Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado sin firma en The Pall Mall Gazette (Londres), núm. 1878, del 18 de febrero de 1871. Traducimos del original inglés, según la transcripción de Tony Brown del texto del periódico en el Marx-Engels Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17 (Berlín, 1962, pp. 261-264), que lo titula «Bourbakis Katastrophe» («La catástrofe de Bourbaki»), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

El corresponsal de The Standard nos proporciona por fin el informe de un testigo presencial sobre lo que ocurrió en el ejército de Bourbaki1 durante su desastrosa campaña de enero. El corresponsal iba con la división del general Crémer,2 que formaba el ala izquierda extrema durante el avance y la retaguardia durante la retirada. Su relato, aunque naturalmente parcial y lleno de inexactitudes en lo que no ocurrió ante sus ojos, es muy valioso porque aporta hechos y fechas desconocidos hasta ahora, y arroja así mucha luz sobre esta fase de la guerra.

El ejército de Bourbaki, 133.000 hombres con 330 cañones, apenas merecía, según parece, el nombre de ejército. Los soldados de línea, con oficiales pasables, eran físicamente inferiores a los móviles,3 pero estos apenas tenían oficiales que conocieran siquiera los rudimentos de sus deberes. Los informes recibidos de Suiza lo confirman; si dan peor cuenta todavía del estado físico de los hombres, no debemos olvidar el efecto de un mes de campaña con hambre y frío. El equipo en ropa y calzado era, según todos los relatos, miserable. Una intendencia, o siquiera una simple organización para hacer con algún orden y regularidad las requisas y el reparto de los víveres así obtenidos, parece haber faltado casi por completo.

Pues bien, de los cuatro cuerpos y medio que intervinieron, tres (el 15.º, el 18.º y el 20.º) se habían puesto a las órdenes de Bourbaki ya el 5 de diciembre; y muy poco después de esa fecha debió de decidirse el plan de marchar hacia el este. Todos sus movimientos, hasta el 5 de enero, fueron simples marchas de concentración, sin que el enemigo las estorbara; no eran, por tanto, ningún obstáculo para mejorar la organización de ese ejército, todo lo contrario. Napoleón, en 1813, hizo soldados de sus reclutas bisoños durante la marcha a Alemania. Bourbaki tuvo, pues, un mes entero para trabajar; y si al cabo del tiempo que se le dio sus tropas llegaron a presencia del enemigo en el estado descrito, no se le puede considerar libre de culpa en modo alguno. Como organizador no queda bien.

Se dice que el plan original era marchar sobre Belfort en cuatro columnas: una por el lado oriental del Doubs, a través del Jura, para tomar o envolver Montbéliard y la izquierda prusiana; una segunda columna por el valle del río, para el ataque frontal; una tercera por un camino más occidental, por Rougemont y Villersexel, contra la derecha enemiga; y la división de Crémer debía llegar desde Dijon, por Lure, más allá de la derecha prusiana. Pero esto se cambió. Las tres primeras columnas avanzaron juntas por el único camino del valle, con lo que, según se afirma, se perdieron cinco días, durante los cuales Werder4 recibió refuerzos, y el ejército entero, lanzado sobre una sola línea de retirada, volvió a perder tiempo y quedó así separado de Lyon y empujado contra la frontera suiza. Ahora bien, es evidente que lanzar a unos 120.000 hombres, y hombres tan poco organizados como estos, en una sola columna por una única línea de marcha causaría confusión y retraso; pero no es tan seguro que ese desatino se cometiera realmente en la medida que aquí se da a entender. Según todos los informes anteriores, las tropas de Bourbaki llegaron ante Belfort en un frente amplio que se extendía desde Villersexel hasta la frontera suiza, lo que supone que se utilizaron los diversos caminos mencionados en el plan original. Pero, fuera cual fuera la causa, el retraso se produjo, y fue la causa principal de la pérdida de la batalla de Héricourt. El combate de Villersexel tuvo lugar el 9. Villersexel está a unas veinte millas de la posición prusiana de Héricourt, ¡y Bourbaki tardó cinco días, hasta la tarde del 14, en llevar sus tropas delante de esa posición de modo que pudieran atacarla a la mañana siguiente! Ya lo señalamos en un artículo anterior como el primer gran error de la campaña, y ahora vemos por el informe del corresponsal que así lo sentían los oficiales de Crémer incluso antes de que empezara la batalla de Héricourt.

En aquella batalla de tres días, 130.000 franceses combatieron contra 35.000 a 40.000 alemanes y no pudieron forzar su posición atrincherada. Con semejante superioridad numérica, eran posibles los movimientos de flanco más audaces. Cuarenta o cincuenta mil hombres lanzados resueltamente sobre la retaguardia de los alemanes, mientras el resto los entretenía de frente, difícilmente habrían dejado de desalojarlos de su posición. Pero, en lugar de eso, se atacó solo el frente de la posición, el frente atrincherado, y se causó así una pérdida inmensa y estéril. Los ataques de flanco se llevaron a cabo con tan poca fuerza que una sola brigada alemana (la de Keller) no solo bastó para rechazar el que se dirigía contra la derecha alemana, sino que pudo sostenerse en Frahier y Chenebier y desbordar a su vez a los franceses. Así se puso a las tropas jóvenes de Bourbaki ante la tarea más dura que puede encontrar un soldado en una batalla, cuando su propia superioridad numérica habría hecho más fácil tomar la posición maniobrando. Pero probablemente la experiencia de los cinco días anteriores había demostrado a Bourbaki que era inútil esperar movilidad de su ejército.

Al rechazo definitivo del 17 de enero siguió la retirada hacia Besanzón. Es probable que esa retirada se hiciera sobre todo por el único camino del valle del Doubs; pero sabemos que grandes contingentes se retiraron por otros caminos más próximos a la frontera suiza. De todos modos, en la tarde del 22 la retaguardia, al mando de Crémer, llegó a Besanzón. Por tanto, la vanguardia debió de llegar allí ya el 20 y estar dispuesta a marchar el 21 contra los prusianos, que ese día alcanzaron Dole. Pero no. No se hace caso de ellos hasta la llegada de Crémer, al que de pronto, pasándolo de la retaguardia a la vanguardia, se envía el 23 a su encuentro hacia Saint-Vit. Al día siguiente se ordena a Crémer volver a Besanzón; se pierden dos días en la indecisión y la inactividad, hasta que el 26 Bourbaki, después de pasar revista al 18.º Cuerpo, intenta suicidarse. Comienza entonces una retirada desordenada en dirección a Pontarlier. Pero ese día los alemanes, en Mouchard y Salins, estaban más cerca de la frontera suiza que los fugitivos, y su retirada quedó cortada de hecho. Ya no era una carrera; los alemanes podían ocupar con calma las salidas de todos los valles longitudinales por los que aún era posible escapar, mientras otras tropas apretaban la retaguardia francesa. Siguieron entonces los combates en torno a Pontarlier, que hicieron ver esa realidad al ejército derrotado, y cuyo resultado fue el Convenio de Les Verrières5 y la entrega de todo el ejército a los suizos.

Todo el comportamiento de Bourbaki del 15 al 26 parece probar que había perdido toda confianza en sus hombres y que, en consecuencia, perdió también toda confianza en sí mismo. Por qué detuvo la marcha de sus columnas en Besanzón hasta la llegada de Crémer, desperdiciando así toda posibilidad de escapar; por qué hizo volver a la división de Crémer, la mejor del ejército, inmediatamente después de haberla enviado fuera de Besanzón al encuentro de los prusianos que cerraban el camino directo a Lyon; por qué después de eso se entretuvo otros dos días, con lo que el tiempo perdido en Besanzón llega a seis días largos: es imposible explicarlo si no es suponiendo que a Bourbaki le faltaba en grado eminente esa resolución que es la primera cualidad de un jefe independiente. Es otra vez la vieja historia de la campaña de agosto;6 y es curioso que esta singular vacilación vuelva a aparecer en un general heredado del Imperio, mientras que ninguno de los generales de la República, fueran cuales fueran sus demás defectos, ha mostrado semejante indecisión ni ha sufrido semejante castigo por ella.

  1. Charles-Denis Bourbaki (1816-1897), general francés, jefe del Ejército del Este. ↩

  2. Camille Crémer (1840-1876), general francés, jefe de una división en el este de Francia. ↩

  3. Los guardias nacionales móviles. ↩

  4. August von Werder (1808-1887), general prusiano, jefe del 14.º Cuerpo, que cubría el sitio de Belfort. ↩

  5. Firmado el 1 de febrero de 1871 en Les Verrières, en la frontera, entre el general Clinchant, que había sustituido a Bourbaki, y el general suizo Herzog: el Ejército del Este entraba en Suiza y quedaba allí internado y desarmado. ↩

  6. La campaña de agosto de 1870, en la que los ejércitos del Imperio, al mando de Napoleón III, Bazaine y Mac-Mahon, fueron derrotados en la frontera y encerrados en Metz y en Sedan. ↩