Escrita en alemán por Friedrich Engels en Londres el 30 de junio de 1871. Publicada sin firma en Der Volksstaat (Leipzig), núm. 54, del 5 de julio de 1871. Traducida del texto de la MEW, que sigue el periódico: Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 17 (Berlín, 1962, pp. 381-382), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, 30 de junio. Desde que Londres existe, ningún impreso ha causado tanta sensación como el manifiesto del Consejo General de la Internacional.1 La gran prensa probó al principio su remedio favorito, el silencio; pero bastaron unos días para demostrarle que aquí no servía. El Telegraph, el Standard, el Spectator, la Pall Mall Gazette y el Times tuvieron que resignarse uno tras otro a dedicar editoriales al «notable documento». Luego llegaron a los periódicos cartas de terceros que llamaban la atención sobre tal o cual punto en particular. Luego otra vez editoriales, y al final de la semana los semanarios volvieron sobre el asunto. Toda la prensa ha tenido que reconocer unánimemente que la Internacional es una gran potencia europea con la que hay que contar y que no se suprime con no hablar de ella. Todos tuvieron que reconocer la maestría estilística con que está escrito el manifiesto —un lenguaje tan vigoroso como el de William Cobbett,2 dice el Spectator—. Era de esperar que esa prensa burguesa se lanzara casi unánimemente contra una afirmación tan enérgica del punto de vista proletario y una justificación tan rotunda de la Comuna de París. Y también que se le atribuyeran a la Internacional, a pesar del desmentido público del Consejo General,3 las stieberiadas4 fabricadas por las hojas policiacas de París y los escritos de una sociedad muy distinta (la Alianza de la Democracia Socialista de Bakunin)5 que Jules Favre le cargaba a ella. Pero al final hasta al filisteo le pareció excesivo el escándalo. El Daily News empezó a calmar los ánimos, y el Examiner, el único periódico que se portó de verdad decentemente, salió resueltamente en defensa de la Internacional en un extenso artículo. Dos miembros ingleses del Consejo General, uno de los cuales (Odger) estaba desde hacía tiempo en demasiado buenos términos con la burguesía, mientras que el otro (Lucraft) parece haberse vuelto bastante más respetuoso con la opinión de la gente «respetable» desde que lo eligieron para el Consejo Escolar de Londres, se dejaron arrastrar por el alboroto de los periódicos y presentaron su dimisión, que fue aceptada por unanimidad.6 Ya han sido sustituidos por otros dos obreros ingleses,7 y pronto se darán cuenta de lo que significa traicionar al proletariado en la hora de la decisión.
Un cura inglés, Llewellyn Davies,8 se lamentaba en el Daily News de los insultos contra Jules Favre y consortes que contiene el manifiesto, y opinaba que sería deseable que se estableciera la verdad o falsedad de esas acusaciones, por ejemplo mediante un proceso del Gobierno francés contra el Consejo General. Al día siguiente, Karl Marx declaró en el mismo periódico que, como autor del manifiesto, se hacía personalmente responsable de esas acusaciones;9 pero la embajada francesa no parece tener órdenes de querellarse contra él por difamación. Finalmente, la Pall Mall Gazette declara que tampoco hace falta, que el carácter privado de un hombre de Estado es siempre sagrado y que solo pueden atacarse sus actos públicos. Naturalmente: si el carácter privado de los hombres de Estado ingleses saliera a la luz pública, habría llegado el día del Juicio para el mundo oligárquico y burgués.
Un artículo de y sobre el canalla Necháyev10 ha dado la vuelta a la prensa alemana a partir del Wanderer de Viena; en él se glorifican sus hazañas junto con las de Serebrennikov y Elpidin. Si esto se repite, volveremos más despacio sobre este bonito trébol. Por ahora, solo la observación de que Elpidin es un notorio espía ruso.
La guerra civil en Francia, manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores sobre la Comuna de París, aprobado el 30 de mayo de 1871 y publicado en Londres a mediados de junio. Véase 1871 La guerra civil en Francia. ↩
William Cobbett (1763-1835), publicista radical inglés, maestro de la prosa polémica. ↩
La carta del Consejo General a The Times del 12 de junio de 1871 sobre la circular de Jules Favre, reproducida en las notas de La guerra civil en Francia, y las declaraciones del Consejo a The Times, The Standard, The Spectator y The Examiner de junio de 1871. ↩
Por Wilhelm Stieber (1818-1882), jefe de la policía política prusiana, organizador del proceso de los comunistas de Colonia en 1852 y fabricante de pruebas falsas. ↩
La Alianza Internacional de la Democracia Socialista, fundada por Mijaíl Bakunin (1814-1876) en Ginebra en 1868. Véase 1868 La Asociación Internacional de los Trabajadores y la Alianza de la Democracia Socialista. ↩
George Odger (1820-1877), zapatero, dirigente sindical inglés, presidente del Consejo General hasta 1867. Benjamin Lucraft (1809-1897), ebanista, elegido en 1870 para el Consejo Escolar de Londres. ↩
John Roach y Alfred Taylor, según indica la MEW. ↩
John Llewellyn Davies (1826-1916), clérigo anglicano y teólogo. ↩
Véase la carta de Marx al redactor de The Daily News del 26 de junio de 1871. ↩
Serguéi Guennádievich Necháyev (1847-1882), conspirador ruso, que actuó un tiempo en estrecha relación con Bakunin; para someter a su organización secreta hizo asesinar en Moscú, en noviembre de 1869, al estudiante Ivánov, y huyó al extranjero. El proceso contra sus seguidores se celebró en San Petersburgo en julio-agosto de 1871. Serebrennikov y Elpidin eran emigrados rusos en Suiza. ↩