Discurso pronunciado por Karl Marx en Londres el 25 de septiembre de 1871 en la celebración del séptimo aniversario de la Asociación Internacional de los Trabajadores. Lo conocemos por la reseña en estilo indirecto del corresponsal de The World (Nueva York), publicada el 15 de octubre de 1871. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17 (Berlín, 1962, pp. 432-433), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Sobre la Internacional, Marx dijo que el gran éxito que hasta entonces había coronado sus esfuerzos se debía a circunstancias que escapaban al poder de sus miembros. La fundación misma de la Internacional había sido el resultado de esas circunstancias y de ningún modo mérito de los hombres que se dedicaron a esa tarea. No era obra de un puñado de políticos hábiles; todos los políticos del mundo juntos no habrían podido crear las condiciones y las circunstancias necesarias para el éxito de la Internacional. La Internacional no se había presentado ante el público con ningún credo particular. Su tarea había sido organizar las fuerzas de la clase obrera, enlazar y unir los distintos movimientos obreros. Las condiciones que habían dado tan poderoso impulso a la Asociación eran las mismas a que los obreros de todo el mundo estaban cada vez más sometidos, y ese era el secreto del éxito. Los acontecimientos de las últimas semanas habían mostrado inequívocamente que la clase obrera tiene que luchar por su emancipación. Las persecuciones de los gobiernos contra la Internacional se parecerían a las persecuciones de los primeros cristianos en la antigua Roma. También ellos habían sido al principio pocos en número, pero los patricios romanos habían sentido instintivamente que el Imperio romano estaría perdido si los cristianos triunfaban. Las persecuciones de Roma no salvaron el Imperio, y tampoco las persecuciones contra la Internacional salvarán en nuestros días el estado de cosas existente.

Lo nuevo de la Internacional era que la habían fundado los propios obreros para los obreros. Todas las diversas organizaciones anteriores a la Internacional habían sido sociedades fundadas por radicales de las clases dominantes para las clases trabajadoras; la Internacional, en cambio, la habían fundado los obreros para los obreros. El movimiento cartista1 en este país había surgido con el consentimiento y la ayuda de radicales burgueses, aunque, si hubiera triunfado, solo habría podido beneficiar a la clase obrera. Inglaterra era el único país en que la clase obrera estaba lo bastante desarrollada y organizada para servirse del sufragio universal en provecho propio.

A continuación se refirió a la revolución de febrero y la calificó de movimiento apoyado por una parte de la burguesía contra el partido dominante. La revolución de febrero solo había hecho promesas a las clases trabajadoras y había sustituido a un grupo de hombres de la clase dominante por otro. La insurrección de junio, en cambio, había sido una revuelta contra toda la clase dominante, incluida su parte más radical. Los obreros que en 1848 llevaron al poder a los hombres nuevos habían sentido instintivamente que solo cambiaban un grupo de opresores por otro y que los estaban engañando.

El último movimiento había sido la Comuna, el mayor movimiento que había habido hasta entonces —y sobre eso no podía haber dos opiniones—: la Comuna fue la conquista del poder político por la clase obrera. Sobre la Comuna había habido muchos malentendidos. La Comuna no podía conducir a ninguna nueva forma de dominación de clase. Si se suprimían las condiciones existentes de opresión transfiriendo los medios de producción a los obreros productores, con lo cual todo hombre capaz de trabajar se vería obligado a trabajar para ganarse la vida, se suprimiría también la única base de la dominación de clase y de la opresión. Pero antes de que pudiera llevarse a cabo un cambio así era necesaria una dictadura del proletariado, y su primera condición era un ejército del proletariado. Las clases trabajadoras tendrían que conquistar en el campo de batalla el derecho a su emancipación. La tarea de la Internacional era organizar y unir las fuerzas de los obreros para la lucha que se avecinaba.

  1. El movimiento político de los obreros ingleses de 1837-1848 por la Carta del Pueblo, que reclamaba el sufragio universal masculino y otras reformas democráticas. ↩