporaban al ejército activo en su quinta quedaban en la reserva de reemplazo, sin instrucción o con una instrucción mínima. ↩
La Landwehr era en Prusia la reserva de soldados que ya habían servido en el ejército de línea y en su reserva; normalmente se destinaba a guarniciones y servicios de retaguardia. ↩
En la transcripción del texto inglés faltan aquí palabras; las suplimos entre corchetes según la versión alemana de la MEW. ↩