Carta escrita en inglés por Friedrich Engels el 13 de febrero de 1871, en nombre del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores; manuscrito. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17 (Berlín, 1962, pp. 287-290), sin su aparato editorial, cotejada con la versión inglesa de Selected Correspondence (Moscú, 1975) que publica marxists.org, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Londres, 13 de febrero de 1871

¡Ciudadanos!

El Consejo General ha recibido con gran alegría vuestra carta del 14 de diciembre. Vuestra carta anterior, del 30 de julio, nos llegó también; se había entregado al ciudadano Serraillier,1 secretario para España, con el encargo de haceros llegar nuestra respuesta. Pero el ciudadano Serraillier marchó poco después a Francia para luchar por la República y quedó luego encerrado en París. Si no habéis recibido respuesta a vuestra carta del 30 de julio, que sigue en su poder, se debe a esas circunstancias. Ahora el Consejo General, en su sesión del 7 del corriente, ha confiado provisionalmente la correspondencia con España al firmante, F. E., y le ha entregado vuestra última carta.

Hemos recibido con regularidad los periódicos obreros españoles: La Federación de Barcelona, La Solidaridad de Madrid (hasta diciembre de 1870), El Obrero de Palma (hasta su prohibición) y, hace poco, La Revolución Social de Palma (solo el n.º 1). Esos periódicos nos han tenido al corriente de lo que ocurre en el movimiento obrero español; hemos visto con gran satisfacción que las ideas de la revolución social se convierten cada vez más en patrimonio común de la clase obrera de vuestro país.

Sin duda, como decís, las vacías declamaciones de los viejos partidos políticos han atraído con exceso la atención del pueblo y se han convertido así en un gran obstáculo para nuestra propaganda. Así ha ocurrido en todas partes en los primeros años del movimiento proletario. En Francia, en Inglaterra, en Alemania, los socialistas se vieron y todavía hoy se ven obligados a combatir la influencia y la actividad de los viejos partidos políticos, sean aristocráticos o burgueses, monárquicos o incluso republicanos. La experiencia ha demostrado en todas partes que el mejor medio de liberar a los obreros de ese dominio de los viejos partidos es fundar en cada país un partido proletario con una política propia, una política que se distinga claramente de la de los demás partidos, porque ha de expresar las condiciones de la emancipación de la clase obrera. Los detalles de esa política pueden variar según las circunstancias particulares de cada país; pero, como las relaciones fundamentales del trabajo con el capital son las mismas en todas partes, y como el hecho de la dominación política de las clases poseedoras sobre las clases explotadas existe en todas partes, los principios y el fin de la política proletaria serán idénticos, al menos en todos los países occidentales. Las clases poseedoras, aristócratas terratenientes y burgueses, mantienen al pueblo trabajador en la servidumbre no solo por el poder de sus riquezas, por la simple explotación del trabajo por el capital, sino también por el poder del Estado, por el ejército, la burocracia y los tribunales. Renunciar a combatir a nuestros adversarios en el terreno político sería abandonar uno de los medios de acción más poderosos, sobre todo en lo que toca a la organización y a la propaganda. El sufragio universal pone en nuestras manos un medio de acción excelente. En Alemania, donde los obreros están sólidamente organizados como partido político, han conseguido enviar seis diputados a la llamada representación nacional; y la oposición que nuestros amigos Bebel y Liebknecht2 han podido organizar allí contra la guerra de conquista ha obrado en favor de nuestra propaganda internacional con más fuerza que años de propaganda por la prensa y en asambleas. Precisamente ahora se han elegido también en Francia representantes obreros que proclamarán en voz alta nuestros principios.3 En las próximas elecciones ocurrirá lo mismo en Inglaterra.

Nos alegra saber que pensáis enviarnos las cuotas de las secciones de vuestro país; las recibiremos con agradecimiento. Os rogamos que las remitáis por cheque contra cualquier banquero de Londres, pagadero a nuestro tesorero John Weston,4 o por carta certificada a la dirección del firmante, ya sea 256, High Holborn, Londres (sede de nuestro Consejo), ya su domicilio particular: 122, R[egent's] P[ark] R[oad].

Esperamos con gran interés la estadística de vuestra federación que nos habéis prometido enviar.

En cuanto al congreso de la Internacional, no tiene sentido pensar en él mientras dure la guerra actual. Pero si, como parece, la paz se restablece pronto, el Consejo se ocupará en seguida de esta importante cuestión y tomará en consideración vuestra amable invitación a convocarlo en Barcelona.

Todavía no tenemos secciones en Portugal; quizá os sería más fácil a vosotros que a nosotros entablar relaciones con los obreros de ese país. Si es así, escribidnos de nuevo sobre ello, por favor. Creemos igualmente que, al menos para empezar, sería mejor que fuerais vosotros quienes entablarais relaciones con los tipógrafos de Buenos Aires, aunque luego deberíais comunicarnos los resultados obtenidos. Entretanto, nos haríais un servicio grato y útil para la causa si nos enviarais, para que lo conozcamos, un número de los Anales de la Sociedad Tipogr[áfica] de B[uenos] A[ires].

Por lo demás, el movimiento internacional sigue avanzando a pesar de todos los obstáculos. En Inglaterra acaban de adherirse directamente a nuestra Asociación los consejos centrales de los sindicatos (Trades' Councils) de Birmingham y de Manchester, y con ellos los obreros de las dos ciudades industriales más importantes del país. En Alemania sufrimos ahora, por parte de los gobiernos, las mismas persecuciones que hace un año en Francia por parte de Luis Bonaparte. Nuestros amigos alemanes, más de cincuenta de los cuales están en la cárcel, padecen literalmente por la causa internacional; han sido detenidos y perseguidos por haberse opuesto con todas sus fuerzas a la política de conquista y haber exigido que el pueblo alemán fraternice con el pueblo francés. En Austria también han encarcelado a muchos de nuestros amigos, pero el movimiento sigue adelante. En Francia nuestras secciones fueron en todas partes el alma y la fuerza de la resistencia contra la invasión; en las grandes ciudades del sur se adueñaron del poder local, y si Lyon, Marsella, Burdeos y Toulouse han desplegado una energía sin precedentes, ha sido solo gracias a los esfuerzos de los miembros de la Internacional. En Bélgica nuestra organización es fuerte, y nuestras secciones belgas acaban de celebrar su sexto congreso nacional. En Suiza, las diferencias que surgieron hace algún tiempo en nuestras secciones parecen ir apagándose. De América se nos ha comunicado la adhesión de nuevas secciones francesas, alemanas y checas (bohemias), y además seguimos manteniendo relaciones fraternales con la gran organización de los obreros norteamericanos, la Liga Obrera (Labor League).5

Con la esperanza de recibir pronto nuevas noticias vuestras, os enviamos nuestro saludo fraternal.

Por el Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores

F. E.

  1. Auguste Serraillier (nacido en 1840), obrero hormero francés, miembro del Consejo General y secretario corresponsal para Bélgica y para España; en septiembre de 1870 marchó a París como enviado del Consejo General. ↩

  2. August Bebel (1840-1913) y Wilhelm Liebknecht (1826-1900), dirigentes del Partido Obrero Socialdemócrata y diputados del Reichstag de la Confederación de Alemania del Norte, encarcelados desde diciembre de 1870. ↩

  3. En las elecciones a la Asamblea Nacional del 8 de febrero de 1871, París eligió, entre otros, a los internacionalistas Tolain y Malon. ↩

  4. John Weston, obrero carpintero, owenista, miembro del Consejo General de la Internacional. ↩

  5. La National Labor Union, fundada en 1866, con la que el Consejo General mantenía correspondencia. ↩